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¿Cómo salvó Loek Hartog a Ollie Millroy del incendio en Shanghái?

Loek Hartog rescató a Ollie Millroy de un Ferrari en llamas en Shanghái tras un grave choque del China GT que abrió una polémica por los socorros.

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Loek Hartog salva a Ollie Millroy

Resumen

  • Loek Hartog sacó a Ollie Millroy de un Ferrari en llamas en solo 49 segundos
  • Millroy sufrió cinco costillas rotas, clavícula fracturada y lesión pulmonar
  • El China GT revisa su respuesta de emergencia tras las críticas del equipo

Loek Hartog vio un Ferrari envuelto en llamas, frenó su Porsche, abandonó la carrera y corrió hacia el fuego. Apenas 49 segundos después había conseguido sacar del habitáculo a Ollie Millroy, que permanecía atrapado tras un violentísimo accidente durante la primera carrera del China GT en el Circuito Internacional de Shanghái. No fue una maniobra de competición ni una heroicidad de póster: fue una decisión instintiva, tomada con un coche ardiendo delante y muy poco tiempo para pensar.

Millroy sobrevivió. El piloto británico sufrió cinco costillas rotas, una fractura de clavícula, lesiones en una mano y un dedo y una contusión pulmonar, pero pudo contar después lo ocurrido —o, mejor dicho, lo que sabe que ocurrió, porque ha explicado que no recuerda nada desde unos 30 segundos antes del impacto hasta aproximadamente una hora después—. Su diagnóstico impresiona; las imágenes del incendio, bastante más. Y él mismo lo ha dejado claro: considera que sigue vivo gracias a Hartog.

49 segundos entre un Ferrari en llamas y un piloto atrapado

El accidente ocurrió el sábado 5 de septiembre de 2026 durante la primera manga de la categoría GT3 del China GT. Hartog, neerlandés de 23 años y piloto de la Porsche 911 GT3 R Evo número 79 de Phantom Global Racing, circulaba cerca del lugar del choque cuando vio delante una enorme llamarada.

Su reacción fue inmediata. Detuvo el coche y salió corriendo hacia el Ferrari 296 GT3 Evo número 91 de FIST Team AAI, pilotado por Millroy. El británico seguía en el asiento mientras alrededor del habitáculo crecían el fuego y el humo.

Hartog trató primero de acercarse por el lado del piloto, pero la temperatura del incendio hacía prácticamente imposible permanecer allí. Rodeó el Ferrari, intentó acceder desde el otro costado y llegó a abrir y retirar la puerta. Tampoco bastó.

Entonces fue a buscar un extintor, regresó a la zona más castigada por las llamas y consiguió reducir el fuego lo suficiente para acercarse al piloto. Liberó sus cinturones, lo sujetó por debajo de los brazos y lo arrastró fuera del coche.

Desde que Hartog salió de su Porsche hasta que Millroy quedó fuera del Ferrari transcurrieron alrededor de 49 segundos.

Menos de un minuto. En una carrera suele ser una eternidad. Dentro de un coche incendiado es exactamente lo contrario.

Cómo se produjo el brutal accidente del China GT

La secuencia había comenzado unos minutos antes de cumplirse los 20 de carrera, en la aproximación a la curva 14 del trazado de Shanghái. Neil Verhagen, con el BMW M4 GT3 Evo número 33 de TBC by 610Racing, peleaba por posición con David Chen, al volante del Ferrari 296 GT3 número 37 de Harmony Racing.

Verhagen buscó espacio y terminó con parte del BMW sobre la hierba. El terreno estaba húmedo después de la lluvia caída durante la mañana. A esas velocidades, dos ruedas fuera del asfalto pueden convertir un coche de carreras de precisión quirúrgica en una masa de más de una tonelada viajando casi sin dirección.

El BMW perdió el control y entró en contacto con el Ferrari de Chen. Los dos coches se deslizaron por la hierba hacia la zona de la horquilla mientras el resto del pelotón afrontaba normalmente la curva.

Millroy apareció en el peor lugar y en el peor segundo

Millroy no estaba protagonizando aquella lucha. Su Ferrari llegó a la curva cuando los otros vehículos regresaban descontrolados hacia la trayectoria de carrera. El 296 de Chen golpeó violentamente el lateral del coche número 91 y el Ferrari de Millroy se incendió prácticamente de inmediato.

La magnitud del choque obligó a mostrar la bandera roja. La carrera no volvió a ponerse en marcha.

El fuego convirtió enseguida el accidente deportivo en otra cosa. El objetivo dejó de ser retirar coches, reconstruir posiciones o averiguar responsabilidades sobre la colisión. Había una persona dentro de un habitáculo ardiendo.

Y el primero en llegar fue otro piloto.

Ollie Millroy sufrió múltiples fracturas y tendrá que ser operado

Millroy, británico de 36 años, fue trasladado para recibir atención médica tras ser rescatado. El balance posterior confirmó cinco fracturas costales, una clavícula rota, una mano y un dedo fracturados y una contusión en un pulmón.

Las lesiones requieren intervenciones quirúrgicas y un periodo de recuperación antes de que pueda volver a volar. Pese a la dureza del diagnóstico, su estado permitió que él mismo relatara pocas horas después cómo había vivido —o cómo le habían contado— aquellos segundos.

Millroy asegura que no conserva recuerdos desde aproximadamente medio minuto antes del accidente hasta una hora después. Sí sabe quién lo sacó del coche.

En su mensaje posterior fue inequívoco: atribuyó su supervivencia a Hartog y aseguró que algún día contará a sus tres hijos quién fue el piloto que se detuvo cuando vio arder su Ferrari.

También agradeció a Ferrari la resistencia del coche frente a un impacto de semejante violencia. Los actuales GT3 incorporan jaulas de seguridad, sistemas de retención, estructuras de absorción de energía y equipamiento contra incendios precisamente para accidentes extremos. Pero ninguna tecnología convierte las llamas en algo trivial. Cuando un piloto está inconsciente, desorientado o físicamente impedido, cada segundo empieza a pesar.

La tardanza de los servicios de emergencia abre una crisis

La extraordinaria actuación de Hartog ha dejado una cuestión incómoda flotando sobre el Circuito Internacional de Shanghái: el primer auxilio efectivo llegó de otro piloto y no de uno de los equipos de emergencia situados alrededor de la pista.

Las imágenes de la cámara instalada en su Porsche muestran a Hartog intentando intervenir mientras la respuesta inmediata de los equipos situados alrededor del circuito resulta, al menos visualmente, poco contundente. Incluso corre hacia un comisario para hacerse con un extintor antes de volver al Ferrari.

FIST Team AAI ha acusado directamente a la organización de graves deficiencias en la respuesta de emergencia. El equipo sostiene que los medios de extinción y asistencia no actuaron con la rapidez necesaria y también critica que durante la retransmisión se llegara a informar de que Millroy había salido del coche por sí mismo.

No ocurrió así. La propia organización del China GT reconoce ya oficialmente a Hartog como la primera persona que llegó al accidente para efectuar el rescate.

FIST Team AAI abandona el China GT

La compañera de Millroy, Yin Yu Chen, ha sido especialmente dura con la actuación posterior al choque. El equipo considera inaceptable que en un accidente con un vehículo incendiado la intervención decisiva recayera sobre otro competidor.

La respuesta ha pasado de las palabras a una decisión deportiva. FIST Team AAI ha anunciado su retirada de los futuros eventos del China GT hasta que se realice una investigación completa sobre lo ocurrido y reciba una respuesta formal de los responsables del campeonato.

El escenario hace todavía más incómoda la polémica: el accidente ocurrió en el Circuito Internacional de Shanghái, una instalación inaugurada en 2004 y habitual del Mundial de Fórmula 1. No se trata precisamente de una pista improvisada entre conos y neumáticos viejos. Es uno de los grandes circuitos permanentes del automovilismo asiático.

El China GT se disculpa y anuncia una revisión del accidente

La organización del campeonato reaccionó este domingo, 6 de septiembre, con un comunicado en el que expresa sus disculpas por el accidente y por sus consecuencias, desea la recuperación de Millroy y muestra públicamente su agradecimiento y respeto a Loek Hartog.

El China GT sostiene, tras una primera revisión, que la configuración general del evento cumplía los requisitos establecidos para una competición de ámbito nacional en China, aunque admite que existen aspectos de la gestión detallada que deben mejorarse.

La organización anuncia una revisión de lo sucedido y de sus dispositivos de competición, seguridad, emergencias, rescate y asistencia médica, con el objetivo de introducir modificaciones después del accidente.

Es una respuesta relevante, aunque no resuelve todavía la discrepancia central. De un lado está el campeonato, que afirma que el dispositivo previsto cumplía los estándares exigidos; del otro, un equipo que sostiene que la asistencia real sobre el terreno llegó demasiado tarde. Entre ambas versiones hay una imagen difícil de discutir: un piloto dejando aparcado su Porsche y corriendo hacia un Ferrari en llamas con un extintor en las manos.

La seguridad no termina cuando el coche supera el impacto

El caso también deja al descubierto una verdad incómoda del automovilismo moderno. Durante décadas se han construido coches extraordinariamente resistentes: monocascos reforzados, depósitos protegidos, ropa ignífuga, cascos cada vez mejores, sistemas de extinción y barreras deformables. Todo eso importa. Muchísimo.

Pero la seguridad de una carrera es una cadena. El coche puede resistir el golpe y el equipamiento proteger al piloto durante los primeros segundos; después tienen que funcionar las banderas, los comisarios, los extintores, los vehículos médicos y los protocolos de evacuación. Basta con que falle un eslabón para que la tecnología más sofisticada termine dependiendo de alguien que pasaba por allí.

Esta vez ese alguien viajaba en un Porsche de competición.

Loek Hartog ganó algo que no figura en ninguna clasificación

Hartog ha tratado de rebajar el tono heroico que ha rodeado su actuación. Ha explicado que, cuando vio aquel coche convertido en una bola de fuego, no sintió que hubiera una decisión que tomar. Pensó que el piloto no podría salir por sí mismo y se detuvo.

También reconoció que hubo instantes en los que temió no conseguir sacar a Millroy. El fuego impedía aproximarse con normalidad, el acceso al habitáculo era difícil y cada intento consumía segundos. Aun así, volvió. Probó por un lado, luego por el otro, buscó el extintor y regresó otra vez.

Su carrera había terminado, claro. Qué más daba.

El automovilismo se alimenta de décimas, victorias, puntos y contratos; fabrica rivalidades y convierte cada milímetro de pista en territorio disputado. Shanghái dejó durante 49 segundos una versión bastante menos sofisticada de este deporte. Un piloto estaba atrapado y otro fue a buscarlo.

Millroy tendrá por delante operaciones y semanas de recuperación. El China GT, una investigación y preguntas incómodas sobre su respuesta de emergencia. Hartog conservará unas imágenes que probablemente no necesite volver a ver demasiadas veces.

La clasificación de aquella carrera acabará perdida entre cientos de resultados. Lo ocurrido junto al Ferrari número 91, difícilmente.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.