Actualidad
Sorteo Champions 2026: así quedan los cruces de 16avos

Real Madrid-Benfica y Atlético-Brugge en play-off de Champions: queda el cuadro, cuándo se juega, qué se juegan y dónde verlo en España y TV.
El sorteo de la Champions 2025-26 dejó a Real Madrid y Benfica frente a frente en el ‘play-off’ y colocó al Atlético de Madrid ante el Club Brugge, con ida fuera y vuelta en casa para los dos españoles que no lograron entrar entre los ocho primeros de la fase liga. El Barcelona, quinto en la clasificación, se ahorra esta ronda y ya tiene marcada la pantalla de marzo: su rival en octavos saldrá de Mónaco-PSG o de Qarabag-Newcastle, dos caminos que no se parecen ni en el mapa ni en el tipo de partido que exigen.
Las fechas también vienen con el calendario muy apretado y poco margen para despistes: el play-off se juega el 17/18 de febrero (ida) y el 24/25 de febrero (vuelta); los octavos arrancan el 10/11 de marzo y se cierran el 17/18 de marzo; luego llegarán cuartos en abril, semifinales entre finales de abril y primeros de mayo, y una final que ya tiene escenario fijo, Budapest, el 30 de mayo de 2026. En España, la competición se sigue en Movistar Plus+, con su despliegue habitual en Movistar Liga de Campeones para partidos y especiales.
Así quedan los play-offs: los 16 y el peaje antes de octavos
La palabra que lo explica todo es peaje, y no por capricho: el nuevo formato convirtió la vieja fase de grupos en una fase liga de 36 equipos y ocho partidos por club, y luego metió una cuchilla intermedia para los que no entran directos. Los ocho primeros pasan a octavos sin escalas; los equipos del 9º al 24º se juegan el billete en este ‘play-off’ a doble partido; del 25º al 36º, a casa, sin repesca y sin “consuelo” europeo. El sorteo de este viernes, celebrado a mediodía en Nyon, ordenó el embudo y dejó ocho cruces que completarán el cuadro de octavos.
Los emparejamientos quedaron así, en una sola foto y con mucho contraste: Benfica-Real Madrid, Club Brugge-Atlético de Madrid, PSG-Mónaco, Qarabag-Newcastle, Bodø/Glimt-Inter, Olympiacos-Bayer Leverkusen, Galatasaray-Juventus y Borussia Dortmund-Atalanta. La letra pequeña importa: los equipos que terminaron la fase liga entre el 9º y el 16º son cabezas de serie y tienen la vuelta en casa, y ahí entran Real Madrid (9º) y Atlético (14º); los que acabaron entre el 17º y el 24º arrancan como locales y se la juegan en el segundo partido fuera, con esa sensación de que el reloj te persigue desde el minuto uno. Y hay otro matiz de reglamento que vuelve cada febrero como un rumor antiguo: los goles fuera de casa no valen doble, así que, si hay empate en el global, se va a prórroga y penaltis, sin atajos.
Real Madrid-Benfica: la revancha inmediata con Mourinho en el banquillo
Hay eliminatorias que parecen de póster y luego son de cicatriz, y Madrid-Benfica llega con las dos cosas. No es una rivalidad con décadas de ida y vuelta constante, pero sí es un cruce con memoria fresca, demasiado fresca: en la última jornada de la fase liga, el Benfica le endosó al Madrid un 4-2 que no se explica solo por un mal tramo de partido, sino por una colección de momentos donde el equipo portugués encontró espacio, castigó pérdidas y, sobre todo, le metió al encuentro un ritmo que al Madrid le costó masticar. Que el sorteo lo repita a las primeras de cambio tiene un punto de ironía, casi de guion de serie: “si duele, repítelo”.
El contexto, además, no es neutro: el Benfica está dirigido por José Mourinho, y eso añade una capa que no necesita adornos. Mourinho volverá al Santiago Bernabéu en una eliminatoria europea como entrenador visitante, un estadio que conoce al detalle por su etapa en el Madrid y donde su figura sigue provocando reacciones inmediatas, de esas que se notan incluso antes de que ruede el balón. Y al otro lado hay un Real Madrid en plena transición de banquillo: el club anunció el 12 de enero la llegada de Álvaro Arbeloa como entrenador del primer equipo, así que el cruce de febrero llega con un Madrid todavía buscando automatismos nuevos, mensajes nuevos, jerarquías que se recolocan casi sin avisar.
La ida en Da Luz y la vuelta en el Bernabéu: ventaja que muerde
El orden de los partidos es el que pide el manual para un favorito: ida en Lisboa y vuelta en Madrid, porque el Madrid fue cabeza de serie al terminar noveno. Suena a ventaja, y lo es, pero también es una trampa emocional: una mala ida no te elimina, pero te convierte la vuelta en una obligación pesada, de esas que convierten cada pérdida en un murmullo y cada minuto sin gol en un ruido más grande. Y el Benfica, en casa, sabe jugar con ese ambiente: no necesita dominar siempre, le basta con ser incómodo, con tensar el partido y dejarlo en una franja donde un robo, una transición o un balón parado te cambian el relato.
En el pronóstico frío, el Madrid tiene más techo y más oficio europeo, pero este Benfica ya ha demostrado que no viene a pedir permiso. Mourinho, cuando olfatea una eliminatoria, suele construirla desde lo que no se ve en el resumen: bloques cortos, vigilancias, un plan para que el partido se juegue donde más molesta al rival. Y, con la vuelta en el Bernabéu, la tentación es clara: salir vivo de Lisboa y convertir la vuelta en un ejercicio de supervivencia con colmillo, un tipo de partido que Mourinho ha exprimido toda su vida.
Qué castiga el reglamento y por qué el 0-0 ya no es lo que era
En estas eliminatorias conviene recordar dos cosas que parecen de folleto y luego deciden: no hay valor doble de goles fuera, así que encajar en casa o fuera pesa igual en el global, y si el cruce llega igualado al final de la vuelta habrá prórroga y, si sigue el empate, penaltis. Esto cambia la mentalidad de los partidos de ida: el viejo instinto de “no encajar en casa” sigue existiendo, pero el “marcar fuera vale el doble” ya no empuja como antes, y se nota en cómo se plantean los minutos finales cuando el marcador está apretado. Lisboa y Madrid serán, por tanto, dos partidos con lectura propia, sin la calculadora de la norma antigua.
También cambia el paisaje psicológico: un 1-1 en la ida ya no tiene el mismo sabor, y un 2-2 no te deja en ventaja automática. En teoría, eso debería abrir partidos; en la práctica, a veces los vuelve más tensos, porque la prórroga aparece como una amenaza real y los entrenadores gestionan piernas pensando en esos treinta minutos extra que pueden caer como una losa a finales de febrero, con la temporada ya cargada y las rotaciones en modo supervivencia.
Atlético-Club Brugge: Ivan Leko, un estadio apretado y una eliminatoria sin brillo obligatorio
El Atlético se enfrenta al Club Brugge y, como casi siempre con el Atleti en Europa, el titular no cuenta lo que realmente importa. Brugge no es el rival glamuroso, no es la camiseta que se vende sola, pero sí es el tipo de equipo que te obliga a jugar un partido incómodo, de cintura apretada, donde el detalle se vuelve gigante. Y el detalle aquí empieza por el banquillo: el Brugge cambió de entrenador en diciembre y recuperó a Ivan Leko, un técnico que ya sabe lo que es ganar en Bélgica con este club y que tiene una forma de competir muy de eliminatoria, muy de “primero que el rival se desespere”.
El Atlético llega a esta ronda después de una fase liga con altibajos y un cierre que dejó ruido en casa: perdió 1-2 ante el Bodø/Glimt en el Metropolitano, un resultado que cortó rachas, encendió debate y puso nervio a la clasificación. Diego Simeone sigue siendo el eje de este equipo, por cultura y por costumbre, pero el clima no es de piloto automático: el Atleti sabe que febrero no perdona, y que este tipo de rival te castiga si te tomas el partido como un trámite.
La vuelta en Madrid y la tentación del plan clásico
El Atlético también tiene la vuelta en casa, por su condición de cabeza de serie tras acabar 14º. La idea que sale sola es la de siempre: competir fuera, sostener, y rematar en casa. Pero en eliminatorias así, el plan clásico tiene una grieta: si el partido de ida se convierte en una negociación eterna con el 0-0, cualquier gol en contra te obliga a salir de tu zona de confort, y ahí aparecen los nervios, los errores raros, los despejes a la nada, ese fútbol que no sale en los pósteres pero decide rondas.
Brugge, con Leko, tiende a morder donde más duele al rival que no está fino: segundas jugadas, centros laterales, acciones a balón parado que parecen pequeñas hasta que te rompen el partido. El Atlético, por su ADN, no suele asustarse en esos escenarios, pero tampoco le conviene que la eliminatoria se convierta en un intercambio de golpes en área propia, porque ahí el margen se reduce a una moneda al aire. Y en febrero, una moneda al aire suele caer del lado del que llega más suelto de cabeza.
Un rival con pasado reciente ante el Barça y un aviso en la pizarra
Hay un apunte que ayuda a entender a este Brugge sin necesidad de mitificarlo: en esta Champions ya dejó un 3-3 en casa ante el Barcelona, un partido donde enseñó que, cuando encuentra ritmo, no se encoge. Eso no significa que vaya a jugar igual contra el Atlético, porque Simeone no ofrece el mismo tipo de partido ni de espacios, pero sí es un aviso: Brugge no es un equipo resignado. Puede fallar, puede sufrir, pero no se presenta como víctima. Y esa mentalidad, en eliminatorias, vale oro.
Barcelona en octavos: PSG o Newcastle, lujo o viaje con dientes
El Barcelona mira el sorteo desde otra altura, y eso se nota: al terminar quinto, entra directo en octavos y se ahorra el peaje de febrero, algo que en un calendario saturado es casi una semana de oxígeno. Pero la recompensa viene con suspense, porque su rival saldrá de dos eliminatorias que parecen escritas por guionistas distintos: o el ganador de PSG-Mónaco, un duelo de foco y fútbol grande, o el ganador de Qarabag-Newcastle, un cruce que mezcla viaje largo, clima mental distinto y un Newcastle que compite con un punto físico que a veces te saca del partido sin que te des cuenta.
Hansi Flick, que figura como entrenador del Barça en esta Champions, tiene un equipo capaz de dominar tramos largos y también de sufrir atrás en noches donde el partido se vuelve una montaña rusa. El propio recorrido europeo reciente del Barça en esta edición ha dejado un dato que incomoda: encaja con facilidad en muchos encuentros, y eso en eliminatorias se paga. La ventaja es que, al venir del top-8, el Barcelona tiene garantizada la vuelta en casa en octavos, y eso, en marzo, suele ser un seguro emocional… siempre que el partido de ida no se convierta en un incendio.
Dos posibles rivales, dos tipos de partido y una misma obsesión: control
Si sale PSG o Mónaco, el Barça se enfrenta a un partido con ritmo alto, talento arriba y momentos de intercambio donde cualquier pérdida se convierte en carrera hacia tu portería. PSG, además, llega con el peso de ser un proyecto acostumbrado a vivir en el filo, capaz de competir a gran nivel incluso cuando no entra directo en octavos; Mónaco, por su parte, suele ser un rival que te obliga a correr hacia atrás si te equivocas en la salida. Ahí el Barça necesitará lo que Flick repite desde que aterrizó: orden defensivo, no como frase bonita, sino como condición de supervivencia.
Si el rival sale del otro lado, el paisaje cambia. Newcastle es un equipo con musculatura y ritmo de Premier, y su cruce con Qarabag tiene un componente logístico evidente: el viaje, el contexto, el tipo de estadio, la manera en que el partido puede volverse trabado. Qarabag, con años de experiencia europea, suele manejar bien los escenarios donde el rival se impacienta. Y, aunque el favorito lógico sea el Newcastle, el simple hecho de que el Barça pueda acabar mirando un desplazamiento a Azerbaiyán como parte del camino ya dice mucho de este formato: la Champions también se juega en el avión, en la recuperación, en cómo llega el equipo al domingo siguiente.
El resto del cuadro: derbis, frío y eliminatorias que pueden romper favoritos
Más allá del foco español, el sorteo dejó cruces que parecen diseñados para generar ruido. PSG-Mónaco es un duelo doméstico en plena Champions, con todo lo que eso arrastra: conocimiento mutuo, detalles de vestuario, partidos previos que pesan, y ese punto de “no hay sorpresa posible” que, paradójicamente, suele producir sorpresas. Juventus-Galatasaray huele a noches calientes, no por la temperatura, sino por el ambiente: Estambul en eliminatoria europea no se juega como un martes cualquiera, y la Juve tendrá que manejar esa presión de forma casi quirúrgica.
Luego está la parte del mapa que menos apetece a cualquier grande: Bodø/Glimt-Inter. Bodø no es un invitado exótico; es un equipo que compite con una energía particular, con un fútbol que aprovecha el contexto y que ya ha dejado señales ante rivales mayores. Inter, por experiencia, debería imponer jerarquía, pero la eliminatoria se decide con detalles, y en esos partidos el frío no es solo meteorología: es la sensación de que todo cuesta un segundo más, una zancada más.
Olympiacos-Leverkusen promete también una batalla con ambiente de los que aprietan, con un Leverkusen moderno y agresivo frente a un Olympiacos que en casa convierte cada duelo en una prueba de carácter. Y el Dortmund-Atalanta es el cruce perfecto para quien busque ida y vuelta, presión arriba y fases de partido que cambian de dueño sin aviso; muy bonito en teoría, muy traicionero para el que crea que con una buena noche basta.
En el fondo, el sorteo dibuja una idea simple: en este ‘play-off’ no hay relleno. La Champions ha comprimido tanto su fase eliminatoria que el margen de error se hizo pequeño desde febrero. Y eso, para cualquiera que llegue con dudas de enero, es un problema serio.
Fechas, horarios y dónde verlo: el calendario manda más de lo que parece
En un torneo como este, el calendario no es un apéndice: es parte del partido. El 17 y 18 de febrero se disputan las idas del ‘play-off’, y el 24 y 25 de febrero las vueltas; la UEFA confirmará qué día exacto juega cada cruce y los horarios concretos, pero el marco ya está fijado y no se mueve. El 27 de febrero habrá otro momento clave, más silencioso pero decisivo: el sorteo que definirá los octavos y, de paso, el camino posterior de cuartos y semifinales, porque en este formato el cuadro queda más amarrado antes de lo que estaba acostumbrado el aficionado clásico.
Los octavos se jugarán el 10/11 de marzo y el 17/18 de marzo, y ahí el Barça entrará en escena en eliminatoria, ya con rival conocido y con la vuelta en casa como premio por su posición de la fase liga. Los cuartos llegarán el 7/8 y 14/15 de abril, las semifinales el 28/29 de abril y 5/6 de mayo, y la final, el 30 de mayo, en Budapest. La sensación es de carrera de fondo sin descansos largos: un tropiezo te deja sin aire para rectificar.
En España, la Champions se ve en Movistar Plus+, con su cobertura en Movistar Liga de Campeones para los partidos, los previos y los carruseles de noches grandes. El sorteo se pudo seguir también en directo a través de los canales y plataformas oficiales, pero cuando llegue el balón, lo que importa es esa parrilla televisiva que, en semanas de eliminatoria, convierte cada noche en un tablero lleno de partidos que se pisan.
Febrero aprieta: por qué estos cruces son más venenosos de lo que parecen
El Real Madrid llega a Lisboa con una palabra pegada a la frente: revancha. No la revancha épica de película, sino la revancha incómoda, la que nace de un partido reciente que dejó señales y dudas. Arbeloa se estrena en una eliminatoria de Champions con el ruido todavía alrededor del equipo, y enfrente tiene a Mourinho, que conoce el torneo como un oficio y que suele convertir los detalles en ventaja: un duelo individual bien elegido, una transición preparada, un partido que se corta donde conviene. El Madrid es favorito por plantilla y por historia, pero este Benfica ya le ha ganado y, cuando un equipo te demuestra que puede, el “puede” deja de ser teoría.
El Atlético, mientras tanto, mira a Brujas sabiendo que el nombre engaña: no es un gigante, pero sí un rival que compite con seriedad y que, con Leko en el banquillo, puede llevar el partido a un terreno donde se juega con los dientes. La vuelta en Madrid es un salvavidas, sí, pero solo si la ida no deja una factura psicológica o un marcador que obligue a correr más de la cuenta. Simeone, en estas noches, suele convertir el partido en un asunto de concentración, y esa palabra —concentración— es la que decide eliminatorias que parecen sencillas hasta que dejan de serlo.
Y el Barcelona, que respira por evitar febrero, tiene una espera que no es tranquila: PSG, Mónaco, Newcastle o Qarabag no significan lo mismo. Un octavos ante PSG es una batalla de focos y talento; un octavos ante Newcastle es una batalla de ritmo; un cruce con viaje largo añade una capa de desgaste que no se ve en el resumen, pero aparece en abril cuando llegan los partidos grandes. El Barça llega con la vuelta en casa y con el prestigio de haberse metido entre los mejores, pero también con la necesidad de ajustar atrás, porque en eliminatorias un gol encajado “tonto” suele ser el más caro.
Así queda el mapa, con sus nombres bien colocados y sus fechas marcadas: Madrid y Atlético se juegan la vida en febrero, el Barça espera en marzo, y el cuadro ya empieza a oler a noches largas. La Champions, como siempre, no pregunta si apetece; simplemente llega, aprieta… y exige respuestas.

Viajes¿Qué hacer en la Diada de Catalunya 2026? Horarios, rutas y actos
Actualidad¿Qué pasó en Bromley? Cuatro apuñalados, uno crítico y siete detenidos
Tecnología¿Cómo logra el X-59 de la NASA 25 vuelos de prueba sin fallos graves?
Economía¿Qué ocurrió en Arcelor Gijón tras la explosión de su horno alto A?
Actualidad¿De qué murió Emma Bonino? Qué se sabe de su muerte a los 78 años
Ocio¿Qué cláusula tiene Troy Parrott y por qué el Betis lo ha blindado?
Ciencia¿Por qué un fotón de 300 TeV desafía las leyes físicas de Einstein?
Actualidad¿Quién puede parar a los hutíes y hará falta enviar tropas a Yemen?
Ocio¿Qué dijo Nacho Abad sobre el puesto 487 de PISA y por qué es falso?
Historia¿Qué atentados cambiaron la historia desde Sarajevo hasta el 11-S?
Actualidad¿Qué pasó en el acto de Aliança Catalana en el Fossar de les Moreres?
Historia¿Cómo ser voluntario en el santuario iberorromano de Bailén en 2026?





















