Historia
San José de Calasanz: ¿quién fue y por qué fundó las Escuelas Pías?
San José de Calasanz marca el 25 de agosto: su vida, las Escuelas Pías y el legado educativo que abrió la enseñanza a los niños sin recursos.

El 25 de agosto el santoral católico recuerda a San José de Calasanz, sacerdote y pedagogo español que dedicó buena parte de su vida a una idea que, a finales del siglo XVI, tenía bastante de desafío al orden establecido: que los niños pobres también debían tener acceso a una educación estable, gratuita y de calidad. Fundador de las Escuelas Pías y de la orden de los escolapios, murió precisamente un 25 de agosto, en Roma, en 1648.
Su nombre comparte fecha en el calendario litúrgico con otros santos, entre ellos San Luis IX de Francia, pero Calasanz conserva una vinculación especialmente reconocible con la enseñanza. No es casualidad. Su obra convirtió la educación de los niños sin recursos en el centro de una institución religiosa que sobrevivió al propio fundador y terminó extendiéndose fuera de Italia.
Quienes consulten qué santo se celebra el 25 de agosto encontrarán, por tanto, una fecha con varias conmemoraciones. La de Calasanz tiene un matiz singular: detrás del santo hay también una figura histórica estrechamente ligada al nacimiento de la escuela popular europea.
Por qué San José de Calasanz se celebra el 25 de agosto
La explicación de la fecha es sencilla. José de Calasanz murió en Roma el 25 de agosto de 1648, después de una vida marcada por el sacerdocio, la enseñanza y las dificultades que acompañaron al crecimiento de las Escuelas Pías. La Iglesia católica fijó su memoria litúrgica en ese día y, para la familia escolapia, la celebración posee una importancia especialmente señalada.
Conviene hacer una pequeña precisión, porque el santoral suele provocar estas confusiones domésticas que sobreviven incluso a los calendarios digitales. La festividad de San José de Calasanz no es la celebración de San José, esposo de la Virgen María, cuya solemnidad se sitúa el 19 de marzo. Son figuras distintas y con tradiciones diferentes.
El 25 de agosto remite al sacerdote aragonés que llevó su proyecto educativo a Roma. Ahí está el verdadero núcleo de su historia.
Quién fue José de Calasanz antes de convertirse en santo
José de Calasanz nació en Peralta de la Sal, en la actual provincia de Huesca, en 1557. Sacerdote, pedagogo y teólogo, acabaría convirtiéndose en una de las figuras españolas más relevantes de la historia de la educación popular cristiana.
Estudió Teología y Derecho y fue ordenado sacerdote en 1583. Durante sus primeros años desempeñó responsabilidades eclesiásticas en España, pero su biografía dio un giro cuando viajó a Roma en 1592. La ciudad era entonces uno de los grandes centros políticos, religiosos y culturales de Europa, aunque bastaba alejarse un poco de los palacios para encontrar otra realidad bastante menos decorativa.
Calasanz entró en contacto con niños pobres que crecían prácticamente fuera de cualquier sistema educativo. La enseñanza seguía siendo, para amplias capas de la población, un privilegio más que un servicio accesible. Él terminó convencido de que aquella distancia entre los hijos de las familias acomodadas y los menores abandonados no podía resolverse únicamente con limosnas ocasionales. La educación debía ser permanente. Ahí cambió todo.
La escuela gratuita que nació en el Trastévere
En torno a 1597, Calasanz comenzó a trabajar en una pequeña escuela vinculada a la parroquia de Santa Dorotea, en el barrio romano del Trastévere. Allí se sitúa el origen de una experiencia considerada pionera dentro de la enseñanza popular gratuita en Europa, especialmente por su orientación hacia los jóvenes con escasos recursos.
La idea puede parecer evidente desde el siglo XXI. En aquel momento no lo era en absoluto. Enseñar de manera sistemática a niños pobres significaba introducirlos en un espacio —el conocimiento— que la estructura social reservaba con demasiada facilidad a quienes podían pagarlo. Leer, escribir, contar, adquirir una formación religiosa y aprender un oficio intelectual dejaban de ser adornos de clase para convertirse en herramientas de autonomía.
“Piedad y Letras”, una fórmula con bastante más fondo del que parece
El modelo educativo de Calasanz quedó asociado al lema “Piedad y Letras”, una unión entre formación religiosa y aprendizaje intelectual. No concebía la escuela únicamente como catequesis ni tampoco como una simple academia donde memorizar contenidos. Buscaba una educación integral, adaptada al alumno y especialmente orientada hacia quienes tenían menos oportunidades.
Había pragmatismo detrás del ideal. Una escuela que acogiera a niños pobres debía enseñar conocimientos capaces de modificar realmente su futuro. El proyecto calasancio fue creciendo y llegó a atender a un número considerable de alumnos en Roma. La enseñanza gratuita dejó de ser una experiencia casi artesanal para adquirir estructura.
Y cuando una iniciativa educativa empieza a alterar la frontera entre quienes saben y quienes no, aparecen resistencias. Vieja costumbre europea.
Cómo nacieron las Escuelas Pías y los escolapios
El crecimiento de las escuelas exigía algo más sólido que la voluntad de un grupo de sacerdotes. En 1617 fue constituida la Congregación Paulina de los Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías. Poco después, bajo el pontificado de Gregorio XV, la institución adquirió la condición de orden religiosa, origen de los actuales escolapios.
La educación quedó incorporada de manera extraordinariamente explícita a su identidad religiosa. Los escolapios añadieron a los votos tradicionales un cuarto voto dedicado a la educación de niños y jóvenes, con especial atención a los más pobres.
La expansión, sin embargo, no fue tranquila. Calasanz sufrió conflictos internos, acusaciones y una grave crisis institucional. Su obra llegó a quedar reducida jurídicamente y el sacerdote murió sin contemplar plenamente rehabilitada la orden que había fundado. Poco edificante para una biografía de estampita, bastante más interesante para entender a la persona real.
Las Escuelas Pías consiguieron sobrevivir. Décadas después recuperaron su estructura y continuaron extendiéndose por Europa y, posteriormente, por otros continentes.
De sacerdote aragonés a patrono de las escuelas populares
La Iglesia canonizó a José de Calasanz en 1767, durante el pontificado de Clemente XIII. Mucho más tarde, en 1948, Pío XII lo proclamó patrono universal de las escuelas populares cristianas, reconociendo oficialmente una dimensión de su legado que llevaba siglos siendo visible.
Su importancia histórica, de hecho, desborda la devoción religiosa. Calasanz pertenece a esa larga historia europea en la que la educación fue pasando, muy lentamente y con no pocas resistencias, de privilegio social a aspiración universal.
No inventó por sí solo la enseñanza para los pobres ni puede comprimirse la evolución de la escuela moderna en una única biografía. Sería convertir la historia en publicidad. Sí fue, en cambio, uno de los grandes pioneros de la escolarización popular gratuita, y construyó una organización específicamente dedicada a sostenerla.
Esa diferencia importa.
El 25 de agosto recuerda algo más que un nombre del santoral
San José de Calasanz permanece ligado al 25 de agosto porque ese fue el día de su muerte, pero su presencia en el santoral ha sobrevivido por una obra mucho más tangible que una fecha. Escuelas, educadores y alumnos siguen llevando cuatro siglos después el nombre y la tradición de las Escuelas Pías.
Su biografía deja una imagen bastante concreta: la de un sacerdote del siglo XVI que llegó a Roma buscando un camino eclesiástico y terminó encontrándolo entre niños que no podían pagar una escuela. En una sociedad acostumbrada a que la cuna decidiera demasiadas cosas, defendió que aprender no debía depender únicamente del dinero familiar.
Por eso el santoral del 25 de agosto no recuerda solo al fundador de una orden religiosa. Recuerda también una de esas ideas que parecen obvias cuando finalmente triunfan: abrir una puerta de escuela y dejar entrar a quien, hasta entonces, solía quedarse fuera.

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