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¿Cómo sobrevivió un chico de 15 años dos días a la deriva en Alaska?
Un adolescente de 15 años sobrevivió dos días sobre una barca volcada en el mar de Bering, frente a Alaska, hasta ser localizado y rescatado.

Resumen
- Un chico de 15 años sobrevivió dos días sobre una barca volcada en Alaska
- Se mantuvo fuera del agua del mar de Bering y fue hallado con hipotermia
- Su hermano y un primo murieron antes de que llegaran los equipos de rescate
Un adolescente de 15 años sobrevivió durante alrededor de dos días sobre una pequeña embarcación volcada en las gélidas aguas del mar de Bering, frente a Alaska. El joven fue localizado con vida cerca de la isla de San Lorenzo después de que la barca en la que había salido a pescar naufragara. Su hermano mayor y un primo, que viajaban con él, murieron.
El superviviente, identificado por su familia como Derek Parker Aghnaanga, fue encontrado sentado sobre el casco invertido del bote, a unos seis kilómetros de la costa de la isla. Presentaba síntomas de hipotermia, pero estaba consciente. Una aeronave de la Guardia Costera estadounidense lo localizó el lunes 7 de septiembre por la mañana y lanzó una balsa y material de supervivencia antes de coordinar el rescate con el Northwest Explorer, un barco que navegaba por la zona.
Dos días sobre un casco en uno de los mares más fríos
La historia comenzó el viernes 4 de septiembre. Parker había partido desde Savoonga, una pequeña comunidad de la isla de San Lorenzo, junto a su hermano Sidney Kulowiyi, de 35 años, y un primo. Salieron en una embarcación de pesca de unos 5,5 metros y debían regresar durante la madrugada del domingo.
No volvieron.
Según los testimonios de la familia conocidos después del accidente, el bote sufrió problemas mientras pescaban y terminó volcando durante el fin de semana, cuando las condiciones empeoraron. Parker consiguió permanecer sobre la parte emergida de la embarcación. No era precisamente un refugio: debajo, el mar; alrededor, viento y oleaje; sobre él, poco más que cielo abierto.
El agua rondaba los 10 grados centígrados. Una temperatura que puede parecer tolerable escrita en una pantalla, pero que en el cuerpo juega otra partida. La exposición prolongada al agua fría provoca pérdida rápida de destreza muscular, agotamiento y, finalmente, hipotermia. Caer dentro durante horas habría reducido drásticamente las posibilidades de sobrevivir.
Mantenerse fuera del agua fue decisivo
Ahí aparece uno de los detalles fundamentales del rescate. Parker no permaneció durante dos días completamente sumergido: logró mantenerse encima del casco volcado, reduciendo el contacto directo con el agua.
Es una diferencia enorme. El cuerpo pierde calor mucho más rápido dentro del agua que expuesto al aire, incluso con viento y ropa mojada. Las recomendaciones de supervivencia marítima insisten precisamente en lo mismo cuando una embarcación vuelca: utilizar cualquier superficie flotante disponible para sacar del agua la mayor parte posible del cuerpo y conservar energía.
Parker hizo, en la práctica y en una situación límite, exactamente eso.
No significa que estuviera a salvo. Cuando finalmente lo recogieron tenía signos de hipotermia y los miembros de la tripulación del Northwest Explorer tuvieron que abrigarlo con mantas y bolsas térmicas. Pero aquel casco de aluminio convertido en una diminuta isla pudo separar una emergencia extrema de una exposición prácticamente imposible de soportar.
Su hermano y su primo no lograron sobrevivir
La supervivencia del adolescente tiene una cara mucho más amarga. Los otros dos ocupantes de la barca murieron antes de que llegara la ayuda.
Sidney Kulowiyi, hermano mayor de Parker y capitán de pesca comercial, tenía 35 años y era una figura importante para su familia. Parientes del adolescente han explicado que Parker lo veía también como una referencia paterna después de la muerte de su padre años atrás.
El tercer tripulante era un primo de ambos, también vecino de Savoonga. La familia ha preferido mantener su identidad fuera de la información pública.
Los relatos facilitados por familiares indican que Parker intentó permanecer junto a los dos hombres durante la tragedia. Su primo habría conseguido mantenerse durante un tiempo sobre la embarcación antes de desaparecer en el mar. Cuando llegó el rescate, los cuerpos de los dos adultos fueron recuperados del agua y trasladados junto al adolescente hasta Nome.
Una misma embarcación llevó así de vuelta a tierra dos noticias incompatibles: una supervivencia extraordinaria y dos muertes.
El momento en que apareció la barca volcada
La ausencia del bote había activado una operación de búsqueda durante el fin de semana. Los servicios de emergencia de Alaska fueron informados de que la embarcación no había regresado y la Guardia Costera recibió el aviso el domingo.
El mal tiempo y la escasa visibilidad complicaron la salida de los medios aéreos. La búsqueda desde el aire pudo intensificarse el lunes.
Una tripulación de un HC-130 Hercules divisó finalmente la pequeña embarcación volcada aproximadamente a cuatro millas al este de la isla de San Lorenzo. La Guardia Costera corrigió posteriormente la cronología inicial del operativo y situó el avistamiento del superviviente alrededor de las 10.30 de la mañana.
Desde el avión lanzaron una balsa y equipo de emergencia. Después entró en escena el Northwest Explorer, que se encontraba relativamente cerca. La aeronave dejó bengalas para señalar la posición y facilitar que el barco llegara hasta el bote.
Cuando la tripulación se aproximó encontró una escena difícil de olvidar: el adolescente estaba arrodillado sobre la embarcación invertida, rodeado por el mar.
Del casco volcado a la cubierta del Northwest Explorer
Los tripulantes lanzaron una línea, acercaron poco a poco la pequeña barca y consiguieron subir a Parker a bordo mediante el equipo de rescate.
Adam White, capitán del Northwest Explorer, describió después al adolescente como un chico extraordinariamente resistente. Durante sus primeras conversaciones a bordo, Parker tenía los dientes castañeteando por el frío. La tripulación intentó mantenerlo despierto, hablando con él mientras lo calentaban gradualmente.
No había comido ni bebido con normalidad durante su permanencia en el mar. A eso se sumaban el frío, el cansancio, la humedad y el impacto psicológico de haber visto morir a dos familiares.
La hipotermia, precisamente, no consiste solo en tener mucho frío. Cuando la temperatura central del organismo desciende demasiado, empiezan a deteriorarse la coordinación, el razonamiento y la capacidad muscular. En el mar esa pérdida de control puede ser mortal mucho antes de alcanzar las fases más profundas del enfriamiento.
El mar de Bering no concede demasiado margen
La isla de San Lorenzo se encuentra en el extremo occidental de Alaska, en pleno mar de Bering, mucho más cerca de Rusia de lo que sugiere el mapa mental habitual de Estados Unidos. Es un territorio remoto, batido por vientos y aguas cuya temperatura convierte cualquier accidente marítimo en una carrera contra el reloj.
Savoonga, en la costa norte de la isla, tiene alrededor de 800 habitantes y una fuerte tradición marítima ligada a la comunidad yupik siberiana. Allí salir a pescar no es únicamente una actividad recreativa. La pesca forma parte de la alimentación, del trabajo y de una red cotidiana en la que las capturas se comparten entre familias y vecinos.
Sidney, el hermano fallecido, era precisamente uno de esos pescadores que abastecían a otras personas de la localidad.
La tragedia ha golpeado por eso más allá del círculo familiar. Varias comunidades de Alaska organizaron homenajes a los dos fallecidos mientras la familia afrontaba una sensación extraña, casi imposible de ordenar: duelo y alivio al mismo tiempo.
Una supervivencia extraordinaria, pero con una explicación física
Hay algo casi cinematográfico en la imagen del adolescente solo sobre una barca invertida, pero reducir lo ocurrido a un milagro dejaría fuera una parte esencial de la historia.
Parker sobrevivió porque consiguió mantenerse sobre una superficie flotante, conservar parte del calor corporal, resistir durante horas sin abandonar la embarcación y aguantar hasta que la operación de búsqueda llegó a su posición. También hubo una cadena de circunstancias favorables: fue divisado desde el aire, recibió material de emergencia y había un barco suficientemente cerca para efectuar el rescate.
Nada de eso garantiza sobrevivir en el mar de Bering. Solo aumenta las posibilidades.
Dos días de frío y unos metros cuadrados para seguir vivo
Y en este caso bastó. Tras noches de frío, oleaje y silencio, la diminuta silueta sobre el casco seguía allí cuando apareció el avión. Quince años, un bote boca abajo y unos pocos metros cuadrados fuera del agua. A veces la distancia entre regresar a casa y no hacerlo cabe, literalmente, sobre el fondo de una barca.

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