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¿Qué revela el documental secreto sobre Elizabeth Holmes y Theranos?

Elizabeth Holmes reaparece en un documental secreto de Nathan Fielder que retrata sus últimos días en libertad y el legado del caso Theranos.

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Elizabeth Holmes

Foto: Max Morse para TechCrunch — TechCrunch Disrupt San Francisco 2014, CC BY 2.0 — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Elizabeth Holmes protagoniza un documental secreto rodado antes de prisión
  • Nathan Fielder siguió durante tres años a la fundadora de Theranos
  • A24 estrenará You Can See Everything en cines en octubre de 2026

Elizabeth Holmes vuelve al centro del escenario, aunque esta vez no hay una startup valorada en miles de millones ni una máquina milagrosa capaz, supuestamente, de revolucionar los análisis de sangre. La fundadora de Theranos protagoniza You Can See Everything, un documental dirigido por Nathan Fielder y Lance Oppenheim que se rodó durante tres años prácticamente en secreto y que acaba de ser presentado por sorpresa en el Festival de Telluride. A24 prevé estrenarlo en cines en octubre de 2026.

La peculiaridad está en el acceso. La película comienza 34 días antes de que Holmes ingresara en prisión, en mayo de 2023, y muestra su vida junto a su pareja, Billy Evans, y sus hijos durante esas últimas semanas de libertad. No es otra reconstrucción convencional del escándalo Theranos. Es la propia Holmes, ante las cámaras, intentando explicar quién es y hasta qué punto el personaje que quedó fijado en la opinión pública después del derrumbe de su empresa se corresponde con la persona real.

El documental de Elizabeth Holmes que nadie debía conocer

El secretismo alrededor de You Can See Everything fue bastante más allá de una campaña de marketing con un par de carteles tapados. Telluride reservó una sesión sorpresa y mantuvo el título oculto hasta que los espectadores estuvieron dentro del Werner Herzog Theatre. Los teléfonos fueron guardados en fundas cerradas y el público recibió instrucciones estrictas para evitar filtraciones.

Entonces apareció Nathan Fielder y se despejó el misterio: el proyecto secreto era una película de casi tres horas, 174 minutos, sobre una de las figuras más controvertidas de Silicon Valley. Una combinación bastante difícil de prever. Fielder, conocido por Nathan for You y The Rehearsal, lleva años construyendo obras en las que la realidad empieza siendo reconocible y termina comportándose como un espejo deformante. Lance Oppenheim procede de un territorio documental más clásico, aunque tampoco especialmente dócil.

El resultado no se limita a colocar una cámara delante de Holmes y dejarla hablar. La película incorpora recreaciones, situaciones construidas y cambios de perspectiva que erosionan la frontera entre testimonio y representación. Justo el terreno en el que Fielder suele sentirse cómodo. O incómodamente cómodo, para ser exactos.

Elizabeth Holmes abre su casa antes de entrar en prisión

El punto de partida es extraordinario porque Holmes permitió que un pequeño equipo entrara en su vida privada cuando faltaba poco más de un mes para comenzar a cumplir condena. Ella y Billy Evans defendieron ante los realizadores una idea de “transparencia radical”: abrir las puertas, enseñar la intimidad y tratar de demostrar que la imagen pública de Holmes estaba incompleta o profundamente distorsionada.

Ahí comienza la parte realmente incómoda del documental. Fielder no se limita a preguntarse qué dice Holmes, sino qué ocurre cuando él mismo empieza a encontrarla cercana, convincente o incluso encantadora pese a conocer perfectamente los antecedentes del caso Theranos. Esa contradicción se convierte en uno de los motores de la película: saber intelectualmente que alguien fue condenado por fraude y, aun así, comprobar cómo funciona su capacidad de persuasión cuando está sentada a pocos metros.

No es un detalle menor. La credibilidad fue el gran activo de Holmes durante el ascenso de Theranos. Antes de que su imperio se deshiciera, convenció a inversores, empresarios y figuras de enorme prestigio de que su compañía estaba transformando la medicina. El discurso era irresistible: cientos de pruebas médicas utilizando apenas unas gotas de sangre obtenidas de un dedo. La promesa sonaba a ciencia ficción convertida en producto. El problema fue que la tecnología no hacía lo que Theranos decía que hacía.

Qué pasó realmente con Elizabeth Holmes y Theranos

Holmes fundó Theranos en 2003, después de abandonar la Universidad de Stanford. Durante los años siguientes se convirtió en una celebridad empresarial y en uno de los rostros más reconocibles del ecosistema tecnológico estadounidense. Su empresa llegó a estar valorada en unos 9.000 millones de dólares. Cuello alto negro, voz grave, discursos sobre cambiar el mundo… Silicon Valley tenía un nuevo icono y pocas ganas de mirar debajo del capó.

Las investigaciones periodísticas y regulatorias terminaron desmontando buena parte de las afirmaciones sobre la tecnología de la compañía. Theranos acabó desapareciendo y Holmes pasó del circuito de conferencias empresariales al tribunal federal.

En enero de 2022 fue declarada culpable de cuatro cargos relacionados con el fraude a inversores. Posteriormente recibió una condena de 11 años y tres meses de prisión. Conviene precisar algo que a menudo se simplifica cuando se recuerda el caso: el jurado no la condenó por todos los cargos formulados contra ella; fue absuelta de los relacionados con pacientes y condenada por el engaño a inversores.

Holmes ingresó el 30 de mayo de 2023 en un centro penitenciario federal de mínima seguridad en Bryan, Texas. Su condena fue posteriormente confirmada por el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito en febrero de 2025.

La situación de Elizabeth Holmes en prisión

La fecha prevista de salida se ha adelantado respecto a los 11 años y tres meses impuestos inicialmente. A comienzos de 2026, los registros federales situaban su puesta en libertad prevista el 30 de diciembre de 2031, aunque las fechas del sistema penitenciario estadounidense pueden modificarse por créditos, programas penitenciarios y otras circunstancias.

Ese mismo año trascendió además que Holmes había solicitado a la Administración de Donald Trump la conmutación de su condena. Una petición de clemencia no equivale, claro, a que vaya a ser concedida; simplemente confirma que la batalla alrededor de su condena tampoco terminó con la puerta de la prisión cerrándose detrás de ella.

Y justo ahí adquiere otra dimensión el documental. Buena parte del material inicial fue registrado antes del ingreso de Holmes en prisión, pero el proyecto continuó durante aproximadamente tres años. El acceso cambió radicalmente cuando ella quedó encarcelada y Evans pasó a actuar como principal intermediario entre Holmes y los realizadores. La relación entre Evans y el equipo terminó volviéndose tensa a medida que aumentaban las discrepancias sobre el control del proyecto.

Holmes y Billy Evans no controlaron el montaje final

Hay otro dato bastante revelador: en el momento de su presentación en Telluride, Elizabeth Holmes y Billy Evans no habían visto el montaje final. La película nació con la participación voluntaria de Holmes, pero eso no significa que ella controle el resultado.

Fielder y Oppenheim dispusieron, además, de una libertad poco habitual. A24 les permitió desarrollar el proyecto sin imponerles inicialmente la obligación de convertir todo aquel material en una película terminada. Podían grabar, explorar y, si aquello no llevaba a ninguna parte, abandonarlo. Finalmente llevó a algún sitio. A uno bastante extraño, por lo visto.

Por qué Nathan Fielder cambia por completo esta historia

Elizabeth Holmes no necesitaba otro documental para convertirse en un personaje conocido. Su historia ya había generado libros, podcasts, investigaciones, series y películas documentales. The Inventor: Out for Blood in Silicon Valley, de Alex Gibney, examinó el ascenso y caída de Theranos en 2019. Tres años después, Amanda Seyfried interpretó a Holmes en The Dropout, una de las dramatizaciones más conocidas del caso.

Lo que queda por explorar está menos en el expediente judicial que en algo más resbaladizo: cómo se fabrica una versión de uno mismo. Nathan Fielder trabaja precisamente con eso. Sus proyectos acostumbran a colocar a personas reales dentro de situaciones parcialmente construidas hasta que ya no resulta fácil determinar dónde termina la espontaneidad y dónde empieza la actuación.

En este caso tiene delante a una mujer cuya historia pública está íntimamente ligada a la construcción de una imagen: la joven visionaria que iba a democratizar los análisis médicos, la empresaria prodigio, la acusada, la condenada y, después, la mujer que sostiene que el mundo no la conoce realmente.

El documental introduce recreaciones cada vez más elaboradas y llega a incorporar a una conocida actriz de Hollywood cuya identidad los responsables de la película han preferido mantener oculta antes de su estreno. No parece un capricho narrativo: esa confusión entre original y copia, persona y personaje, está en el corazón mismo de la película.

Una película sobre Holmes, pero también sobre creer

Después de tres años trabajando alrededor de Elizabeth Holmes, Fielder ha reconocido que todavía no tiene una respuesta limpia sobre qué fue exactamente lo que experimentó. Esa ausencia de certeza quizá sea más interesante que otra reconstrucción milimétrica del expediente Theranos. Los hechos judiciales, al fin y al cabo, existen; las condenas también. Lo difícil es explicar por qué personas inteligentes creyeron durante tanto tiempo.

Silicon Valley ha cultivado durante décadas una cultura en la que exagerar el futuro puede confundirse peligrosamente con inventarlo. Un fundador no vende únicamente un producto: vende el mundo que existirá cuando ese producto funcione. Un ordenador personal, inteligencia artificial, análisis médicos con una gota de sangre… primero se vende la visión, después aparece la letra pequeña. En ocasiones la apuesta produce una revolución tecnológica. En otras, Theranos.

Holmes dominaba esa liturgia con enorme eficacia. Y quizá por eso enfrentarla a Fielder tiene algo de experimento extraño: dos especialistas en construir realidades, aunque por razones radicalmente distintas, sentados frente a frente.

El regreso de Holmes no reescribe Theranos

You Can See Everything llegará a los cines de la mano de A24 en octubre de 2026, después de una presentación en Telluride diseñada para conservar intactas sus sorpresas. El primer avance deja entrever la tensión entre Fielder y Holmes alrededor de una cuestión básica: qué parte de la persona que aparece ante la cámara es auténtica.

La película no cambia los hechos que condujeron a Holmes a prisión. Theranos prometió una tecnología médica que no cumplía lo anunciado; su fundadora fue juzgada, condenada por fraude a inversores y su condena sobrevivió al recurso presentado ante la justicia federal. Eso pertenece al terreno de los hechos, no al de las interpretaciones.

Lo nuevo está en otro sitio. Por primera vez, el público podrá observar durante horas a Elizabeth Holmes intentando recuperar el control de su propia historia mientras una cámara que ella misma dejó entrar comienza a desconfiar de lo que está viendo. Y ahí está la ironía, casi demasiado perfecta para escribirla: la mujer que construyó una fortuna prometiendo que unas gotas de sangre podían mostrarlo todo protagoniza ahora una película llamada You Can See Everything. Verlo todo, sí. Creérselo todo es otra cosa.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.