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¿Guerra civil en EEUU en 2027? La inquietante profecía de Jiang Xueqin
El llamado ‘Nostradamus chino’ anticipa para 2027 una grave crisis en EEUU, una escalada militar con Irán y un fuerte impacto económico mundial.

Por Soar Financially - CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- Jiang Xueqin sitúa en 2027 una grave crisis política y social en EEUU
- Irán y el Estrecho de Ormuz son piezas centrales de su escenario económico
- Sus aciertos previos no convierten estas predicciones en hechos inevitables
Jiang Xueqin, el educador y comentarista chino-canadiense convertido por internet en el «Nostradamus chino», ha puesto fecha a uno de sus escenarios más sombríos: 2027. Su pronóstico encadena una invasión terrestre estadounidense de Irán, el regreso del servicio militar obligatorio, un refuerzo extraordinario de la seguridad interior, una crisis económica internacional y un periodo de disturbios e insurgencias dentro de Estados Unidos que él describe como una forma contemporánea de conflicto civil. No habla, eso sí, de dos ejércitos enfrentándose al estilo de 1861.
Conviene poner la palabra «profecía» entre comillas mentales. Xueqin no se presenta como vidente ni asegura disponer de una bola de cristal con conexión privilegiada al futuro. Construye sus previsiones mezclando historia, teoría de juegos, incentivos políticos y ciclos de ascenso y decadencia de las grandes potencias. El resultado puede ser sugerente, a veces inquietante y también discutible. Que algunas de sus predicciones anteriores hayan coincidido con acontecimientos posteriores no convierte las nuevas en hechos futuros.
La predicción de Jiang Xueqin para 2027 empieza en Irán
El primer dominó de su escenario está lejos de Washington. Jiang considera que la guerra entre Estados Unidos e Irán puede desembocar en una intervención terrestre estadounidense y transformarse en un conflicto prolongado, caro y políticamente venenoso. Una especie de pantano militar —la comparación con Vietnam aparece una y otra vez alrededor de sus análisis— en el que una potencia puede ganar batallas y, sin embargo, ir perdiendo capacidad económica y apoyo social.
La evolución del enfrentamiento entre Washington y Teherán hace que su discurso resulte menos fantástico que cuando comenzó a formularlo. La tensión militar, los ataques, las represalias mediante misiles y drones y el riesgo de una escalada regional han colocado a Irán en el centro de la seguridad internacional. El problema para cualquier Gobierno estadounidense sería entrar en una guerra extensa sin una salida clara, algo bastante distinto de una operación limitada y rápida.
Eso no significa que una invasión terrestre sea inevitable. Es precisamente el salto más importante —y más incierto— de la predicción. Las operaciones aéreas, navales, los bloqueos, las sanciones y una guerra intermitente pueden mantenerse sin desembocar necesariamente en una ocupación a gran escala. Jiang dibuja una cadena posible; no una secuencia demostrada.
Del frente iraní a un nuevo servicio militar obligatorio
El siguiente movimiento sería interno. Si Estados Unidos necesitara sostener durante años una gran operación terrestre y sus fuerzas profesionales resultaran insuficientes, Jiang prevé que Washington recuperaría algún tipo de reclutamiento militar obligatorio. Según su escenario, el marco político y legislativo podría estar preparado durante 2027.
La predicción toca una fibra particularmente sensible en Estados Unidos. El servicio militar obligatorio terminó en 1973 y desde entonces las Fuerzas Armadas estadounidenses funcionan sobre la base del reclutamiento voluntario. El país conserva el Selective Service System, en el que deben registrarse determinados hombres jóvenes, pero estar registrado no equivale a que exista actualmente una leva activa.
Jiang da un paso más: cree que una movilización de ese tamaño chocaría especialmente con una generación joven poco dispuesta a aceptar una guerra larga en Oriente Medio. Ese rechazo alimentaría protestas y agravaría la polarización política. Ahí comienza, en su modelo, el viaje desde un conflicto exterior hacia la crisis doméstica.
ICE y la Guardia Nacional dentro del escenario de Jiang
La tercera pieza de su pronóstico introduce al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, ICE, y a la Guardia Nacional. Jiang sostiene que para 2027 ambos podrían tener una presencia mucho mayor en las grandes ciudades estadounidenses, coincidiendo con protestas, resistencia al reclutamiento y tensiones relacionadas con la política migratoria.
Es uno de los puntos donde su análisis adquiere un tono más político y especulativo. Una mayor presencia federal en las ciudades no conduce por sí misma a un enfrentamiento civil, y entre una protesta masiva y una insurgencia existe un trecho enorme. Democracias muy polarizadas han atravesado episodios de violencia política sin convertirse por ello en Estados fallidos. La historia tiene ecos, sí; no funciona como una fotocopiadora.
El Estrecho de Ormuz está en el centro del temor económico
La parte de la predicción que trasciende las fronteras estadounidenses es el supuesto colapso de la economía global. Jiang coloca una de las mechas en el Estrecho de Ormuz, ese pequeño cuello de botella marítimo por el que circula una parte fundamental del petróleo y del gas que consume el planeta.
No es una preocupación inventada. Cualquier alteración grave y prolongada del tráfico marítimo por Ormuz tendría capacidad para golpear el suministro energético mundial, elevar el precio del petróleo, encarecer los combustibles y aumentar los costes del transporte. Un mapa basta para entender el problema: una franja estrecha de mar puede transmitir una crisis regional a miles de kilómetros de distancia.
Los ataques contra petroleros, la amenaza sobre las rutas comerciales y la posibilidad de restricciones a la navegación convierten el estrecho en una de las piezas más delicadas del tablero. Acero, combustible y proyectiles, no gráficos de PowerPoint. La seguridad de Ormuz tiene efectos que terminan apareciendo en gasolineras, fábricas, supermercados y bolsas.
Jiang lleva esa vulnerabilidad hasta su extremo. Imagina interrupciones prolongadas del suministro energético, inflación en alimentos y transporte, caídas bursátiles, pérdida de ahorros y cadenas de suministro incapaces de funcionar con normalidad. El mecanismo económico existe. Lo discutible es la magnitud: que Ormuz sufra graves problemas puede provocar una crisis energética internacional sin que necesariamente se derrumbe el sistema económico mundial.
La economía tiene más amortiguadores de los que suele admitir una buena profecía apocalíptica: reservas estratégicas, rutas alternativas, cambios de proveedores, producción adicional y ajustes de la demanda. También tiene menos inmunidad de la que nos gustaría cuando el petróleo se encarece deprisa. Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
La «guerra civil» que predice no sería otra Guerra de Secesión
Aquí está la expresión que ha disparado titulares. Jiang dice que para 2027 podrían estar presentes los «ingredientes» de una guerra civil estadounidense, pero precisa que no imagina estados formando ejércitos, generales montados a caballo ni una nueva línea Mason-Dixon atravesando el país.
Su descripción es más difusa: manifestaciones simultáneas, disturbios, episodios de violencia, enfrentamientos de baja intensidad e insurgencias localizadas, con un Gobierno federal cada vez más involucrado en mantener el orden. La combinación de una guerra impopular, reclutamiento obligatorio, dificultades económicas y fuerte despliegue de fuerzas de seguridad proporcionaría, según él, el combustible.
Llamar a eso «guerra civil» es, sin embargo, discutible. En ciencia política, una guerra civil suele implicar violencia armada organizada y sostenida entre el Estado y uno o varios grupos capaces de disputarle el control político o territorial. Protestas, motines y violencia política, incluso cuando son graves, no equivalen automáticamente a una guerra civil.
La precisión importa porque internet disfruta mucho con la palabra «guerra» y bastante menos con los matices. Jiang utiliza una definición deliberadamente amplia de conflicto civil. El titular resulta mucho más contundente que la realidad que él mismo describe.
Los aciertos que convirtieron a Jiang Xueqin en «Nostradamus chino»
La notoriedad de Jiang no nació con 2027. En mayo de 2024 formuló varias previsiones que después llamaron la atención: sostuvo que Donald Trump ganaría las elecciones presidenciales, que Estados Unidos terminaría entrando en un conflicto con Irán y que Washington tendría serias dificultades para obtener una victoria satisfactoria.
Ese historial explica el apodo, pero merece una dosis de perspectiva. Predecir una victoria electoral de Trump en 2024 no era equivalente a anticipar un meteorito desconocido: el republicano era uno de los dos grandes candidatos de una elección extraordinariamente competida. Tampoco las tensiones entre Washington, Israel e Irán aparecieron de la nada.
Lo interesante es que Jiang sí había conectado ambos procesos antes de que los acontecimientos posteriores dieran una nueva dimensión a aquellas previsiones. Eso da relevancia a su trabajo. Otra cosa es convertir dos pronósticos acertados o parcialmente acertados en una garantía matemática sobre los siguientes.
Su perfil tampoco es el de un oráculo profesional. Jiang es un educador chino-canadiense formado en Yale que trabajó durante años en proyectos de reforma educativa en China y posteriormente ganó una enorme audiencia mediante sus análisis de historia predictiva. Aplica patrones históricos y teoría de juegos para estudiar cómo actúan Estados, dirigentes y sociedades sometidos a determinadas presiones.
Hay una diferencia importante: un modelo puede detectar riesgos sin acertar el desenlace. Un meteorólogo puede advertir de condiciones favorables para una tormenta y que después no llueva. No significa que las nubes fueran inventadas.
2027 no está escrito, aunque algunos riesgos sí existen
El escenario de Jiang Xueqin funciona porque cada pieza parte de una tensión reconocible: una guerra estadounidense sin solución rápida, el riesgo sobre la navegación por Ormuz, energía más cara, polarización política y el debate sobre el uso de fuerzas federales dentro de Estados Unidos. No necesita extraterrestres ni calendarios mayas. Esa proximidad a problemas reales es justamente lo que lo hace atractivo —y perturbador.
Pero entre detectar grietas y anunciar el derrumbe del edificio hay una distancia considerable. No existe certeza de que Estados Unidos vaya a sufrir una guerra civil en 2027, tampoco de que vaya a reinstaurar el servicio militar obligatorio ni de que la economía mundial tenga que colapsar ese año. Son hipótesis encadenadas: si falla uno de los grandes eslabones, cambia buena parte del resto.
La evolución de Irán será uno de los termómetros más importantes. Una escalada prolongada, especialmente si afecta de forma severa al Estrecho de Ormuz, acercaría la realidad a algunos de los supuestos de Jiang. Una desescalada, un acuerdo político o una intervención militar limitada podrían empujarla justamente en dirección contraria.
El «Nostradamus chino», al final, resulta más interesante cuando se le quita precisamente lo de Nostradamus. Queda un analista que observa patrones históricos, los lleva deliberadamente hasta sus consecuencias más extremas y se arriesga a ponerles fecha. A veces acierta. Otras predicciones siguen esperando veredicto. Y 2027, por mucho que las redes prefieran lo contrario, todavía no es una noticia escrita de antemano.

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