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¿Cuánto dinero tiene Mohamed VI y qué hay detrás de su gran fortuna?

Mohamed VI posee una de las mayores fortunas reales: negocios, propiedades, coches y un patrimonio estimado en torno a 6.000 millones de dólares.

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Mohamed VI con ropaje tradicional

Resumen

  • La fortuna de Mohamed VI ronda los 6.000 millones de dólares
  • Su riqueza se apoya sobre todo en empresas y participaciones estratégicas
  • También posee mansiones, coches de lujo, jets y un gran velero

La fortuna de Mohamed VI de Marruecos se mueve actualmente alrededor de los 6.000 millones de dólares, aunque conviene poner una pequeña luz amarilla junto a cualquier cifra demasiado exacta. Una de las últimas grandes estimaciones públicas calculó en 2015 un patrimonio neto de 5.700 millones de dólares; investigaciones posteriores han descrito una riqueza creciente y en 2026 las estimaciones vuelven a colocarla cerca de los 6.000 millones. No existe, sin embargo, una declaración patrimonial pública que permita contar hasta el último dirham.

La respuesta corta es bastante contundente: Mohamed VI es multimillonario, posee o controla intereses empresariales de enorme peso, está vinculado a un considerable patrimonio inmobiliario y dispone de bienes de lujo que van desde residencias en Francia hasta grandes embarcaciones y una célebre colección de automóviles. Otra cosa es convertir todo eso en una clasificación matemática de reyes ricos. La afirmación de que es el quinto monarca más rico del mundo circula desde hace años, pero las comparaciones internacionales mezclan patrimonio personal, patrimonio dinástico y bienes pertenecientes a las respectivas casas reales. Son cajones distintos, aunque desde lejos parezcan el mismo armario.

La cifra de 5.700 millones que lleva una década dando vueltas

Buena parte de las informaciones sobre el patrimonio de Mohamed VI vuelven inevitablemente a una estimación publicada en noviembre de 2015, cuando su riqueza fue calculada en 5.700 millones de dólares. El cálculo tenía en cuenta, entre otros activos, su participación en el gran conglomerado empresarial que entonces operaba bajo el nombre de SNI.

El problema aparece cuando aquella cantidad se presenta como si hubiera sido calculada ayer. No fue así. Han pasado más de diez años, durante los cuales las inversiones vinculadas al entorno real han cambiado, crecido y diversificado su presencia. Investigaciones posteriores han señalado precisamente que aquella valoración de 2015 sigue siendo una de las últimas referencias públicas detalladas y que ni siquiera incorporaba determinados activos inmobiliarios y agrícolas atribuidos al soberano.

En 2026, las estimaciones disponibles vuelven a colocar la fortuna alrededor de los 6.000 millones de dólares. Es decir, los 5.700 millones continúan siendo una referencia útil, pero no un extracto bancario actualizado. La riqueza real es más opaca. Y el adjetivo, en este caso, funciona en los dos sentidos.

Al Mada, el gran motor empresarial tras la riqueza real

Para entender de dónde procede el dinero hay que apartarse un momento de los coches, los relojes y los salones con vistas a París. El verdadero músculo está en los negocios y las participaciones empresariales.

Mohamed VI heredó de su padre, Hassan II, una importante participación en SNI, el conglomerado que posteriormente adoptó el nombre de Al Mada. El grupo se ha convertido en uno de los grandes actores empresariales de Marruecos y mantiene intereses en sectores que pisan prácticamente todos los botones de una economía moderna: banca, seguros, minería, energía, distribución, telecomunicaciones y otras actividades industriales.

No hablamos de una empresa dedicada a vender recuerdos de Fez. Entre las compañías vinculadas al conglomerado se encuentran grandes nombres de la banca africana, la minería y la energía, con negocios que han rebasado ampliamente las fronteras de Marruecos. Esa red empresarial explica mucho mejor el tamaño de la fortuna real que cualquier fotografía de un Ferrari aparcado frente a un palacio.

Un imperio donde corona y empresa comparten escenario

Aquí nace buena parte de la controversia que acompaña a la fortuna del soberano. Mohamed VI no es únicamente jefe del Estado; su entorno económico mantiene una presencia relevante en sectores estratégicos del país. Esa concentración de poder político y empresarial constituye uno de los rasgos más singulares del modelo marroquí contemporáneo.

El patrimonio, pues, no puede entenderse simplemente sumando coches y metros cuadrados. Su valor descansa sobre participaciones empresariales y activos productivos capaces de generar beneficios y apreciarse con el tiempo. Ahí está la verdadera diferencia entre ser muy rico y poseer una bonita colección de llaves.

Palacios, propiedades y una mansión junto a la Torre Eiffel

El ladrillo ocupa otro capítulo importante. Diversas informaciones atribuyen a Mohamed VI el uso o propiedad de numerosas residencias reales en Marruecos, además de inmuebles privados fuera del país. En este terreno conviene distinguir entre los bienes personales del monarca y aquellos ligados institucionalmente a la Casa Real, separación que no siempre puede reconstruirse desde fuera con precisión.

Una de las operaciones inmobiliarias más conocidas ocurrió en París. En 2020, Mohamed VI adquirió un hôtel particulier de unos 1.600 metros cuadrados situado en la rue Émile-Deschanel, en el séptimo distrito de la capital francesa y prácticamente a los pies de la Torre Eiffel. El inmueble fue valorado entonces en alrededor de 80 millones de euros, aunque las estimaciones sobre el precio final de la operación llegaron a situarse por encima de esa cantidad.

También se han documentado residencias utilizadas por el rey en Francia y propiedades vinculadas a sus largas estancias en el extranjero. Investigaciones posteriores han mencionado asimismo inmuebles en lugares tan distintos como Zanzíbar o Gabón. El mapa inmobiliario, visto sobre una mesa, empieza a parecerse más al itinerario de una aerolínea que al patrimonio habitual de un jefe de Estado.

Los 600 coches de Mohamed VI y una flota fuera de lo común

Después están los automóviles. La cifra que más titulares genera es la de unos 600 coches, una colección atribuida desde hace años a Mohamed VI y a la Casa Real marroquí. Entre los vehículos relacionados con el garaje real aparecen marcas como Rolls-Royce, Bentley, Cadillac, Porsche, Maserati o Ferrari. La cantidad exacta es difícil de comprobar de manera independiente y probablemente engloba automóviles adquiridos en distintas etapas de la dinastía alauita.

El gusto viene de familia. Hassan II ya era conocido por su afición a los grandes automóviles y Mohamed VI habría continuado —con mayor querencia por los deportivos— una tradición que convierte un garaje de semejante tamaño en algo parecido a un museo privado del motor, solo que sin taquilla ni horario de apertura.

A ello se suma la aviación utilizada por la Casa Real. Durante años se han citado grandes Boeing y aparatos Gulfstream de largo alcance entre los aviones empleados en los desplazamientos reales. Aquí vuelve a ser pertinente no confundir la utilización por parte del soberano con una propiedad personal demostrada de cada aeronave: hablar de flota real resulta más exacto que meter cada avión directamente en la cartera privada de Mohamed VI.

Badis I, 70 metros de lujo sobre el agua

Más fácil de medir es Badis I, el gran velero asociado al monarca. Construido por el astillero italiano Perini Navi y entregado originalmente en 2016 bajo el nombre Sybaris, tiene 70 metros de eslora, unos 13 metros de manga y capacidad para alojar a una docena de pasajeros, además de su tripulación.

No es precisamente una barquita para acercarse al chiringuito. Badis I continúa figurando entre los grandes veleros privados del mundo y su adquisición ha sido valorada en diferentes estimaciones periodísticas en torno a 85-90 millones de euros, aunque ese precio tampoco forma parte de una declaración patrimonial oficial del Palacio Real.

¿Es realmente el rey más rico de África y el quinto del mundo?

Aquí conviene quitar un poco de purpurina al titular. Mohamed VI está indiscutiblemente entre los monarcas más acaudalados conocidos, pero afirmar que ocupa exactamente el quinto puesto mundial en 2026 exige una clasificación homogénea que sencillamente no existe.

Algunas monarquías poseen fortunas privadas; otras administran fideicomisos dinásticos, bienes estatales, colecciones de arte o propiedades cuyo titular jurídico no es el monarca. Comparar esas realidades como si fueran jugadores de una Liga con la misma contabilidad produce rankings muy llamativos, aunque no siempre rigurosos.

Sí puede sostenerse con bastante mayor seguridad que Mohamed VI es uno de los soberanos más ricos de África y que su fortuna personal conocida se cuenta por miles de millones de dólares. La estimación pública de 2015 llegó a 5.700 millones y las valoraciones posteriores la aproximan a los 6.000 millones. Ese dato, por sí solo, ya resulta bastante elocuente sin necesidad de entregarle una medalla imaginaria.

Una fortuna inseparable del Marruecos de Mohamed VI

Mohamed VI llegó al trono el 23 de julio de 1999, tras la muerte de Hassan II. Durante sus primeros años adquirió la imagen del llamado “rey de los pobres”, asociada a visitas sobre el terreno, programas sociales y una actitud pública menos rígida que la de su padre. Con el paso de las décadas, aquella fotografía ha convivido con otra: la de un soberano propietario de una enorme fortuna y rodeado de un entramado empresarial muy poderoso.

Ahí reside quizá la parte más interesante de su patrimonio. No son únicamente los 600 coches, el gran velero, los jets o la mansión parisina. Es la convivencia entre corona, empresas e influencia económica en un país donde el monarca mantiene una posición política excepcional y donde el conglomerado ligado a la familia real participa en sectores esenciales de la economía.

El lujo se ve, pero el verdadero poder está en las empresas

La cifra puede moverse unos cientos de millones arriba o abajo —y seguramente seguirá haciéndolo—, pero la escala no ofrece demasiadas dudas: Mohamed VI posee una de las grandes fortunas vinculadas a una casa reinante contemporánea. Su patrimonio conocido ronda los 6.000 millones de dólares y combina empresas, inmuebles, automóviles, embarcaciones y otros bienes de enorme valor. El escaparate son los palacios y los coches; la caja fuerte, mucho menos vistosa, está en las participaciones empresariales. Y suele ocurrir con las grandes fortunas: lo que más brilla rara vez es lo que más vale.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.