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Naturaleza

¿Por qué el vendaval golpeó La Misericordia y enfrió el mar de Málaga?

El vendaval golpea La Misericordia mientras el mar de Málaga cae de casi 29 ºC a 15,6 ºC en una semana y bate un récord insólito este agosto.

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playa de La Misericordia

La playa de La Misericordia, en Málaga, ha vivido este miércoles 26 de agosto una de esas escenas que obligan a recoger la sombrilla antes de terminar de entender qué está pasando. Un fuerte vendaval de poniente, con rachas próximas a los 60 km/h y una medición puntual de 61 km/h, irrumpió a primera hora de la tarde, levantó el agua, extendió espuma por la orilla y sorprendió a quienes todavía disfrutaban de una jornada de playa. No fue una tormenta llegada de repente ni un fenómeno misterioso: el protagonista volvió a ser el poniente, un viejo conocido de la costa malagueña cuando decide dejar de ser brisa y enseñar los dientes.

El episodio resulta especialmente llamativo porque ese mismo régimen de viento está detrás del extraordinario enfriamiento del mar de Málaga registrado durante los últimos días. La boya situada frente al puerto llegó a medir el martes 25 de agosto unos 15,6 ºC, después de haber alcanzado 28,8 ºC apenas una semana antes. Más de 13 grados de diferencia en siete días. En pleno agosto. Las primeras mediciones divulgadas el martes hablaban de 15,9 ºC; las informaciones actualizadas este miércoles situaron el mínimo en 15,6 ºC. En cualquiera de los dos casos, el registro pulveriza el anterior mínimo de agosto, los 16,3 ºC de 2014.

Un golpe de poniente sobre la playa de La Misericordia

La escena se produjo cuando el viento del oeste ganó intensidad sobre la bahía de Málaga. Las rachas levantaron la superficie del mar y generaron una franja de espuma arrastrada por el aire en La Misericordia, uno de los arenales urbanos más conocidos de la capital. El aspecto podía recordar por momentos a una playa atlántica en día desapacible más que a la imagen habitual del Mediterráneo malagueño a finales de agosto.

Una medición realizada durante el episodio alcanzó los 61 km/h. Las rachas rondaron los 60 km/h, mientras que las imágenes tomadas desde la propia playa mostraban el agua muy alterada por el viento. El fenómeno encaja con la situación marítima prevista para las aguas costeras de Málaga, con viento del oeste de fuerza 4 a 5, ocasionalmente 6, acompañado de marejada y temporalmente fuerte marejada.

No estamos, por tanto, ante un tornado playero ni ante una súbita rareza meteorológica sin explicación, por espectaculares que resulten las imágenes. El poniente intenso puede aparecer en la costa mediterránea andaluza cuando la circulación atmosférica favorece la entrada de aire desde el oeste a través del Estrecho. Y en Málaga tiene una segunda consecuencia, menos visible pero quizá más sorprendente: mueve también el mar.

El mismo viento que agita la playa está enfriando el agua

Ahí está la parte verdaderamente singular de lo ocurrido. La persistencia del poniente durante los últimos días ha desplazado hacia mar adentro parte del agua cálida acumulada en la superficie de la costa malagueña. Ese hueco no queda vacío, claro. Lo ocupa agua profunda y considerablemente más fría que asciende hacia la superficie.

El resultado se nota al meter un pie. Donde pocos días antes el baño se parecía casi al de una piscina templada, con el Mediterráneo rozando los 29 ºC, el agua pasó a temperaturas que en agosto parecen prestadas de otra estación. El desplome ha sido tan rápido que llama la atención incluso desde el punto de vista meteorológico, porque el mar posee una inercia térmica mucho mayor que el aire: se calienta y se enfría más despacio.

Qué es el afloramiento que ha enfriado Málaga

Este mecanismo recibe el nombre de afloramiento de aguas profundas. El viento empuja la capa superficial y favorece que ascienda agua situada a mayor profundidad, donde la temperatura es inferior. No significa que todo el Mediterráneo occidental haya pasado de 29 a 15 grados de repente; la medición corresponde a la zona influida por ese proceso frente a Málaga y puede existir una notable diferencia de temperatura entre puntos relativamente próximos.

Es un fenómeno conocido en el litoral malagueño y especialmente vinculado a determinados episodios de poniente. Lo excepcional esta vez es la magnitud del salto. El 18 de agosto la boya había marcado 28,8 ºC, apenas tres décimas por debajo del máximo histórico de agosto de 29,1 ºC registrado en 2015. Una semana después estaba ya en valores inferiores al récord de frío de 2014. Del casi récord de calor al récord de frío en siete días: al Mediterráneo malagueño le ha sobrado dramatismo este agosto.

De 28,8 a 15,6 grados: por qué el cambio es tan excepcional

Una variación de 13,2 ºC en apenas una semana no debe confundirse con un cambio equivalente de la temperatura ambiental. Que el aire pierda diez grados tras la entrada de una masa distinta puede ser relativamente habitual; que una masa de agua superficial experimente una transformación semejante es mucho menos frecuente debido a la enorme capacidad del mar para almacenar calor.

Por eso el dato ha llamado tanto la atención. El Mediterráneo venía de semanas excepcionalmente cálidas y Málaga había rozado sus máximos históricos. Después llegó el poniente, desplazó esa película de agua caliente y dejó aflorar agua profunda. El termómetro de la boya no estaba observando simplemente cómo se enfriaban trece grados las mismas moléculas de agua: estaba registrando, en buena medida, la sustitución de una masa superficial cálida por otra más fría.

La diferencia ayuda a entender por qué el descenso puede ser vertiginoso sin necesidad de imaginar que todo el mar se ha enfriado de manera uniforme. En la costa, además, estos procesos pueden cambiar con rapidez cuando cambia el viento. Un giro hacia levante puede alterar de nuevo la circulación y favorecer la llegada o permanencia de aguas superficiales más cálidas.

El cambio climático está en el fondo, pero no explica por sí solo el vendaval

Conviene separar fenómenos que suelen terminar mezclados en el mismo saco. El episodio concreto de poniente y el afloramiento que ha provocado el descenso térmico no pueden atribuirse automáticamente al cambio climático. El mecanismo de los vientos y la subida de aguas profundas existe con independencia del calentamiento global y forma parte de la dinámica habitual de esta costa.

Otra cuestión es el punto de partida. Los 28,8 ºC registrados el 18 de agosto eran extraordinariamente elevados. Ahí sí aparece el calentamiento de fondo que está experimentando el Mediterráneo. Dicho de otra manera: el cambio climático no necesita ser culpable de cada ráfaga de viento para estar presente en el escenario. Ha elevado el suelo térmico sobre el que después actúan fenómenos meteorológicos de toda la vida.

El contraste tiene algo de paradoja, aunque solo en apariencia. Un mar que se calienta a largo plazo puede registrar episodios locales y breves de agua excepcionalmente fría. Clima y tiempo no son sinónimos. Confundirlos sería como negar el verano porque una noche haga falta una chaqueta.

Qué puede pasar ahora en las playas de Málaga

El poniente de este miércoles podría mantener activo el mecanismo de afloramiento y provocar nuevas variaciones en la temperatura superficial durante las próximas horas. No es posible asegurar que el agua vaya a seguir enfriándose: dependerá de la persistencia y dirección del viento, de la circulación costera y de cómo se redistribuyan las masas de agua dentro de la bahía.

La predicción marítima para las aguas costeras de Málaga contemplaba viento del oeste de fuerza 4 a 5, ocasionalmente 6, con marejada y temporalmente fuerte marejada hasta el jueves 27 de agosto a mediodía. Al mismo tiempo, no había avisos marítimos vigentes para esa zona durante ese periodo y posteriormente tampoco se esperaban condiciones propias de aviso.

Eso no convierte cualquier tramo de playa en terreno inocuo. El estado real del baño depende de las condiciones de cada arenal y de las indicaciones que establezcan los servicios municipales y de salvamento en cada momento. Con viento fuerte, incluso sin aviso meteorológico oficial, las sombrillas, objetos ligeros y cambios súbitos del oleaje pueden convertirse en problemas bastante más prosaicos que cualquier récord climático.

Un Mediterráneo capaz de cambiar de cara en una semana

La imagen de La Misericordia castigada por el poniente completa una secuencia insólita para Málaga. Hace apenas ocho días, el mar rozaba 29 ºC y estaba cerca de su máximo histórico de agosto. Después llegaron varios días de viento del oeste, el afloramiento de agua profunda y un mínimo de unos 15,6 ºC, por debajo de cualquier registro comparable del mes. Este miércoles, nuevas rachas cercanas a 60 km/h volvieron a sacudir la playa.

No son tres episodios independientes. Son piezas del mismo paisaje meteorológico: viento, circulación marina y temperatura superficial en un Mediterráneo extraordinariamente sensible a lo que ocurre alrededor del Estrecho. En Málaga el verano continúa, las playas siguen llenas y agosto aún no ha terminado. Pero el mar ha recordado algo elemental que a veces se olvida entre chiringuitos, crema solar y termómetros disparados: el Mediterráneo parece tranquilo hasta que deja de estarlo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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