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¿Por qué Argentina acelera su base naval en Ushuaia cerca de Malvinas?

El Gobierno argentino prevé reactivar en enero de 2027 la Base Naval Integrada de Ushuaia, clave para Malvinas, la Antártida y el Atlántico Sur.

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base naval cerca de Malvinas

Foto: Tom L-C / Wikimedia CommonsCC BY-SA 3.0.

Resumen

  • Argentina prevé reactivar las obras de la base naval de Ushuaia en enero de 2027
  • El complejo reforzará la presencia naval en el Atlántico Sur y la Antártida
  • Malvinas añade peso político a un proyecto estratégico que arrancó en 2022

Argentina quiere reactivar a toda velocidad la Base Naval Integrada de Ushuaia y ha puesto una fecha concreta sobre la mesa: el Gobierno prevé que la nueva fase de las obras arranque el 2 de enero de 2027, después de varias licitaciones públicas. El complejo se encuentra en Tierra del Fuego, a unos 700 kilómetros de las islas Malvinas, administradas por el Reino Unido y reclamadas por Argentina.

No se trata, pese a lo que puede sugerir el anuncio, de una base concebida desde cero por el Ejecutivo de Javier Milei. El proyecto comenzó a tomar forma durante el Gobierno de Alberto Fernández y las obras se iniciaron formalmente en 2022, pero quedaron prácticamente congeladas tras el cambio de Gobierno y el fuerte ajuste de la inversión pública. Buenos Aires quiere desempolvar aquel proyecto y convertirlo en una pieza importante de su estrategia para el Atlántico Sur, la Antártida y la cuestión Malvinas.

Las obras de la base naval arrancarían el 2 de enero de 2027

El ministro argentino de Defensa, Carlos Presti, ha concretado el calendario con bastante más precisión que en anuncios anteriores. Su departamento prepara entre cinco y seis licitaciones públicas y pretende que los trabajos comiencen el próximo 2 de enero. El objetivo es disponer de una infraestructura capaz de mejorar la proyección naval argentina en el extremo austral del continente.

Ahí está la novedad real. Más que anunciar otra base, Argentina está fijando un plazo para retomar una obra que llevaba años avanzando muy lentamente. Las últimas cifras disponibles situaban su ejecución física alrededor del 9 %, un porcentaje modesto para un proyecto iniciado hace cuatro años. Hormigón, explanadas y estructuras preliminares existen; una gran base naval plenamente operativa, todavía no.

La instalación está proyectada en Ushuaia, unos 3.000 kilómetros al sur de Buenos Aires. Su emplazamiento no es casual. Desde allí se abre el Canal Beagle, se accede al Atlántico Sur y queda mucho más cerca la puerta marítima hacia la Antártida, una región donde la logística vale casi tanto como las grandes declaraciones diplomáticas.

Submarinos, aviación naval e Infantería de Marina

Presti señaló que el complejo pertenecerá a la Armada Argentina y estará concebido para integrar distintos componentes navales, incluidos submarinos, Infantería de Marina y Aviación Naval. Eso no significa que todos esos medios vayan a aparecer allí de repente cuando se coloque el siguiente bloque de hormigón; describe, más bien, el modelo operativo para el que se diseña la instalación.

El proyecto incluye una infraestructura de mayor escala que la disponible actualmente en Ushuaia, con instalaciones portuarias, talleres, depósitos, servicios y espacios destinados al apoyo de buques. Uno de los problemas de la base actual es muy terrenal: la ciudad fue creciendo alrededor de ella, reduciendo las posibilidades de expansión de unas instalaciones nacidas para una Ushuaia mucho más pequeña.

Por qué Malvinas vuelve a estar en el centro

El calendario de las obras llega en un momento especialmente sensible. El 3 de septiembre de 2026, Milei relanzó públicamente la política argentina sobre Malvinas y anunció medidas contra las compañías implicadas en la explotación de recursos naturales del archipiélago sin autorización de Buenos Aires. El detonante inmediato ha sido el avance del proyecto petrolero Sea Lion.

La posición argentina es conocida y está incorporada a su Constitución: Buenos Aires considera las Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur parte de su territorio y mantiene como objetivo permanente recuperar el ejercicio de la soberanía por medios compatibles con el derecho internacional. El Reino Unido sostiene justamente la posición contraria y mantiene la administración del archipiélago.

La base de Ushuaia entra en ese tablero, pero conviene evitar una lectura demasiado cinematográfica. Construir una instalación naval en Tierra del Fuego no equivale a preparar una operación sobre Malvinas. Su utilidad militar existe, claro, pero también responde a necesidades mucho más amplias de control marítimo, logística, operaciones navales y presencia antártica.

Una pieza también pensada para la Antártida

Quizá ahí esté la parte menos vistosa y, estratégicamente, una de las más importantes. Ushuaia es uno de los grandes puntos de salida hacia la Antártida y Argentina mantiene una presencia histórica al sur del paralelo 60. La Armada participa de forma habitual en tareas logísticas, búsqueda y rescate, abastecimiento y cooperación naval en aquellas aguas. La dimensión antártica, por tanto, pesa mucho más de lo que sugiere una lectura centrada únicamente en Malvinas.

La futura base quiere aprovechar justamente esa geografía. Defensa plantea un polo logístico antártico que conecte las capacidades navales de Ushuaia con otras instalaciones argentinas, incluida la Base Conjunta Antártica Petrel. El planteamiento es militar, pero no exclusivamente militar: alrededor de las campañas antárticas se mueven buques científicos, suministros, combustible, mantenimiento, comunicaciones y servicios privados. En el extremo austral, una grúa y un muelle bien preparados pueden tener tanta importancia estratégica como un barco de guerra.

El Gobierno ha empezado a respaldar ese discurso con dinero. El Decreto 867/2026 modificó el presupuesto nacional y destinó más de 200.000 millones de pesos argentinos a la reactivación de la Base Naval Integrada de Ushuaia y de la Base Conjunta Antártica Petrel. La cifra corresponde al conjunto de ambos proyectos, un matiz importante cuando se habla del coste de la instalación fueguina.

Un proyecto que sobrevive a gobiernos enfrentados

Hay otra rareza interesante en la política argentina, territorio donde los consensos suelen tener una vida bastante breve: la base cuenta también con el respaldo del gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, opositor a Milei.

Melella ha defendido que las diferencias políticas no impiden coincidir en una infraestructura considerada estratégica para la provincia. El proyecto, de hecho, nació bajo una administración peronista y ahora intenta relanzarlo un Gobierno ideológicamente situado casi en las antípodas. Ushuaia y Malvinas han fabricado uno de esos escasos puentes transversales de la política argentina.

Eso tampoco elimina la polémica. La oposición ha recordado que la obra sufrió una fuerte ralentización durante los primeros años de Milei y cuestiona que el Ejecutivo presente como novedad un proyecto heredado. El dato del escaso avance físico alimenta la crítica. El Gobierno responde con presupuesto, licitaciones y una fecha. El hormigón tendrá la última palabra.

Qué cambia realmente frente al Reino Unido

Argentina y Reino Unido mantienen posiciones incompatibles sobre la soberanía de las islas desde hace décadas. La disputa desembocó en la guerra de 1982, que terminó con la derrota argentina, y desde entonces Buenos Aires sostiene oficialmente que su reclamación debe avanzar por vías pacíficas y diplomáticas.

Londres, por su parte, considera que no puede negociarse un cambio de soberanía contra la voluntad de los habitantes de las Falkland Islands, denominación británica del archipiélago. El Gobierno británico recuerda el referéndum de 2013, en el que el 99,8 % de los participantes votó a favor de conservar el estatus de territorio británico de ultramar, y afirma que sus fuerzas desplegadas allí tienen carácter defensivo.

La nueva infraestructura de Ushuaia no altera por sí sola ese equilibrio. Sí puede aumentar la capacidad logística y naval argentina en el Atlántico Sur, reforzar la vigilancia marítima y facilitar despliegues hacia la Antártida. Y aporta algo menos tangible: presencia. En geopolítica, ocupar físicamente un espacio con puertos, barcos, comunicaciones y personal suele pesar más que cubrirlo de discursos.

Ushuaia vuelve a mirar hacia el Atlántico Sur

La fecha del 2 de enero de 2027 convierte finalmente una promesa repetida durante años en un calendario comprobable. Hasta entonces deberán cerrarse las licitaciones y traducirse las partidas presupuestarias en contratos, maquinaria y obras. Ahí empieza la parte menos épica y más decisiva.

Argentina pretende que la Base Naval Integrada de Ushuaia sea un nodo desde el que sostener operaciones navales, mejorar su logística antártica y reforzar su presencia en un Atlántico Sur donde conviven soberanía, rutas marítimas, recursos naturales y una disputa con Reino Unido que lleva casi dos siglos abierta.

Las Malvinas explican buena parte del impulso político actual, pero la base mira bastante más lejos. Hacia el mar, hacia la Antártida y hacia una región donde las distancias son enormes y las infraestructuras escasas. En ese paisaje frío, ventoso y remoto, Buenos Aires ha decidido volver a colocar una ficha estratégica que llevaba demasiado tiempo inmóvil.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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