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Naturaleza

¿Por qué tiembla Agaete? Diez seísmos sacuden el norte de Gran Canaria

Diez seísmos sacuden Agaete en pocas horas, dos sentidos por vecinos. No hay daños y el IGN no detecta sismicidad volcánica en Gran Canaria.

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playa de agaete

Por Tolagorn - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Agaete registra diez terremotos en pocas horas, dos sentidos por vecinos
  • Las magnitudes oscilan entre 0,6 y 2,1 y no se han registrado daños
  • El IGN no detecta actualmente sismicidad volcánica en Gran Canaria

Agaete ha registrado diez terremotos en apenas unas horas, una concentración sísmica poco habitual en Gran Canaria que ha llegado a ser percibida por algunos vecinos. Los movimientos se produjeron entre el mediodía del jueves 3 de septiembre y la madrugada de este viernes 4, con epicentros muy próximos al municipio y magnitudes comprendidas entre 0,6 y 2,1.

Dos de los seísmos fueron sentidos por la población. El más intenso alcanzó una magnitud de 2,1 y se localizó a unos seis kilómetros de profundidad; otro, de magnitud 1,9 y también a seis kilómetros, fue percibido débilmente. No se han comunicado daños materiales, heridos ni incidencias relacionadas con esta serie. El Instituto Geográfico Nacional mantiene el seguimiento, pero no hay datos que apunten a una situación de emergencia ni a una reactivación volcánica en Gran Canaria.

Diez terremotos alrededor de Agaete en menos de 15 horas

La secuencia comenzó a las 12.06 UTC del jueves —las 13.06 en Canarias— con un terremoto de magnitud 1,5 localizado al este de Agaete, a unos diez kilómetros de profundidad. Poco más de dos horas después llegó el movimiento más relevante: magnitud 2,1, con epicentro al noreste del municipio y un hipocentro situado a seis kilómetros.

A las 16.16 UTC se registró otro seísmo de magnitud 1,9, esta vez al suroeste. Después siguieron nuevos movimientos de menor energía: uno de 1,5, otro de 0,6, uno de 0,8 y dos de 0,7. Ya entrada la madrugada del viernes aparecieron otros dos, casi consecutivos, de magnitudes 1,0 y 0,9, al suroeste de Agaete.

El dibujo que dejan los datos es bastante nítido: muchos pequeños movimientos, concentrados geográficamente y con profundidades de entre uno y diez kilómetros. Son, por tanto, terremotos superficiales. Esa cercanía al terreno ayuda a entender por qué alguno pudo sentirse a pesar de tener una magnitud reducida.

Los dos terremotos que llegaron a sentir los vecinos

El terremoto de magnitud 2,1 alcanzó una intensidad máxima aproximada de II-III en la escala macrosísmica europea EMS-98. Traducido al idioma de la calle: un temblor débil, perceptible para algunas personas, especialmente dentro de edificios o en lugares tranquilos, pero lejos de los niveles que normalmente se asocian a daños.

El segundo movimiento sentido, de magnitud 1,9, alcanzó intensidad II. Algo parecido a una vibración breve, ese instante en el que alguien mira una lámpara, una puerta o al vecino tratando de decidir si realmente se ha movido el suelo. Nada cinematográfico. Pero suficiente para llamar la atención cuando se repite varias veces en pocas horas.

La distinción entre magnitud e intensidad importa. La magnitud mide la energía liberada por el terremoto; la intensidad describe cómo se percibe y qué efectos produce en un lugar determinado. Un seísmo pequeño pero superficial puede llegar a notarse con claridad cerca del epicentro.

Agaete ya había temblado una semana antes

La actividad tampoco aparece completamente de la nada. El pasado 28 de agosto, apenas una semana antes de esta nueva serie, el IGN registró en Agaete otro terremoto de magnitud 2,2, situado a unos cuatro kilómetros de profundidad y sentido débilmente por la población.

Eso no convierte automáticamente lo ocurrido en una escalada. Sí señala, en cambio, que el entorno de Agaete lleva varias jornadas dejando pequeños pulsos sísmicos en los instrumentos. Los sismómetros ven mucho más de lo que nota una persona: algunos de los terremotos de esta última secuencia tuvieron magnitudes inferiores a 1, valores que normalmente pasan inadvertidos salvo para la red instrumental.

Hay, además, precedentes recientes. Durante octubre de 2025 se registraron 36 terremotos en Gran Canaria, gran parte de ellos al sur de Agaete y a poca profundidad. En noviembre de aquel año fueron 50, de nuevo con numerosos epicentros en esa zona. No estamos, por tanto, ante un territorio geológicamente mudo que haya comenzado de repente a crujir.

¿Estos terremotos indican actividad volcánica?

Con los datos disponibles, no hay indicios de actividad volcánica. Y conviene dejar ese dato nítido antes de que diez pequeños terremotos terminen convertidos, entre titulares y redes sociales, en un volcán a punto de despertar.

El Instituto Geográfico Nacional describe la sismicidad de Gran Canaria como muy escasa y no detecta actualmente sismicidad volcánica en la isla. Gran Canaria tiene origen volcánico, como todo el archipiélago, pero su comportamiento actual no es comparable al de las islas canarias que presentan una actividad eruptiva histórica mucho más reciente.

Para relacionar una serie sísmica con una posible reactivación volcánica no basta con contar terremotos. Los especialistas estudian la evolución de las magnitudes, la profundidad, el desplazamiento de los hipocentros, la deformación del terreno y la aparición de determinados tipos de señales sísmicas, además de otros indicadores geofísicos y geoquímicos.

Las mediciones geodésicas realizadas mediante sistemas como GNSS e InSAR, capaces de detectar movimientos muy pequeños del terreno, tampoco habían mostrado deformaciones significativas asociables a actividad volcánica en las islas en los últimos controles disponibles. La geología no expide certificados eternos, claro, pero ese es el contexto técnico con el que se analiza esta serie de Agaete.

Gran Canaria no se comporta como Tenerife o La Palma

El archipiélago canario combina terremotos de distintos orígenes. Algunos pueden estar relacionados con procesos volcánicos; otros responden a la tectónica regional y a los esfuerzos que soporta la corteza oceánica bajo las islas y en su entorno.

En Gran Canaria, los terremotos suelen ser escasos y aparecen dispersos, muchos de ellos en zonas marítimas próximas a la costa. También existe actividad sísmica en el canal entre Tenerife y Gran Canaria, una de las áreas conocidas del archipiélago donde se producen movimientos con relativa frecuencia.

Agaete tiene, curiosamente, una página propia en la historia sísmica insular. Dos de los terremotos de mayor intensidad documentados en Gran Canaria desde comienzos del siglo XX ocurrieron precisamente en Agaete en 1909, con intensidad VI. La comparación coloca el episodio actual en su escala correcta: las intensidades II y II-III registradas ahora quedan varios peldaños por debajo.

Por qué tantos pequeños seísmos llaman la atención

Un terremoto de magnitud 0,7 apenas entra en la conversación de una persona normal. Diez terremotos concentrados alrededor del mismo municipio en unas horas, en cambio, sí. Lo llamativo de Agaete no es la energía liberada, que ha sido reducida, sino la concentración temporal y espacial de los movimientos.

También cuenta la profundidad. Varios hipocentros se han situado a pocos kilómetros bajo la superficie, uno de ellos alrededor de un kilómetro. Cuanto más superficial es un terremoto, menor distancia deben recorrer sus ondas hasta llegar a casas, calles y personas. Por eso un seísmo modesto y superficial puede sentirse localmente mientras otro más energético, pero mucho más profundo o lejano, pasa prácticamente desapercibido.

El término prudente es serie sísmica. Hablar de enjambre sísmico puede resultar tentador, pero esa clasificación exige observar la secuencia completa, sus características y su evolución. Diez eventos bastan para justificar seguimiento y análisis; no bastan por sí solos para fabricar una explicación espectacular.

Agaete permanece bajo vigilancia, sin señales de alarma

La situación este 4 de septiembre de 2026 sigue siendo de observación. El IGN analiza los movimientos y el catálogo sísmico puede revisarse a medida que los técnicos afinan localizaciones, profundidades y magnitudes, algo habitual cuando se trabaja con terremotos de tan poca energía.

Lo esencial permanece estable: diez seísmos de baja magnitud, dos sentidos débilmente y ninguno con consecuencias conocidas para personas o infraestructuras. Existe una concentración de actividad poco habitual y merece seguimiento. Eso es lo relevante. Convertirla, de momento, en la antesala de una crisis volcánica sería ir bastante más deprisa que los datos.

Agaete ha pasado unas horas con el subsuelo algo más parlanchín de lo acostumbrado. Los instrumentos siguen escuchando; por ahora, lo que cuentan es una serie de pequeños terremotos sin daños y sin señales que indiquen actividad volcánica en Gran Canaria.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.