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¿Por qué el mapa de Orange sobre Marruecos indigna a Ceuta y Melilla?
Un cartel de Orange con un mapa de Marruecos provoca polémica por Ceuta, Melilla y el Sáhara Occidental en plena tensión política con España.

Un cartel publicitario de Orange instalado en la AP-7, en sentido Elche-Valencia, ha abierto una polémica política y territorial por utilizar una silueta de Marruecos que incorpora el Sáhara Occidental y que, según la denuncia difundida por el periodista y activista saharaui Taleb Alisalem, representa también Ceuta y Melilla como territorio marroquí. Alisalem ha pedido públicamente a la compañía que retire de inmediato la publicidad. El Frente Polisario, por su parte, ha presentado una protesta formal por la inclusión del Sáhara Occidental.
La controversia llega, además, en un momento especialmente sensible. Apenas unos días antes, el ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, había vuelto a reivindicar para Marruecos unos supuestos “derechos históricos y geográficos” sobre Ceuta y Melilla. El Gobierno español respondió el 22 de agosto con un rechazo tajante: las dos ciudades forman parte de la soberanía y la integridad territorial de España y son territorio de la Unión Europea. El mapa de una campaña de telefonía, así, ha terminado pisando una frontera diplomática bastante más seria que la que suele separar una tarifa barata de otra.
Hay, con todo, un matiz que conviene dejar claro. Las fotografías difundidas permiten apreciar con claridad que la silueta utilizada por Orange integra el Sáhara Occidental en Marruecos, pero el reducido tamaño de Ceuta y Melilla en la representación hace más difícil determinar visualmente, con absoluta precisión, cómo aparecen dibujadas ambas ciudades. La afirmación de que también han sido incorporadas a territorio marroquí procede de la denuncia de Alisalem y ha sido recogida por varios medios.
Qué aparece en el polémico cartel de Orange
La valla fue localizada en la AP-7, cerca de Elche y en dirección Valencia, y promociona servicios móviles para quienes viajan a Marruecos. El mensaje comercial está escrito en inglés y ofrece datos ilimitados mediante la red de Orange en el país norteafricano. Hasta ahí, una campaña turística bastante convencional.
Lo que ha incendiado la conversación es la silueta roja empleada para representar Marruecos. En ella aparece unido al país el territorio del Sáhara Occidental, sin separación gráfica. Según Alisalem, la misma representación absorbe Ceuta y Melilla y reproduce así la cartografía utilizada por Rabat para expresar sus reivindicaciones territoriales. La primera denuncia ganó rápidamente difusión en redes sociales y desembocó en peticiones para que la operadora retirase el anuncio.
El representante del Frente Polisario en España, Abdulah Arabi, fue más allá y trasladó formalmente una protesta a Orange. Su reclamación se centra principalmente en el Sáhara Occidental: pidió la retirada del cartel o su sustitución por otro que no muestre ese territorio como parte integrante de Marruecos.
En las informaciones disponibles durante las primeras horas del 26 de agosto no constaba una explicación pública de Orange sobre el origen del diseño ni una aclaración acerca de si la valla iba a ser modificada o retirada.
Ceuta y Melilla no tienen el mismo estatus que el Sáhara Occidental
Aquí suele mezclarse todo y, jurídicamente, no es lo mismo. Ceuta y Melilla son ciudades autónomas españolas. España ejerce soberanía sobre ellas y la Unión Europea las considera parte del territorio español y europeo. El acervo de Schengen se aplica al conjunto de España, incluidas las dos ciudades, aunque existan reglas específicas para determinados controles de salida hacia la Península.
Marruecos mantiene una reivindicación política sobre ambas. No es nueva. Pero esa reclamación no convierte Ceuta y Melilla en territorio marroquí ni modifica su estatus jurídico. El Gobierno español volvió a expresarlo con especial contundencia el 22 de agosto de 2026, después de que Ouahbi propusiera incluso abrir un mecanismo bilateral para discutir su futuro. Exteriores replicó que ambas forman parte de la soberanía española y que cualquier planteamiento diferente será rechazado.
El Sáhara Occidental, en cambio, arrastra un conflicto jurídico y político completamente distinto. Marruecos controla la mayor parte del territorio, pero su soberanía sobre él no está reconocida de manera general por la comunidad internacional y el territorio mantiene pendiente el ejercicio de su derecho de autodeterminación.
El Sáhara Occidental convierte el mapa en algo más que un dibujo
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha sido particularmente claro en este terreno. En octubre de 2024 estableció que el Sáhara Occidental constituye un territorio distinto de Marruecos y que identificar como marroquíes productos originarios del territorio puede inducir a error a los consumidores. En otros asuntos relativos a los acuerdos de la UE con Rabat, el tribunal también incidió en el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui y en la necesidad de su consentimiento para determinadas aplicaciones de acuerdos internacionales al territorio.
Esa doctrina explica por qué la reacción del Polisario no se limita a considerar desafortunado el diseño. Para sus representantes, presentar gráficamente el Sáhara Occidental como una prolongación natural de Marruecos ayuda a normalizar mediante publicidad una soberanía discutida que el derecho europeo no reconoce.
Y ahí está el problema de los mapas. Parecen dibujos neutros, casi inocentes: unas líneas, un color corporativo, el mar alrededor. Pero una frontera borrada puede decir mucho más que el eslogan escrito encima.
La polémica estalla en plena tensión entre España y Marruecos
El momento difícilmente podía ser más sensible. Durante agosto de 2026, Ceuta volvió al centro de una grave crisis migratoria y diplomática. La situación fronteriza elevó la tensión política española y coincidió con nuevas declaraciones desde Rabat sobre las dos ciudades autónomas.
El 21 de agosto, Ouahbi afirmó en la televisión pública marroquí 2M que Marruecos mantiene sus reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla y defendió la apertura de un diálogo para alcanzar lo que denominó una solución definitiva. Madrid contestó al día siguiente por vía diplomática. Según Exteriores, las dos ciudades son españolas, pertenecen a la integridad territorial del país y forman parte de la Unión Europea.
La proximidad entre esas declaraciones y la aparición del cartel explica parte de la intensidad de las reacciones. Un diseño semejante en otro momento probablemente habría generado críticas; colocado en una autopista española justo después de una reivindicación explícita de Rabat, adquiere inevitablemente otra lectura.
Eso no demuestra, naturalmente, que Orange pretendiera formular una posición política. No hay elementos públicos que permitan atribuir esa intención a la empresa. Un error de diseño, la utilización de material cartográfico procedente de terceros o una campaña concebida sin reparar en sus implicaciones son explicaciones posibles. Sin una aclaración de la compañía, ir más allá sería especular.
Por qué Marruecos reclama Ceuta y Melilla
Las reivindicaciones marroquíes sobre las dos ciudades forman parte de una disputa histórica mucho más antigua que cualquier campaña publicitaria. Melilla está bajo soberanía española desde finales del siglo XV y Ceuta, conquistada inicialmente por Portugal en 1415, quedó definitivamente vinculada a la Monarquía Hispánica en el siglo XVII.
Tras la independencia de Marruecos en 1956, Rabat ha sostenido periódicamente que Ceuta y Melilla deberían integrarse en su territorio por razones históricas y geográficas. España rechaza esa interpretación y sostiene que ambas ciudades forman parte de su territorio nacional. No existe una negociación bilateral abierta sobre su soberanía.
También resulta engañoso presentar el asunto como una simple réplica del conflicto sobre Gibraltar. Las trayectorias jurídicas e históricas son diferentes y, sobre todo, Ceuta y Melilla forman parte del ordenamiento territorial español como ciudades autónomas, con instituciones propias y representación parlamentaria.
La geografía, claro, aporta combustible: las dos están en el norte de África y tienen frontera terrestre con Marruecos. Pero la ubicación de una ciudad no decide por sí sola su soberanía. Si la cartografía política funcionara únicamente por proximidad, Europa tendría bastantes fronteras que volver a dibujar.
Orange queda atrapada entre publicidad y geopolítica
La campaña perseguía un objetivo bastante menos solemne: vender conectividad a quienes viajan a Marruecos. Sin embargo, utilizar mapas en publicidad internacional exige una precisión que otras imágenes no necesitan. Una línea omitida puede convertirse en una declaración política aunque nadie pretendiera hacerla.
La situación resulta todavía más llamativa porque Orange mantiene actividad comercial en España, también en Ceuta y Melilla. La propia operadora dispone de establecimientos en ambas ciudades. Eso hace especialmente difícil interpretar el mapa como una posición corporativa deliberada y refuerza la posibilidad de un problema en la elaboración o validación del material gráfico.
Orange, además, opera actualmente dentro de MasOrange, grupo que desde junio de 2026 pertenece al 100 % a Orange tras completar la compañía francesa la adquisición de la participación restante. Es decir, no estamos ante una pequeña campaña de una empresa desconocida, sino ante una marca de enorme visibilidad en el mercado español.
Precisamente por eso el episodio ha crecido tan rápido. Las grandes compañías pueden intentar mantenerse al margen de disputas territoriales, pero sus anuncios también comunican. Y los mapas, mucho más.
Un mapa pequeño para una controversia muy grande
La polémica de la AP-7 contiene en pocos centímetros varias disputas distintas. La primera es concreta: un anuncio de Orange representa el Sáhara Occidental dentro de Marruecos y el Frente Polisario exige que se retire. La segunda nace de la denuncia de Taleb Alisalem, que sostiene que la misma silueta incorpora también Ceuta y Melilla, extremo difícil de verificar con total nitidez en las imágenes públicas disponibles.
La tercera va mucho más allá del cartel. Marruecos ha vuelto a reivindicar expresamente las dos ciudades autónomas y España acaba de responder que su soberanía sobre Ceuta y Melilla no está en discusión. Al mismo tiempo, la justicia europea mantiene que el Sáhara Occidental posee un estatus separado y distinto del territorio marroquí. Son dos controversias diferentes que una única silueta roja ha conseguido meter, de golpe, dentro de la misma valla publicitaria.
Puede que todo terminara naciendo en una mesa de diseño, al escoger un archivo cartográfico sin mirar demasiado. O no. Mientras Orange no explique cómo se produjo la campaña, esa parte permanece abierta. Lo que no está abierto a interpretación es que los mapas también tienen consecuencias políticas: a veces basta con borrar una línea de unos pocos milímetros para que aparezcan siglos de historia detrás.

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