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¿Cómo fue la boda de Ximo Puig y Gabriela Bravo en Oliva junto al mar?

Ximo Puig y Gabriela Bravo celebran su boda civil en Oliva, junto al Mediterráneo, con familiares, amigos y conocidos rostros de la política.

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Ximo Puig y Gabriela Bravo

Montaje con fotos de Coalició Compromís / Wikimedia Commons — Ximo Puig, CC BY 2.0 — y Generalitat Valenciana / Wikimedia Commons — Gabriela Bravo, CC BY-SA 4.0. Imágenes combinadas y adaptadas.

Resumen

  • Ximo Puig y Gabriela Bravo se casan en Oliva tras más de ocho años juntos
  • La ceremonia civil reúne a más de cien familiares, amigos y conocidos
  • Arcadi España y Adolfo Utor figuran entre los invitados al enlace

Ximo Puig y Gabriela Bravo se han casado este sábado 12 de septiembre en Oliva, después de más de ocho años de relación. El expresidente de la Generalitat Valenciana y la fiscal y exconsellera de Justicia eligieron una ceremonia civil junto al Mediterráneo, con más de un centenar de invitados y una puesta en escena bastante alejada, al menos en las formas, de un gran acontecimiento político.

La boda reunió a familiares, amigos y antiguos compañeros del Gobierno valenciano y del PSOE. Entre los asistentes estuvieron el actual ministro de Hacienda, Arcadi España, y el presidente de Baleària, Adolfo Utor, dos nombres especialmente reconocibles dentro de la política y la empresa valencianas.

No hubo, por tanto, macroceremonia institucional ni desfile interminable de cargos. Pero hablar de una boda completamente ajena a la política sería forzar bastante la fotografía: Puig presidió la Generalitat durante ocho años y Bravo formó parte de sus gobiernos. Cuando media agenda de contactos procede de despachos, parlamentos y administraciones, separar vida privada y vida pública exige una cirugía que ni siquiera los mejores notarios practican.

Una boda civil frente al Mediterráneo

El enlace se celebró en un restaurante situado en primera línea de mar en Oliva, localidad de la comarca valenciana de la Safor. La pareja había preparado una celebración relativamente contenida, civil y familiar, aunque finalmente congregó a más de cien personas. La fecha estaba fijada desde hacía meses: 12 de septiembre, con el litoral valenciano como paisaje de fondo.

El encargado de formalizar el matrimonio fue el notario César Belda. Los novios optaron por unos votos sencillos y cedieron buena parte del protagonismo de la ceremonia a sus familias. Puig tiene dos hijos de su anterior matrimonio y Bravo, tres; los cinco participaron en los discursos, junto con quienes habían sido responsables de Comunicación de ambos durante su etapa en el Gobierno valenciano.

Había un detalle previo que ya anticipaba el tono elegido. La invitación había sido diseñada por la artista valenciana Carmen Calvo, con una composición blanca y azul titulada Resplandores, inspirada visualmente en el mar y en el trencadís valenciano. Una tarjeta más próxima a una pieza artística que al clásico cartón solemne de boda institucional.

Poesía en las mesas y Ricard Camarena en la cocina

La gastronomía quedó en manos de Ricard Camarena, uno de los cocineros valencianos con mayor reconocimiento, que estuvo presente en la celebración. Tampoco las mesas llevaron una numeración convencional: fueron bautizadas con nombres de poetas como Federico García Lorca, Miguel Hernández y Francisco Brines.

La literatura no se quedó en la decoración. Al terminar la ceremonia, Gabriela Bravo dedicó a Puig un poema de Francisco Brines, el poeta de Oliva que recibió el Premio Cervantes en 2020. Mar, poesía valenciana, familia y gastronomía: la boda tuvo más Mediterráneo que protocolo, pese al currículum político acumulado entre los invitados.

Quiénes asistieron a la boda de Ximo Puig y Gabriela Bravo

La representación socialista fue seleccionada entre personas cercanas al expresidente valenciano. Uno de los invitados de mayor rango institucional fue Arcadi España, actual ministro de Hacienda y antiguo conseller en los gobiernos de Puig. También acudió Antonio Camacho, abogado y exministro del Interior durante la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero.

Entre los asistentes figuraron igualmente Lydia del Canto, secretaria de Estado de Comunicación; Joan Calabuig, comisionado del Gobierno para el Corredor Mediterráneo; Toni Gaspar, expresidente de la Diputación de Valencia; el diputado Vicent Sarrià; el abogado y antiguo portavoz socialista en Les Corts Manolo Mata; el exalcalde de Gandia José Manuel Orengo; Miguel Soler, exsecretario autonómico de Educación, y el exdirector general Toni Such.

El mundo empresarial estuvo representado, entre otros, por Adolfo Utor, presidente de Baleària. La compañía tiene precisamente en la cercana Dénia uno de sus principales centros de actividad, de modo que su presencia encajaba también en esa geografía política, económica y personal que rodea desde hace años al antiguo jefe del Consell.

No fue una boda del PSOE disfrazada de enlace privado, pero tampoco una reunión de desconocidos elegidos al azar. La lista dibujaba algo más sencillo: el círculo personal construido por Puig y Bravo durante décadas de vida profesional, inevitablemente poblado por fiscales, políticos, empresarios y antiguos altos cargos.

De compañeros en el Consell a marido y mujer

La historia de Ximo Puig y Gabriela Bravo está estrechamente vinculada a los años del Govern del Botànic. Puig llegó a la Presidencia de la Generalitat en 2015 y ese mismo año incorporó a Bravo a su Ejecutivo como consellera de Justicia. Ella procedía de la carrera fiscal y había sido vocal y portavoz del Consejo General del Poder Judicial.

Su relación sentimental comenzó durante aquella primera legislatura y se hizo pública en 2018, después de que ambos fueran fotografiados durante una escapada al País Vasco. Desde entonces mantuvieron una relación conocida, aunque generalmente discreta y sin convertir su vida privada en una prolongación de la comunicación institucional.

La boda llega, por tanto, bastante después de aquel primer foco mediático. Han pasado ocho años desde que la relación trascendió públicamente y más de una década desde que comenzaron a compartir responsabilidades dentro del mismo Ejecutivo autonómico. Las elecciones, las crisis de gobierno y los cambios de despacho hicieron el resto. La relación permaneció.

Dos carreras públicas que continuaron por caminos diferentes

Ximo Puig dejó la Presidencia de la Generalitat tras las elecciones autonómicas de 2023. Desde febrero de 2024 ejerce como embajador delegado permanente de España ante la OCDE en París, una etapa internacional que llegó después de sus años al frente del Gobierno valenciano.

Gabriela Bravo, por su parte, abandonó Les Corts y regresó a su carrera profesional. Su reingreso al servicio activo en la Fiscalía Provincial de Valencia tuvo efectos desde el 22 de enero de 2025. Atrás quedaban sus años como consellera de Justicia, Interior y Administración Pública y su etapa parlamentaria.

Así, el matrimonio une a dos personas que compartieron durante años primera línea institucional pero que llegan al enlace desde posiciones bastante distintas: él representa a España ante un organismo internacional en París; ella ha regresado a la Fiscalía. La política sigue formando parte de sus biografías, aunque ya no compartan mesa del Consell.

Oliva, lejos del Palau pero no de la historia política valenciana

La elección de Oliva permitía rebajar el volumen institucional de una boda que, por los nombres de sus protagonistas, difícilmente podía pasar inadvertida. Frente al mar, sin salones oficiales y con los hijos tomando la palabra, Puig y Bravo han preferido subrayar la dimensión personal de una relación nacida precisamente donde casi todo era público: el Gobierno valenciano.

Queda una imagen curiosa. Durante años firmaron decretos, acudieron juntos a reuniones y comparecieron ante cámaras desde dos responsabilidades distintas del mismo Ejecutivo. Este sábado firmaron otra cosa. Ximo Puig y Gabriela Bravo ya son marido y mujer, en una ceremonia civil celebrada en Oliva donde hubo ministros, antiguos compañeros, empresarios, poesía y cocina valenciana, pero donde el centro —por una vez— no era un Consejo de Gobierno.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.