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¿Quién gobernará Florida? Donalds y Jolly se disputan la era DeSantis

Byron Donalds y David Jolly pelearán por gobernar Florida en una elección marcada por Trump, DeSantis, los seguros y el coste de vida diario.

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una playa de florida

Florida ya tiene los dos nombres que competirán por suceder a Ron DeSantis. El republicano Byron Donalds y el demócrata David Jolly ganaron las primarias del 18 de agosto y se enfrentarán en las elecciones generales del 3 de noviembre de 2026, una cita que medirá hasta dónde llega el dominio conservador de un estado que hace no tanto era sinónimo de elecciones al milímetro. Donalds parte con ventaja estructural; Jolly, con una victoria interna más contundente y una apuesta deliberada por ensanchar el voto demócrata hacia el centro.

Los resultados de la noche electoral dejan bastante poco espacio para discutir quién ganó cada bando. Donalds obtuvo alrededor del 48% de los votos en una primaria republicana muy fragmentada; el vicegobernador Jay Collins quedó segundo. Entre los demócratas, Jolly alcanzó aproximadamente el 61%, muy lejos del resto. El vencedor político, a falta de completar el procedimiento formal de certificación, no admite suspense.

Florida ya tiene la batalla que marcará la era posterior a DeSantis

La elección no consiste simplemente en cambiar el nombre de la puerta del despacho del gobernador. Ron DeSantis no puede optar a un tercer mandato consecutivo, de modo que Florida abre por primera vez en ocho años una sucesión sin el gobernador actual en la papeleta. Y detrás de esa sucesión aparece una cuestión política bastante mayor: cuánto de la Florida construida durante los años de DeSantis sobrevivirá intacto y cuánto terminará siendo reformulado.

Donalds ofrece continuidad conservadora, aunque con acento propio. Jolly promete una ruptura más pragmática que revolucionaria, cosa lógica para alguien que pretende ganar como demócrata en un estado donde esa etiqueta pesa bastante más que hace una década.

Florida fue durante años el gran termómetro electoral estadounidense. George W. Bush ganó allí la presidencia en 2000 por apenas 537 votos; Barack Obama se llevó el estado dos veces. Aquella Florida púrpura, dividida casi quirúrgicamente entre rojos y azules, se ha ido desvaneciendo. Donald Trump ganó el estado en 2016, 2020 y 2024 y el Partido Republicano ha construido una ventaja creciente entre los votantes registrados.

Por eso noviembre servirá también para comprobar si el desplazamiento político hacia la derecha se ha consolidado como una estructura estable o si todavía conserva grietas. La elección pondrá a prueba tanto la influencia de Trump en su estado de residencia como la capacidad demócrata para convertir Florida de nuevo en un escenario verdaderamente competitivo.

Byron Donalds, la apuesta republicana para prolongar el ciclo

Donalds, de 47 años, representa desde 2021 un distrito del suroeste de Florida en la Cámara de Representantes federal y llega a noviembre después de imponerse claramente a una larga lista de aspirantes republicanos. Contó durante la campaña con el respaldo de Donald Trump, una bendición nada menor en las primarias del Partido Republicano contemporáneo, aunque el candidato deberá demostrar que el apoyo presidencial también funciona cuando se amplía el electorado.

Su triunfo tiene además una dimensión histórica. Si gana las elecciones generales, Donalds se convertiría en el primer gobernador negro de Florida. No ha construido su campaña esencialmente alrededor de ese hito, pero el dato está ahí y tendrá inevitablemente peso simbólico en un estado con una historia racial y política particularmente compleja.

El republicano ha intentado desplazar parte de la conversación desde las guerras culturales hacia algo más prosaico y bastante más pegajoso electoralmente: el bolsillo. Habla de impuestos, seguros de vivienda, coste sanitario y asequibilidad, una palabra que se ha convertido en la música ambiental de la campaña floridana. Quiere impulsar rebajas fiscales y fórmulas que alivien el coste cotidiano de los hogares.

Trump ayuda, pero Florida exige una identidad propia

Donalds pertenece inequívocamente al universo político de Trump, pero la elección de gobernador tiene sus propias reglas. Una familia que acaba de recibir la renovación del seguro de su casa probablemente dedique menos tiempo a la geometría ideológica de Washington que al número impreso en la factura. Ahí se entiende el giro.

Florida conserva impuestos relativamente bajos, sol, turismo, crecimiento demográfico y ese imaginario de palmeras, urbanizaciones y carreteras interminables. Pero bajo la postal aparecen seguros caros, viviendas difíciles de pagar y servicios públicos sometidos a una presión creciente. Donalds necesita persuadir al votante de que ocho años de gobierno republicano no convierten esos problemas en una factura política que deba pagar el propio Partido Republicano.

Su mensaje intenta resolver esa aparente contradicción: preservar el modelo conservador del estado y, a la vez, convencer de que todavía necesita reformas importantes. No es exactamente cambiar de rumbo. Más bien ajustar el motor sin admitir que el coche haya circulado mal.

David Jolly, el exrepublicano que intenta reconstruir el centro

Enfrente estará un candidato bastante menos convencional. David Jolly tiene 53 años, fue congresista republicano, abandonó después aquel espacio político y terminó registrándose como demócrata en 2025. Su victoria en las primarias confirma que los votantes demócratas de Florida han aceptado, al menos esta vez con claridad, esa metamorfosis.

Hay una ironía considerable. Hace cuatro años, los demócratas ya eligieron para gobernador a otro antiguo republicano, Charlie Crist, y Ron DeSantis lo derrotó por casi 20 puntos. Jolly llega obligado a demostrar que su historia no es una repetición con distinto reparto. Él explota precisamente su pasado conservador: presenta el cambio de partido como evolución política y no como un secreto familiar guardado bajo la alfombra.

Su campaña busca una coalición incómoda pero aritméticamente necesaria: demócratas tradicionales, independientes y republicanos moderados desencantados. Se declara favorable al capitalismo y a una administración relativamente contenida, mientras sostiene que el Estado debe intervenir cuando el mercado deja agujeros demasiado grandes en vivienda, educación, sanidad o seguros. Esa mezcla explica por qué puede sonar conservador durante cinco minutos y claramente demócrata durante los cinco siguientes.

Seguros, escuelas y sanidad separan a Jolly de Donalds

Jolly plantea una intervención pública más ambiciosa frente al coste de los seguros de propiedad, junto a una mayor atención a la escuela pública, la cobertura sanitaria, el aborto, las armas y la protección medioambiental. Ahí aparecen diferencias políticas profundas, aunque ambos candidatos estén intentando entrar por la misma puerta electoral: el coste de vivir en Florida.

Jolly sostiene también que las guerras culturales han distraído a Tallahassee de problemas más domésticos. Es una manera de disputar el centro sin renunciar por completo a posiciones progresistas. Donalds, previsiblemente, intentará hacer justamente lo contrario: presentar a su rival como un liberal disfrazado de moderado porque conoce la aritmética electoral del estado.

Y esa discusión será una de las líneas maestras de los próximos meses. Jolly necesita demostrar que puede recuperar votantes que abandonaron a los demócratas; Donalds, que la continuidad republicana puede ofrecer soluciones a problemas que también se han acumulado durante años de hegemonía conservadora. Las urnas resolverán la parte menos literaria del asunto.

El verdadero campo de batalla será el precio de vivir en Florida

La elección llegará cargada de símbolos nacionales, Trump incluido, pero una parte considerable de la campaña se decidirá en una cuestión mucho menos épica: cuánto cuesta mantener una vida normal.

La vivienda se ha encarecido en amplias zonas del estado. Los seguros de propiedad se han convertido en una preocupación cotidiana, especialmente en áreas vulnerables a huracanes. La presión afecta a propietarios, inquilinos y comunidades de condominios. En un lugar rodeado de océano, con temperaturas cálidas y fenómenos meteorológicos extremos, el seguro no es precisamente ese gasto administrativo que uno deja olvidado en un cajón.

Ambos candidatos han entendido el problema. Donalds apuesta por reformas, reducción de impuestos y mayor competencia. Jolly contempla una intervención estatal más profunda en el reparto del riesgo. Aquí la diferencia ideológica se vuelve casi tangible: quién paga, quién asegura y cuánto debe intervenir el gobierno cuando el mercado deja de funcionar razonablemente bien.

Florida tampoco votará dentro de una campana de cristal. La elección coincide con las legislativas de mitad de mandato y tendrá una lectura nacional inmediata. Una victoria de Donalds reforzaría la idea de que el antiguo gran estado bisagra se ha convertido definitivamente en territorio republicano. Una victoria de Jolly sería uno de los vuelcos políticos más relevantes de 2026.

El historial favorece al republicano. Los demócratas no ganan unas elecciones a gobernador de Florida desde 1994, cuando Lawton Chiles obtuvo la reelección. Treinta y dos años son mucho tiempo, incluso en una política estadounidense aficionada a reinventarse cada martes electoral.

La ventaja republicana existe y puede medirse

A 31 de julio de 2026, Florida tenía 5.607.836 votantes republicanos activos registrados y 4.066.503 demócratas. La diferencia supera los 1,54 millones. Otros 3.327.656 votantes no estaban afiliados a ningún partido, el enorme territorio donde Jolly tendrá que pescar votos sin perder por el camino a su propia base.

Ese desequilibrio ayuda a entender por qué Donalds puede ganar una primaria con alrededor del 48% y salir de ella con buenas perspectivas para noviembre, mientras que Jolly consigue cerca del 61% entre los demócratas y continúa siendo el candidato que tiene más terreno que recuperar.

Pero las primarias tampoco deben leerse como una encuesta de las generales. Son electorados distintos, con niveles de participación distintos y motivaciones distintas. Desde este momento, cada candidato tendrá que hablar a millones de floridanos que no participaron en la elección interna de ninguno de los dos partidos.

Para Donalds, eso significa conservar a los votantes de Trump y DeSantis mientras busca independientes y moderados. Para Jolly, supone movilizar a un Partido Demócrata debilitado en Florida y simultáneamente convencer a quienes quizá jamás imaginaron marcar una casilla demócrata.

Florida deja atrás la primaria y entra en la prueba real

La fotografía del 19 de agosto de 2026 es bastante nítida. Byron Donalds ha ganado la nominación republicana; David Jolly ha ganado la demócrata; Ron DeSantis dejará el cargo al finalizar su mandato y el próximo gobernador se decidirá el 3 de noviembre.

Donalds posee la ventaja de competir desde el partido que domina actualmente Florida, dispone del respaldo de Trump y puede convertirse en el primer gobernador negro del estado. Jolly llega con una primaria más contundente, un discurso diseñado para recuperar el centro y una propuesta que convierte la crisis de seguros, la sanidad y la educación pública en el corazón de su candidatura.

Florida, mientras tanto, vuelve a hacer aquello que siempre se le dio bien: servir como laboratorio político de Estados Unidos. Solo que el experimento ha cambiado. Hace unos años se preguntaba hacia qué lado caería el estado. En noviembre se medirá algo distinto: si todavía puede cambiar de lado.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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