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¿Por qué Ramoncín dice que su madre le hizo el mayor favor de su vida?

Ramoncín recuerda la marcha de su madre, la familia que lo crió en Delicias y una infancia insólita que aún sorprende cuando cumple 70 años.

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Ramoncín

Foto: Amdkde / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. Imagen modificada.

Ramoncín ha vuelto a colocar uno de los episodios más íntimos de su biografía en el centro de la conversación. El cantante madrileño, de 70 años, sostiene que su madre se marchó cuando él tenía apenas dos años y, aunque la frase pueda sonar brutal fuera de contexto, él lo recuerda de una manera muy distinta: considera que aquella decisión terminó dejándolo en manos de una familia que le dio estabilidad, afecto y una infancia feliz. Por eso ha llegado a definirlo como «el mayor favor del mundo».

La historia tiene otra particularidad que ayuda a entender quién es Ramoncín antes incluso de llegar al rock: nació en un taxi en Madrid, después de un embarazo que su madre había mantenido oculto a buena parte de la familia. Creció después junto a su abuelo, sus tíos y su hermana en el entorno de Delicias. Con los años recuperó también la relación con su madre biológica. No habla, por tanto, desde el resentimiento. Más bien desde esa clase de memoria adulta que cambia el significado de las cosas cuando se observan a décadas de distancia.

Por qué Ramoncín asegura que su madre le hizo un favor

La frase que ha vuelto a poner su infancia en primer plano resulta fácil de convertir en un titular feroz. La realidad es bastante menos simple. Ramoncín ha explicado que no recuerda haber sufrido la ausencia materna como una carencia, porque alrededor tenía una estructura familiar muy presente: su abuelo, sus tíos, su hermana Isabel y, especialmente, su tía Engracia.

Su madre se marchó cuando él tenía dos años y quedó al cuidado de esa familia en la calle Canarias, en el barrio madrileño de Delicias. En sus recuerdos no aparece una casa vacía, sino justamente lo contrario: gente entrando y saliendo, conversaciones, vecinos, libros, calle. Una pequeña república doméstica, por así decirlo, en una España que estaba muy lejos de ser amable con las madres solteras.

Ramoncín ha contado que su tía Engracia ejerció en la práctica como una figura materna, pero sin intentar apropiarse del papel. Le dejaba claro que era su tía, «la tita». Su abuelo ocupó otra posición fundamental y acabó convirtiéndose en una de las personas que más marcaron su manera de mirar el mundo.

Su madre había ocultado el embarazo

Para comprender el comienzo de esa historia hay que retroceder todavía más. La madre de Ramoncín era soltera y había mantenido oculto el embarazo, especialmente ante algunos hombres de la familia. Hablamos de la España de mediados de los años cincuenta, con una moral social que podía convertir un embarazo fuera del matrimonio en un auténtico estigma.

El día del parto todo se precipitó. Según el relato que el propio músico ha ofrecido en distintas entrevistas, salieron desde la zona de Delicias, llegaron hasta Atocha y continuaron en taxi. No hubo tiempo para alcanzar el destino previsto. Ramoncín terminó naciendo cerca de la Puerta de Alcalá y la entrada del Retiro. Una entrada en escena bastante poco discreta para alguien que décadas después haría precisamente de la falta de discreción una parte de su personaje público.

Un nacimiento convertido en parte de su identidad madrileña

Él mismo ha bromeado con aquella circunstancia utilizando una expresión difícil de mejorar: «más madrileño imposible». No es únicamente una anécdota pintoresca. Su vínculo con Madrid, sus barrios y la cultura urbana acabaría impregnando buena parte de sus canciones y de su personalidad artística.

Madrid aparece en sus recuerdos casi como otro miembro de aquella familia: calles todavía ásperas, pequeños comercios, vecinos que se conocían, casas donde las ventanas abiertas servían también de radio comunitaria. Una ciudad bastante anterior a terrazas de diseño, alquileres imposibles y bicicletas eléctricas.

El abuelo que le enseñó que leer también era una forma de vivir

Uno de los recuerdos que Ramoncín repite con más cariño es el de su abuelo leyendo. Lo hacía continuamente y, durante el verano, leía en voz alta con las ventanas abiertas. Las vecinas podían escucharlo mientras realizaban sus tareas domésticas.

La escena parece diminuta, pero dice bastante. Ramoncín ha explicado que en su infancia faltaban caprichos, no necesariamente cosas importantes. Había libros, imaginación y conversación. Su abuelo resumía esa filosofía con una sentencia sencilla: «El que sabe, puede». Esa cultura doméstica acabaría dejando huella en un artista que nunca se limitó a cantar y que posteriormente trabajó también como escritor, actor, presentador y habitual participante en debates públicos.

No es difícil encontrar ahí una parte del Ramoncín adulto. A veces incómodo, discutido otras tantas, pero poco proclive a quedarse callado para resultar simpático a todo el mundo. Su carrera está llena de polémicas precisamente porque convirtió la opinión en una prolongación del escenario. Antes del escenario, sin embargo, estaban aquellas ventanas abiertas y un abuelo leyendo para media casa y, de rebote, para medio vecindario.

El reencuentro con su madre cambió el significado del abandono

La relación con su madre biológica no desapareció para siempre. Ella aparecía ocasionalmente durante su infancia y, con el paso de los años, ambos terminaron reconstruyendo el vínculo. Empezaron a verse, conversar y compartir partes de sus respectivas vidas.

Ramoncín ha explicado que aquel acercamiento le produjo una sensación peculiar: descubrió que, de alguna forma, tenía dos madres. Estaba su madre biológica y estaba la mujer que había ocupado buena parte del espacio cotidiano de la crianza. No necesitó borrar a una para reconocer a la otra.

Esa perspectiva es la que permite entender su frase sobre el «favor» que le hizo su madre. No está celebrando el abandono de un niño como idea abstracta —sería absurdo—, sino explicando cómo vivió concretamente su propia infancia. Él considera que permanecer con sus abuelos, su hermana y sus tíos le permitió crecer en un entorno que recuerda con enorme cariño.

De trabajar siendo adolescente a convertirse en Ramoncín

La infancia dio paso bastante rápido a la vida adulta. El cantante ha recordado que comenzó a trabajar con apenas 13 o 14 años. Fue botones y pasó también por una tienda de discos. La adolescencia, en sus palabras, fue rápida.

Después llegaría la música. En la segunda mitad de los años setenta respondió a un anuncio de un grupo de Vallecas que buscaba cantante. A partir de ahí apareció el personaje que España terminaría conociendo como Ramoncín, con canciones provocadoras, una estética incómoda para la época y letras que miraban directamente hacia la calle.

Su primer disco llegó en 1978 y aquella voz terminó asociada al rock urbano español de la Transición, aunque su trayectoria haya sido mucho más larga y bastante más difícil de encerrar en una sola etiqueta. La infancia en Delicias quedó lejos cronológicamente. Culturalmente, no tanto.

Una historia antigua que vuelve a despertar interés en 2026

Conviene introducir aquí una precisión. Las declaraciones que circulan estos días no constituyen una revelación completamente nueva. Ramoncín ya había relatado públicamente buena parte de estos episodios en febrero de 2025, durante su paso por Y ahora Sonsoles. Entonces ya habló de su nacimiento en el taxi, de la marcha de su madre y del papel decisivo de su abuelo y su tía.

En agosto de 2026, distintas publicaciones han recuperado el relato y lo han colocado otra vez entre los asuntos que despiertan interés alrededor del cantante. No cambia la historia; cambia el foco. Y, quizá, la edad desde la que él mismo vuelve a contemplarla.

Lo interesante está precisamente ahí. La noticia no consiste tanto en descubrir que Ramoncín tuvo una infancia poco convencional como en escuchar cómo la interpreta a los 70 años. El niño podía no comprender las razones de aquella ausencia; el adulto ha tenido décadas para reconstruirlas.

Y su lectura no es amarga. Hay circunstancias duras, sí, pero también gratitud hacia quienes se quedaron. Quizá por eso la expresión «mi madre me abandonó» cuenta solo media historia. La otra mitad empieza inmediatamente después, en una casa del barrio de Delicias.

La familia que Ramoncín eligió recordar

A Ramoncín le ha perseguido durante décadas una imagen pública hecha de rock, controversias, televisión y discusiones que en ocasiones han generado bastante más ruido que sus discos. Su relato de infancia muestra algo diferente: un niño criado entre abuelos, tíos, vecinos, libros y calles madrileñas, sin grandes comodidades pero con una red familiar que él sigue describiendo con gratitud.

Su madre se marchó cuando tenía dos años. Volvió después a su vida. Rehicieron la relación. Entre medias estuvo aquella otra familia que lo educó y a la que el cantante atribuye una parte esencial de lo que terminó siendo.

Por eso, detrás del titular aparentemente áspero, la historia que cuenta Ramoncín es menos la de un abandono que la de una pertenencia. Nació deprisa, en un taxi, casi entrando en Madrid por la puerta grande. Y creció donde le tocó, entre gente que —según su propio recuerdo— consiguió que la ausencia no pareciera un agujero. Ese es el verdadero sentido de aquel «mayor favor del mundo».

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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