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Naturaleza

¿Por qué las orcas vuelven a preocupar a los clubes náuticos gallegos?

Las orcas ibéricas vuelven a preocupar en Galicia tras dañar varios veleros, alterar regatas y reabrir el debate sobre cómo evitar incidentes.

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orcas ponen en alerta a los clubes náuticos

Resumen

  • Las orcas han dañado varios veleros y alterado regatas en Galicia
  • Los clubes náuticos reclaman soluciones para reducir nuevas interacciones
  • Las autoridades aconsejan navegar hacia aguas menos profundas si aparecen

Las orcas ibéricas han vuelto a situar a la navegación deportiva en alerta, especialmente en Galicia, después de varios encuentros con veleros que han terminado con timones dañados, embarcaciones sin capacidad de maniobra y cambios en la organización de regatas. Los clubes náuticos reclaman medidas que permitan reducir el riesgo sin perjudicar a una población de cetáceos protegida y muy pequeña.

El problema no es nuevo, pero este verano ha recuperado intensidad en el norte de España. A finales de agosto, un grupo de orcas dañó el timón de un velero que se dirigía hacia Baiona después de participar en el Trofeo Ignacio Montenegro. Al día siguiente se produjo otra interacción en el norte de la ría de Vigo. No hubo heridos, pero el mensaje para armadores, tripulaciones y organizadores resulta bastante menos tranquilizador: un timón roto en alta mar puede convertir una escena espectacular en una emergencia seria.

Las orcas vuelven a aparecer frente a Galicia

La presencia de estos animales frente a las costas gallegas forma parte de su ciclo habitual. La población de orca ibérica se desplaza por el Atlántico siguiendo, entre otros factores, los movimientos del atún rojo, una de sus principales presas. Durante el invierno y la primavera suele concentrarse más al sur de la Península; conforme avanza el año, algunos grupos ascienden por Portugal hacia Galicia, el Cantábrico e incluso aguas francesas.

De ahí que el periodo comprendido entre julio y octubre sea especialmente delicado para determinados tramos de la costa gallega. En 2026 las autoridades españolas han elaborado incluso un mapa específico con las áreas de mayor riesgo basándose en los registros históricos de Salvamento Marítimo.

Los últimos episodios han ocurrido precisamente dentro de esa ventana estacional. El sábado 29 de agosto, el velero Seika, de unos 13 metros de eslora, sufrió daños en su timón tras encontrarse con varias orcas cuando regresaba después de la competición organizada por el Club Náutico San Vicente. Sus cinco tripulantes resultaron ilesos.

El domingo volvió a sonar el teléfono de emergencias marítimas. Otro velero, esta vez con dos personas a bordo, perdió parte de su capacidad de gobierno en la ría de Vigo. Salvamento Marítimo movilizó a la Salvamar Mirach y la embarcación pudo alcanzar Baiona escoltada.

No fue un episodio aislado. Apenas unas semanas antes, el 23 de julio, el velero Idem terminó hundiéndose cerca de Estaca de Bares después de sufrir una vía de agua tras una interacción con orcas. Sus dos ocupantes fueron rescatados sin lesiones. Aquella sucesión de incidentes condicionó también la Regata Rías Altas.

Las regatas empiezan a mirar también bajo el agua

Hasta hace relativamente poco, el parte meteorológico, el viento, la corriente y el estado de la mar concentraban buena parte de las preocupaciones antes de una regata. Ahora se añade una variable bastante más difícil de meter en una hoja de cálculo: conocer la posición de las orcas y prever hacia dónde pueden desplazarse.

En la Regata Rías Altas, la presencia de estos animales llevó a suspender la primera etapa entre A Coruña y Cariño después del hundimiento registrado cerca de Estaca de Bares. Los barcos buscaron puertos seguros y la competición tuvo que adaptarse. Una decisión poco vistosa para una regata, sí, pero bastante sensata cuando al otro lado de la ecuación hay cetáceos de varias toneladas y timones de fibra.

El Trofeo Ignacio Montenegro volvió a mostrar esa nueva realidad. Antes de la salida se informó a las tripulaciones de una interacción detectada a unas 20 millas, cerca de Cabo Silleiro, para que cada patrón valorase la situación. La prueba se desarrolló con normalidad. El problema llegó después, cuando una de las embarcaciones puso rumbo a Baiona.

El Trofeo Príncipe de Asturias, que se celebra en las Rías Baixas entre el 4 y el 6 de septiembre, tampoco permanece ajeno a la cuestión. El Monte Real Club de Yates de Baiona mantiene la vigilancia ante posibles avisos, aunque la competición discurre por una zona en la que no se habían registrado episodios similares y no se ha planteado su suspensión.

Los clubes reclaman una solución que todavía no existe

La inquietud del sector náutico parte de una realidad incómoda: todavía no existe un mecanismo capaz de impedir con garantías que una orca se acerque a un velero.

Alechu Retolaza, vicepresidente del Monte Real Club de Yates, recuerda que los clubes llevan años trasladando esta preocupación a las administraciones. Su propuesta pasa por estudiar sistemas disuasorios o inhibidores que permitan mantener a los animales alejados sin causarles daño.

Ese último matiz es decisivo. La orca ibérica está catalogada como especie vulnerable y las autoridades prohíben cualquier método que pueda herir, molestar gravemente o alterar deliberadamente a los cetáceos. El debate, por tanto, no consiste simplemente en encontrar algo que los espante. Tiene que funcionar y, a la vez, resultar compatible con su protección.

Por el momento, los hipotéticos inhibidores continúan siendo más una línea de investigación que una solución disponible para el navegante. No existe una especie de botón rojo que aleje a las orcas cuando aparecen junto al casco. La tecnología disuasoria, de momento, no ha llegado tan lejos.

El timón se ha convertido en el punto más vulnerable

Las interacciones registradas desde 2020 presentan una característica muy llamativa: las orcas muestran especial interés por los timones de los veleros. No suelen tratar la embarcación entera del mismo modo. El elemento móvil situado bajo la popa concentra buena parte de los contactos.

Eso explica por qué un encuentro que dura relativamente poco puede tener consecuencias importantes. El timón no es un adorno náutico. Cuando queda inutilizado, el barco pierde capacidad para mantener el rumbo y puede necesitar asistencia o remolque. Si se producen daños estructurales y entra agua, el problema escala rápidamente.

Los veleros aparecen con particular frecuencia entre las embarcaciones implicadas. Su diseño, su velocidad y, sobre todo, determinados tipos de timón pueden favorecer estas interacciones. Los modelos modernos con timón de pala ofrecen prestaciones excelentes para la navegación, aunque esa pieza expuesta también puede resultar vulnerable frente a la fuerza de un animal adulto.

El comportamiento ha generado incluso debates sobre futuros diseños, refuerzos y sistemas de protección. Hay embarcaciones con componentes más resistentes, pero trasladar esa solución a toda la flota deportiva no es tan sencillo como cambiar una bisagra.

No está demostrado que las orcas quieran atacar a las personas

Aquí conviene separar el miedo, comprensible, de lo que sostiene la evidencia científica. Los especialistas y las propias administraciones evitan describir estos episodios como ataques deliberados contra seres humanos. Hablan de interacciones con embarcaciones.

Desde que este comportamiento empezó a observarse de manera recurrente en 2020, los científicos han planteado varias explicaciones. Una de ellas relaciona los contactos con comportamientos de juego y socialización. Otra apunta al aprendizaje dentro del grupo y a movimientos vinculados con técnicas utilizadas durante la caza.

Bruno Díaz, director del Instituto para el Estudio de los Delfines Mulares, lleva años estudiando estos animales y ha observado directamente al grupo presente recientemente en Galicia. Los ejemplares son conocidos por los investigadores y regresan periódicamente a estas aguas.

El hecho de que no exista una intención agresiva contra las personas no convierte la situación en inocua. Una orca no necesita querer hundir un barco para romper un timón. La diferencia entre intención y consecuencia puede resultar muy interesante para un biólogo; para quien está a varias millas de tierra con el sistema de gobierno destrozado, la distinción se vuelve algo más filosófica.

Qué deben hacer los navegantes durante una interacción

Las recomendaciones oficiales han cambiado conforme se ha acumulado experiencia. En la actualidad se aconseja evitar, cuando sea posible, las zonas identificadas como de mayor riesgo y navegar relativamente cerca de la costa, siempre respetando los márgenes necesarios de seguridad.

Si las orcas comienzan a interactuar con la embarcación, la pauta oficial es no detener el barco y dirigirse hacia la costa o hacia aguas menos profundas. Las personas a bordo deben permanecer alejadas de las bandas para reducir el riesgo de caídas o golpes provocados por movimientos bruscos.

El episodio debe comunicarse cuanto antes a Salvamento Marítimo, normalmente mediante el canal 16 de VHF, indicando posición, características de la embarcación, daños y número aproximado de animales observados.

Las autoridades insisten asimismo en no arrojar objetos, utilizar armas o emplear dispositivos capaces de causar daño a los cetáceos. La seguridad de la tripulación es prioritaria, pero la solución no consiste en convertir un encuentro con fauna protegida en una batalla naval.

Galicia afronta todavía semanas de especial vigilancia

La temporada de mayor presencia de orcas en aguas gallegas todavía no ha terminado. Los movimientos del grupo dependen de numerosos factores, entre ellos la disponibilidad de alimento, de modo que es imposible establecer una fecha exacta en la que desaparecerá el riesgo.

Clubes, científicos, Salvamento Marítimo y administraciones trabajan con información cada vez más detallada sobre sus desplazamientos. Los avisos de presencia permiten modificar rutas y, llegado el caso, alterar una competición antes de exponer innecesariamente a las tripulaciones.

Eso explica que algunos expertos planteen incluso evitar determinadas regatas cuando exista una elevada probabilidad de presencia de orcas. No significa renunciar a navegar en Galicia ni cerrar el mar durante meses, sino asumir que las rutas deportivas atraviesan también el hábitat de animales salvajes.

Las interacciones de este verano han dejado timones destrozados, rescates y un velero hundido, además de pruebas deportivas condicionadas. No han dejado víctimas humanas. Mantener esa última estadística es, bastante más que cualquier discusión terminológica, lo verdaderamente importante.

Un mismo mar para navegantes y orcas

La discusión de fondo no enfrenta realmente a los clubes náuticos con las orcas. Enfrenta dos necesidades perfectamente compatibles sobre el papel y bastante más incómodas cuando coinciden a unas millas de la costa: navegar con seguridad y conservar una población amenazada.

La búsqueda de sistemas de detección, mejores mapas de riesgo, avisos rápidos y posibles dispositivos disuasorios no lesivos puede reducir los encuentros. La ciencia todavía necesita tiempo para comprender por qué algunos ejemplares mantienen este comportamiento y cómo se transmite dentro de los grupos.

Mientras tanto, las orcas seguirán recorriendo el Atlántico detrás del atún y los veleros continuarán cruzando las mismas aguas. El océano, por desgracia para nuestra costumbre de poner fronteras a todo, no incluye carriles separados para cada uno.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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