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¿Cómo nació Linux de aquel hobby anunciado por Torvalds en Usenet?

Linux cumple 35 años desde el mensaje de Torvalds en Usenet que empezó como un hobby y terminó cambiando para siempre la informática moderna.

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Cómo nació Linux

El 25 de agosto de 1991, un estudiante finlandés de 21 años llamado Linus Torvalds escribió unas líneas en el grupo de discusión comp.os.minix de Usenet. Contaba que estaba preparando un sistema operativo gratuito para ordenadores con procesadores 386 y 486. Nada especialmente solemne. De hecho, se apresuró a rebajar cualquier expectativa: aquello era “solo un hobby” y, decía, no iba a ser grande ni profesional como GNU. Treinta y cinco años después, la frase conserva el delicioso inconveniente de las predicciones que envejecen exactamente al revés.

Aquel proyecto terminaría convirtiéndose en Linux, uno de los pilares del software libre y una pieza fundamental de buena parte de la infraestructura informática contemporánea. Y sigue vivo, lejos de haberse transformado en una reliquia para nostálgicos con camiseta de pingüino: en agosto de 2026 llegó Linux 7.2, una nueva versión del kernel con mejoras de rendimiento, hardware, redes y controladores.

El mensaje de Usenet que parecía mucho menos importante de lo que era

Para entender aquella escena hay que regresar a una Internet bastante distinta. No había redes sociales, navegadores modernos ni vídeos de alguien explicando cómo instalar un sistema operativo mientras una música electrónica sonaba de fondo. Usenet era una enorme red de grupos de discusión donde investigadores, estudiantes y aficionados intercambiaban mensajes sobre ciencia y tecnología.

Torvalds utilizaba Minix, un sistema de tipo Unix creado por el profesor Andrew Tanenbaum principalmente con fines educativos. Le servía para aprender, pero también encontraba limitaciones. Desde abril de 1991 llevaba trabajando en su propio núcleo y aquel 25 de agosto decidió contar lo que estaba haciendo y preguntar a otros usuarios qué características echaban de menos en Minix.

Ya había conseguido ejecutar herramientas importantes, entre ellas Bash y GCC, el intérprete de comandos y el compilador que permitían hacer que aquello empezase a parecerse a un entorno realmente aprovechable. También advertía de sus limitaciones: estaba diseñado para máquinas 386, dependía mucho de aquel hardware y él mismo dudaba de que alguna vez pudiera ser verdaderamente portátil.

Sí, tampoco acertó ahí.

La importancia del mensaje no está únicamente en que Torvalds anunciase un programa. En aquellas líneas aparecía ya, casi accidentalmente, el mecanismo que impulsaría Linux: alguien publica código, explica lo que está construyendo, pide opiniones y permite que otros participen. Una conversación técnica terminó convirtiéndose en una comunidad de desarrollo mundial.

Linux, en realidad, no tiene un único cumpleaños

El 25 de agosto se ha consolidado como una de las fechas simbólicas del nacimiento de Linux, pero la historia es algo más desordenada —como casi todas las historias interesantes— y tiene varios cumpleaños posibles.

Del anuncio a Linux 0.01

El 17 de septiembre de 1991, unas semanas después del mensaje de Usenet, Torvalds subió Linux 0.01 a un servidor FTP. Años después, él mismo recordó esa fecha como uno de los aniversarios fundamentales del proyecto y llegó a señalar que, desde el punto de vista del código propiamente dicho, podía considerarse el verdadero nacimiento de Linux.

Aquella primera versión estaba a años luz de lo que entendemos actualmente por Linux. El soporte de hardware era diminuto, el sistema dependía estrechamente del 386 y su utilidad práctica todavía era limitada. Pero el código existía. Otros podían examinarlo, modificarlo y empezar a colaborar.

Luego llegó otro momento importante. El 5 de octubre de 1991, Torvalds anunció en Usenet que una versión más utilizable estaba disponible para una distribución más amplia. Era Linux 0.02 y ya podía ejecutar herramientas como Bash, GCC, GNU Make o GNU Sed. El juguete empezaba a enseñar los dientes.

Por eso hablar del “día en que nació Linux” exige cierta flexibilidad. El 25 de agosto fue su presentación pública como idea; el 17 de septiembre apareció Linux 0.01; y el 5 de octubre llegó una difusión más abierta del código. La historia tecnológica, por fortuna, no siempre cabe en una vela de cumpleaños.

La decisión que convirtió el experimento en un proyecto abierto

Tan importante como el código fue la manera de compartirlo. Durante los primeros meses Linux utilizó unas condiciones de distribución propias, pero Torvalds decidió modificar su licencia y aproximarla al modelo de GNU GPL, que permitiría redistribuir y modificar el software manteniendo las mismas libertades para las versiones derivadas.

El cambio empezó a quedar reflejado alrededor de Linux 0.12, publicado en enero de 1992. Torvalds explicó entonces que pretendía adoptar unas reglas compatibles con el copyleft de GNU. Aquella decisión ayudó a crear el terreno jurídico y técnico en el que Linux podía crecer mediante aportaciones de desarrolladores que no necesitaban pertenecer a una única empresa ni pedir permiso para estudiar el código.

Aquí conviene hacer una precisión que suele desaparecer en las conversaciones cotidianas. Técnicamente, Linux es el kernel, el núcleo que administra procesadores, memoria, dispositivos y otros recursos fundamentales. Lo que normalmente llamamos “un sistema Linux” incorpora ese kernel junto a miles de programas, bibliotecas y herramientas procedentes de GNU y de muchos otros proyectos.

De ahí viene también la histórica discusión sobre la denominación GNU/Linux. No hace falta resolver una guerra terminológica de tres décadas para comprender lo esencial: Torvalds aportó el núcleo que faltaba y el ecosistema de software libre aportó buena parte de las herramientas necesarias para construir sistemas completos. El resultado fue mucho mayor que cualquiera de sus piezas por separado.

De un ordenador 386 a más de 40 millones de líneas de código

Hay algo especialmente divertido al releer aquel mensaje de 1991. Torvalds advertía de que su proyecto probablemente nunca sería grande ni profesional y dudaba incluso de su portabilidad. En 2026, Linux supera los 40 millones de líneas de código y forma parte de la infraestructura tecnológica sobre la que funcionan sistemas en la nube, dispositivos integrados y numerosos entornos profesionales.

La transformación no ocurrió porque alguien redactase un gigantesco plan maestro en Helsinki. Linux creció de una forma mucho menos cinematográfica: parche a parche, controlador a controlador, discusión a discusión. Un desarrollador añadía soporte para una pieza de hardware; otro corregía un problema en la memoria; alguien encontraba un fallo; otro discutía durante cuarenta correos si aquella solución era realmente aceptable. Glamour limitado. Resultado formidable.

Esa forma distribuida de trabajar permitió que el kernel abandonase rápidamente el estrecho mundo del PC 386 para adaptarse a numerosas arquitecturas y entornos. Con los años acabó entrando en servidores, centros de datos, routers, televisores, sistemas industriales y dispositivos integrados cuya pantalla, cuando existe, jamás muestra la palabra Linux.

También cambió la escala humana. Ya no es el código de un estudiante encerrado con su ordenador, sino un proyecto mantenido mediante la colaboración de miles de desarrolladores y numerosas empresas, con procesos de revisión muy estructurados. Torvalds continúa ocupando una posición central en el desarrollo del kernel, pero Linux hace décadas que dejó de ser una obra individual.

Linux 7.2 demuestra que el proyecto sigue moviéndose

El aniversario llega, además, pocos días después del lanzamiento de Linux 7.2, publicado en agosto de 2026. La versión incorporó cambios en planificación de procesos, rendimiento de entrada y salida, redes, gráficos y compatibilidad con nuevo hardware de fabricantes como AMD e Intel. También siguió extendiendo el soporte para plataformas modernas.

La escena resulta casi cómica comparada con 1991. Aquel primer mensaje describía un sistema pensado para unos cuantos ordenadores AT con procesadores 386 o 486. Linux 7.2 debe convivir con arquitecturas de procesador, tarjetas gráficas, sistemas de almacenamiento, virtualización, seguridad y dispositivos que entonces ni siquiera existían.

El propio proceso de desarrollo también refleja problemas muy del siglo XXI. Durante los ciclos recientes del kernel, el volumen de cambios ha crecido y las herramientas basadas en inteligencia artificial empiezan a entrar también en las conversaciones sobre producción, revisión y detección de código. Incluso un proyecto nacido antes de la Web comercial tiene que aprender a convivir con una informática completamente distinta.

No deja de ser coherente. Linux nunca sobrevivió quedándose quieto.

El hobby que acabó escondido dentro del mundo moderno

Quizá lo más significativo de estos 35 años no sea que Torvalds se equivocara al decir que Linux nunca sería grande. Las previsiones fallidas son un combustible bastante habitual de la historia tecnológica. Lo interesante es por qué pudo equivocarse tanto.

Linux apareció en un momento en que Internet empezaba a permitir algo nuevo: que personas separadas por miles de kilómetros trabajasen sobre el mismo código sin necesidad de compartir oficina, empresa o incluso país. El software podía circular, ser examinado y regresar mejorado. El usuario también podía convertirse en colaborador. Ese cambio cultural fue tan importante como cualquier avance técnico.

Torvalds aportó talento, pragmatismo y una pieza de software suficientemente útil para atraer a otros. El ecosistema GNU proporcionó herramientas imprescindibles. Internet hizo posible la colaboración y las licencias libres establecieron unas reglas que permitían que el código continuara circulando. Ningún ingrediente explica Linux por sí solo.

Treinta y cinco años después, el viejo mensaje de Usenet conserva algo que muchas grandes efemérides tecnológicas pierden con el tiempo: modestia. No había presentación corporativa, música épica ni escenario iluminado. Un estudiante explicó que estaba haciendo un sistema operativo y pidió sugerencias. Era, según él, un hobby. El resto terminó siendo infraestructura.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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