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Historia

¿Qué ocurrió el 7 de septiembre? Efemérides de España y del mundo

Un recorrido por las efemérides del 7 de septiembre: España, guerras, independencia, cultura y episodios que todavía explican nuestro presente.

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Blitz de Londres

Foto: New York Times Paris Bureau Collection — dominio público — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Blas de Lezo y Nicolás Salmerón marcan el 7 de septiembre en España
  • Brasil proclamó su independencia y Borodino sacudió la Europa napoleónica
  • El Blitz, Interpol y el Canal de Panamá completan una fecha decisiva

El 7 de septiembre no es una fecha cualquiera en el calendario histórico. En España quedó marcada por la muerte de Blas de Lezo, la dimisión de Nicolás Salmerón durante la Primera República y el nacimiento oficial de la Real Sociedad; fuera de nuestras fronteras, este día lleva hasta la batalla de Borodino, la independencia de Brasil, el comienzo del Blitz sobre Londres, la creación de la organización que acabaría convirtiéndose en Interpol y los tratados que devolvieron a Panamá el control de su canal.

Las efemérides del 7 de septiembre dibujan, así, un mapa bastante completo de los últimos siglos: guerras capaces de decidir imperios, independencias, renuncias políticas por razones de conciencia, diplomacia, catástrofes naturales y hasta revoluciones monetarias. Este 7 de septiembre de 2026, además, coinciden varias jornadas internacionales reconocidas por Naciones Unidas, entre ellas las dedicadas al aire limpio, la cooperación policial y la concienciación sobre la distrofia muscular de Duchenne.

No está mal para una sola casilla del calendario. Y algunas historias, vistas con distancia, tienen bastante más sustancia de la que cabe en la clásica frase de efeméride. Porque detrás de cada fecha aparecen personas, decisiones y conflictos que acabaron moviendo fronteras, derribando gobiernos o dejando una huella cultural que todavía sigue ahí.

Efemérides del 7 de septiembre en España

Blas de Lezo y una muerte después de Cartagena de Indias

Una de las figuras españolas inevitablemente unidas a esta fecha es Blas de Lezo y Olavarrieta. El almirante murió en Cartagena de Indias el 7 de septiembre de 1741, pocos meses después de la defensa de la ciudad frente a la enorme expedición británica dirigida por Edward Vernon.

Lezo había llegado a aquella batalla convertido casi físicamente en un inventario de las guerras navales del siglo XVIII: había perdido una pierna, un ojo y la movilidad de un brazo. Aun así, desempeñó un papel decisivo en la resistencia de Cartagena. La flota británica no consiguió tomar la plaza y aquella campaña terminó convertida en una de las grandes derrotas navales de Londres en América.

Su final fue mucho menos solemne de lo que sugeriría después su leyenda. Murió con la salud profundamente deteriorada tras el asedio y fue enterrado en un lugar que no ha podido determinarse con certeza. La fama de Blas de Lezo, enorme en determinados momentos de la memoria militar española, tardó bastante en alcanzar la dimensión popular que tiene en el siglo XXI.

Salmerón, la Real Sociedad y dos maneras de entrar en la historia

El 7 de septiembre de 1873 dejó otro episodio muy distinto, pero particularmente revelador de la convulsa Primera República española. Nicolás Salmerón renunció a la presidencia después de negarse a firmar sentencias de muerte impuestas por tribunales militares. Había llegado al poder en julio y su mandato apenas había durado unas semanas.

Su dimisión convirtió una crisis política en una cuestión moral que ha sobrevivido mucho mejor que buena parte de los gobiernos de aquella República frenética. Salmerón prefirió abandonar el cargo antes que asumir una decisión incompatible con sus convicciones contra la pena capital. Le sucedió Emilio Castelar, que asumió la presidencia del Consejo de Ministros el propio 7 de septiembre.

Era una España metida en la insurrección cantonal, la guerra carlista y una inestabilidad política formidable. Cambiar de jefe de Gobierno casi podía parecer entonces una rutina administrativa. La renuncia de Salmerón, sin embargo, quedó, precisamente porque puso un límite personal donde la política acostumbraba a pedir obediencia.

Treinta y seis años más tarde, el 7 de septiembre de 1909, nacía oficialmente en San Sebastián la Sociedad de Fútbol, origen de la actual Real Sociedad. Los futbolistas donostiarras venían de conquistar ese mismo año la Copa jugando bajo la cobertura legal del Club Ciclista, porque su organización todavía no estaba formalmente registrada.

La nueva entidad fue constituida el 7 de septiembre y acabaría transformándose en uno de los clubes históricos del fútbol español. Llegarían la denominación de Real Sociedad, títulos de Liga, Copas del Rey, noches europeas, generaciones enteras de cantera y esa combinación tan donostiarra de fútbol, lluvia fina y grada.

Hay fechas solemnes porque alguien las declaró así. Otras lo son porque un grupo de futbolistas firmó unos papeles y, más de un siglo después, sigue entrando gente cada fin de semana en un estadio para gritar los mismos colores. La historia cotidiana también funciona de esa manera.

De Borodino a la independencia de Brasil: un siglo XIX convulso

El 7 de septiembre de 1812 se libró la batalla de Borodino, uno de los choques más sangrientos de las guerras napoleónicas. La Grande Armée de Napoleón se enfrentó al ejército ruso comandado por Mijaíl Kutúzov a poco más de un centenar de kilómetros de Moscú.

La batalla dejó alrededor de 70.000 bajas entre ambos bandos, según las estimaciones históricas más extendidas. Los franceses consiguieron mantener el campo y los rusos se retiraron, pero Napoleón no logró destruir al ejército enemigo. Aquello importa. Mucho. Borodino permitió avanzar hacia Moscú, aunque no proporcionó la victoria estratégica que Francia necesitaba.

Napoleón entraría posteriormente en una ciudad parcialmente evacuada e incendiada, mientras sus líneas de abastecimiento se estiraban hasta hacerse casi imposibles. El invierno, la falta de suministros y la resistencia rusa terminaron convirtiendo aquella campaña en una catástrofe para el ejército francés. Borodino fue victoria y advertencia a la vez: una de esas batallas que se ganan sobre el terreno y empiezan a perderse cuando se mira el mapa completo.

Exactamente diez años después, el 7 de septiembre de 1822, el escenario era otro continente. El príncipe Pedro de Braganza proclamó la independencia de Brasil respecto a Portugal durante su viaje por São Paulo. El episodio quedó asociado al llamado Grito de Ipiranga.

La imagen romántica de un príncipe levantando la espada y proclamando de golpe el nacimiento de una nación resulta estupenda para los cuadros históricos, aunque la independencia brasileña fue, naturalmente, un proceso bastante más complejo. Las tensiones con las Cortes portuguesas, el papel político de María Leopoldina y José Bonifácio y la evolución del antiguo territorio colonial habían preparado el terreno.

El 7 de septiembre terminó convertido en el símbolo nacional. Brasil celebra desde entonces esa fecha como su Día de la Independencia, una de las efemérides políticas más importantes de América Latina y una jornada todavía central en la identidad institucional del país.

De Pekín a Interpol, el Blitz y el Canal de Panamá

El 7 de septiembre de 1901 se firmó en Pekín el Protocolo Bóxer, que cerró formalmente el conflicto provocado por la rebelión de los bóxers y la intervención internacional en China. Participaron representantes de China y de las potencias extranjeras implicadas, entre ellas España.

Hay un detalle poco recordado y bastante curioso: la reunión final se celebró en la legación española en Pekín, bajo la presidencia del representante español como decano del cuerpo diplomático. El protocolo impuso a China duras indemnizaciones y numerosas concesiones a las potencias extranjeras. Fue uno de los episodios que mejor retratan aquella época en la que los imperios europeos administraban buena parte de sus relaciones con Asia con una mezcla bastante poco sutil de diplomacia, comercio y cañoneras.

Veintidós años después, el 7 de septiembre de 1923, representantes reunidos en Viena acordaron crear la Comisión Internacional de Policía Criminal. Aquella organización es la antecesora directa de Interpol.

La idea era sencilla y, para la época, bastante moderna: los delincuentes cruzaban fronteras con creciente facilidad, mientras las policías nacionales seguían funcionando dentro de compartimentos separados. Hacía falta compartir información, facilitar extradiciones, intercambiar huellas dactilares y coordinar investigaciones. De aquel congreso surgió la estructura que acabaría convirtiéndose en Interpol, la gran red mundial de cooperación policial.

El 7 de septiembre de 1940 comenzó una de las fases más conocidas de la Segunda Guerra Mundial: el Blitz sobre Londres. Centenares de bombarderos alemanes atacaron la capital británica y abrieron una campaña de bombardeos que se prolongaría durante meses.

Londres sufrió ataques nocturnos durante 57 noches consecutivas. Viviendas, fábricas, estaciones, almacenes y barrios enteros quedaron expuestos a una violencia diseñada no solo para destruir infraestructura, sino también para quebrar la moral civil británica.

No ocurrió. La Luftwaffe causó una devastación enorme, pero Reino Unido siguió combatiendo. El Blitz acabó convirtiéndose en una de las imágenes centrales de la resistencia británica durante la guerra: refugios en el metro, calles cubiertas de cascotes, incendios iluminando el cielo y ciudadanos tratando de continuar con una vida más o menos normal entre sirenas antiaéreas. Lo extraordinario convertido en rutina. Mala señal de cualquier guerra.

Otra disputa por el poder terminó de manera bastante más civilizada un 7 de septiembre, esta vez en 1977. El presidente estadounidense Jimmy Carter y el dirigente panameño Omar Torrijos firmaron en Washington los tratados que establecieron el proceso para transferir a Panamá el control del Canal.

Estados Unidos había controlado durante décadas la estratégica vía interoceánica y la Zona del Canal. Los acuerdos Torrijos-Carter establecieron una transferencia progresiva que culminó el 31 de diciembre de 1999, cuando Panamá asumió plenamente la administración.

Fue una decisión geopolítica de primera magnitud. Un canal de unos pocos kilómetros puede alterar rutas comerciales, estrategias militares y relaciones entre continentes. A veces la geografía tiene esas bromas: una franja diminuta de tierra termina pesando toneladas en la política mundial.

El siglo XXI también dejó su marca un 7 de septiembre

La historia reciente añadió capítulos menos remotos. El 7 de septiembre de 2017, poco antes de la medianoche en México, un terremoto de magnitud 8,2 sacudió la costa frente a Chiapas. Fue uno de los terremotos más intensos registrados instrumentalmente en el país y provocó cerca de un centenar de muertes, además de graves daños especialmente en el sur mexicano.

El epicentro se situó mar adentro, pero el movimiento se sintió a cientos de kilómetros. Chiapas y Oaxaca sufrieron las consecuencias más duras. El seísmo volvió a recordar algo conocido en México desde hace generaciones: bajo el paisaje cotidiano se mueve una geología implacable, resultado del contacto entre varias placas tectónicas.

Cuatro años después llegó una efeméride de naturaleza completamente distinta. El 7 de septiembre de 2021, El Salvador se convirtió en el primer país del mundo en poner en vigor una legislación que reconocía el bitcoin como moneda de curso legal.

La medida impulsada por el presidente Nayib Bukele convirtió al pequeño país centroamericano en un enorme laboratorio monetario. El estreno estuvo acompañado de problemas técnicos, protestas y una fuerte atención internacional. También abrió una discusión que sigue siendo relevante: hasta dónde puede llegar un Estado cuando intenta introducir una tecnología financiera que buena parte de su población todavía no utiliza.

Y el calendario conserva más ecos. Un 7 de septiembre de 1996 fue tiroteado en Las Vegas Tupac Shakur, una de las figuras decisivas del hiphop estadounidense; murió seis días después. El mismo día de 1943 había nacido en Newark Gloria Gaynor, cuya carrera acabaría quedando ligada para siempre a I Will Survive. En 1978 murió Keith Moon, el explosivo batería de The Who. Distintos escenarios, distinta música. La fecha también tiene banda sonora.

Entre los nacimientos históricos del 7 de septiembre destaca el de Isabel I de Inglaterra, nacida en Greenwich en 1533. Su reinado, entre 1558 y 1603, dio nombre a la era isabelina y coincidió con la consolidación de Inglaterra como una potencia europea, el florecimiento del teatro de Shakespeare y el conflicto con la Monarquía Hispánica de Felipe II.

En España, la fecha también recuerda pérdidas más recientes. El empresario José María Ruiz-Mateos, fundador de Rumasa y protagonista durante décadas de una biografía empresarial, judicial, política y televisiva difícil de resumir sin necesitar varias páginas, murió el 7 de septiembre de 2015. Tres años después falleció Ceesepe, pintor e ilustrador estrechamente ligado a la iconografía de la Movida madrileña.

Un 7 de septiembre cargado de historia

Este 7 de septiembre mantiene, además, una dimensión contemporánea. Naciones Unidas conmemora el Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul, el Día Internacional de la Cooperación Policial y el Día Mundial de Concienciación sobre la Distrofia Muscular de Duchenne. La cooperación policial tiene precisamente su fecha en homenaje a aquella reunión de Viena de 1923 que dio origen a la futura Interpol.

Así queda el 7 de septiembre cuando se rasca un poco la superficie: Blas de Lezo y Salmerón, Borodino y Brasil, Londres bajo las bombas, Panamá recuperando su canal, un terremoto en México y bitcoin entrando en la historia monetaria. Episodios que no tienen demasiado que ver entre sí y, sin embargo, comparten veinticuatro horas impresas en calendarios separados por siglos.

La historia funciona a menudo de esa manera. Parece ordenada cuando se coloca en los libros; vivida en tiempo real, se parece mucho más a este 7 de septiembre: decisiones políticas, guerras, descubrimientos, accidentes, cultura y vidas individuales mezclándose sin pedir permiso.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.