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¿Qué relación tiene Francisco Marhuenda con Marruecos y Ahmed Charai?

Francisco Marhuenda y Marruecos vuelven al foco por el Sáhara, Ahmed Charai y una relación editorial que sigue despertando interés en España.

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Marruecos crece ya el doble que España

Francisco Marhuenda vuelve a aparecer ligado al debate sobre la influencia de Marruecos en España por una combinación bastante concreta de hechos públicos: sus posiciones históricas sobre el Sáhara Occidental, la presencia durante años del empresario marroquí Ahmed Charai en las páginas de La Razón y la recuperación de investigaciones periodísticas que relacionan a este último con el servicio secreto exterior marroquí. Conviene colocar desde el principio la frontera que separa los hechos del ruido: no existe una prueba pública que permita afirmar que Marhuenda trabaja para Rabat, recibe instrucciones de Marruecos o forma parte de una operación de inteligencia.

Lo que sí existe es una relación editorial visible que ha vuelto a ser examinada en agosto de 2026. El 21 de agosto, un programa de Pandemia Digital recuperó informaciones publicadas anteriormente por periodistas como Ignacio Cembrero y José Bautista sobre Ahmed Charai. Diez días antes, el propio Charai había firmado en La Razón una tribuna dedicada a las relaciones entre España y Marruecos. No hablamos, por tanto, de un personaje que pasó fugazmente por el periódico hace una década y desapareció: Charai continúa teniendo espacio en el diario dirigido por Marhuenda.

El asunto tiene una segunda capa, quizá más interesante. Marhuenda ha defendido públicamente posiciones coincidentes con Rabat en una cuestión crucial como el Sáhara Occidental. Al mismo tiempo, durante la reciente crisis de Ceuta ha cargado con dureza contra Marruecos, llegando a hablar de “chantaje” y de una humillación al Gobierno español. La fotografía, pues, no sale nítida en blanco y negro. Y precisamente por eso merece ser observada sin convertir cada contacto en una conspiración ni cada coincidencia política en una inocente casualidad.

Ahmed Charai, el nombre que conecta el debate con Marruecos

Para entender por qué aparece Francisco Marhuenda en esta conversación hay que detenerse en Ahmed Charai, empresario marroquí de medios de comunicación y propietario de distintas cabeceras en su país. Desde hace años publica artículos en La Razón, donde dispone de una página propia como autor. Entre sus textos figuran piezas sobre Mohamed VI, el Sáhara, las relaciones hispano-marroquíes y la posición internacional de Rabat. En agosto de 2026 volvió a escribir en el periódico defendiendo que la relación entre ambos países es estratégica y planteando una mayor cooperación económica y política en el norte de Marruecos.

El interés alrededor de Charai no procede simplemente de sus opiniones. En 2015 presentó una demanda por vulneración de su derecho al honor contra Ignacio Cembrero, Fernando Baeta y El Mundo después de que se publicaran informaciones que le describían como estrecho colaborador del servicio secreto exterior de Marruecos, la Dirección General de Estudios y Documentación, conocida por sus siglas DGED.

El Juzgado de Primera Instancia número 46 de Madrid rechazó aquella demanda. El juez consideró que la información publicada era de interés público y que había cumplido las exigencias de veracidad y diligencia en su contraste. Esto merece una precisión jurídica poco espectacular, aunque esencial: la sentencia no equivale a una credencial oficial que diga “agente secreto”. Lo que hizo fue respaldar el derecho de los periodistas a publicar aquella información al considerar suficientemente acreditado el trabajo de verificación realizado.

Años después aparecieron más elementos. Una investigación publicada en marzo de 2023 recogió mensajes incorporados al sumario del caso Kitchen en los que el comisario Enrique García Castaño afirmaba que el CNI vigilaba a Charai y señalaba que trabajaba para la inteligencia marroquí. La misma investigación reconstruía documentos filtrados en 2014 donde el empresario aparecía intercambiando comunicaciones con Mourad El Ghoul, entonces jefe de gabinete del director de la DGED. Charai no respondió a las preguntas que aquel medio le trasladó.

De Charai a La Razón: dónde aparece realmente Marhuenda

Ahí es donde entra Francisco Marhuenda. No porque esas investigaciones sitúen al director de La Razón dentro de la DGED, cosa que no hacen, sino porque Charai lleva años disponiendo de un escaparate editorial en el periódico que Marhuenda dirige.

La distinción puede resultar menos emocionante que una teoría de espionaje, pero periodísticamente es bastante más importante. Una cosa es acreditar que una figura asociada por investigaciones y resoluciones judiciales al entorno de la inteligencia marroquí ha publicado repetidamente en un periódico español; otra muy diferente es demostrar que el director de ese periódico conocía, coordinaba o participaba en las actividades atribuidas a esa persona. Esa segunda prueba no está disponible públicamente.

Tampoco resulta extraño, por sí mismo, que un diario español publique tribunas de figuras extranjeras con intereses políticos definidos. Los grandes periódicos llevan décadas haciéndolo con ministros, diplomáticos, empresarios y responsables de centros de análisis de Estados Unidos, Israel, China, Rusia o los países del Golfo. El problema aparece cuando el lector no dispone del contexto suficiente para interpretar quién escribe y qué intereses puede representar. Ahí la transparencia deja de ser decoración.

La continuidad editorial importa

La cuestión gana peso porque no estamos ante una colaboración extinguida. La página de autor de Charai en La Razón recoge numerosos textos dedicados a Mohamed VI, Marruecos, el Sáhara y las relaciones con España, y el 11 de agosto de 2026 publicó una nueva pieza tras la crisis migratoria de Ceuta. Esa continuidad explica que viejas investigaciones hayan recuperado oxígeno.

Un artículo aislado podría ser una ventana abierta una tarde. Una colaboración prolongada ya forma parte del paisaje editorial. Eso no demuestra subordinación, pero sí permite observar con mayor atención los criterios con los que un medio selecciona voces particularmente cercanas a los intereses de un Estado extranjero.

Marhuenda y el Sáhara: una posición pública muy favorable a Rabat

Hay otro elemento mucho más directo porque aquí no hacen falta filtraciones, confidentes ni documentos secretos: las propias palabras de Francisco Marhuenda.

En marzo de 2022, después de que Pedro Sánchez modificara la posición española sobre el Sáhara para considerar la propuesta marroquí de autonomía como la base “más seria, realista y creíble” para resolver el conflicto, Marhuenda defendió la decisión en laSexta. Sostuvo que el Sáhara Occidental históricamente había formado parte de Marruecos y respaldó el giro del Gobierno, aunque criticó la forma en que Sánchez lo ejecutó sin consensuarlo con la oposición.

La postura no fue una calentura de tertulia. En abril de 2025, durante un encuentro de periodistas españoles y marroquíes celebrado en Madrid, Marhuenda volvió a defender que el Sáhara debía integrarse en Marruecos y sostuvo que los españoles conocían mal al país vecino.

Aquí conviene introducir un dato que suele evaporarse cuando la geopolítica entra en televisión. Esa interpretación coincide con la tesis política de Rabat, pero no describe el estatus jurídico internacional vigente del Sáhara Occidental. Naciones Unidas mantiene el territorio desde 1963 en su lista de territorios no autónomos pendientes de descolonización. Y la Corte Internacional de Justicia concluyó en su dictamen de 1975 que los elementos examinados no acreditaban un vínculo de soberanía territorial entre Marruecos y el Sáhara Occidental capaz de anular el principio de autodeterminación.

Eso no impide a Marhuenda defender políticamente la solución marroquí. Naturalmente. En una democracia se puede sostener la autonomía bajo soberanía de Marruecos, la independencia saharaui o cualquier propuesta compatible con el debate público. Pero permite entender por qué sus declaraciones han sido recibidas con entusiasmo en determinados medios marroquíes: su posición sobre el Sáhara es sustancialmente próxima a la defendida por Rabat.

El otro Marhuenda: críticas muy duras a Marruecos en 2026

Sería tentador detener la historia ahí. También sería incompleta.

Durante agosto de 2026, en plena tensión por Ceuta, Marhuenda ha publicado textos extraordinariamente críticos con el comportamiento de Marruecos. El 6 de agosto tituló una de sus columnas El chantaje de Marruecos y sostuvo que Rabat utiliza sus herramientas de presión para defender sus intereses frente a España. Días después abordó la llegada de miles de inmigrantes a Ceuta como una vulneración de la soberanía española y volvió a cargar contra las autoridades marroquíes.

También había publicado el 1 de agosto una pieza titulada Marruecos humilla al Gobierno de Sánchez. La hemeroteca reciente complica, por tanto, cualquier caricatura según la cual el director de La Razón actuaría sencillamente como propagandista permanente de Rabat. Sus posiciones sobre el Sáhara son favorables a Marruecos; sus críticas a determinadas actuaciones del Gobierno marroquí, en cambio, pueden ser feroces. Las dos cosas caben en la misma persona. La política exterior está llena de esas aparentes contradicciones: alianzas aquí, cuchillos allí.

Y hay una diferencia fundamental entre defender que España debe mantener buenas relaciones con Marruecos —una posición compartida por gobiernos españoles de colores muy distintos— y trabajar al servicio de Marruecos. Lo primero está acreditado como opinión de Marhuenda; lo segundo no.

Por qué Marruecos busca interlocutores en las élites españolas

El contexto explica buena parte de la sensibilidad. Marruecos no es para España un vecino cualquiera. Es socio comercial, pieza central de la política migratoria, interlocutor en la lucha antiterrorista y actor inevitable en cualquier discusión sobre Ceuta, Melilla, Canarias y el Sáhara Occidental. Dos países separados por catorce kilómetros de estrecho pueden fingir indiferencia durante un rato; la geografía termina llamando a la puerta.

Rabat, como cualquier potencia con intereses exteriores, intenta proyectar influencia política y diplomática mediante diplomáticos, empresarios, medios, centros de análisis y relaciones personales. Estados Unidos lleva décadas haciéndolo con una maquinaria institucional enorme; China lo practica con otra estética; Rusia tiene la suya. Marruecos juega con las cartas que posee y España, por proximidad, constituye uno de sus tableros más importantes.

La palabra delicada es injerencia. Influencia e injerencia no son sinónimos. La primera puede desarrollarse públicamente mediante contactos, opinión, diplomacia o relaciones económicas. La segunda implica mecanismos clandestinos, corrupción, espionaje, financiación opaca o manipulación encubierta. Mezclar ambas categorías sirve para un buen grito en una red social; para comprender qué está ocurriendo, bastante menos.

Por eso las investigaciones alrededor de Charai tienen relevancia, especialmente cuando atraviesan medios españoles. Y por eso deben analizarse con el mismo rigor con el que debe rechazarse el salto lógico que convertiría automáticamente a cada persona relacionada profesionalmente con él en colaborador del espionaje marroquí.

Una relación visible, pero no una prueba de obediencia a Rabat

Lo que queda después de retirar el humo es más concreto que cualquier teoría grandiosa. Francisco Marhuenda mantiene desde hace años posiciones favorables a Marruecos en el conflicto del Sáhara Occidental; el periódico que dirige publica regularmente artículos de Ahmed Charai; y Charai ha sido objeto de investigaciones periodísticas que lo vinculan estrechamente con la DGED marroquí, unas informaciones cuya publicación superó en 2015 una demanda por vulneración del honor. Todo eso es comprobable.

También es comprobable que Marhuenda ha criticado abiertamente a Rabat cuando considera que perjudica los intereses españoles y que no existe evidencia pública conocida de que el director de La Razón reciba órdenes, pagos o instrucciones del Gobierno marroquí. Entre ambas realidades discurre el asunto que ha regresado al primer plano.

La parte interesante no necesita maquillaje. Un importante director de periódico español mantiene una línea muy próxima a Marruecos en uno de sus grandes objetivos diplomáticos mientras su diario ofrece desde hace años espacio a una figura cuya relación con la inteligencia exterior marroquí ha sido objeto de investigaciones y litigios. Eso justifica preguntas, contexto y escrutinio. Las conclusiones que vayan más allá necesitan pruebas. En periodismo —qué antiguo suena y qué útil sigue siendo— la sospecha puede abrir una puerta, pero no sustituye al documento que hay detrás.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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