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240 muertos en carretera: ¿qué comunidades sufrieron más este verano?

El verano deja 240 muertos en las carreteras españolas, con agosto como el mes más duro y fuertes aumentos de víctimas en Valencia y Murcia.

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foto de un accidente grave de trafico

Resumen

  • El verano deja 240 muertos en carretera, diez más que en 2025
  • Valencia y Murcia registran algunos de los mayores repuntes de víctimas
  • Agosto concentra el deterioro pese al récord de 102 millones de viajes

El verano de 2026 ha terminado con 240 personas fallecidas en las carreteras españolas durante julio y agosto, diez más que en el mismo periodo de 2025. El incremento es del 4 % y llega, además, en un verano de movilidad récord: se contabilizaron cerca de 102 millones de desplazamientos de largo recorrido, un 1,5 % más que el año anterior. En total hubo 218 siniestros mortales y otras 926 personas tuvieron que ser hospitalizadas.

El mapa, sin embargo, no dibuja una España uniformemente más peligrosa. Andalucía fue la comunidad con más fallecidos, 38, aunque redujo sus víctimas respecto a 2025. El salto más preocupante se produjo en la Comunitat Valenciana, que pasó de 13 a 25 muertos, y en la Región de Murcia, donde las víctimas se triplicaron, de cuatro a 12. También empeoraron Aragón, Baleares y Madrid. Al otro lado están Cataluña, Andalucía, Galicia y Canarias, con descensos relevantes. Conviene distinguir ambas cosas: tener más fallecidos no significa necesariamente haber empeorado más.

El otro dato que explica el balance está en el calendario. Julio mejoró; agosto se torció. En julio murieron 110 personas, cinco menos que un año antes. Agosto terminó con 130 víctimas, quince más, y se convirtió en el tercer agosto con mayor mortalidad vial de la última década. Un contraste incómodo: nunca se había viajado tanto y, aunque la movilidad creció solo un 1,5 %, la mortalidad lo hizo un 4 %. La estadística no permite convertir esa relación en una causa automática, pero tampoco invita precisamente a descorchar champán.

Andalucía suma más víctimas, pero Valencia registra el mayor aumento

La distribución territorial muestra diferencias enormes. Andalucía contabilizó 38 fallecidos, diez menos que los 48 del verano de 2025, y siguió encabezando el número absoluto de víctimas. Castilla y León quedó inmediatamente detrás con 34 muertos, dos más que el año anterior. La Comunitat Valenciana registró 25; Castilla-La Mancha, 22; Cataluña, 19; Galicia y Madrid, 17 cada una.

Después aparecen Aragón, con 13 víctimas; Murcia, con 12; Baleares y Extremadura, con diez cada una; Canarias, con siete; País Vasco, con seis; Asturias y Navarra, con cuatro; Cantabria, con dos, y La Rioja, donde no se registraron fallecidos en este balance provisional. Ceuta y Melilla tampoco contabilizaron víctimas mortales.

No existe un patrón geográfico estable que permita señalar una zona del país como origen del repunte. Las variaciones anuales pueden depender de unos pocos siniestros especialmente graves y modificar mucho el balance de territorios con cifras relativamente pequeñas. Es la aritmética cruel de la carretera: tres o cuatro accidentes pueden transformar por completo el dibujo de una comunidad.

Comunitat Valenciana y Murcia concentran los mayores repuntes

Donde sí se aprecia el deterioro con claridad es en la comparación con 2025. La Comunitat Valenciana pasa de 13 a 25 fallecidos, doce más y el mayor incremento absoluto de España. Murcia sube de cuatro a 12, ocho más. Aragón crece de ocho a 13, Baleares de cinco a diez y Madrid de 12 a 17.

En sentido contrario, Andalucía baja en diez víctimas, de 48 a 38, mientras Cataluña pasa de 28 a 19, nueve menos. Galicia desciende de 21 a 17 y Canarias de once a siete. Asturias registra dos víctimas menos, igual que La Rioja; el País Vasco reduce una.

Esos datos permiten leer el verano con bastante precisión: Andalucía tuvo más muertos, pero la Comunitat Valenciana fue donde más empeoró la situación frente al año anterior. Murcia, con una cifra absoluta menor, protagonizó proporcionalmente uno de los saltos más severos.

Agosto concentra el deterioro de la seguridad vial

El verano comenzó mejor de lo que terminó. Julio cerró con 110 fallecidos, frente a los 115 de julio de 2025. La cifra lo sitúa como el tercer julio con menos víctimas desde que existen registros y el segundo mejor de la última década.

Agosto cambió la fotografía. Murieron 130 personas, quince más que durante el mismo mes del año pasado. El jueves 13 de agosto fue la jornada más trágica, con diez fallecidos, mientras que en dos días de julio no se produjo ninguna víctima mortal en las carreteras interurbanas incluidas en el balance.

También hubo mucho más tráfico en agosto: 52,5 millones de desplazamientos, frente a 49,5 millones en julio. El eclipse solar del 12 de agosto añadió una circunstancia excepcional. Se monitorizaron unos 2,3 millones de movimientos durante esa jornada y entre las nueve de la noche y la medianoche se detectó un volumen de tráfico un 25,7 % superior al de un día comparable. No se puede atribuir a ese fenómeno el aumento general de la mortalidad, pero fue otro ingrediente de un mes especialmente cargado sobre el asfalto.

Los incendios forestales complicaron igualmente la circulación. Durante julio y agosto llegaron a cortarse 2.640 kilómetros de carreteras por fuegos, con 227 vías afectadas. Ávila, Madrid, Castellón, Huelva y Huesca estuvieron entre las zonas que obligaron a desplegar dispositivos especiales y desvíos. Fue un verano de carretera llena, caliente y, en algunos momentos, literalmente rodeada de humo.

Las carreteras convencionales siguen concentrando el peligro

Aunque las víctimas aumentaron en autopistas y autovías, la carretera secundaria continúa siendo el escenario principal de la mortalidad vial española. En autopistas y autovías murieron 65 personas, diez más que en 2025. En las carreteras convencionales fueron 175, exactamente las mismas que el verano anterior.

Eso significa que las vías convencionales concentraron aproximadamente el 73 % de los fallecidos. No es un detalle menor. Son carreteras donde conviven sentidos opuestos sin separación física, abundan cruces y accesos, los márgenes ofrecen menos protección y una invasión del carril contrario puede terminar en una colisión frontal sin apenas margen para corregir.

Por tipo de siniestro, las salidas de vía causaron 88 muertes, el 37 % del total, aunque fueron catorce menos que en 2025. Las colisiones frontales dejaron 54 fallecidos, uno más que el verano pasado, y representaron alrededor del 23 % de las víctimas.

El turismo vuelve a ocupar el centro del balance. Murieron 124 ocupantes de turismos, 25 más que un año antes y algo más de la mitad de todos los fallecidos. En contraste, se produjo una mejora considerable entre los usuarios de vehículos de dos ruedas motorizados: motocicletas y ciclomotores sumaron 54 víctimas, 18 menos que el verano anterior.

También descendió el conjunto de usuarios vulnerables. Peatones, ciclistas, motoristas y usuarios de ciclomotor sumaron 92 fallecidos, doce menos, una reducción del 12 %. Su peso sobre el total bajó hasta el 38 %.

No todo fue positivo dentro de ese grupo. Los peatones fallecidos aumentaron de 23 a 26 víctimas, y los ciclistas de nueve a 12. De los 17 peatones que murieron durante la noche o el crepúsculo, trece no llevaban prendas ni elementos reflectantes. Tres de los doce ciclistas fallecidos circulaban sin casco.

Salidas de vía, distracción, velocidad y alcohol

El balance provisional del verano permite saber cómo se produjeron muchos accidentes, pero no ofrece todavía una atribución causal completa de las 240 muertes. Sería incorrecto, por ejemplo, afirmar que un porcentaje concreto de esas víctimas murió por el móvil, el alcohol o la velocidad cuando esa desagregación no ha sido publicada para julio y agosto.

Sí existe un patrón mucho más asentado en la siniestralidad española. Distracciones, velocidad inadecuada y alcohol aparecen sistemáticamente entre los principales factores concurrentes de los accidentes mortales. La expresión es importante: en un siniestro suele haber varias circunstancias que se superponen, no una causa única que pueda envolverse en celofán y archivarse.

Las salidas de vía, el tipo de accidente que más vidas se cobró este verano, sirven de ejemplo. Los estudios recientes sobre este tipo de siniestros señalan que distracción y velocidad excesiva aparecen en tres de cada cuatro salidas de vía mortales analizadas. En cuatro de cada diez conductores implicados se detectó alcohol, mientras el cansancio y el sueño también figuran entre los factores habituales. En una recta puede bastar una pérdida de atención; en una curva, unos kilómetros por hora de más reducen de golpe el margen físico para corregir.

El alcohol continúa siendo especialmente relevante. Con datos consolidados de 2024, estuvo presente como factor concurrente en el 28 % de los siniestros mortales. Interior ha aprovechado el balance del verano para volver a plantear la reducción del límite general permitido hasta 0,2 gramos de alcohol por litro de sangre. La normativa vigente mantiene, mientras no se apruebe una reforma, el máximo general en 0,5 gramos por litro y límites inferiores para determinados conductores.

Hay otro número menos sofisticado y quizá por eso más incómodo: 25 fallecidos que viajaban en turismos o furgonetas no llevaban cinturón de seguridad. Uno de cada cinco muertos entre los ocupantes de estos vehículos prescindía de un dispositivo cuya función se conoce desde hace décadas. No hace falta inteligencia artificial, radares orbitales ni carreteras capaces de conversar con el coche para entender esa parte del problema.

Jóvenes y adultos de 45 a 54 años empeoran sus cifras

La edad también deja movimientos significativos. Entre los jóvenes de 15 a 24 años murieron 31 personas, ocho más que durante el verano de 2025. El aumento rompe una de esas inercias que la seguridad vial española lleva años intentando combatir mediante controles de alcohol y drogas, educación y restricciones para los conductores con menos experiencia.

El grupo con mayor número absoluto de víctimas fue, no obstante, el de 45 a 54 años, con 49 fallecidos. También son ocho más que en 2025. La mortalidad vial, por tanto, está lejos de ser únicamente un problema de conductores jóvenes: atraviesa generaciones y perfiles muy distintos.

La fotografía más llamativa aparece entre los motoristas. Tras años de preocupación creciente, este fue el primer verano desde 2014 en que la media diaria de fallecidos en vehículos de dos ruedas motorizados quedó por debajo de una víctima. La reducción se concentró especialmente en Galicia, Andalucía, Madrid y Cataluña.

El riesgo sigue siendo elevado. Aproximadamente la mitad de los motoristas fallecidos perdió la vida durante el fin de semana, en carreteras convencionales y por una salida de vía. Menos muertos no significa problema resuelto; significa, simplemente, que una curva estadística que llevaba demasiado tiempo mirando hacia arriba ha girado esta vez.

Un verano peor, aunque 2026 mantiene una mortalidad estable

Los 240 fallecidos de julio y agosto empeoran el verano de 2025, pero todavía no permiten afirmar que España haya entrado en una nueva tendencia ascendente. Entre enero y el 31 de agosto se contabilizaron 734 víctimas mortales, frente a 750 durante los ocho primeros meses de 2025: dieciséis menos, una reducción del 2 %.

La variación permanece dentro de un margen que permite hablar de cierta estabilidad estadística. El matiz importa. El verano ha sido malo, pero el conjunto de 2026 todavía registra menos muertos que el año anterior. Ambas afirmaciones pueden ser ciertas al mismo tiempo; las estadísticas, para desesperación del titular fácil, suelen tener esa manía.

Los datos son provisionales y corresponden a siniestros ocurridos en vías interurbanas durante julio y agosto, contabilizando las víctimas fallecidas dentro de las primeras 24 horas. Esa metodología explica por qué los balances consolidados posteriores pueden sufrir ajustes.

Cuatro muertos al día en el verano de los viajes récord

Queda una cifra difícil de maquillar: aproximadamente cuatro personas murieron cada día en las carreteras españolas durante los dos meses centrales del verano. Hubo más viajes, menos motoristas muertos y menos hospitalizados —926, un 10 % menos—, pero también diez vidas más perdidas que en 2025. La Comunitat Valenciana y Murcia empeoraron con fuerza; Andalucía siguió soportando el mayor número absoluto de víctimas; agosto deshizo buena parte de la mejoría de julio y las carreteras convencionales volvieron a concentrar casi tres de cada cuatro fallecidos.

Muchos elementos de la movilidad han cambiado —coches más seguros, radares más precisos, asistencia electrónica, balizas conectadas—, pero el núcleo duro de la mortalidad conserva una apariencia bastante antigua: velocidad, distracción, alcohol, sueño, cinturones que no se abrochan y carreteras secundarias donde un error pequeño puede tener consecuencias enormes. Tecnología del siglo XXI; fragilidad humana de toda la vida.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.