Historia
¿Qué santos se celebran este 26 de agosto de 2026? Santoral completo
Santa Teresa de Jesús Jornet encabeza el santoral del 26 de agosto, junto a san Ceferino, san Alejandro y otros nombres de tradición católica

El santoral católico de este miércoles 26 de agosto de 2026 tiene un nombre especialmente relevante en España: santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, religiosa catalana, fundadora de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y una de las grandes figuras españolas dedicadas al cuidado de las personas mayores. La Iglesia española celebra su memoria litúrgica obligatoria en esta jornada.
No está sola en el calendario. El 26 de agosto también se recuerda a san Ceferino, papa; san Alejandro de Bérgamo, mártir; san Maximiliano, mártir romano, y al beato Juan Pablo I, el pontífice italiano Albino Luciani, cuyo papado duró apenas 33 días. Otros martirologios incorporan nombres como Juana Isabel Bichier des Ages, Anastasio, Adrián, Víctor, Victoriano, Froilán o Félix. Así que sí: hay unas cuantas llamadas y mensajes de felicitación pendientes.
Santa Teresa de Jesús Jornet, la protagonista del santoral
En España, la figura central del santoral del 26 de agosto es Teresa de Jesús Jornet e Ibars. Nació el 9 de enero de 1843 en Aitona, Lleida, dentro de una familia rural profundamente vinculada a la tradición católica. Su biografía, sin embargo, no siguió una línea recta. Antes de encontrar su vocación definitiva pasó por la enseñanza, conoció de cerca la espiritualidad carmelita e intentó ingresar en la vida contemplativa.
En 1868 entró en el monasterio de las clarisas de Briviesca, en Burgos, aunque tuvo que abandonarlo por problemas de salud. Años después llegó el giro decisivo. En Barbastro conoció el proyecto impulsado por el sacerdote Saturnino López Novoa para atender a ancianos pobres, sin familia o directamente abandonados. Aquella España del siglo XIX tenía pocas redes públicas de protección social; hacerse viejo sin patrimonio ni parientes podía significar caer literalmente fuera del mapa.
Teresa se incorporó al proyecto y el nuevo instituto comenzó a tomar forma en Barbastro en 1872. Poco después la obra se trasladó a Valencia, donde abrió una de sus primeras casas. Nacían así las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. El nombre no se andaba precisamente con eufemismos.
Una obra dedicada a quienes envejecían sin recursos
El planteamiento de Teresa Jornet era sencillo de explicar y bastante más difícil de ejecutar: proporcionar techo, alimentación, asistencia y compañía a personas mayores que carecían de recursos. No se trataba únicamente de mantener un asilo, sino de crear una red estable de atención en una época en la que las políticas sociales modernas apenas empezaban a dibujarse.
La congregación creció con enorme rapidez. Cuando Teresa murió, el 26 de agosto de 1897 en Llíria, Valencia, funcionaban ya 103 casas-asilo en España y América. Durante aquellos años habían pasado por la comunidad más de un millar de religiosas. Una expansión llamativa para una institución nacida apenas un cuarto de siglo antes y sin los medios de comunicación, campañas digitales y departamentos de captación que hoy parecen imprescindibles hasta para organizar una rifa de barrio.
Su legado acabaría recibiendo reconocimiento oficial dentro de la Iglesia. Teresa Jornet fue beatificada por Pío XII en 1958 y canonizada por Pablo VI el 27 de enero de 1974. Su festividad quedó ligada al 26 de agosto, aniversario de su muerte.
Por qué está especialmente vinculada a las personas mayores
La identificación de Teresa Jornet con la protección de los ancianos no es una asociación moderna colocada retrospectivamente sobre su biografía. Fue exactamente el centro de su actividad. Pablo VI la proclamó posteriormente patrona de la ancianidad en España, reforzando una vinculación que ya estaba profundamente asentada en la tradición católica española.
Su figura conserva, incluso fuera del ámbito estrictamente religioso, una lectura bastante contemporánea. La soledad no deseada, la dependencia y el envejecimiento demográfico ocupan páginas enteras de informes públicos y debates políticos. Teresa Jornet se enfrentó a una versión mucho más descarnada del mismo fenómeno hace más de un siglo: personas que llegaban al final de su vida sin dinero, cuidados ni familia capaz de atenderlas.
Ahí está seguramente la razón por la que su historia ha resistido mejor el paso del tiempo que otras biografías piadosas de su época. Hay una cuestión humana y reconocible detrás de los altares.
San Ceferino y san Alejandro de Bérgamo también se celebran
El santoral del 26 de agosto se adentra mucho más atrás en la historia. San Ceferino fue papa desde finales del siglo II y ejerció su pontificado durante aproximadamente dos décadas, en un periodo particularmente turbulento para las primeras comunidades cristianas de Roma.
Su pontificado coincidió con el gobierno del emperador Septimio Severo y con importantes controversias doctrinales dentro del cristianismo primitivo. Ceferino encomendó a su diácono Calixto la administración del cementerio cristiano situado junto a la Vía Apia, vinculado posteriormente a las célebres catacumbas de San Calixto. Son episodios de una Iglesia muy distinta de la que conocemos: minoritaria, discutida y todavía construyendo buena parte de su arquitectura institucional.
Otro de los nombres destacados es san Alejandro de Bérgamo, mártir venerado especialmente en el norte de Italia y patrón de la ciudad de Bérgamo. La tradición lo presenta como un militar convertido al cristianismo que se negó a perseguir a otros cristianos y acabó siendo ejecutado. Como ocurre con numerosas figuras de los primeros siglos, la documentación histórica es fragmentaria y el relato posterior mezcla memoria, tradición y elementos hagiográficos.
Ese matiz importa. El santoral no es un registro civil con expedientes perfectamente conservados durante veinte siglos; en los personajes más antiguos conviven fuentes históricas sólidas con tradiciones transmitidas durante generaciones.
San Maximiliano y el beato Juan Pablo I
También aparece este 26 de agosto san Maximiliano, un antiguo mártir romano sobre cuya vida existen muy pocos datos seguros. La tradición sitúa su veneración en torno al cementerio de Basilla, junto a la antigua Vía Salaria de Roma, donde los peregrinos acudían ya muchos siglos atrás.
Mucho más cercana resulta la historia del beato Juan Pablo I, nacido Albino Luciani. Elegido papa en agosto de 1978, murió apenas 33 días después de comenzar su pontificado. Aquella brevedad extraordinaria convirtió su figura en una de las más singulares de la Iglesia contemporánea.
Luciani pasó a la memoria popular como el «papa de la sonrisa», una imagen ligada a su carácter afable y a una manera de expresarse considerablemente menos solemne que la habitual en el Vaticano de la época. Fue beatificado en 2022 y su memoria litúrgica se celebra el 26 de agosto, fecha de su elección como pontífice en 1978.
Qué otros nombres aparecen en el santoral del 26 de agosto
Los calendarios pueden mostrar pequeñas diferencias según el país, la diócesis, la familia religiosa o el martirologio consultado. Por eso una búsqueda del santoral del 26 de agosto puede ofrecer más nombres que otra sin que necesariamente exista una contradicción.
Junto a Teresa de Jesús Jornet, Ceferino, Alejandro y Maximiliano aparecen también, según diferentes calendarios, Juana Isabel Bichier des Ages, fundadora francesa de las Hijas de la Cruz; así como Ireneo, Simplicio, Abundio, Anastasio, Adrián, Víctor o Vítores, Victoriano, Pelagia, Ático, Sisinio, Félix y Froilán. También se recuerda al beato Ceferino Namuncurá, joven argentino de origen mapuche.
El calendario litúrgico español, no obstante, despeja cualquier duda sobre quién ocupa el primer plano este 26 de agosto: santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars figura como memoria obligatoria. Para quienes consultan el santoral simplemente para saber a quién felicitar, Teresa, Ceferino, Alejandro y Maximiliano son algunos de los nombres más reconocibles de la jornada.
El 26 de agosto tiene acento español
El santoral reúne personajes separados por siglos, países e historias que a veces llegan hasta nosotros cubiertas por esa neblina inevitable de la Antigüedad. Pero el 26 de agosto tiene en España un rostro mucho más cercano. Es el de Teresa de Jesús Jornet, una mujer nacida en la Cataluña rural del XIX que terminó creando una extensa red dedicada a cuidar a quienes habían envejecido sin apenas nada.
Murió precisamente un 26 de agosto, hace 129 años, y la fecha quedó unida a su memoria. Cambiaron las instituciones, las ciudades y hasta la manera de hablar de la vejez —por fortuna, aunque a veces únicamente cambiamos el vocabulario—, pero permanece intacto el problema que marcó su vida: qué hace una sociedad con quienes necesitan cuidados cuando ya no pueden valerse solos.
Ese es el nombre propio de este miércoles en el calendario católico español. Y, detrás del nombre, una historia bastante menos antigua de lo que parece.

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