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¿Qué pasó con Juan Berlanga en la protesta por Ceuta en Manzanares?
El bailarín Juan Berlanga sufrió insultos, boicot al sonido y el lanzamiento de una silla durante una protesta por Ceuta en Manzanares, Ciudad Real.

Resumen
- Juan Berlanga sufrió insultos y sabotaje del sonido durante su actuación
- Una silla fue lanzada al espacio escénico y la función tuvo que detenerse
- El bailarín regresó después al escenario y terminó la pieza Juancaballo
Juan Berlanga siguió bailando mientras a pocos metros sonaban bocinas, llegaban insultos y crecía la tensión. El bailarín del Ballet Nacional de España sufrió el 2 de septiembre un intento de boicot durante la representación de Juancaballo en la plaza de la Constitución de Manzanares, en Ciudad Real, coincidiendo con una concentración por la situación de Ceuta. Algunos manifestantes trataron de interrumpir el espectáculo, desenchufaron un altavoz, intentaron manipular el equipo de sonido y una silla acabó lanzada dentro del espacio escénico.
Berlanga no resultó herido físicamente, pero ha reconocido que el episodio le dejó afectado. Pese a lo que estaba ocurriendo alrededor, decidió continuar la actuación hasta que la situación obligó a detenerla. Su explicación posterior ha convertido aquella escena, bastante más desagradable de lo que podría sugerir la palabra “incidente”, en una de las noticias culturales del fin de semana: “Seguí bailando, no iba a dejarles salirse con la suya”.
Qué ocurrió durante la actuación de Juan Berlanga
La función formaba parte de CallejeArtes, el programa de espectáculos gratuitos al aire libre organizado por el Ayuntamiento de Manzanares. Juancaballo tenía fijado desde antes su comienzo para las 20:00 horas del miércoles 2 de septiembre en la plaza de la Constitución. Allí coincidió con una concentración relacionada con la situación de Ceuta, celebrada en el mismo espacio.
Según el relato del propio Berlanga, al comenzar la música algunas personas participantes en la protesta se fueron aproximando al lugar de la representación. Primero llegaron los pitidos y las bocinas. Después, los gritos. El ruido dificultaba escuchar la música y, con los minutos, los insultos empezaron a dirigirse personalmente contra el bailarín.
Berlanga ha explicado que recibió también insultos homófobos. La tensión dejó de ser simplemente sonora cuando un altavoz fue desconectado, se intentó interferir en la mesa de sonido y hubo amenazas contra un técnico. El momento más grave llegó cuando alguien lanzó una silla que acabó dentro de la zona de la actuación. Una bocina puede competir con un altavoz; una silla lanzada ya pertenece a otro terreno.
Berlanga decidió seguir bailando pese a los insultos
El escenario de Juancaballo tenía una particularidad que hacía la situación todavía más incómoda: no existía una gran separación física entre artista y público. Berlanga se movía sobre un linóleo instalado a ras de suelo, de modo que quienes se acercaban podían situarse muy cerca del intérprete.
Aun así, siguió con la coreografía. No paró cuando comenzaron los gritos ni cuando los ataques se hicieron personales. El bailarín ha explicado que estaba trabajando y que entendió que correspondía a la organización decidir cuándo la representación ya no podía continuar con seguridad.
La intervención llegó cuando entró en escena su compañero Arthur Bernard. La función terminó interrumpiéndose y los agentes de la Policía y la Guardia Civil trataron de separar a quienes estaban provocando los altercados del espacio cultural. Berlanga y su equipo fueron conducidos a los camerinos.
La función pudo celebrarse después
Aquella interrupción no fue el final de Juancaballo. Aproximadamente una hora después, cuando buena parte de los participantes en la protesta se había dispersado y la situación se había calmado, la compañía volvió a representar la pieza en condiciones que permitían continuar.
Una parte importante del público decidió quedarse. Berlanga ha recordado especialmente ese gesto y el respaldo recibido durante una función que terminó teniendo un significado añadido: la obra que algunos habían intentado silenciar acabó representándose completa.
El artista ha agradecido la actuación del equipo técnico y del personal de Cultura de Manzanares, así como la intervención de la Policía Local y la Guardia Civil. También ha insistido en una distinción básica que a veces se pierde entre el ruido: manifestarse y defender ideas forma parte de una sociedad democrática; intimidar, insultar o lanzar objetos contra un escenario, no.
Quién es Juan Berlanga y qué es ‘Juancaballo’
Juan Berlanga es bailarín, coreógrafo y doctor en Bellas Artes, además de integrante del Ballet Nacional de España. Nacido en Úbeda, ha desarrollado una trayectoria ligada a la danza española contemporánea y desde hace varios años dirige también su propia compañía.
Juancaballo, precisamente la pieza que representaba en Manzanares, le ha dado uno de los reconocimientos más importantes de su carrera. Berlanga ganó en 2026 el Premio Max al mejor intérprete masculino de danza por este espectáculo.
La obra se inspira en el imaginario popular de los juancaballos, figuras mitológicas asociadas a la tradición de Úbeda. Sobre el escenario, la pieza plantea el encuentro entre un joven y un caballo y juega con fronteras menos cómodas de lo habitual: animal y humano, deseo y lucha, dominio y atracción. Danza española, flamenco y lenguajes contemporáneos se rozan constantemente.
No era, por tanto, una actuación improvisada al lado de una manifestación ni una actividad organizada como respuesta política a ella. La función estaba incluida previamente en la programación cultural municipal y abría la edición de CallejeArtes de septiembre.
Los insultos homófobos, la parte más personal del ataque
Con el paso de los días Berlanga ha dado más detalles sobre lo sucedido. Ha explicado que algunos de los insultos terminaron siendo directamente homófobos y ha relacionado esa experiencia con episodios de discriminación que él mismo sufrió cuando era más joven.
Ahí el episodio de Manzanares adquiere otra dimensión. La discusión deja de girar exclusivamente alrededor del choque entre una protesta y un espectáculo cultural y entra en un terreno mucho más reconocible: utilizar la orientación sexual, real o supuesta, como instrumento para humillar a una persona.
Berlanga asegura que nunca había vivido algo semejante durante una representación. Físicamente salió indemne, pero ha admitido que emocionalmente el episodio pesa más cuando pasan los días y se observa con cierta distancia.
El Ballet Nacional y las artes escénicas condenan la agresión
La reacción ha trascendido a la compañía de Berlanga. El Ballet Nacional de España condenó públicamente las agresiones sufridas por su bailarín y defendió la libertad de expresión en la danza y unas artes escénicas libres y democráticas.
También la Academia de las Artes Escénicas de España rechazó las agresiones físicas o verbales contra intérpretes mientras ejercen su profesión. La Red Española de Teatros, Auditorios, Circuitos y Festivales de titularidad pública se sumó posteriormente a las condenas, después de que en pocos días se produjeran episodios de hostilidad contra artistas en distintos puntos de España.
Berlanga, mientras tanto, ha resumido su posición de una manera bastante menos solemne. Se puede intentar apagar un altavoz, sostiene, pero “la cultura no se desenchufa”. En Manzanares ocurrió casi literalmente así: apagaron el sonido, detuvieron durante un tiempo la función y la danza regresó después a escena.
Una plaza donde acabaron chocando dos derechos muy distintos
Lo ocurrido en Manzanares no convierte una protesta política en ilegítima por el comportamiento de una parte de sus participantes. Tampoco permite adjudicar automáticamente a todos los asistentes los actos cometidos por quienes insultaron, sabotearon el sonido o lanzaron la silla. Generalizar sería fácil. Y bastante poco serio.
Pero tampoco conviene rebajar lo sucedido hasta transformarlo en una simple anécdota entre ruido y baile. El derecho de manifestación protege la expresión de ideas, incluso las más incómodas; no concede una licencia para impedir por la fuerza que otras personas desarrollen una actividad perfectamente legal.
Juan Berlanga continuó bailando hasta que las condiciones hicieron necesaria la interrupción. Después volvió al escenario y terminó Juancaballo. Quizá por eso aquella función prevista como una noche más de danza al aire libre ha terminado dejando una imagen difícil de borrar: un bailarín siguiendo la música mientras, alrededor, otros intentaban hacer que dejara de sonar.












