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Historia

Muere Laura Cardoso a los 98: ¿quién fue la reina de las telenovelas?

Laura Cardoso muere a los 98 años tras una vida dedicada a las telenovelas. Así fue su carrera como gran leyenda de la televisión brasileña.

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Laura Cardoso
Laura Cardoso / WIKIPEDIA

Laura Cardoso, una de las grandes figuras de la televisión brasileña y pionera de las telenovelas, ha muerto a los 98 años en São Paulo. La actriz falleció la noche del lunes 17 de agosto de 2026 en su domicilio, después de encontrarse mal. Su familia confirmó la noticia durante la madrugada del martes a través de las redes sociales de la intérprete. La muerte se produjo por causas naturales, sin que se hayan divulgado más detalles médicos.

Su muerte despide a una actriz cuya carrera es difícil de separar de la propia historia de la televisión en Brasil. Cardoso empezó en la radio siendo adolescente, entró en la pequeña pantalla cuando aquello de tener una cámara delante todavía era casi una rareza tecnológica y acabó acumulando más de ocho décadas de profesión. Para varias generaciones fue Isaura en Mulheres de Areia, Guiomar en A Viagem, Carmem en Chocolate com Pimenta o Laksmi en Caminho das Índias. Para otras, sencillamente, era Laura Cardoso: uno de esos rostros que parecían formar parte del mobiliario sentimental de la televisión brasileña.

Laura Cardoso murió en su casa de São Paulo a los 98 años

La actriz falleció en su vivienda de São Paulo poco antes de la medianoche del lunes. Su hija Fátima explicó que se había encontrado mal en casa y el bisnieto de la intérprete, Fernando Faria, comunicó posteriormente que la muerte se produjo por causas naturales. El perfil oficial de Cardoso difundió de madrugada el mensaje con el que la familia hizo pública la noticia: “Nuestra gran estrella se ha despedido de nosotros”.

El velatorio se celebró este martes en la Funeral Home del barrio de Bela Vista, en la zona central de São Paulo, en una ceremonia reservada principalmente a familiares y allegados. Amigos, compañeros de profesión y admiradores acudieron también a despedirla. Entre las reacciones estuvo la de Tony Ramos, compañero suyo desde los tiempos de TV Tupi, que la recordó como una de las grandes referencias de la profesión y llegó a definirla como “nuestra reina”.

Globo modificó además su programación para emitir Tributo, un especial dedicado a Cardoso y grabado años antes con recuerdos de su infancia, su carrera y sus compañeros. No es un gesto menor. La actriz había atravesado prácticamente todas las edades de la televisión brasileña: la televisión en directo, el blanco y negro, la telenovela convertida en industria cultural de masas y, finalmente, el mundo de las plataformas.

De la radio a una televisión que todavía estaba inventándose

Laura Cardoso nació como Laurinda de Jesus Cardoso Balleroni en São Paulo el 13 de septiembre de 1927, hija de inmigrantes portugueses. Creció en el popular barrio de Bixiga y desde niña mostró inclinación por la interpretación. Recitaba en casa y en el colegio; lo que parecía un juego doméstico acabó convirtiéndose, bastante pronto, en oficio. A los 15 años comenzó a trabajar en radionovelas de Rádio Cosmos.

Aquello sucedía antes de que la televisión brasileña hubiese construido su lenguaje, sus estrellas y hasta sus costumbres. El entretenimiento entraba en los hogares por la radio y los actores debían fabricar habitaciones, tormentas, celos y tragedias únicamente con la voz. Cardoso perteneció a esa generación de intérpretes. Cuando dio el salto a la televisión, llevaba ya la escuela del micrófono puesta.

En 1952 apareció en Tribunal do Coração, de la recién nacida TV Tupi. Tenía 25 años. A partir de ahí trabajó en teleteatros, series y novelas para distintas cadenas, entre ellas Tupi, Record, Bandeirantes y Cultura. No llegó, por tanto, a una televisión asentada: participó en su construcción. Cuando las telenovelas todavía no ocupaban diariamente las parrillas, Cardoso ya estaba delante de las cámaras.

Hay carreras largas porque alguien consigue mantenerse. La suya fue algo distinto: duró tanto que atravesó cambios completos de lenguaje, técnica y público. Del plató casi teatral de los años cincuenta a las grandes producciones de Globo mediaba un océano. Cardoso cruzó ese océano trabajando.

Las telenovelas que convirtieron a Laura Cardoso en un rostro familiar

Su primera aparición en Globo llegó en 1981 con Brilhante, de Gilberto Braga, interpretando a Alda Sampaio. Dos años después regresó a la cadena para Pão-Pão, Beijo-Beijo. Vendrían Fera Radical, Rainha da Sucata y Felicidade, antes de una etapa especialmente recordada durante los años noventa.

De Mulheres de Areia a Caminho das Índias

En Mulheres de Areia, de 1993, interpretó a Isaura Araújo, madre de las gemelas Ruth y Raquel, encarnadas por Glória Pires. Un año después fue Guiomar en A Viagem, personaje atravesado por el componente sobrenatural de una de las telenovelas brasileñas más recordadas de aquella década. Más tarde llegaron Irmãos Coragem, Explode Coração, Vila Madalena y numerosos personajes secundarios que, con ella, pocas veces parecían realmente secundarios.

En 2003 volvió a conquistar al público como la abuela Carmem de Chocolate com Pimenta. En Caminho das Índias interpretó a Laksmi Ananda, matriarca de la familia india alrededor de la que giraba buena parte de la trama. La producción obtuvo el Emmy Internacional a la mejor telenovela. Después aparecieron Gabriela, Flor do Caribe, Império, Sol Nascente y O Outro Lado do Paraíso.

Su última telenovela fue A Dona do Pedaço, en 2019, donde interpretó a Matilde. Tenía más de 90 años. Mientras buena parte de la industria suele reservar a los actores veteranos una prudente retirada —ese educado eufemismo para hacerlos desaparecer de pantalla—, Cardoso continuó trabajando. Y no como reliquia invitada para recibir un aplauso: seguía haciendo personajes.

Una actriz de televisión que nunca fue solamente de televisión

Reducir su trayectoria a las telenovelas sería comprensible, pero injusto. Cardoso desarrolló también una amplia carrera en teatro y cine, con decenas de producciones y algunos de los reconocimientos más prestigiosos de la cultura brasileña. Ganó dos premios Shell por sus interpretaciones teatrales y recibió en 2006 la Orden del Mérito Cultural de Brasil.

En el cine participó en más de una veintena de películas. Trabajó, entre otros, en Terra Estrangeira, de Walter Salles, y recibió premios por sus actuaciones en Através da Janela y Copacabana. Todavía en 2025 intervino en el cortometraje Dona Rosinha, centrado en el abandono de las personas mayores. Tenía 97 años. Una edad a la que la palabra “retirada” parece razonable para casi cualquiera; con Laura Cardoso nunca terminó de encajar.

Ese mismo 2025 fue homenajeada con una estrella en la Calçada da Fama de los Estudios Globo. También participó en la tradicional pieza televisiva de fin de año de la cadena. Fue su última aparición en una producción televisiva: durante la grabación pidió levantarse de la silla para cantar de pie junto a sus compañeros. Un detalle pequeño, quizá, pero bastante coherente con una mujer que pasó la vida evitando quedarse sentada cuando había un escenario cerca.

Más de ocho décadas interpretando sin convertirse en monumento

La longevidad profesional de Laura Cardoso impresiona por las cifras, pero estas explican solo una parte. Su carrera comenzó cuando la ficción doméstica brasileña se escuchaba por la radio y terminó cuando aquellas mismas producciones podían verse bajo demanda en un teléfono móvil. Más de ocho décadas de profesión caben entre esos dos mundos.

También resulta significativo el tipo de personajes que construyó. Madres, abuelas, matriarcas, mujeres humildes, mujeres temibles, beatas, campesinas, inmigrantes, aristócratas, personajes cómicos y villanas. La televisión, especialmente cuando envejecen sus actrices, tiene cierta inclinación a entregarles siempre la misma abuela decorativa con una taza en la mano. Cardoso escapó muchas veces de ese molde.

Su fuerza estaba precisamente ahí: no necesitaba ser protagonista para dominar una escena. Esa capacidad convirtió personajes de reparto en recuerdos colectivos. Algo que no se fabrica con campañas ni aniversarios. Ocurre después de años entrando en millones de casas, una tarde detrás de otra, hasta que el espectador deja de percibir al intérprete como un desconocido.

Laura Cardoso pertenecía a esa extraña categoría.

Una vida pegada a la pantalla

La muerte de Laura Cardoso deja dos hijas, Fátima y Fernanda, además de nietas y un bisnieto, Fernando Faria, que durante los últimos años estuvo muy próximo a la actriz y gestionó sus redes sociales. Su marido, el actor, director y guionista Fernando Balleroni, había fallecido en 1980.

Pero la dimensión pública de su desaparición está en otra parte. Cardoso no fue únicamente una intérprete prolífica dentro del gigantesco engranaje de la telenovela brasileña; perteneció a la generación que convirtió aquel formato en uno de los grandes productos culturales de Brasil. Empezó cuando la televisión parecía un experimento y siguió allí cuando se convirtió en una industria exportada a medio mundo.

Murió a los 98 años, después de haber trabajado prácticamente hasta el final. Quedan Isaura, Guiomar, Carmem, Laksmi, Doroteia, Matilde y decenas de mujeres ficticias más. Y queda también una imagen bastante menos ficticia: la de una actriz pequeña ante la cámara, firme, texto aprendido, esperando su entrada. Durante más de 80 años la entrada llegó. Y Laura Cardoso salía a escena.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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