Ocio
¿Por qué Ana Peleteiro cuestiona que la RFEF pague congelar óvulos?
La RFEF prepara un plan para costear la congelación de óvulos de sus futbolistas, mientras Ana Peleteiro alerta de la presión sobre la maternidad

Foto: filip bossuyt (Flickr) — CC BY 2.0 — vía Wikimedia Commons.
Resumen
- La RFEF ultima un plan para financiar la congelación de óvulos
- Ana Peleteiro teme que retrasar la maternidad se convierta en presión
- El debate enfrenta libertad reproductiva y protección laboral real
La Real Federación Española de Fútbol ultima un acuerdo para financiar la congelación de óvulos de futbolistas de la selección española que quieran preservar su fertilidad y retrasar la maternidad. La iniciativa nació de una inquietud trasladada por las propias internacionales y ha encontrado una defensora destacada en Alexia Putellas. Pero también una objeción de peso: Ana Peleteiro considera que la medida puede terminar adaptando el cuerpo de las deportistas al calendario profesional, cuando debería ocurrir precisamente al revés.
Esa es la sustancia de la polémica. Peleteiro no cuestiona la vitrificación de óvulos ni el derecho de una mujer a utilizarla. Discute que una institución deportiva presente la preservación de la fertilidad como respuesta principal al conflicto entre maternidad y alta competición. Su argumento es bastante más incómodo: ofrecer la posibilidad de aplazar un embarazo sirve de poco si ser madre durante la carrera profesional continúa teniendo un coste deportivo, laboral o económico.
A 6 de septiembre de 2026 conviene añadir una precisión que se ha perdido entre titulares rápidos: la RFEF todavía no ha publicado las condiciones definitivas del programa. Su presentación está prevista para la segunda mitad de septiembre y el anuncio oficial se espera para el día 21. Hasta entonces quedan por aclarar cuestiones importantes, desde qué futbolistas podrán beneficiarse hasta los gastos cubiertos, el tiempo de conservación de los ovocitos y las condiciones aplicables cuando una jugadora abandone la selección o se retire.
Qué propone realmente la RFEF a las futbolistas
La iniciativa pretende resolver una paradoja bastante terrenal. Los mejores años de una futbolista profesional suelen coincidir con una etapa especialmente relevante de su vida reproductiva. Mundial, Eurocopa, Champions, Liga, concentraciones, lesiones, rehabilitación, pretemporada… El calendario de la élite no pregunta demasiado por los planes familiares. Tiene otras prioridades, como suele ocurrir con los calendarios.
La RFEF prepara por ello un acuerdo con una clínica especializada mediante el cual asumiría el tratamiento de preservación de ovocitos para las internacionales que voluntariamente quieran utilizarlo. La propuesta llegó después de conversaciones mantenidas por las capitanas con la Federación.
Alexia Putellas lo ha defendido como un avance importante para las jugadoras, al considerar que durante años las futbolistas han puesto su cuerpo al servicio de una carrera deportiva extraordinariamente corta mientras avanzaba, sin pausa posible, su reloj reproductivo. Desde esta perspectiva, pagar la vitrificación no obliga a retrasar la maternidad: simplemente añade una posibilidad que antes dependía del bolsillo de cada deportista.
Y ese matiz importa. Una futbolista puede querer tener hijos durante su carrera, después de retirarse o no tenerlos nunca. La autonomía reproductiva también consiste en que ninguna de esas decisiones necesite el visto bueno de un seleccionador, de un club o de una tertulia dominical.
La objeción de Ana Peleteiro va más allá de congelar óvulos
Peleteiro coloca el foco en otro lugar. Para la atleta gallega, el problema aparece cuando una institución de la que depende parte de la carrera profesional de una deportista empieza a financiar precisamente la opción que permite posponer el embarazo.
Su temor es que una alternativa voluntaria pueda transformarse, poco a poco y sin necesidad de órdenes escritas, en una expectativa profesional. Nadie tendría que decir expresamente a una futbolista que congele sus óvulos. Bastaría con que, ante un embarazo, flotara por el vestuario aquella incómoda insinuación: había otra posibilidad.
La atleta sostiene por eso que la conciliación debería medirse también mediante otros parámetros: estabilidad contractual durante el embarazo, reincorporación deportiva real, recuperación posparto sin prisas competitivas y facilidades para cuidar a los hijos. No cambiar el reloj biológico para que encaje en el fútbol, sino cambiar el fútbol para que una maternidad pueda caber dentro de él.
La diferencia parece pequeña sobre el papel, pero no lo es. Una empresa puede ofrecer a una empleada una herramienta que amplíe sus opciones personales y, al mismo tiempo, mantener una cultura laboral que haga especialmente costosa una de esas opciones. Libertad formal y libertad efectiva no siempre son gemelas.
Congelar óvulos ayuda, pero no garantiza una maternidad futura
También existe una cuestión médica que el ruido político puede ocultar. Congelar óvulos no equivale a guardar un embarazo para más adelante. La vitrificación permite preservar ovocitos obtenidos a una determinada edad, pero no asegura que posteriormente sobrevivan todos a la descongelación, sean fecundados, produzcan embriones viables, implanten correctamente y terminen en un nacimiento.
El proceso requiere estimulación ovárica controlada mediante medicación hormonal, seguimiento médico y extracción de los ovocitos para su posterior criopreservación. La edad en el momento de congelarlos y el número de ovocitos obtenidos son dos de los factores que más influyen en las probabilidades posteriores de éxito. Las sociedades científicas recomiendan informar de manera individualizada y evitar que la vitrificación se perciba como una especie de seguro reproductivo.
Ese detalle vuelve especialmente pertinente el debate suscitado por Peleteiro. Preservar fertilidad amplía posibilidades; no detiene el envejecimiento reproductivo ni garantiza un hijo. Presentarlo de otro modo sería cambiar medicina por marketing, un deporte en el que casi siempre gana el marketing.
En una deportista de élite también entra en juego el rendimiento
Para una futbolista profesional hay, además, variables poco habituales fuera del deporte de competición. La estimulación hormonal y la extracción deben encajarse entre partidos, entrenamientos, viajes y recuperación. También necesitan coordinación médica con la normativa antidopaje cuando se emplean sustancias sujetas a control o es necesaria una autorización terapéutica.
La literatura específica sobre estos tratamientos en deportistas de élite sigue siendo limitada. Se conoce mucho más sobre reproducción asistida en la población general que sobre el efecto temporal de determinadas pautas hormonales en mujeres sometidas simultáneamente a cargas físicas extremas. Precisamente por eso la decisión debería ser clínica e individual, no una receta deportiva administrada en serie.
Las futbolistas ya tienen derechos de maternidad
Hay otro detalle relevante que matiza la controversia: el fútbol femenino español no parte jurídicamente de cero. El II Convenio Colectivo de Primera División femenina introdujo medidas específicas sobre embarazo, maternidad y conciliación y prevé su prórroga o ultraactividad en los términos pactados mientras no sea sustituido.
Entre esas protecciones figura el derecho de una futbolista que quede embarazada durante la última temporada de contrato a optar por una renovación de un año en las mismas condiciones. También se contemplan salas de lactancia, servicios de guardería durante entrenamientos y partidos hasta que el hijo tenga al menos tres años, asistencia especializada durante embarazo y posparto y recursos destinados a facilitar la reincorporación deportiva.
La normativa internacional también ha avanzado. Las reglas de la FIFA contemplan protecciones frente a la rescisión contractual motivada por embarazo o maternidad y reconocen derechos relativos al entrenamiento, la salud durante el embarazo y la reincorporación. La propia RFEF incorporó a su normativa deportiva obligaciones destinadas a garantizar apoyo sanitario durante el embarazo y posparto y facilitar la vuelta a la competición.
Así que el dilema no puede reducirse a una fotografía en blanco y negro: congelar óvulos frente a proteger a las madres. Parte de esas garantías ya existe. La discusión razonable es si funcionan suficientemente bien en la práctica, hasta dónde deben ampliarse y si financiar la preservación de la fertilidad complementa esos derechos o termina convirtiéndose en el camino más cómodo para las instituciones.
Putellas y Peleteiro representan dos ideas compatibles
La reacción de Alexia Putellas ayuda a evitar una lectura demasiado sencilla de la polémica. La iniciativa no apareció en un despacho poblado por señores preguntándose qué hacer con la maternidad de las futbolistas. Fueron jugadoras de la selección quienes trasladaron a la Federación su preocupación por el choque entre fertilidad y carrera profesional.
Putellas entiende la financiación como una herramienta de libertad. Peleteiro teme que esa herramienta altere las condiciones en las que después se ejerce esa libertad. Las dos posiciones pueden coexistir sin convertir el asunto en el habitual combate de etiquetas.
También otras futbolistas han defendido públicamente la iniciativa. Patri Gavira, capitana del Costa Adeje Tenerife, ha celebrado que las jugadoras tengan acceso a esta posibilidad y ha pedido que iniciativas semejantes puedan extenderse a los clubes, aunque también ha subrayado la necesidad de respaldar a quienes decidan ser madres durante su etapa profesional.
Ahí aparece probablemente el terreno más sólido. Congelar óvulos puede ser una opción útil sin convertirse en la política de maternidad del fútbol femenino. Una cosa es conservar ovocitos; otra, conservar una carrera después de un embarazo. El progreso real se medirá por ambas.
El problema empieza cuando una opción deja de sentirse como opción
La discusión abierta por la RFEF tiene interés precisamente porque rebasa el césped. Empresas tecnológicas y grandes corporaciones han financiado durante años la congelación de óvulos de sus trabajadoras, siempre bajo una palabra impecable: elección. El debate aparece un centímetro más abajo, donde viven las condiciones materiales de esa elección.
Que una futbolista pueda vitrificar sus ovocitos sin pagarlos de su bolsillo amplía objetivamente sus posibilidades reproductivas. Sería absurdo negar esa ventaja. Pero el valor de la medida dependerá de la letra pequeña que publique la RFEF: confidencialidad médica, voluntariedad real, información independiente, ausencia de consecuencias deportivas para quien la rechace y compatibilidad con unas políticas sólidas de maternidad y conciliación.
Ese será el examen importante cuando el programa se haga oficial. No determinar si congelar óvulos es feminista o machista mediante una votación exprés en las redes, sino comprobar quién decide, con qué información y en qué condiciones, y qué ocurre con la futbolista que decide exactamente lo contrario.
Porque una selección puede pagar una vitrificación. Lo difícil —y bastante más revelador— es conseguir que ser madre en mitad de una carrera deportiva no parezca una lesión de larga duración.

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