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¿Por qué Panamá declara emergencia nacional por El Niño y la sequía?

Panamá declara la emergencia por El Niño ante la sequía, el estrés hídrico y la presión creciente sobre el agua, el campo y Canal de Panamá.

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sequía en los ríos de Europa

Panamá ha declarado el estado de emergencia nacional por El Niño ante un escenario hídrico que ya ha dejado de ser una simple previsión meteorológica. El país registra fuertes déficits de lluvia en su vertiente del Pacífico, estrés en cuencas esenciales para el abastecimiento y la producción eléctrica, problemas en decenas de tomas de agua y señales de presión sobre el sistema del Canal de Panamá. La decisión, adoptada mediante la Resolución N.º 102-26, permite al Gobierno acelerar actuaciones y contrataciones frente a los efectos del fenómeno climático.

No significa que Panamá se haya quedado sin agua ni que exista, por ahora, un racionamiento generalizado en todo el país. La emergencia es sobre todo preventiva, aunque parte de sus motivos son ya muy concretos: 11 cuencas hidrográficas están sometidas a estrés hídrico, la lluvia ha caído hasta un 60% por debajo de lo esperado en zonas del Pacífico y más de 50 tomas de agua se han visto afectadas. El horizonte preocupa todavía más. La estación seca de comienzos de 2027 puede llegar con embalses, ríos y acuíferos bastante más castigados de lo normal.

Panamá activa la emergencia antes del peor momento

El Consejo de Gabinete justificó la medida por la rápida evolución de El Niño y por los efectos que podría causar durante los próximos meses sobre la población, el sector agropecuario, la generación hidroeléctrica y los recursos hídricos. La resolución permite recurrir a procedimientos especiales de contratación para responder a la emergencia y establece un marco operativo que alcanza hasta el 30 de junio de 2027.

La preocupación no nace de una tormenta aislada, sino de un patrón que se está consolidando. Ya en julio, el Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá, el IMHPA, había advertido al Gobierno de posibles reducciones de lluvia de hasta el 55% durante el segundo semestre de 2026. Los datos observados después han elevado ese déficit hasta aproximadamente el 60% en la vertiente del Pacífico en algunos registros validados.

Y aquí aparece una de esas paradojas climáticas que parecen una broma de mal gusto, pero no lo son: mientras una parte del país teme quedarse corta de agua, otras zonas han sufrido demasiada. El balance oficial contabiliza al menos 15.643 personas afectadas por inundaciones desde enero de 2026, más del 70% de ellas en Bocas del Toro y Colón. Panamá afronta así exceso de lluvia en áreas del Caribe y déficit acusado en buena parte del Pacífico. El mismo fenómeno puede desordenar el mapa en direcciones opuestas.

El problema no es solo la sequía

El Niño modifica la circulación atmosférica y la distribución de las precipitaciones, pero no funciona como un interruptor que simplemente apaga la lluvia. En Panamá está generando una combinación especialmente incómoda: irregularidad, temperaturas elevadas, lluvias mal repartidas y menos capacidad para recuperar las reservas antes de la estación seca.

La directora del IMHPA, Luz Graciela Calzadilla, ha advertido de que el descenso de los caudales repercute directamente en las potabilizadoras. Menos agua en los ríos significa menos materia prima para producir agua potable; si tampoco llueve lo suficiente, se reduce la recarga de los acuíferos. Es una cadena bastante elemental y, precisamente por eso, difícil de esquivar. Lo que no entra en las cuencas no puede almacenarse después por decreto.

Once cuencas bajo estrés hídrico

El Gobierno sitúa 11 cuencas hidrográficas en situación de estrés. Entre los efectos comunicados se encuentran dificultades para instalaciones de abastecimiento, menor disponibilidad de agua para usos hidroeléctricos y niveles preocupantes en determinados ríos. La hidroeléctrica de Bayano ha sufrido problemas por falta de caudal y cuencas como la del río Pacora han mostrado condiciones extremadamente secas.

Las previsiones del IMHPA dibujan un calendario poco amable. El déficit de precipitaciones debería hacerse especialmente relevante entre octubre y diciembre de 2026 y prolongarse durante enero, febrero y marzo de 2027. Las autoridades esperan que las lluvias empiecen a disminuir con claridad a mediados de noviembre y que diciembre resulte particularmente seco. Después llegará la estación seca propiamente dicha, entre enero y abril. Es decir, el país puede entrar en los meses de menor lluvia con las reservas ya debilitadas.

El Canal de Panamá ya ajusta su gestión del agua

La emergencia tiene una dimensión que va mucho más allá del grifo doméstico. El Canal de Panamá depende de agua dulce para operar sus esclusas, y los lagos Gatún y Alhajuela son al mismo tiempo infraestructuras estratégicas para la navegación y fuentes de abastecimiento para una parte considerable de la población.

La Autoridad del Canal llevaba meses preparándose. Desde finales de 2025 comenzó a aplicar medidas de ahorro y trató de mantener reservas elevadas en los lagos ante el riesgo de que El Niño se consolidara durante 2026. Esa precaución ha ganado importancia a medida que la temporada lluviosa ha ofrecido menos precipitaciones de las previstas.

El 20 de agosto, la Autoridad del Canal anunció nuevas medidas temporales sobre su capacidad de tránsito por la reducción de las lluvias en la cuenca. También ha ido revisando los límites de calado previstos para los buques neopanamax en función de la evolución del lago Gatún. Algunas restricciones inicialmente programadas para finales de agosto y principios de septiembre fueron aplazadas tras actualizar las condiciones hidrológicas, una señal de que el escenario se revisa prácticamente sobre la marcha.

El agua que mueve barcos también abastece ciudades

Ese doble uso explica por qué una sequía panameña adquiere rápidamente relevancia internacional. El Canal administra un sistema hídrico que también contribuye al abastecimiento de más del 50% de la población del país. Cuando baja el nivel de los embalses, no existe únicamente una discusión sobre cuántos barcos pueden pasar o con qué carga. En la misma mesa están el comercio mundial y el agua de las casas.

La experiencia de 2023 y 2024 pesa bastante. Entonces, la escasez de agua obligó a introducir restricciones que redujeron tránsitos y condicionaron el calado de los barcos. La administración canalera asegura haber incorporado aquellas lecciones a su planificación actual, de ahí las medidas preventivas adoptadas incluso antes de que la situación alcance los niveles más severos previstos para los próximos meses.

El campo mira ya hacia la estación seca de 2027

La otra gran preocupación está tierra adentro. Ganaderos y agricultores necesitan saber no solo cuánta agua habrá, sino cuándo llegará. Un calendario de lluvias desordenado puede ser casi tan dañino como una sequía pura: altera la siembra, obliga a modificar el riego y reduce la capacidad de planificar cosechas. El sector agropecuario mira con especial inquietud hacia comienzos de 2027.

Las autoridades trabajan especialmente sobre el Arco Seco, una región históricamente vulnerable a la falta de agua. El Ministerio de Desarrollo Agropecuario estudia reservorios, abrevaderos y estructuras con geomembranas para almacenar agua. También se contempla facilitar forraje, medicamentos y suplementos para el ganado cuando avance la estación seca.

Arroz, café y cebolla figuran entre los cultivos observados con atención. El arroz necesita abundante agua, pero también determinadas horas de sol; otros productos dependen de lluvias estacionales relativamente previsibles. Cuando el calendario se descompone, el agricultor puede tener agua cuando no la necesita y echarla en falta unas semanas después. La meteorología, que suele escribirse en mapas de colores, termina apareciendo en la cosecha y en la factura del supermercado.

¿Hasta dónde puede llegar El Niño?

La NOAA confirmó el 13 de agosto que El Niño se está fortaleciendo. Su Centro de Predicción Climática calcula una probabilidad superior al 90% de que el episodio alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno boreales de 2026-27. Incluso asigna un 69% de probabilidad a que, entre octubre y diciembre, alcance valores capaces de situarlo entre los episodios más intensos registrados desde 1950.

Conviene matizarlo: eso no significa que cada territorio vaya a sufrir automáticamente consecuencias históricas. El Niño aumenta probabilidades, no dicta el tiempo de cada ciudad con precisión notarial. Una mayor intensidad eleva la posibilidad de impactos característicos del fenómeno, pero no garantiza que todos aparezcan ni que lo hagan con idéntica gravedad.

En Panamá, sin embargo, las señales locales ya justifican preocupación. La escasez de precipitaciones no es únicamente un modelo a varios meses vista: aparece en los caudales, las tomas de agua, determinadas instalaciones hidroeléctricas y la gestión de los lagos vinculados al Canal. Esa diferencia importa. Una cosa es prepararse para una predicción; otra, prepararse mientras los primeros efectos ya están llamando a la puerta.

Una emergencia que se juega en cada litro de reserva

Panamá entra en los últimos meses de 2026 con una situación extraña y bastante seria: inundaciones recientes en el Caribe, sequedad acusada en el Pacífico y un El Niño que todavía puede intensificarse. El estado de emergencia pretende ganar margen antes de que llegue la fase más dura de la sequía, no certificar que el país esté ya ante un colapso hídrico.

Lo decisivo estará en la capacidad de conservar agua durante los próximos meses, sostener el abastecimiento de las ciudades, proteger el campo y evitar que la menor disponibilidad en Gatún y Alhajuela vuelva a traducirse en restricciones severas para el Canal. Panamá conoce bien esa película. Esta vez intenta no llegar al último acto con los embalses vacíos.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.