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¿Por qué Sumar endurece su pulso con el PSOE por Marruecos y Ceuta?
Sumar marca distancias con el PSOE por Marruecos tras la crisis de Ceuta y abre una grieta política visible dentro del Gobierno de coalición.

Sumar ha decidido marcar distancias con el PSOE por la relación con Marruecos y convertir la crisis migratoria de Ceuta en una discrepancia política de fondo dentro del Gobierno de coalición. La formación comparte la necesidad de coordinar la respuesta del Estado y respalda la creación de un mando único, pero rechaza el diagnóstico socialista sobre Rabat: considera que Marruecos ha demostrado que no es un socio fiable y que España y la Unión Europea han cometido un error al dejar buena parte del control migratorio en manos de países terceros.
La diferencia no es pequeña. El Gobierno ha defendido durante estas semanas la cooperación con Marruecos y ha evitado responsabilizar directamente al reino alauí de la entrada masiva de migrantes en Ceuta. Sumar, Izquierda Unida y otras fuerzas situadas a la izquierda del PSOE sostienen justamente lo contrario: ven una actuación intencionada de Rabat, denuncian el uso de personas vulnerables como instrumento de presión política y reclaman una relación mucho más exigente con el vecino del sur. Ahí está, sin demasiados adornos, el corazón del conflicto.
Sumar rompe el diagnóstico del PSOE sobre Marruecos
La portavoz parlamentaria de Sumar y cocoordinadora de Movimiento Sumar, Verónica Barbero, ha endurecido este martes 25 de agosto el tono utilizado por su formación. En una entrevista en RNE afirmó que Marruecos “no es un socio fiable” y reclamó a la Unión Europea que abandone una política de externalización de fronteras que, en la práctica, entrega a gobiernos extracomunitarios una palanca formidable sobre los países europeos.
La cuestión tiene bastante más recorrido que una bronca de agosto. España necesita la cooperación marroquí para controlar una de sus principales fronteras exteriores, luchar contra las redes de tráfico de personas y gestionar cuestiones de seguridad, terrorismo y delincuencia organizada. Marruecos, por su parte, conoce perfectamente el valor de esa colaboración. La frontera no es solo una verja o un espigón. Es también una llave diplomática.
Sumar cree que precisamente ahí se encuentra el problema: depender demasiado de Rabat convierte la política migratoria en un punto vulnerable. Barbero ha defendido que Europa debe recuperar capacidad propia para administrar sus fronteras sin supeditarla a Estados que no cumplen los estándares europeos de derechos humanos. No plantea abandonar la cooperación internacional; plantea que cooperación y dependencia no sean sinónimos.
El Gobierno sigue defendiendo la cooperación con Rabat
El contraste con el PSOE resulta especialmente visible porque el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha mantenido durante la crisis una valoración muy diferente. Ha descrito la cooperación con Marruecos como estrecha y basada en la confianza y la lealtad, y el pasado 12 de agosto llegó a considerar al país vecino un socio fiable para España y para la Unión Europea.
Dos semanas después, Sumar utiliza prácticamente las palabras contrarias.
No significa que la coalición gubernamental esté al borde de romperse. De hecho, Barbero ha respaldado las nuevas medidas del Ejecutivo y ha defendido la transparencia sobre lo sucedido. La fractura aparece en otro terreno, menos inmediato pero quizá más profundo: qué relación debe mantener España con Marruecos después de Ceuta y cuánto poder puede concederse a Rabat sobre la gestión de la frontera.
Ceuta convierte una discrepancia exterior en un problema interno
El detonante fue la entrada masiva registrada a finales de julio. Alrededor de 80.000 personas llegaron a Ceuta durante los días 30 y 31 de julio, una cifra extraordinaria incluso para una frontera acostumbrada a episodios de fuerte presión migratoria. Más del 90% regresó posteriormente a Marruecos, según el Gobierno, pero la emergencia dejó miles de personas en la ciudad, expedientes de asilo y protección pendientes, menores que necesitan acogida y una presión enorme sobre servicios públicos, seguridad y asistencia humanitaria.
Casi un mes después, Ceuta todavía arrastra las consecuencias. El Ejecutivo ha anunciado la declaración de la situación como de interés para la seguridad nacional y la creación de un mando único encabezado por el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres. El órgano contará con representantes de la Ciudad Autónoma, la Delegación del Gobierno, los ministerios implicados, el Centro Nacional de Inteligencia y el Departamento de Seguridad Nacional.
Sumar considera acertada esa coordinación, aunque llega después de semanas de tensión. Barbero ha reclamado acelerar especialmente la acogida y los traslados a la Península de menores y solicitantes de asilo. Aquí PSOE y Sumar vuelven a pisar terreno común: gestión administrativa, protección humanitaria y coordinación estatal. El desacuerdo reaparece cuando la mirada cruza el Estrecho.
IU eleva todavía más el tono contra Marruecos
Izquierda Unida, integrada en el espacio parlamentario de Sumar y presente también en el Gobierno, lleva semanas utilizando palabras mucho más severas. Su coordinador federal, Antonio Maíllo, ha calificado lo sucedido como una “acción criminal” de Marruecos, mientras que el diputado Enrique Santiago ha hablado de un “ataque híbrido” contra la soberanía española.
La tesis de IU es que una llegada de semejante dimensión no puede explicarse únicamente por movimientos espontáneos, redes sociales o mafias. Movimiento Sumar también sostiene que hubo intencionalidad por parte de Rabat y acusa al Gobierno marroquí de utilizar a una población empobrecida como elemento de presión.
El PSOE no comparte esa conclusión. La línea mantenida por el Ejecutivo ha sido mucho más prudente: reconoce el carácter excepcional de lo ocurrido, pero insiste en la utilidad de la cooperación marroquí y evita atribuir al Gobierno de Mohamed VI la organización de la crisis. Es diplomacia en estado puro: una conversación donde cada palabra pesa bastante más de lo que parece.
El antecedente de 2021 vuelve a flotar sobre Ceuta
No es la primera vez que una crisis migratoria abre una herida diplomática entre Madrid y Rabat. En mayo de 2021, alrededor de 8.000 personas entraron en Ceuta mientras las fuerzas marroquíes mostraban una pasividad inusual, en plena crisis bilateral provocada por la hospitalización en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali. Aquel episodio mostró hasta qué punto migración y política exterior pueden mezclarse en apenas unas horas.
La magnitud de 2026 ha sido muy superior. También lo es el contexto. España y Marruecos reconstruyeron después de 2021 una relación estratégica que incluye seguridad, comercio, migración y una delicadísima cuestión territorial: Rabat mantiene sus reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla, rechazadas de plano por España.
Ese equilibrio explica la cautela socialista y, a la vez, alimenta las críticas de Sumar. Para unos, mantener abiertos los canales con Marruecos es imprescindible para evitar una crisis aún mayor. Para otros, precisamente esa dependencia permite que Rabat disponga de demasiado margen para presionar cuando las relaciones se complican. Las dos ideas pueden convivir incómodamente dentro del mismo Consejo de Ministros. Y eso es lo que está ocurriendo.
El Mundial de 2030 entra también en la disputa
La controversia se ha extendido incluso al fútbol. El grupo parlamentario de Sumar presentó el 4 de agosto una proposición no de ley para plantear la exclusión de Marruecos del Mundial de 2030, que debe organizar conjuntamente con España y Portugal. Más Madrid también ha abierto el debate sobre si resulta coherente compartir un acontecimiento de semejante dimensión con un país al que responsabiliza de vulneraciones de derechos humanos y de la crisis ceutí.
La propuesta no tiene carácter vinculante y su recorrido político es incierto, pero sirve para medir hasta dónde ha llegado el deterioro de la confianza dentro de una parte de la izquierda española. Lo que hace apenas unas semanas era una relación estratégica discutida pero asumida se ha convertido en materia de confrontación abierta.
Podemos, desde fuera del Ejecutivo, va todavía más lejos y pide romper relaciones con Marruecos. Sumar no llega a ese extremo. Su posición pretende combinar firmeza diplomática, mantenimiento de la cooperación y protección de las personas migrantes. Una cuerda bastante fina.
Sumar busca perfil propio sin abandonar el Gobierno
La crisis de Ceuta llega además cuando las fuerzas situadas a la izquierda del PSOE intentan recuperar identidad política propia ante un ciclo electoral que culminará en 2027. Sumar necesita diferenciarse de los socialistas sin transmitir la imagen de un Ejecutivo incapaz de hablar consigo mismo, una gimnasia habitual de los gobiernos de coalición: compartir mesa y, de vez en cuando, discutir quién ha puesto el mantel.
Ceuta ofrece un terreno especialmente sensible para hacerlo. La formación respalda la coordinación estatal, exige acelerar la acogida y concentra su crítica sobre Marruecos y la externalización de las fronteras europeas. Al mismo tiempo, carga contra PP y Vox por su discurso sobre la inmigración. Barbero acusa a ambos partidos de utilizar el miedo, presentar a los migrantes como una amenaza y dificultar la acogida desde comunidades autónomas gobernadas por los populares.
No hay, por tanto, una alineación automática de Sumar con la oposición contra el Gobierno. Hay otra cosa: una batalla por fijar desde qué marco se explica Ceuta. PP y Vox ponen el foco en la seguridad, el control fronterizo y la responsabilidad del Ejecutivo. El PSOE intenta combinar gestión humanitaria, seguridad y preservación de la relación estratégica con Rabat. Sumar quiere desplazar el debate hacia Marruecos, los derechos humanos y la dependencia europea de terceros países.
La relación con Marruecos queda bajo una nueva sospecha
El choque entre Sumar y PSOE no amenaza por ahora la continuidad inmediata del Gobierno, pero sí revela una diferencia difícil de esconder. Rabat ya no es visto de la misma manera por los dos socios de la coalición.
Para el PSOE sigue siendo un interlocutor imprescindible cuya cooperación debe protegerse incluso en momentos de enorme tensión. Para Sumar, Ceuta demuestra que esa cooperación se ha convertido en una dependencia peligrosa y que España necesita una relación más firme, menos ingenua y con mayores garantías europeas.
Entre ambas posiciones queda Marruecos, que conoce bien su peso estratégico, y queda Ceuta, que continúa soportando las consecuencias materiales de la crisis mientras Madrid discute su significado político. Esa es probablemente la paradoja más incómoda: las fronteras pueden trazarse con líneas muy precisas sobre un mapa; el poder que se ejerce alrededor de ellas rara vez resulta tan limpio.

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