Naturaleza
¿Por qué sigue temblando Granada? Ocho nuevos seísmos este domingo
Granada encadena nuevos terremotos de baja magnitud mientras continúa la serie sísmica iniciada en agosto, con miles de movimientos registrados.

Resumen
- Granada registra al menos ocho seísmos de baja magnitud este domingo
- La serie iniciada en agosto supera ampliamente el millar de terremotos
- Los expertos vigilan varias fallas activas, sin señales de un gran seísmo
Granada ha vuelto a amanecer con el suelo en movimiento. Al menos ocho terremotos de baja magnitud se han registrado durante la madrugada y las primeras horas de este domingo 6 de septiembre en distintos puntos del área metropolitana. El más relevante ha tenido su epicentro al suroeste de Armilla: magnitud 1,9, apenas dos kilómetros de profundidad y una intensidad máxima III, suficiente para que algunos vecinos hayan vuelto a notar ese golpe breve, seco, que desde mediados de agosto se ha convertido en una compañía demasiado habitual.
No se han comunicado nuevos daños por estos movimientos y casi todos han sido microsismos inferiores a magnitud 1, normalmente imperceptibles sin instrumental. Pero el dato importante no está en cada pequeño temblor aislado, sino en el conjunto: la serie sísmica de Granada continúa activa tres semanas después de comenzar y sigue sumando terremotos sobre un territorio que ya había soportado dos fuertes sacudidas de magnitud 4,8. El último balance detallado contabilizaba 1.430 eventos hasta el 31 de agosto, 122 de ellos sentidos por la población. Desde entonces, el contador ha seguido creciendo.
Granada sigue registrando terremotos casi a diario
La madrugada de este domingo dibuja bien cómo se está comportando la serie. Se han localizado movimientos en Armilla, Vegas del Genil, Huétor Vega, Cájar, Ogíjares, Churriana de la Vega y Pulianas, además de otros pequeños eventos en el entorno inmediato de Granada capital. La mayoría tienen magnitudes diminutas: 0,4, 0,5, 0,6, 0,7… cifras que sobre el papel parecen poco más que ruido.
El de Armilla de las 8:02 horas ha sido distinto porque, pese a quedarse en 1,9, ocurrió a solo dos kilómetros de profundidad. Y ahí entra una cuestión que a menudo desconcierta: un terremoto pequeño y superficial puede sentirse con bastante claridad cerca del epicentro, mientras otro algo mayor pero profundo puede pasar mucho más desapercibido. Magnitud e intensidad no son lo mismo; una mide el tamaño físico del terremoto y la otra, sus efectos en un lugar determinado.
La jornada del viernes ya había dejado más de una treintena de movimientos, cinco de ellos percibidos por vecinos y con un seísmo de magnitud 2,2 como el más intenso. El miércoles anterior habían sido cinco los sentidos en pocas horas, incluido uno de magnitud 2,3 en La Zubia. No estamos, pues, ante una sacudida suelta. Estamos ante una secuencia persistente.
Dos terremotos de 4,8 cambiaron el escenario en agosto
La actual actividad comenzó a mediados de agosto en el entorno de Alhendín, Gójar y La Zubia, entre unos dos y 12 kilómetros al sur de Granada capital. Los terremotos principales fueron dos movimientos de magnitud momento 4,8, registrados el 14 y el 18 de agosto en tiempo UTC, ambos muy superficiales y ampliamente sentidos.
Después del segundo llegaron réplicas importantes: magnitudes 3,9, 4,2 y 4,0 en apenas unas horas. El episodio dejó entonces de parecer uno de esos enjambres que únicamente interesan a los sismógrafos. Entró en edificios, colegios, comercios y conversaciones. El suelo tenía una voz; más bien un carraspeo, pero uno que se oía.
Hasta el 31 de agosto se habían identificado 12 terremotos de magnitud igual o superior a 3 dentro de la serie, mientras que la inmensa mayoría de los 1.430 eventos registrados permanecía por debajo de magnitud 2. Los dos terremotos de 4,8 alcanzaron intensidades máximas V-VI en la escala macrosísmica europea, con daños principalmente no estructurales y caída de objetos en la zona epicentral.
La factura, sin embargo, ha sido muy terrenal. El Consorcio de Compensación de Seguros había recibido ya 41.228 solicitudes de indemnización por más de 105 millones de euros en una primera estimación, con la mayor parte de los expedientes relacionados con viviendas y comunidades de propietarios. Granada capital, Armilla, Ogíjares, Churriana de la Vega, Las Gabias y Alhendín concentran buena parte de los daños declarados.
Por qué tiembla tanto Granada
Granada no se ha vuelto sísmica de repente. Lo era mucho antes de que existieran teléfonos capaces de avisarnos segundos después de cada movimiento. La cuenca de Granada forma parte de las Béticas, una de las zonas con mayor actividad y peligrosidad sísmica de la Península Ibérica.
La explicación geológica nace del lento encuentro entre las placas africana y euroasiática. Ese enorme empuje, que avanza a una velocidad insignificante para una vida humana pero decisiva a escala geológica, deforma el sur de la Península y el mar de Alborán. En la cuenca granadina esa deformación se acomoda mediante distintos sistemas de fallas activas, muchas de tipo normal.
La serie actual se sitúa entre estructuras como las fallas de Dílar y Granada, al este y al sur, y las de Santa Fe y Belicena-Alhendín hacia el oeste. En torno a la zona epicentral existen fallas conocidas de aproximadamente ocho a 17 kilómetros de longitud. No es una grieta gigantesca abriéndose bajo la ciudad, pese a la imagen cinematográfica que suele despertar la palabra «falla». Son fracturas de la corteza que acumulan y liberan esfuerzos.
Muchos terremotos pequeños no anuncian necesariamente uno grande
Esta es la cuestión que más inquieta después de semanas de temblores. Y aquí conviene quitarle dramatismo al titular fácil: no existe una técnica capaz de predecir cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá el próximo terremoto.
Que se produzcan muchos movimientos pequeños puede representar liberación de energía y formar parte de la evolución normal de una serie, pero tampoco permite concluir que un terremoto mayor sea imposible. Los científicos estudian la distribución de los epicentros, las magnitudes, la energía liberada, la profundidad y la respuesta de las diferentes fallas. Lo que no tienen, por mucha tecnología que haya en la mesa, es una bola de cristal revestida de ecuaciones.
El episodio granadino, además, presenta una estructura compleja. Los mecanismos calculados para los principales terremotos son compatibles con varias fallas activas próximas entre sí. Esa interacción ayuda a entender por qué aparecen seísmos en diferentes puntos de la Vega y por qué la actividad puede prolongarse durante días o semanas.
Granada ya vivió algo parecido entre diciembre de 2020 y agosto de 2021. Entonces se contabilizaron más de 3.000 terremotos superficiales en el entorno de Santa Fe y Atarfe, seis de ellos con magnitudes entre 4 y 5 y un máximo de 4,5. La actividad acabó disminuyendo. Lo relevante es precisamente eso: disminuyó cuando la geología decidió hacerlo, no cuando lo marcó un calendario.
Las 200 fallas y el terremoto de magnitud 6
En los últimos días también ha llamado la atención la referencia a unas 200 fallas capaces de generar terremotos próximos a magnitud 6 en distintos puntos de la Península. El dato necesita contexto antes de convertir el mapa geológico en una profecía.
La base nacional de fallas cuaternarias recoge 201 estructuras catalogadas en Iberia. Son fallas con evidencias geológicas de actividad durante el Cuaternario, un periodo que comprende los últimos 2,6 millones de años. Algunas estructuras de la cuenca de Granada tienen estimaciones de magnitud máxima potencial en torno a 6,1 o 6,2. Eso describe su capacidad geológica a muy largo plazo; no significa que estén a punto de producir un terremoto de ese tamaño.
Un mapa de fallas no es una agenda de terremotos. Conviene repetirlo porque, cuando el suelo lleva semanas temblando, un número grande hace mucho ruido. El riesgo sísmico se calcula combinando la peligrosidad geológica con la exposición de población, edificios e infraestructuras. Posibilidad e inminencia son conceptos muy distintos.
Granada conoce terremotos mucho antes de este enjambre
La historia explica por qué la vigilancia es especialmente intensa. El terremoto de Arenas del Rey de 1884 alcanzó intensidades IX-X y figura entre los más destructivos ocurridos en España. Hay también constancia del terremoto de 1431 al sur de Granada, con intensidad VIII-IX, y de series históricas importantes en Pinos Puente, Santa Fe y Atarfe.
Más cerca de nuestro tiempo aparecen un terremoto de magnitud 5 en Armilla en 1955 y otro en Purchil en 1956. La sucesión de agosto de 2026 impresiona por su persistencia y por el número de movimientos, pero encaja en una región cuya corteza lleva siglos —milenios, mejor dicho— recordando de vez en cuando que está viva.
Más vigilancia mientras la ciudad recupera la normalidad
El terremoto de este domingo en Armilla no cambia por sí solo la evaluación de la serie. Es pequeño, no ha causado nuevos daños conocidos y forma parte de una actividad en la que predominan ampliamente los microsismos. Al mismo tiempo, sería un error interpretar esa baja magnitud como señal definitiva de que el episodio ha terminado.
La zona dispone de una red permanente de sensores y la monitorización se reforzó con estaciones sísmicas portátiles después de las primeras grandes sacudidas. Esa información permite localizar con mayor precisión los terremotos y reconstruir qué estructuras están interviniendo bajo la Vega de Granada.
Fuera de los laboratorios, la preocupación tiene otra textura. Son grietas en tabiques, revisiones de edificios, vecinos desalojados, expedientes de seguros y noches en las que cualquier portazo parece sospechoso. Ese desgaste también cuenta. El 112 andaluz había atendido más de 3.600 incidencias relacionadas con los terremotos y centenares de consultas vinculadas al impacto emocional de la sucesión de temblores.
Granada recupera el pulso mientras el subsuelo sigue activo
El dato más reciente es concreto: un terremoto de magnitud 1,9 sentido en Armilla y varios microsismos alrededor de Granada, sin nuevos daños conocidos. El dato de fondo pesa bastante más. La serie iniciada en agosto sigue viva después de superar holgadamente el millar de movimientos y de haber dejado dos terremotos principales de magnitud 4,8.
No existe en este momento una señal científica que permita anunciar el siguiente terremoto, ni grande ni pequeño. Sí existe una certeza menos espectacular y bastante más útil: Granada está asentada sobre una zona sísmicamente activa, los movimientos actuales están siendo medidos prácticamente latido a latido y la enorme mayoría son de baja magnitud.
La tierra sigue moviéndose. Poco, la mayoría de las veces; lo suficiente para que los instrumentos la escuchen y, de vez en cuando, también los vecinos. Esa es, por ahora, la noticia.












