Síguenos

Ocio

¿Por qué Matthew Brennan critica a la UCI por el calor en La Vuelta?

Matthew Brennan arremete contra la UCI tras soportar más de 40 grados en La Vuelta y reabre el debate sobre los límites del calor extremo en carrera.

Foto del avatar

Publicado

el

Matthew Brennan en 2025

Foto: Joost Pauwels — trabajo propio, CC0 — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Brennan denunció el calor extremo tras una etapa con más de 40 grados
  • La Vuelta recortó casi 80 kilómetros y reforzó hidratación y hielo
  • El británico cuestionó si el protocolo de la UCI protege bastante al pelotón

Matthew Brennan ha convertido el calor extremo de la Vuelta a España en algo más que una conversación sobre bidones, hielo y piernas cocidas sobre el asfalto. El ciclista británico de Visma | Lease a Bike cargó contra la UCI después de la 15ª etapa, disputada entre Palma del Río y Córdoba, en una jornada en la que las temperaturas superaron los 40 grados y el recorrido tuvo que ser reducido de 189,7 a 110,2 kilómetros.

Según relató el propio corredor, sus registros llegaron a marcar 41 grados de media y hasta 44 durante la subida inicial. Brennan ironizó con que una persona que trabaja en una oficina necesita unos 20 grados y que, probablemente, en las oficinas de la UCI disfrutan de esa temperatura mientras los corredores compiten bajo semejante horno. El golpe verbal tenía un destinatario claro, pero detrás de la pulla había una acusación bastante más seria: considera que semejante exposición puede terminar provocando un golpe de calor y enviar a algún ciclista al hospital.

La organización sí había modificado la etapa para reducir la exposición, de modo que la crítica no parte de que nadie hiciera nada. Lo que Brennan cuestiona es otra cosa: hasta qué punto las medidas actuales son suficientes cuando el pelotón continúa compitiendo durante horas con un ambiente abrasador. Una cosa es el sufrimiento asociado al ciclismo. Otra, bastante distinta, es convertir el asfalto en una plancha.

Brennan llegó a ver 44 grados durante la etapa

Las cifras que dio el corredor impresionan incluso en una Vuelta acostumbrada a atravesar el sur de España cuando el verano todavía aprieta. Brennan explicó que durante buena parte de la jornada sus registros rondaron los 41 °C y que en el primer tramo ascendente llegaron a 44 °C. No hablaba de una agradable tarde de septiembre, precisamente.

Conviene hacer una precisión. La temperatura registrada por el dispositivo de un ciclista, expuesto al sol, al calor irradiado por la carretera y a otras variables, no equivale necesariamente a la medición oficial de una estación meteorológica. El dato sirve para entender lo que estaba sintiendo el corredor sobre la bicicleta, pero no debe confundirse con una temperatura ambiental homologada. Aun con esa diferencia, la jornada estuvo marcada por temperaturas superiores a 40 grados y por condiciones especialmente duras.

Y ahí está buena parte del malestar. Un ciclista profesional no está sentado a la sombra viendo subir el mercurio. Produce una enorme cantidad de calor mientras pedalea, acelera, escala y trata de mantener la potencia durante horas. El organismo intenta desprenderse de ese exceso mediante el sudor; cuanto más hostil es el ambiente, más estrecho se vuelve el margen. El hielo bajo el maillot, los bidones fríos y las bebidas heladas ayudan, pero no convierten 40 grados en 25.

La Vuelta recortó casi 80 kilómetros por el calor

La organización no ignoró la previsión. La etapa del domingo 6 de septiembre estaba diseñada originalmente sobre 189,7 kilómetros entre Palma del Río y Córdoba, pero terminó reducida a 110,2. Cerca de 80 kilómetros desaparecieron del recorrido y la salida también fue modificada dentro del dispositivo preparado para las altas temperaturas.

Se habilitaron medidas extraordinarias para enfriar e hidratar a los corredores: mayor disponibilidad de agua, más posibilidades de avituallamiento, hielo y un volumen de bidones superior al habitual. El recorte era considerable, no un simple maquillaje para cumplir expediente. Wout van Aert terminó imponiéndose en Córdoba y Enric Mas conservó el liderato de la clasificación general. Deportivamente hubo carrera; térmicamente, la sensación fue bastante menos convencional.

Ese matiz importa porque la crítica de Brennan no consiste en afirmar que nadie hizo nada. La Vuelta sí actuó. Lo que cuestiona el británico es hasta dónde debe llegar una carrera cuando las condiciones continúan siendo extremas incluso después de aplicar esas medidas. Ahí aparece el terreno incómodo: decidir dónde termina la dureza inherente al ciclismo y dónde comienza un riesgo que deja de tener sentido deportivo.

El protocolo de la UCI no obliga automáticamente a parar

La UCI dispone desde 2024 de un protocolo específico para altas temperaturas, integrado en su sistema para condiciones meteorológicas extremas. La evaluación no se basa únicamente en mirar el termómetro. Utiliza el índice WBGT, una referencia de estrés térmico que tiene en cuenta diferentes condiciones ambientales y establece distintos niveles de riesgo.

En la zona considerada de riesgo elevado, el reglamento contempla medidas importantes: modificar horarios, neutralizar una parte del recorrido e incluso cancelar una carrera. Pero hay una peculiaridad decisiva. Son opciones que deben evaluarse en función de cada situación, no una regla automática según la cual alcanzar determinada temperatura obliga a detener inmediatamente la competición. Las decisiones recaen en los responsables encargados de analizar las circunstancias concretas.

Tampoco puede compararse directamente el umbral WBGT con los 41 o 44 grados mencionados por Brennan. Son magnitudes distintas. El protocolo considera especialmente delicados determinados valores de estrés térmico, pero eso no significa que una temperatura ambiental concreta equivalga por sí sola al máximo nivel de peligro. La meteorología, para fastidio de los titulares fáciles, resulta algo más complicada que mirar una cifra.

La crítica a la UCI va más allá del aire acondicionado

Lo que ha dado notoriedad a las declaraciones de Matthew Brennan es la comparación con quienes trabajan a 20 grados en una oficina. Tiene todos los ingredientes para circular: una imagen inmediata, un punto de mala leche y dos mundos enfrentados. El despacho refrigerado frente al corredor derritiéndose sobre la carretera.

Pero reducirlo a una ocurrencia sería quedarse con la cáscara. Brennan estaba poniendo sobre la mesa una discusión que el ciclismo profesional arrastra desde hace años y que los episodios de calor extremo vuelven cada vez más importante. El deporte necesita normas capaces de adaptarse a condiciones en las que el organismo del corredor puede acercarse a límites peligrosos.

El propio protocolo de la UCI nació reconociendo esa realidad. El organismo internacional asumió que las competiciones de carretera pueden enfrentarse a condiciones climáticas cada vez más severas y a un riesgo creciente de incidentes relacionados con el calor. No es, por tanto, una extravagancia de un corredor enfadado después de bajarse de la bici. La propia normativa acepta que existe un problema de seguridad que requiere respuestas específicas.

El calor también transforma la propia carrera

Hay otra parte del asunto menos visible. El calor extremo no solamente plantea una cuestión médica; altera la competición. Cambia el consumo de líquidos, la alimentación, la recuperación, la capacidad para mantener potencia y la forma de gestionar un esfuerzo prolongado. Los equipos convierten los coches en pequeñas neveras ambulantes: hielo, chalecos refrigerantes, bebidas frías, bolsas sobre la nuca. Todo suma.

La UCI lleva años incorporando medidas de este tipo y permite flexibilizar determinadas normas de avituallamiento cuando las temperaturas lo exigen. En grandes pruebas se habilitan más puntos de agua y excepciones destinadas precisamente a que los corredores puedan beber y enfriarse con mayor frecuencia. La hidratación deja entonces de ser una parte más de la estrategia y pasa a convertirse en una cuestión de resistencia física básica.

El problema aparece cuando esas soluciones dejan de ser suficientes. Acortar 80 kilómetros reduce la exposición, desde luego, pero una carrera más breve puede seguir desarrollándose durante el tramo más abrasador del día. La distancia importa; la intensidad térmica, también. Y un ciclista que trabaja cerca de su límite fisiológico durante dos horas y media no recibe el calor igual que alguien que cruza una plaza cordobesa buscando rápidamente la siguiente sombra.

Brennan habla después de una Vuelta extraordinaria

La protesta tampoco procede de un corredor perdido al fondo del pelotón buscando una excusa para un mal día. Matthew Brennan tiene 21 años y está disputando su primera gran vuelta, después de convertirse en uno de los talentos más llamativos de la nueva generación del ciclismo británico. Visma | Lease a Bike lo tiene contratado hasta finales de 2029.

En esta Vuelta ya ha logrado tres victorias de etapa, la tercera de ellas en Lorca, donde remató el trabajo de Wout van Aert y de su equipo al esprint. Su rendimiento ha sido uno de los grandes argumentos deportivos de Visma durante la carrera.

Eso da otra dimensión a sus palabras. Brennan no estaba renegando de una competición que le hubiera tratado mal deportivamente. Al contrario: está viviendo una de las carreras más importantes de su joven trayectoria y, aun así, decidió cuestionar públicamente las condiciones en las que estaba compitiendo. Después de 15 etapas, con el cansancio pegado a las piernas y Córdoba convertida en una plancha caliente, eligió el termostato de la UCI como metáfora. Funcionó.

Cuando la épica empieza a medirse también en grados

El ciclismo siempre ha construido parte de su identidad alrededor de la resistencia. Nieve, lluvia, viento, puertos interminables, carreteras hirviendo. Esa épica pertenece al deporte y difícilmente desaparecerá. Otra cosa es confundirla con la obligación de aceptar cualquier condición porque el ciclista profesional, en teoría, está hecho para sufrir.

La 15ª etapa de la Vuelta demuestra que el sistema sí dispone de mecanismos para reaccionar: hubo recorte, medidas extraordinarias de hidratación y un protocolo específico para el calor. La protesta de Brennan señala precisamente la zona gris que permanece después de todo eso. Se puede aplicar el reglamento y seguir teniendo corredores convencidos de que el riesgo continúa siendo excesivo.

Su frase sobre los 20 grados sobrevivirá porque es buena para un titular. Lo importante está justo debajo: un joven que acababa de competir a más de 40 grados poniendo en duda hasta dónde merece la pena mantener el espectáculo cuando el cuerpo empieza a enviar otro mensaje. El ciclismo presume de dureza desde hace más de un siglo. Freír al pelotón sobre el asfalto, en cambio, no debería convertirse en una nueva disciplina.

Newsletter

Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.