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¿Qué dijo Ramón Cotarelo en Ripoll sobre el islam y recuperar la mili?

Ramón Cotarelo desató la polémica en Ripoll al pedir recuperar la mili y hablar de una guerra frente al islam durante los actos de la Diada.

Publicado

el

Ramón Cotarelo en 2026

Foto: garrotxicat / Wikimedia Commons — YouTube, fotograma 00:04, CC BY 3.0.

Resumen

  • Cotarelo pidió recuperar la mili y habló de “hacer la guerra” frente al islam
  • El discurso tuvo lugar en la Diada de Ripoll y provocó una fuerte polémica
  • El Ayuntamiento aseguró que desconocía el contenido y se desmarcó del discurso

Ramón Cotarelo convirtió su intervención en la Diada de Ripoll en una de las polémicas políticas de la jornada. El politólogo defendió recuperar el servicio militar y planteó un escenario extremo ante el islam: sostuvo que la alternativa era convertirse y vivir como ciudadanos de segunda o “hacer la guerra”. No se trató, por tanto, de una discusión abstracta sobre inmigración o integración, sino de un discurso explícitamente beligerante pronunciado en un acto institucional.

Cotarelo aseguró que era necesario “recuperar el servicio militar” y afirmó: “O nos convertimos al islam y vivimos como ciudadanos de segunda […] o hacemos la guerra”. La intervención tuvo lugar el 11 de septiembre en el monasterio de Santa Maria de Ripoll, dentro de los actos oficiales de la Diada organizados por el Ayuntamiento que encabeza Sílvia Orriols, líder de Aliança Catalana. El consistorio acabó desmarcándose públicamente de las palabras del invitado.

La frase de Ramón Cotarelo que desató la polémica

La parte más controvertida del discurso fue precisamente esa presentación del conflicto con el islam como una elección casi militar. Cotarelo sostuvo que, frente a una supuesta expansión islámica, había dos caminos: la conversión y la subordinación o el enfrentamiento. En ese contexto defendió la recuperación de la mili, desaparecida como servicio obligatorio en España hace más de dos décadas.

El razonamiento llamó la atención no solo por el vocabulario. También porque colocaba bajo una misma etiqueta —“el islam”— realidades políticas, nacionales, culturales y religiosas profundamente distintas. Una religión practicada por cerca de dos mil millones de personas quedaba convertida, en unos segundos de discurso, en un sujeto colectivo contra el que prepararse. La política, cuando se formula así, pierde matices a la velocidad con la que se cierra una puerta.

Cotarelo también dirigió críticas contra el papa León XIV, al que reprochó su actitud hacia otras confesiones religiosas. No era un episodio completamente nuevo: días antes ya había trascendido una respuesta suya en redes sociales especialmente ofensiva contra el pontífice después de una publicación relacionada con el islam y la islamofobia.

Por qué Ramón Cotarelo habló de recuperar la mili

La referencia al servicio militar fue una de las partes que más amplificó el discurso porque trasladó la retórica identitaria al terreno de la defensa armada. Cotarelo vinculó la recuperación de la mili con la necesidad de afrontar esa supuesta confrontación religiosa. ERC resumió después su intervención acusándole de promover el regreso del servicio militar para emprender una guerra contra personas de otras confesiones.

No consta que Cotarelo presentara una propuesta técnica sobre cómo debería recuperarse el servicio militar, a quién afectaría, durante cuánto tiempo o bajo qué marco legal. Fue una afirmación política, no un proyecto articulado. Ese matiz importa: habló de recuperar la mili, pero dentro de una argumentación ideológica y beligerante, no como parte de un plan concreto de reforma de las Fuerzas Armadas.

Del islam como religión a la construcción de un enemigo

El salto conceptual es considerable. Una cosa es discutir sobre islamismo radical, terrorismo yihadista, políticas migratorias o integración; otra, muy distinta, convertir al islam en conjunto en el adversario de una guerra. Mezclar esos planos transforma millones de biografías individuales en una masa homogénea. Es una simplificación eficaz para un mitin. Para describir la realidad, bastante menos.

Ahí reside buena parte de la controversia. Las democracias europeas llevan años debatiendo cuestiones reales —desde la radicalización violenta hasta los conflictos de integración o el encaje entre determinadas prácticas religiosas y las leyes civiles—, pero ese debate parte de distinguir entre ciudadanos musulmanes, corrientes religiosas, organizaciones políticas y grupos extremistas. Cuando todos terminan en el mismo saco, el saco pesa mucho, pero explica poco.

La palabra “guerra” fue especialmente llamativa porque no quedó asociada a un Estado enemigo, un ejército concreto o una organización armada determinada. El destinatario aparecía definido fundamentalmente por una religión.

Esa ambigüedad hace más grave el alcance político de la frase. Hablar de combatir militarmente a una organización terrorista tiene un significado jurídico y estratégico reconocible. Hablar de hacer la guerra contra una confesión religiosa abre una categoría mucho más difusa. El discurso no concretó contra quién debía dirigirse exactamente esa confrontación.

El Ayuntamiento de Ripoll se desmarca de Cotarelo

La reacción institucional llegó el mismo día. El Ayuntamiento de Ripoll aseguró que desconocía previamente el contenido del discurso y explicó que Cotarelo había dispuesto de plena libertad para preparar su intervención, como es habitual en este tipo de actos. También recalcó que sus opiniones eran propias y que el texto no había sido consensuado con la institución.

El consistorio lamentó además que la intervención no se hubiera limitado al sentido conmemorativo de la Diada. El gesto resulta políticamente significativo porque Ripoll está gobernado por Aliança Catalana, el partido de Sílvia Orriols, cuya posición especialmente dura sobre inmigración e islam forma parte central de su identidad política.

Las críticas llegaron igualmente desde ERC y Junts. Los republicanos hablaron de “vergüenza e indignación” y denunciaron un discurso que, a su juicio, alimentaba el odio. Junts sostuvo que la glosa había acabado pareciéndose más a un mitin de Aliança Catalana que a una intervención institucional de la Diada.

Por qué lo ocurrido en Ripoll tiene una carga especial

El escenario tampoco es neutro. Ripoll arrastra una relación dolorosa y compleja con la cuestión del extremismo islamista: varios integrantes de la célula responsable de los atentados de Barcelona y Cambrils de agosto de 2017 habían crecido o vivido en el municipio. Aquella experiencia dejó una herida profunda y abrió durante años un debate sobre radicalización, convivencia e integración.

Precisamente por eso, cualquier discurso que establezca una equivalencia general entre islam y amenaza encuentra allí una resonancia particular. La memoria del terrorismo es concreta; las generalizaciones religiosas, en cambio, extienden la responsabilidad desde los culpables hacia una comunidad mucho más amplia.

Ripoll es también el principal escaparate institucional de Sílvia Orriols. La alcaldesa ha convertido el municipio en referencia del crecimiento de Aliança Catalana, una formación independentista situada en la extrema derecha por buena parte de la prensa y cuyos mensajes sobre inmigración e islam han marcado su ascenso electoral. La intervención de Cotarelo cayó, así, sobre terreno políticamente inflamable.

Cotarelo ni siquiera era la primera persona elegida para realizar la glosa. El Ayuntamiento había anunciado inicialmente al filósofo Bernat Dedéu, que terminó renunciando y explicó que prefería evitar etiquetas partidistas. El consistorio recurrió entonces al politólogo para protagonizar el acto institucional del 11 de septiembre.

De figura del procés a invitado en el Ripoll de Orriols

Ramón Cotarelo alcanzó especial notoriedad pública durante los años más intensos del procés independentista catalán. Profesor y politólogo nacido en Madrid, se convirtió en una voz muy activa a favor de la independencia y mantuvo vínculos y afinidades con distintos sectores del soberanismo.

Con el tiempo fue distanciándose de buena parte de ese espacio, especialmente de ERC, Junts y otras organizaciones a las que ha reprochado reiteradamente su estrategia posterior al referéndum de 2017. En los últimos tiempos se ha acercado políticamente a Aliança Catalana y ha expresado públicamente su simpatía hacia Orriols. Ese recorrido explica parte del contexto, aunque no rebaja ni aumenta por sí mismo el significado de sus palabras.

Lo ocurrido en Ripoll muestra también cómo ha cambiado una parte del debate independentista. Durante años, el eje casi exclusivo fue la relación entre Cataluña y España. Ahora se cruzan otras fracturas: inmigración, identidad cultural, religión y seguridad, junto al crecimiento de una derecha nacionalista catalana que pretende disputar espacio a los partidos tradicionales.

Una Diada que terminó hablando de guerra

La respuesta corta a qué dijo Ramón Cotarelo en Ripoll es inequívoca: pidió recuperar el servicio militar y habló de hacer la guerra frente al islam, después de presentar como alternativa una futura conversión y una condición de ciudadanos de segunda. No hay que adornar la frase para convertirla en polémica; ya venía equipada de fábrica.

El Ayuntamiento que lo invitó aseguró después que desconocía el contenido y se desvinculó de sus afirmaciones. ERC y Junts las rechazaron con dureza. Y una celebración concebida para conmemorar la Diada terminó desplazando durante horas el foco hacia un debate mucho más incómodo: hasta dónde puede llegar la retórica política cuando una religión entera deja de describirse como parte de una sociedad plural y empieza a ser presentada como un enemigo al que combatir.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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