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¿Cuándo es la Tomatina 2026? 150 toneladas y 22.000 personas en Buñol
La Tomatina 2026 llega a Buñol con 150 toneladas de tomate, 22.000 participantes, aforo completo y una retransmisión inédita en La 1 en RTVE.

Imagen: Graham McLellan / Wikimedia Commons, licencia CC BY 2.0.
La Tomatina de Buñol 2026 se celebra este miércoles 26 de agosto y volverá a convertir el centro de la localidad valenciana en una masa roja, pegajosa y bastante poco compatible con una camiseta recién estrenada. La batalla comenzará oficialmente a las 12:00 horas y terminará a las 13:00, con dos carcasas que marcarán el inicio y el final de una hora de tomatazos. La organización espera alrededor de 22.000 participantes y el aforo disponible está completo.
La cifra que distingue especialmente esta 79.ª edición está en los camiones: Buñol utilizará 150.000 kilos de tomates, 30.000 más que en 2025. Son 150 toneladas de fruto preparadas para acabar trituradas sobre calles, fachadas y participantes. Parece una extravagancia —porque lo es—, pero detrás de esa hora aparentemente caótica hay meses de producción agrícola, contratación, controles de acceso, seguridad, voluntariado y limpieza. La espontaneidad, cuando reúne a 22.000 personas, necesita bastante organización.
La Tomatina 2026: cuándo empieza y cuánto dura
El programa de la mañana empieza bastante antes del primer tomatazo. Desde las 9:00 horas pueden realizarse los canjes de las entradas para obtener la pulsera necesaria para acceder al recinto. A las 10:00 llega el tradicional palo jabón, el poste engrasado que conserva en lo alto un jamón y proporciona una demostración bastante eficaz de la poca autoridad que ejerce la gravedad cuando hay una multitud mirando. Hacia las 11:00 empiezan a entrar los camiones en el recorrido y, a mediodía, la primera carcasa abre oficialmente la batalla.
Desde entonces hay exactamente una hora. Cuando suena la segunda carcasa, a las 13:00, se acabó: ya no se pueden seguir lanzando tomates. Empieza entonces la otra Tomatina, menos fotogénica pero imprescindible, la de las mangueras, las duchas habilitadas y la limpieza de unas calles que minutos antes parecían el interior de una batidora industrial. Los propios vecinos suelen ayudar con agua desde sus viviendas, una costumbre que explica bastante bien por qué la fiesta sigue siendo, pese a su dimensión turística, un acontecimiento profundamente ligado al pueblo.
150 toneladas: de Don Benito a las calles de Buñol
Los tomates de 2026 no proceden de excedentes encontrados a última hora ni son fruta retirada del mercado porque resulte inservible. Se han cultivado expresamente para la Tomatina en Extremadura, en las Vegas Altas del Guadiana, y llegan desde la zona de Don Benito, en Badajoz. La mercancía recorre aproximadamente 550 kilómetros hasta Buñol y este año ha sido distribuida entre siete camiones.
La cuestión decisiva no es tanto el sabor como la consistencia. El tomate debe sobrevivir al transporte, pero llegar suficientemente maduro y blando para romperse con facilidad. La producción utilizada pertenece al tipo de tomate de industria y su maduración se controla pensando precisamente en el momento del lanzamiento. Los 150.000 kilos contratados para esta edición han supuesto un desembolso de alrededor de 63.000 euros, según los datos difundidos sobre la adjudicación.
El aumento respecto a 2025 es considerable: entonces se lanzaron unos 120.000 kilos. Este año se añaden 30 toneladas más, aunque el número previsto de participantes permanece en torno a las 22.000 personas. Dicho de otra manera, habrá más tomate por cabeza. No parece una estadística que vaya a alterar el producto interior bruto, pero dentro de la particular economía de la Tomatina tiene su importancia.
Siete camiones entre 22.000 personas
La imagen de los grandes camiones avanzando entre una multitud compacta es probablemente la más espectacular de la fiesta y también la que obliga a extremar las precauciones. En cada vehículo trabajan decenas de voluntarios de seguridad para generar espacio durante el paso, mientras las calles laterales funcionan como vías de desahogo para permitir entradas y salidas del recorrido. La organización cuenta este año con un amplio operativo formado por Policía Local, Guardia Civil, Protección Civil, servicios sanitarios, bomberos y seguridad privada. RTVE sitúa el conjunto del dispositivo por encima del millar de efectivos.
Las reglas que evitan que el caos sea realmente caótico
El ritual tiene normas sencillas, aunque conviene tomárselas en serio. Los tomates deben aplastarse antes de lanzarlos para reducir la fuerza del impacto; hay que mantener distancia respecto a los camiones y están prohibidos los objetos duros o potencialmente peligrosos. Cuando suena la carcasa final, se termina el lanzamiento. La organización recomienda también acudir con calzado cerrado y bien sujeto y llevar las mínimas pertenencias posibles. El móvil, si entra en la batalla, mejor dentro de una funda impermeable: el tomate posee muchas virtudes, pero la compatibilidad con la electrónica todavía no figura entre ellas.
Aforo completo y una Tomatina más accesible
La Tomatina vuelve a moverse alrededor de su techo de 22.000 participantes y, en vísperas de la celebración, la organización ha confirmado que se colgará el cartel de no hay entradas. La entrada básica para 2026 se comercializó por 15 euros, aunque existen paquetes turísticos que incorporan transporte y otros servicios y elevan considerablemente el precio. Quienes tengan entrada digital deben recordar un detalle importante: el documento no permite por sí solo entrar en el recorrido; antes debe canjearse por la pulsera oficial.
El público vuelve a tener un fuerte componente internacional. En los últimos años han llegado visitantes de Europa, Estados Unidos, Australia, China, Japón o India, un mercado que ha ganado peso y que ilustra hasta qué punto aquella fiesta local de posguerra terminó convertida en uno de los iconos populares españoles más reconocibles fuera del país. Buñol ronda apenas los 10.000 habitantes; durante unas horas, por tanto, el pueblo soporta una población flotante que multiplica su escala habitual.
La principal novedad social de 2026 está en el programa “+ ACCESIBLE”. A la zona reservada para personas con movilidad reducida se añaden medidas de acompañamiento y asistencia para participantes con discapacidad que hayan comunicado previamente sus necesidades, un equipo reforzado de voluntarios y una pulsera específica que facilita la identificación y el acceso al área reservada. Es una corrección aparentemente pequeña dentro de un acontecimiento enorme, pero significativa: una tradición sobrevive mejor cuando no convierte sus propias dificultades físicas en una frontera innecesaria.
La organización ha ido introduciendo también puntos violeta y medidas específicas de protección dentro del recorrido. Porque una fiesta multitudinaria no deja de necesitar reglas simplemente porque todos vayan cubiertos de pulpa. Al contrario. Cuanto mayor es la concentración humana, más importante resulta que el desorden visible descanse sobre un dispositivo invisible que funcione.
RTVE lleva por primera vez la batalla a La 1
La edición de 2026 tendrá otra novedad notable: RTVE retransmitirá por primera vez en directo la Tomatina. La emisión comenzará este miércoles 26 de agosto a las 11:40 horas dentro de un especial de Mañaneros 360, tanto en La 1 como en RTVE Play. El despliegue previsto incluye 17 cámaras, un dron y cuatro puntos de directo, una producción considerable para seguir una fiesta cuya parte central apenas dura sesenta minutos.
El acuerdo entre RTVE y el Ayuntamiento de Buñol mira también hacia 2027, cuando se conmemorará el 80.º aniversario de la celebración y está prevista la producción de un documental sobre su historia. La cuenta puede provocar alguna ceja levantada: la edición de este año es la 79.ª pese a que el origen se sitúa en 1945. La explicación está en las interrupciones que sufrió la fiesta durante su trayectoria, particularmente durante los años en los que fue prohibida, además de otras suspensiones posteriores. Una tradición longeva rara vez sigue una línea perfectamente recta; esta, desde luego, no lo hizo.
De una pelea de 1945 a una fiesta internacional
La historia más aceptada sitúa el nacimiento de la Tomatina en el último miércoles de agosto de 1945. Durante un desfile de gigantes y cabezudos en Buñol, un grupo de jóvenes trató de introducirse en la comitiva y provocó la caída de uno de los participantes. El incidente degeneró en una pelea y, como había un puesto de verduras cerca, los tomates se convirtieron inesperadamente en munición. La Policía terminó aquella primera batalla. El año siguiente, los jóvenes regresaron; esta vez llevaron los tomates de casa. Ya no era exactamente un accidente.
Las autoridades prohibieron la celebración durante parte de los años cincuenta. La respuesta vecinal fue tan española como difícil de mejorar literariamente: en 1957 se organizó el “entierro del tomate”, una procesión con un ataúd que contenía un gran tomate y una banda interpretando marchas fúnebres. La protesta ayudó a consolidar una fiesta que terminaría siendo autorizada y creciendo hasta obtener la consideración de Fiesta de Interés Turístico Internacional. Lo que empezó como una trifulca callejera acabó convertido en patrimonio festivo y producto turístico global. A veces la historia tiene un sentido del humor bastante más fino que sus protagonistas.
Hay, sin embargo, un elemento que Buñol intenta conservar dentro de esa internacionalización: la participación local. Las personas nacidas o empadronadas en el municipio disponen de mecanismos específicos para acceder a la fiesta, y los niños cuentan desde hace años con su propia Tomatina Infantil, celebrada el sábado anterior en un entorno menos masificado. La edición infantil de 2026 reunió a más de un millar de menores y utilizó unos 5.000 kilos de tomates. Es la cantera, podría decirse, aunque aquí la pelota sea bastante más blanda.
Buñol convierte el exceso en identidad
Este miércoles habrá 150 toneladas de tomate, siete camiones y 22.000 personas dentro de un pueblo que durante una hora aceptará voluntariamente que sus calles dejen de parecer calles. La Tomatina 2026 mantiene su fórmula esencial, pero llega con más materia prima, aforo completo, un esfuerzo mayor de accesibilidad y una exposición televisiva inédita.
Y quizá ahí esté la rareza que explica su supervivencia. La Tomatina no pretende justificar demasiado su existencia. No conmemora una batalla heroica ni representa una ceremonia solemne inventada siglos atrás. Nació de una pelea, sobrevivió a una prohibición y terminó transformando el tomatazo en tradición. Muy pocas fiestas pueden permitirse semejante biografía.
A las 12:00 sonará la primera carcasa. A las 13:00, la segunda. Entre ambas quedará una hora de caos cuidadosamente organizado; después, agua, escobas, mangueras y toneladas de pulpa desapareciendo de las calles. Buñol recuperará poco a poco su aspecto habitual. Hasta agosto de 2027, claro. Porque hay pueblos que celebran su historia levantando monumentos y otros, bastante más heterodoxos, prefieren lanzársela a la cabeza.

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