Naturaleza
¿Qué causó el meteotsunami en Santa Pola y por qué se retiró el mar?
El meteotsunami de Santa Pola hizo retroceder el mar y alteró la costa valenciana: así fue la rissaga que sorprendió a bañistas y navegantes.

El Mediterráneo hizo algo desconcertante en Santa Pola: primero retrocedió de manera brusca, dejando al descubierto zonas que normalmente permanecen bajo el agua, y después regresó con rapidez hasta superar la playa. Ocurrió el lunes 24 de agosto y tuvo especial incidencia en Playa Lisa y Gran Playa, donde el agua terminó alcanzando la avenida Blasco Ibáñez y obligó a cortar temporalmente el tráfico. No fue un tsunami provocado por un terremoto. Fue un meteotsunami, también conocido como rissaga, un fenómeno generado por cambios rápidos en la atmósfera.
El episodio no se limitó a Santa Pola. Xàbia, Dénia, Gandia, Cullera y otros puntos del litoral valenciano registraron oscilaciones anómalas del nivel del mar. En Gandia, los mareógrafos llegaron a detectar una variación próxima a 70 centímetros en apenas unos minutos; en Dénia el agua descendió casi medio metro en cinco minutos. A simple vista podía parecer una marea acelerada hasta el absurdo. No lo era: las mareas ordinarias obedecen fundamentalmente a la atracción gravitatoria de la Luna y el Sol y evolucionan mucho más despacio. Aquí el motor estaba sobre las cabezas de los bañistas, no bajo sus pies.
Y ahí está precisamente la particularidad de lo ocurrido. Una playa tranquila, poco oleaje, una tarde de agosto aparentemente normal… y de pronto la línea del agua empieza a moverse con una velocidad que no encaja con el paisaje. El nombre meteotsunami suena casi a película de catástrofes, pero describe bastante bien el mecanismo: una perturbación meteorológica transmite energía al mar y genera una onda larga capaz de modificar rápidamente su nivel.
El mar se retiró en Santa Pola y después volvió tierra adentro
Las primeras imágenes llamativas llegaron desde Santa Pola. En torno a las 13:30, según la información recogida localmente, el mar comenzó a retirarse en Gran Playa y Playa Lisa. La línea de costa retrocedió aproximadamente diez metros en algunos puntos y dejó visibles superficies normalmente cubiertas por el agua. Horas más tarde se produjo el movimiento contrario: el mar avanzó sobre la arena y alcanzó zonas urbanizadas próximas a la costa.
En Playa Lisa el agua llegó hasta el entorno de la avenida Blasco Ibáñez y la Policía Local cortó durante varias horas un tramo de la vía mientras bajaba el nivel. La imagen resulta especialmente extraña porque no hacía falta un gran oleaje golpeando el paseo marítimo. El agua sencillamente avanzaba, ocupaba espacio y cambiaba el dibujo habitual de la playa. Un comportamiento más parecido al de una bañera que alguien inclina de repente que al de un temporal marítimo clásico.
El fenómeno tampoco apareció de la nada en términos históricos. Aemet recuerda episodios semejantes registrados en el litoral alicantino, entre ellos los de Santa Pola, Torrevieja, la Marina de Elche y El Campello en julio de 2017. Estos sucesos pueden notificarse en Sinobas, el sistema de observación de fenómenos atmosféricos singulares de la Agencia Estatal de Meteorología, dentro de la categoría de fenómeno marítimo raro.
Qué es exactamente un meteotsunami
Un meteotsunami es una oscilación rápida del nivel del mar provocada por perturbaciones atmosféricas, normalmente cambios bruscos de presión, ondas gravitatorias atmosféricas, frentes o determinadas variaciones del viento. La onda resultante puede comportarse de forma similar a la producida por un tsunami convencional cuando se aproxima a una costa, aunque su origen sea completamente distinto.
La palabra induce fácilmente al equívoco. Meteotsunami no significa pequeño tsunami ni tsunami meteorológico en el sentido popular de una gigantesca pared de agua. Describe una familia de ondas marinas de periodo relativamente largo impulsadas desde la atmósfera. En determinadas condiciones, una alteración inicial de apenas unos centímetros puede amplificarse al acercarse a la costa, especialmente si la geometría de una bahía o un puerto favorece la resonancia.
Por qué no tiene nada que ver con un terremoto
La diferencia fundamental está en el origen. Un tsunami sísmico suele empezar con un desplazamiento abrupto del fondo marino provocado por un terremoto, un deslizamiento submarino u otro fenómeno geológico. En un meteotsunami, en cambio, el fondo del mar no necesita moverse. Lo que cambia es la presión que la atmósfera ejerce sobre la superficie del agua.
El resultado visual puede compartir algunos rasgos: retirada del mar, posterior avance, corrientes rápidas, oscilaciones dentro de puertos. De ahí el nombre. Pero identificar ambos fenómenos como si fueran lo mismo sería confundir el trueno con una explosión solo porque ambos hacen ruido. La causa física es diferente, aunque ciertas imágenes puedan resultar inquietantemente parecidas.
Una onda atmosférica puede empujar kilómetros de agua
Cuando una perturbación de presión se desplaza sobre el mar a una velocidad adecuada, puede transferir energía a la superficie. Si la velocidad de esa perturbación coincide aproximadamente con la de la onda marina, aparece un fenómeno de resonancia: pequeños cambios iniciales crecen mientras avanzan. La forma de la costa, la profundidad y los puertos pueden amplificar todavía más esa oscilación.
Las oscilaciones de presión que detectó Aemet
El episodio valenciano dejó señales bastante claras en los instrumentos. Aemet detectó en Xàbia variaciones de presión de hasta cuatro hectopascales, con un periodo particularmente inestable alrededor de las 10:10 y las 10:20 del lunes. El cambio parece pequeño escrito sobre el papel; para la superficie del mar, cuando se produce con rapidez y se combina con las condiciones adecuadas, puede resultar suficiente para poner en marcha la secuencia.
Interviene también el llamado efecto de barómetro invertido. Explicado sin bata blanca: cuando aumenta la presión atmosférica sobre una zona del mar, el agua tiende a bajar ligeramente; cuando la presión disminuye, tiende a subir. En condiciones normales ese baile apenas llama la atención. Cuando la perturbación se desplaza y la onda generada entra en resonancia, la respuesta puede crecer mucho más de lo que sugeriría el cambio inicial.
Eso ayuda a comprender por qué no todos los puntos del litoral reaccionaron igual. No basta con que cambie la presión. La velocidad de la perturbación, la profundidad del agua y la propia forma de la costa importan mucho. Dos playas relativamente próximas pueden ofrecer escenas muy distintas durante el mismo episodio.
Gandia y Dénia muestran la velocidad del fenómeno
Los datos registrados en el puerto de Gandia son especialmente elocuentes. El nivel pasó aproximadamente de +0,336 metros a -0,371 metros en cuestión de minutos. La diferencia ronda los 70 centímetros, una oscilación extraordinariamente rápida para quien esté acostumbrado al lento avance y retroceso de las mareas.
En Dénia ocurrió algo parecido. El nivel descendió cerca de medio metro en unos cinco minutos y las corrientes complicaron momentáneamente la entrada de algunos veleros al puerto. También se observaron alteraciones en la Marineta Cassiana y en Xàbia, incluida la zona del Arenal y el Canal de la Fontana.
Aquí aparece uno de los aspectos menos vistosos, pero más importantes. Una variación de medio metro no parece demasiado si se compara mentalmente con las olas de un temporal. El problema es la rapidez con que se mueve esa masa de agua. En puertos estrechos, canales, amarres o playas muy planas, unas decenas de centímetros pueden generar corrientes capaces de desplazar pequeñas embarcaciones, tensar cabos o sorprender a alguien dentro del agua.
Por qué la retirada del mar llama tanto la atención
La retirada repentina del mar resulta quizá más inquietante que la posterior subida porque rompe una regla visual que damos por hecha: la orilla parece tener un sitio. En realidad, nunca lo tiene del todo. Durante un meteotsunami, la oscilación puede hacer que el agua se retire primero y avance después, o al contrario, dependiendo de la fase de la onda que alcanza la costa.
En Santa Pola, esa retirada dejó durante unos minutos una playa artificialmente ensanchada. No significaba que el Mediterráneo estuviera vaciándose ni que fuese necesariamente el preludio de una ola gigantesca. Significaba que el nivel estaba atravesando una oscilación rápida. Y precisamente por eso acercarse a la nueva línea de agua para curiosear no es una gran idea: el movimiento puede invertirse en poco tiempo.
El paralelismo con una marea engaña. Las mareas astronómicas tienen horarios previsibles y cambian durante horas. Un meteotsunami puede modificar perceptiblemente el nivel en cuestión de minutos, sin esperar cortésmente a que nadie retire una sombrilla, una tabla o una embarcación.
Un fenómeno poco frecuente, pero conocido en el Mediterráneo
Las rissagas forman parte de la meteorología mediterránea desde mucho antes de que la palabra meteotsunami se hiciera popular. Determinadas configuraciones atmosféricas y ciertos puertos especialmente sensibles a la resonancia pueden favorecer oscilaciones muy rápidas. No es un fenómeno cotidiano en las playas valencianas, pero tampoco representa una rareza inédita.
La propia Aemet ha subrayado que lo ocurrido no es nuevo. Existen antecedentes en la costa alicantina y los registros modernos permiten observar con mucha más precisión cómo una perturbación atmosférica se traduce, pocos minutos después, en movimientos del mar. La diferencia es que cada retirada inesperada de la orilla puede quedar grabada desde veinte teléfonos. La física no ha estrenado espectáculo; nosotros hemos multiplicado las cámaras.
Y tampoco todos los meteotsunamis tienen la misma intensidad. La mayoría son modestos. Para que una perturbación atmosférica termine generando una respuesta notable hace falta que coincidan varias piezas: cambios rápidos de presión o viento, una velocidad adecuada de propagación, aguas cuya profundidad favorezca la transferencia de energía y, finalmente, una costa capaz de amplificarla.
Cuando una playa tranquila cambia de nivel en pocos minutos
Lo sucedido en Santa Pola ofrece una imagen muy clara de lo que es un meteotsunami en la costa valenciana. El mar se retiró, regresó con rapidez y ocupó zonas que unas horas antes parecían perfectamente secas. En Gandia los instrumentos midieron alrededor de 70 centímetros de oscilación en pocos minutos; en Dénia, casi medio metro. Xàbia dejó, además, la huella atmosférica: cambios bruscos de presión coincidiendo con el episodio.
No hubo terremoto ni un tsunami sísmico acercándose desde mar abierto. Hubo atmósfera, presión, resonancia y una costa mediterránea respondiendo a ellas. Menos cinematográfico de lo que promete la palabra, quizá, pero bastante más interesante. Y para quienes estaban aquella tarde mirando cómo el agua desaparecía de Santa Pola y después regresaba hasta el asfalto, desde luego, suficientemente real.

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