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Ciencia

Las paredes de las cuevas de España guardan ADN humano de hace miles de años

De 120 muestras tomadas en 11 cuevas, solo cinco tenían ADN humano antiguo. Así se extrae genética de una pared de piedra.

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Resumen

  • Un equipo liderado desde Cáceres ha recuperado ADN humano antiguo directamente de las paredes de cuevas de España y Portugal, con más de 2.000 años de antigüedad.
  • De 120 muestras tomadas en 11 cuevas, solo cinco contenían ADN humano auténtico: en Escoural (Portugal) y en la cueva del Covarón (Asturias), incluso en paredes sin pinturas.
  • Tres perfiles genéticos eran femeninos y uno masculino: las paredes de las cuevas son «archivos biológicos» que pueden responder sin excavar ni tocar las pinturas.

Imagina que cada vez que apoyas la mano en una pared, dejas una huella invisible que dura miles de años. No es ciencia ficción: es literalmente lo que descubrieron los cazadores-recolectores del Paleolítico sin saberlo. Un equipo internacional coordinado desde Cáceres ha demostrado por primera vez que el ADN humano antiguo se conserva en las paredes de las cuevas, pintadas o no, y que se puede extraer sin desenterrar un solo hueso.

El estudio, publicado en la revista Nature Communications dentro del proyecto First Art, cambia una regla que la arqueología daba por fija: para saber quién habitó un lugar había que excavar. Ahora basta con pasar un hisopo por la roca.

La hipótesis del pigmento escupido

Todo empezó con una intuición muy concreta. Los artistas paleolíticos pintaban muchas de sus figuras soplando pigmento rojo sobre la pared, con la pintura mezclada con saliva y la mano apoyada contra la roca. Si esa saliva quedó atrapada en la superficie, razonaron los investigadores, parte de su ADN podría seguir ahí. El problema: el ADN se degrada con el tiempo, y «ahí» significaba decenas de miles de años.

Para comprobarlo, el equipo que dirige el arqueólogo Hipólito Collado —con el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, la Universidad de Extremadura y colaboradores de Portugal, Reino Unido, Alemania y China— se puso a tomar muestras entre 2022 y 2025. El punto de partida fue la cueva de Maltravieso, en Cáceres, hogar de algunas de las pinturas más antiguas de Europa y refugio de cazadores-recolectores desde hace cientos de miles de años.

Hasta ahora, la arqueogenética dependía de tres fuentes muy concretas: restos óseos y dientes, sedimentos del suelo de las cuevas y útiles fabricados con materiales orgánicos. Las tres tienen el mismo problema: no siempre están. Muchas cuevas con arte rupestre carecen por completo de restos humanos, y otras no pueden excavarse sin poner en riesgo pinturas que llevan ahí decenas de milenios. La pared, en cambio, siempre está. Y nadie la había mirado.

📌 Dato clave: se analizaron 24 paneles de arte rupestre en 11 cuevas de España y Portugal. Solo en una de ellas —la portuguesa cueva de Escoural— apareció ADN humano en una costra calcítica con pigmento, con una antigüedad mínima de 2.000 años.

Cómo se extrae ADN de una piedra sin romper nada

La parte más delicada del trabajo no fue encontrar el ADN, sino no destruir la cueva en el intento. Muchas de estas cavidades son Patrimonio de la Humanidad y no admiten excavaciones. La metodología se apoyó en técnicas mínimamente invasivas:

  1. 1Toma de muestras selectiva. Hisopos y micro-muestras sobre costras calcíticas y zonas de contacto probable: improntas de manos, paneles con pigmento rojo y paredes «en blanco» por donde se pasaba al caminar.
  2. 2Extracción en laboratorio limpio. Protocolos de ADN antiguo, los mismos que se usan con fósiles, para evitar cualquier contaminación moderna.
  3. 3Secuenciación de última generación. Lectura masiva de fragmentos genéticos minúsculos y degradados.
  4. 4Autenticación. Verificar que el ADN es antiguo de verdad (patrones de degradación característicos) y no de un excursionista del siglo XX. De las 120 muestras, solo cinco pasaron el filtro.

La sorpresa del Covarón: paredes sin pintura, paredes con historia

Si encontrar ADN en la pintura ya era un hito, lo que pasó en la cueva del Covarón (Asturias) rompió los esquemas del equipo: había rastros genéticos humanos en paredes completamente desnudas, sin ningún arte visible. También aparecieron en zonas sin pigmento de la propia Escoural.

La explicación es casi poética: nuestros antepasados usaban las cuevas como refugio, lugar de reunión o santuario. Al rozar la roca al caminar en la oscuridad, al apoyarse, al descansar contra ella, dejaban sudor, células de la piel, saliva. Un rastro invisible que la calcita de la cueva se encargó de sellar y conservar.

La antropóloga Alba Bossoms, coautora del estudio, lo explica así:

«Aunque no podemos vincular directamente los rastros de ADN humano antiguo que hemos hallado con la creación de arte rupestre, esta es la primera evidencia de la conservación de ADN humano en paredes de cuevas durante miles de años.»

Ellas también estaban allí

El análisis genético aportó un detalle que va más allá del método. De las muestras secuenciadas con éxito, tres correspondían a perfiles predominantemente femeninos y solo uno a un hombre. No se puede afirmar que ellas pintaran las figuras —el ADN puede ser de alguien que tocó la pared siglos después—, pero el dato refuerza una corriente arqueológica que lleva años desmontando el mito del «hombre cazador y artista» como único protagonista del arte paleolítico.

No es la primera pista en esa dirección. Estudios previos sobre las improntas de manos pintadas —uno de los motivos más repetidos del arte paleolítico peninsular— ya habían sugerido que un porcentaje notable correspondía a manos femeninas. Si las mujeres frecuentaban, tocaban y probablemente decoraban estos espacios, la imagen tradicional de la Prehistoria necesita una revisión seria. Las paredes de Escoural acaban de aportar el primer dato genético que apunta en ese sentido.

Para José Julio García Arranz, otro de los investigadores, la relevancia está en la fuente misma: «Hasta ahora la información genética sobre las poblaciones prehistóricas procedía principalmente de restos óseos, sedimentos arqueológicos o herramientas elaboradas con materiales orgánicos. La posibilidad de recuperar ADN directamente de las paredes permite incorporar una fuente de información completamente nueva».

Qué viene ahora: cada cueva, un archivo

Los propios autores son prudentes. El ADN de Escoural tiene una antigüedad mínima confirmada de 2.000 años, pero sospechan que podría remontarse a los cazadores-recolectores de hace más de 16.000 años, el pleno esplendor del arte rupestre. Y la tasa de éxito —cinco muestras válidas de 120— indica que la conservación es excepcional, no garantizada.

Aun así, el proyecto First Art ya ha ampliado el método a cuevas de Asturias, Cantabria (incluida Altamira) y Andalucía, y a yacimientos de Reino Unido, Croacia, Sudáfrica y Colombia. La idea es determinar el sexo biológico, el parentesco y la ascendencia de quienes frecuentaron esas cavidades sin alterar los depósitos arqueológicos ni poner en riesgo las pinturas.

Quedan retos técnicos de primer orden. El ADN se degrada, la contaminación moderna es una amenaza constante —un solo visitante sin mascarilla puede arruinar una muestra— y la tasa de éxito del cinco por ciento indica que las condiciones de conservación deben ser muy particulares: superficies calcificadas, temperatura estable, ausencia de agua circulante. Entender por qué el Covarón conserva ADN y otras cuevas no permitirá elegir mejor dónde buscar.

Collado lo resume con una frase que suena a manifiesto: «Si las paredes de las cuevas conservan información genética de quienes las ocuparon hace decenas de miles de años, cada una de estas cavidades puede convertirse en un archivo biológico excepcional». La próxima vez que visites una cueva prehistórica, mira las paredes con otros ojos. Ya no son solo el soporte de las pinturas: son la base de datos más antigua de la humanidad, y acabamos de aprender a leerla.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.