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¿Qué pasa en Líbano? Cuatro muertos tras nuevos ataques de Israel
Israel vuelve a golpear el sur del Líbano tras el lanzamiento de drones de Hezbolá: cuatro muertos, heridos y una tregua cada vez más frágil

Por tomer.gabel - CC BY-SA 2.0, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- Cuatro personas murieron en nuevos ataques israelíes en el sur del Líbano
- Israel vincula la ofensiva al lanzamiento de dos drones de Hezbolá
- La escalada coincide con nuevos choques entre Estados Unidos e Irán
Los nuevos ataques israelíes contra el sur del Líbano han dejado al menos cuatro muertos este domingo 6 de septiembre, entre ellos dos mujeres, según el balance comunicado por las autoridades sanitarias libanesas. Israel sostiene que los bombardeos fueron una respuesta al lanzamiento de dos drones explosivos de Hezbolá contra sus soldados desplegados en la zona de la cresta de Ali al-Taher. Uno de los aparatos fue interceptado y el Ejército israelí asegura que ninguno de sus militares resultó herido.
La jornada vuelve a sacudir una frontera donde el alto el fuego existe, sí, pero cada vez se parece más a una puerta desencajada: todavía está ahí, aunque apenas cumple su función. Los ataques alcanzaron localidades de la provincia de Nabatieh, destruyeron un antiguo hospital y causaron daños en dependencias administrativas. El presidente libanés, Joseph Aoun, ha calificado la ofensiva de «escalada peligrosa». Y todo ocurre mientras el pulso entre Estados Unidos e Irán vuelve a elevar la temperatura regional después del ataque estadounidense contra tres petroleros iraníes.
Cuatro muertos en los nuevos bombardeos sobre el sur del Líbano
El balance más reciente sitúa en cuatro las personas fallecidas durante los ataques israelíes. Dos hombres murieron en una localidad próxima al área del sur libanés ocupada por tropas israelíes, mientras que otras dos víctimas, dos mujeres, fallecieron en Arab Salim, más al norte.
En esa última localidad también resultaron heridas varias personas, entre ellas dos niñas. Las autoridades sanitarias libanesas comunicaron asimismo heridos en Nabatieh y otras poblaciones próximas durante una sucesión de ataques que comenzó a primeras horas de la mañana.
La cifra global de heridos comunicada inicialmente por las autoridades libanesas llegó a 20 personas al sumar los distintos puntos atacados. Los balances difundidos durante las primeras horas no fueron idénticos en todas las comunicaciones oficiales, algo habitual cuando los servicios de emergencia siguen trabajando entre edificios dañados y distintos municipios transmiten sus datos por separado.
No es un episodio aislado. Dos días antes, el viernes, otra oleada israelí en territorio libanés había provocado cuatro muertos y 23 heridos, según el balance posteriormente actualizado por el Ministerio de Salud del Líbano. La frecuencia de los ataques está convirtiendo la excepción en costumbre, una forma bastante sombría de normalidad.
Drones de Hezbolá y la respuesta militar de Israel
El detonante inmediato de la ofensiva de este domingo fueron, según las Fuerzas de Defensa de Israel, dos drones cargados con explosivos lanzados por Hezbolá contra tropas israelíes que operaban en la zona de Ali al-Taher, un área montañosa del sur libanés convertida en uno de los puntos más sensibles del conflicto.
Israel asegura que sus soldados derribaron uno de los drones y que no hubo bajas entre sus efectivos. El Ejército calificó el lanzamiento como una violación del acuerdo de cese de hostilidades y anunció ataques contra infraestructuras, depósitos de armas y posiciones vinculadas a Hezbolá.
Hezbolá no reaccionó inmediatamente al ataque concreto de este domingo, aunque el movimiento chií había acusado ya a Israel de intensificar sus operaciones militares para aumentar la presión sobre el Gobierno libanés durante las conversaciones auspiciadas por Estados Unidos.
Qué ocurrió en Arab Salim y Nabatieh
Antes de bombardear un edificio de Arab Salim, el Ejército israelí publicó alrededor de las seis de la mañana una advertencia de evacuación para los residentes de sus inmediaciones. Exigió alejarse del inmueble, al que identificó como una instalación utilizada por Hezbolá.
Fue apenas la segunda advertencia pública de evacuación de este tipo desde el establecimiento del último alto el fuego. El detalle importa: los ataques del viernes anterior se habían efectuado sin avisos similares.
En Nabatieh y sus alrededores hubo varias explosiones. Edificios públicos, comercios y otras construcciones sufrieron daños. Entre los inmuebles afectados se encuentra una dependencia vinculada al Ministerio de Finanzas libanés, circunstancia que ha endurecido la reacción del Gobierno de Beirut.
Un antiguo hospital destruido y dos versiones enfrentadas
Uno de los puntos más delicados de esta nueva ofensiva es la destrucción del hospital Ghandour, en Nabatieh al-Fawqa. El edificio estaba fuera de servicio y no albergaba pacientes ni personal sanitario cuando fue alcanzado.
Israel afirma que Hezbolá había reconvertido las instalaciones en un centro de mando utilizado por miembros de la organización para tareas operativas, de vigilancia y planificación de ataques. El Ejército israelí sostiene también que empleó munición de precisión y vigilancia aérea para reducir el riesgo para los civiles.
Las autoridades libanesas ofrecen una lectura muy distinta. La Presidencia considera que la destrucción del hospital y los daños causados en edificios administrativos muestran que las operaciones israelíes están afectando a infraestructuras civiles y servicios públicos, no únicamente a instalaciones militares.
Joseph Aoun responsabilizó a Israel de la escalada y reclamó una intervención inmediata de Estados Unidos y de la comunidad internacional. Beirut considera que los ataques desbordan el marco del acuerdo de cese de hostilidades y dificultan cualquier intento de estabilizar el sur del país.
La discrepancia es conocida y profunda. Israel presenta sus bombardeos como operaciones dirigidas contra la capacidad militar de Hezbolá; las autoridades libanesas denuncian que la campaña está golpeando a la población y al propio Estado. Entre ambas narrativas quedan los edificios destruidos, los desplazados y los muertos, que suelen discutir bastante menos de geopolítica.
La tregua que no consigue apagar la frontera
El actual acuerdo de alto el fuego, negociado con mediación estadounidense, pretendía reducir los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá y facilitar un progresivo retorno del control del sur del Líbano a las instituciones estatales libanesas.
Sobre el terreno, la situación es bastante menos limpia. Israel mantiene tropas en una zona de seguridad dentro del territorio libanés y sostiene que continuará allí mientras considere que Hezbolá conserva infraestructura militar capaz de amenazar a sus fuerzas o a las poblaciones del norte de Israel.
Hezbolá, por su parte, conserva capacidad para lanzar drones y mantiene una presencia significativa en varias áreas del sur. El resultado es una tregua perforada por ataques y represalias. No hay una guerra declarada en toda regla cada mañana, pero tampoco una paz reconocible.
Desde el 2 de marzo, los ataques israelíes han causado más de 4.300 muertos en el Líbano, de acuerdo con los balances de las autoridades sanitarias libanesas. La nueva fase de violencia arrancó después de que Hezbolá atacara Israel en apoyo de Irán y quedó integrada rápidamente en un conflicto regional mucho más amplio.
El enclave de Ali al-Taher ha adquirido especial importancia. Israel considera que el área albergaba infraestructura estratégica de Hezbolá, incluida una red subterránea desarrollada durante años y vinculada, según sus servicios militares, al apoyo iraní. El control de estas alturas tiene además valor táctico: dominar una cresta en esta zona significa observar carreteras, movimientos de tropas y accesos entre poblaciones. Geografía elemental, consecuencias enormes.
Irán y Estados Unidos vuelven a llevar la guerra al petróleo
La violencia en el Líbano coincide con otra escalada, esta vez directamente entre Estados Unidos e Irán. El Ejército estadounidense confirmó el sábado un ataque contra tres petroleros iraníes después de que, según Washington, Irán lanzara misiles balísticos contra dos buques de la Marina estadounidense.
El Mando Central de Estados Unidos aseguró que ningún militar estadounidense resultó herido. De acuerdo con la versión de Washington, dos petroleros quedaron inutilizados de forma permanente y un tercero, que navegaba sin carga, fue destruido después de que su tripulación recibiera instrucciones para abandonar el barco.
Estados Unidos vincula esas embarcaciones a la red de exportación de petróleo que permite a Teherán obtener ingresos pese a las sanciones y financiar a la Guardia Revolucionaria iraní y a sus aliados regionales. Irán considera los ataques una agresión y ha prometido respuestas más duras ante nuevas acciones estadounidenses.
Teherán aseguró posteriormente haber atacado varios buques estadounidenses y petroleros, aunque algunas de esas afirmaciones no han podido comprobarse de manera independiente. Estados Unidos, de hecho, negó este domingo una afirmación iraní según la cual sus fuerzas habían alcanzado una embarcación estadounidense no tripulada en el estrecho de Ormuz.
Ese estrecho es una franja de agua relativamente pequeña con una influencia gigantesca sobre la economía mundial. Por allí circula una parte fundamental del petróleo y el gas comercializados internacionalmente. Cada misil que aparece cerca de sus rutas marítimas tiene, por eso, dos ondas expansivas: la militar y la económica.
Una frontera libanesa atrapada dentro de una guerra mucho mayor
Los cuatro muertos de este domingo no explican por sí solos la crisis de Oriente Próximo, pero sí muestran cómo funciona. Hezbolá lanza drones, Israel responde con bombardeos, Beirut denuncia violaciones de su soberanía, Irán eleva sus amenazas y Estados Unidos golpea petroleros iraníes mientras protege sus fuerzas y las rutas marítimas estratégicas.
Son escenarios diferentes y, al mismo tiempo, vasos comunicantes.
El sur del Líbano continúa siendo uno de los puntos donde cualquier incidente relativamente limitado puede adquirir una dimensión mucho mayor. Un dron derribado sin causar víctimas terminó seguido de ataques aéreos, cuatro muertos, edificios destruidos y una nueva crisis diplomática. Ese encadenamiento es precisamente el problema.
La tregua sigue formalmente en pie, pero su margen se estrecha. Israel sostiene que mantendrá sus operaciones mientras persistan las amenazas de Hezbolá; el movimiento libanés considera ilegítima la presencia militar israelí y rechaza la presión para aceptar negociaciones en los términos planteados desde Washington.
Entre ambos queda un Líbano exhausto, todavía tratando de reconstruir instituciones y ciudades golpeadas por meses de conflicto. Las declaraciones hablan de líneas rojas y respuestas proporcionadas. Sobre el terreno, como tantas veces, las líneas son bastante menos nítidas.












