Síguenos

Naturaleza

¿Qué pasa en el Krakatoa? Gran erupción sacude el estrecho de Sonda

El Anak Krakatau registra una potente erupción con ceniza a 15 kilómetros, fuertes detonaciones y vigilancia reforzada en el estrecho de Sonda.

Foto del avatar

Publicado

el

erupción Krakatoa Anak Krakatau Indonesia

Resumen

  • El Anak Krakatau lanzó ceniza hasta unos 15 kilómetros de altura
  • Las detonaciones pudieron escucharse a unos 150 kilómetros
  • Indonesia mantiene el nivel III y una exclusión de tres kilómetros

El Anak Krakatau, el volcán activo que se levanta dentro de la histórica caldera del Krakatoa, ha protagonizado una potente erupción explosiva en el estrecho de Sonda, entre Java y Sumatra. Durante la noche del 4 al 5 de septiembre, la actividad lanzó ceniza y gases a enorme altura: los avisos aeronáuticos situaron inicialmente la columna en torno a 14 kilómetros sobre el nivel del mar y posteriormente detectaron material volcánico hasta unos 15 kilómetros.

La erupción estuvo acompañada por fuertes detonaciones y vibraciones percibidas en diferentes puntos de Banten, Lampung y Java Occidental. Algunas informaciones iniciales hablan de estruendos escuchados a distancias de hasta unos 150 kilómetros. Las autoridades indonesias consideran que los sonidos registrados en varias regiones coincidieron con la actividad del Anak Krakatau y probablemente estuvieron relacionados con ella. No se ha comunicado un tsunami asociado a este episodio y el volcán permanece en nivel III de alerta, dentro de una escala de cuatro.

Conviene precisar el nombre porque aquí la geografía suele mezclarse con la leyenda. Cuando se habla popularmente de una nueva erupción del Krakatoa, en realidad el protagonista actual es Anak Krakatau, literalmente «hijo del Krakatau»: el joven edificio volcánico que surgió dentro de la caldera dejada por la catástrofe de 1883. Es pequeño en comparación con aquel monstruo histórico, sí, pero está lejos de ser una chimenea apagada.

Una columna volcánica que alcanzó unos 15 kilómetros

Las imágenes del satélite meteorológico Himawari-9 permitieron seguir la evolución de la nube prácticamente en tiempo real. Los avisos aeronáuticos muestran que la altura de la ceniza aumentó con rapidez durante la noche: alrededor de las 23.30, hora indonesia occidental, se estimó una columna próxima a 14 kilómetros; poco después aparecieron estimaciones de hasta 15 kilómetros sobre el nivel del mar.

A esa altura el material expulsado se mueve en una atmósfera muy diferente de la que respiramos a ras de suelo. Los vientos pueden repartir las partículas sobre centenares de kilómetros y la ceniza se convierte, sobre todo, en un problema para la aviación, porque puede dañar motores, reducir la visibilidad y obligar a modificar rutas. Durante el episodio se emitieron avisos para las regiones de información de vuelo de Yakarta y Melbourne, aunque en las primeras horas no constaban cierres generalizados de aeropuertos vinculados a la erupción.

El satélite vio dos capas de ceniza

La nube tampoco formaba una simple columna vertical, como el humo de una chimenea gigantesca. Los análisis distinguieron diferentes niveles. Una masa de ceniza de gran altura avanzaba hacia el oeste, mientras otra capa más baja, situada aproximadamente hasta 5,5 kilómetros, se desplazaba hacia el sur.

Eso explica por qué la observación desde tierra puede quedarse corta. Nubes meteorológicas, oscuridad y la propia ceniza ocultan el cráter; desde el espacio, en cambio, la temperatura del techo de la nube y su desplazamiento permiten estimar la altura. Las imágenes del Himawari-9 mostraron una señal suficientemente intensa como para situar la parte superior de la erupción cerca de la tropopausa, la frontera atmosférica que separa aproximadamente la troposfera de la estratosfera en esa región.

Detonaciones, lava y una erupción que duró horas

La espectacular columna no fue el único fenómeno. Los puestos de vigilancia indonesios registraron una erupción continuada durante varias horas, acompañada de un rugido persistente. Las cámaras mostraron material incandescente expulsado de manera sostenida, con un comportamiento similar al de una fuente de lava.

Las observaciones describen este episodio como una actividad relacionada con fuentes de lava y coladas, dentro de una fase eruptiva que ya venía desarrollándose desde julio. No fue, por tanto, un volcán dormido que despertó de improviso durante una noche: el Anak Krakatau llevaba semanas ofreciendo señales bastante claras. Entre el 20 y el 26 de agosto, por ejemplo, ya se habían observado diariamente columnas de gas y ceniza y expulsiones de material incandescente.

El detalle sonoro resulta llamativo. Las explosiones volcánicas generan ondas de presión capaces de viajar grandes distancias, especialmente cuando las condiciones atmosféricas ayudan a canalizarlas. Que un estruendo sea audible lejos del cráter no significa automáticamente que la zona donde se oye esté bajo el mismo peligro que la isla volcánica; ruido y amenaza directa no son exactamente la misma cosa.

¿Es comparable esta erupción con la del Krakatoa de 1883?

No. Y la diferencia importa mucho.

El nombre Krakatoa lleva pegada una sombra histórica difícil de quitar. La erupción de agosto de 1883 destruyó gran parte de la antigua isla volcánica, generó enormes tsunamis y provocó más de 36.000 muertes, la mayoría causadas por las olas que golpearon las costas de Java y Sumatra. Fue uno de los grandes desastres volcánicos de la historia moderna.

El Anak Krakatau apareció décadas después dentro de aquella caldera. Su construcción comenzó en 1927 y desde entonces ha atravesado numerosos periodos eruptivos. Es hijo del Krakatoa, literalmente, pero comparar cada una de sus explosiones con 1883 sería algo así como confundir una tormenta fuerte con un huracán histórico solo porque ambos tienen viento.

La erupción de septiembre de 2026 es importante por la altura alcanzada por la ceniza, la actividad explosiva sostenida y la energía visible del episodio. Eso no la convierte, con los datos disponibles, en una repetición de la catástrofe del siglo XIX.

El precedente mucho más reciente de 2018

Hay otro recuerdo que pesa más sobre la vigilancia actual. El 22 de diciembre de 2018, una parte del flanco del Anak Krakatau colapsó hacia el mar durante una fase eruptiva. El desprendimiento desplazó una enorme masa de agua y produjo un tsunami que golpeó sin apenas aviso varias zonas costeras del estrecho de Sonda.

Precisamente por aquel episodio, cualquier actividad intensa del volcán despierta una preocupación inmediata sobre el riesgo de una nueva ola. Esta vez, sin embargo, la evaluación oficial ofrece un dato relevante: el edificio volcánico reconstruido después de 2018 todavía es relativamente pequeño y las autoridades no consideran que actualmente tenga capacidad para sufrir un colapso de escala suficiente como para desencadenar un tsunami comparable. La morfología de la isla, eso sí, sigue sometida a vigilancia continua.

Qué peligro existe alrededor del Anak Krakatau

El nivel de actividad se mantiene en III, “Siaga” o alerta, un escalón por debajo del máximo indonesio. Desde el pasado 2 de julio el volcán permanece en esa categoría y las autoridades mantienen una zona de exclusión de tres kilómetros alrededor del centro de actividad.

Los riesgos que preocupan son bastante concretos: coladas de lava, fragmentos de roca incandescente expulsados durante las explosiones, posibles nubes calientes de material volcánico y episodios de caída intensa de ceniza. Por eso pescadores, turistas y visitantes deben mantenerse fuera del perímetro marcado.

Para las poblaciones de las costas de Banten y Lampung, el mensaje oficial es significativamente menos dramático que algunas publicaciones difundidas en redes sociales. Las autoridades han indicado que sus habitantes pueden mantener su actividad normal siguiendo las indicaciones locales. No existe una evaluación oficial que equipare esta erupción con un escenario de tsunami inminente.

Y esa distinción es fundamental. Un volcán puede mostrar una actividad visualmente extraordinaria —una columna que trepa hasta la tropopausa, lava roja en mitad de la noche, explosiones que resuenan lejos— sin que cada uno de esos signos desemboque necesariamente en el peor escenario imaginable.

El Krakatoa vuelve a recordar que sigue vivo

El episodio de septiembre deja una imagen poderosa: ceniza a unos 15 kilómetros de altura, material incandescente saliendo del cráter y detonaciones escuchadas muy lejos del estrecho de Sonda. También deja algo menos cinematográfico, pero bastante más útil: el Anak Krakatau llevaba semanas activo, permanece estrechamente vigilado y las autoridades conocen bien qué señales buscar después de lo ocurrido en 2018.

El viejo Krakatoa desapareció parcialmente en 1883; en su caldera nació después otro volcán que continúa construyéndose, destruyéndose y reconstruyéndose. Es la geología trabajando a una escala que al ser humano le resulta incómoda. Anak Krakatau sigue en erupción y bajo alerta, pero los datos disponibles no describen una repetición de 1883 ni indican actualmente un gran colapso capaz de provocar un tsunami.

El espectáculo, visto desde un satélite, es formidable. Sobre el terreno, en cambio, la palabra que manda es bastante menos literaria: distancia.

Newsletter

Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.