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Historia

¿Qué santo se celebra hoy, 18 de agosto? Santa Elena y otros santos

Santa Elena protagoniza el santoral del 18 de agosto junto a San Agapito, San Alberto Hurtado y otros santos de una fecha con mucha historia.

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Qué santo se celebra el 20 de abril

El santoral católico del 18 de agosto tiene como protagonista más reconocible a Santa Elena, emperatriz romana y madre de Constantino el Grande. Su nombre quedó unido para siempre a Tierra Santa y, sobre todo, a la tradición del hallazgo de la Vera Cruz, el madero en el que habría sido crucificado Jesucristo. Este martes 18 de agosto de 2026 es, por tanto, una fecha especialmente señalada para quienes se llaman Elena o Helena.

Pero el calendario no se agota ahí. El 18 de agosto también recuerda a San Agapito de Palestrina, mártir de los primeros siglos del cristianismo, y coincide con la memoria de figuras mucho más próximas a nuestro tiempo, como San Alberto Hurtado, el jesuita chileno volcado en los pobres, o el beato Martín Martínez Pascual, sacerdote español asesinado durante la Guerra Civil. El santoral, pese a que en el habla cotidiana solemos buscar “el santo del día”, casi nunca tiene un único nombre.

Santa Elena, la gran protagonista del santoral del 18 de agosto

La historia de Santa Elena de Constantinopla tiene algo de esas biografías antiguas en las que los documentos dejan huecos y, siglos después, la tradición los llena de imágenes. Sabemos que vivió entre los siglos III y IV y que procedía probablemente de Bitinia, en Asia Menor, territorio de la actual Turquía. Sus orígenes fueron modestos, muy lejos del mármol, la púrpura y el ceremonial que terminarían rodeándola.

Fue compañera de Constancio Cloro y madre de Constantino, el futuro emperador. La relación con Constancio terminó cuando la política imperial —esa vieja máquina romana que trituraba afectos con bastante eficacia— exigió otra alianza matrimonial. Elena quedó apartada durante años, hasta que el ascenso de su hijo la devolvió al centro del poder romano.

Constantino concedió a su madre el título de Augusta, el máximo rango reservado a una mujer de la familia imperial. Desde entonces aparece vinculada a obras de beneficencia, ayuda a personas necesitadas y protección de lugares cristianos. Su peso histórico no procede simplemente de ser “la madre de”. Elena adquirió una posición propia en la corte que estaba asistiendo a uno de los cambios religiosos más profundos de la Antigüedad.

Constantino favoreció de manera decisiva al cristianismo y, junto con Licinio, impulsó en 313 la política de tolerancia religiosa asociada tradicionalmente al llamado Edicto de Milán. No convirtió todavía el cristianismo en religión oficial del Imperio —eso llegaría bastante después—, pero cambió las reglas del tablero. Los cristianos dejaron de vivir bajo el horizonte permanente de las grandes persecuciones imperiales.

Y Elena, ya anciana, hizo algo extraordinario para una persona de su edad y de su época: emprendió un largo viaje hacia Tierra Santa, hasta los lugares vinculados con la vida de Jesús.

Tierra Santa y la historia de la Vera Cruz

La peregrinación de Elena a Palestina se sitúa aproximadamente entre 326 y 328. Allí quedó asociada a la construcción o embellecimiento de grandes santuarios cristianos en Jerusalén, Belén y el Monte de los Olivos. El paisaje religioso de Tierra Santa comenzó a adquirir entonces una forma monumental que, con destrucciones, reconstrucciones y siglos de historia encima, todavía reconocemos.

El episodio más famoso es el supuesto hallazgo de la cruz de Cristo en Jerusalén. Aquí conviene separar historia y tradición sin estropear ninguna de las dos.

La tradición cristiana atribuye a Santa Elena el descubrimiento de la Vera Cruz durante las excavaciones realizadas en el entorno del Gólgota. Los relatos posteriores cuentan que aparecieron tres cruces y que una curación milagrosa permitió identificar cuál pertenecía a Jesús. También se relacionaron con aquella búsqueda los clavos de la crucifixión y otras reliquias.

El dato histórico más sólido es el viaje de Elena a Tierra Santa y su intervención en aquellos lugares. Los detalles milagrosos del descubrimiento pertenecen a una tradición desarrollada y transmitida posteriormente. No es una diferencia menor. En historia antigua, dos líneas escritas cerca de los acontecimientos pueden pesar más que diez páginas redactadas siglos después.

Sea como fuere, la unión entre Santa Elena y la cruz arraigó con una fuerza formidable. Basta mirar su iconografía: aparece casi siempre junto a una gran cruz. Su figura forma parte incluso del conjunto monumental situado bajo la cúpula de la basílica de San Pedro del Vaticano. Su culto se extendió por Oriente y Occidente, aunque con fechas distintas; en la tradición occidental su celebración quedó fijada el 18 de agosto.

San Agapito de Palestrina, el otro nombre antiguo de la fecha

Junto a Santa Elena, el 18 de agosto recuerda a San Agapito, mártir de Palestrina, localidad situada cerca de Roma. Su memoria procede del cristianismo antiguo y aparece vinculada a las persecuciones sufridas por las primeras comunidades cristianas.

Las narraciones tradicionales presentan a Agapito como un cristiano muy joven que sufrió martirio durante el siglo III. Los relatos hagiográficos antiguos adornaron posteriormente su muerte con diversos tormentos y episodios extraordinarios, algo bastante habitual en las vidas de los mártires transmitidas durante siglos.

Lo que permanece es su antiquísimo culto en Palestrina, donde su nombre quedó profundamente arraigado. Santa Elena representa en esta jornada el cristianismo que empieza a ocupar palacios y basílicas; Agapito, casi en el extremo opuesto, recuerda aquel otro cristianismo anterior, perseguido y clandestino. Dos épocas separadas por pocas décadas. Casi dos mundos.

San Alberto Hurtado y una santidad mucho más cercana

El santoral del 18 de agosto permite dar un salto de más de 1.600 años hasta San Alberto Hurtado Cruchaga, nacido en Viña del Mar, Chile, en 1901. Sacerdote jesuita, jurista y educador, convirtió la preocupación por la pobreza en algo bastante menos cómodo que un discurso piadoso: creó instituciones y se metió de lleno en la cuestión social.

Su obra más conocida fue el Hogar de Cristo, nacido en la década de 1940 para atender a personas sin vivienda, especialmente niños. Hurtado también trabajó en la formación de jóvenes y laicos, impulsó iniciativas sindicales inspiradas en la doctrina social católica y escribió sobre las desigualdades de Chile. No era precisamente un santo decorativo.

Murió el 18 de agosto de 1952, víctima de un cáncer de páncreas. Juan Pablo II lo beatificó en 1994 y Benedicto XVI lo canonizó en 2005. En Chile, su figura quedó ligada de manera especial a la solidaridad y a la atención a quienes viven en los márgenes.

Su presencia en esta fecha aporta al santoral un contraste interesante. Frente a una emperatriz romana que recorrió Tierra Santa aparecen un sacerdote del siglo XX, barrios pobres, niños sin hogar y debates sobre justicia social. Cambian los escenarios; el calendario los coloca, curiosamente, en la misma página.

El beato Martín Martínez Pascual, la memoria española del 18 de agosto

Para un lector español hay otro nombre especialmente próximo: el beato Martín Martínez Pascual, sacerdote nacido en Valdealgorfa, Teruel, y miembro de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos.

Tenía solamente 25 años cuando fue asesinado el 18 de agosto de 1936, en las primeras semanas de la Guerra Civil española. Había trabajado como formador y profesor en Murcia y regresó a su localidad natal poco antes del estallido de la violencia. Durante la persecución religiosa permaneció oculto hasta que supo que habían detenido a su padre para forzar su entrega. Entonces regresó al pueblo y se presentó.

Fue detenido junto a otros sacerdotes y posteriormente fusilado. Juan Pablo II lo beatificó el 1 de octubre de 1995 dentro de un grupo de sacerdotes operarios reconocidos como mártires. Su conmemoración cae precisamente en la fecha de su muerte.

Es una historia que pertenece también a uno de los capítulos más dolorosos y políticamente explotados de nuestra memoria colectiva. Los hechos pueden contarse sin convertir a las víctimas en munición para otra trinchera: hubo persecución religiosa, asesinatos y una violencia brutal que alcanzó a miles de personas por motivos muy distintos. Martín Martínez Pascual forma parte de esa memoria histórica y religiosa.

Qué nombres celebran su santo este 18 de agosto

Para el uso cotidiano del santoral, el nombre que sobresale es Elena, junto con su variante Helena. Quienes llevan este nombre celebran tradicionalmente su onomástica el 18 de agosto en honor a la emperatriz romana, aunque existen otras santas y otras fechas asociadas al mismo nombre según calendarios y tradiciones locales.

También tienen conmemoraciones vinculadas a esta jornada nombres como Agapito y Alberto, además de diversos santos y beatos incluidos en martirologios y calendarios particulares. Aquí aparece una pequeña trampa habitual de Internet: algunas páginas presentan una lista gigantesca como si todos los nombres tuvieran exactamente el mismo rango litúrgico. No funciona así.

El Martirologio Romano recoge un conjunto amplio de santos y beatos recordados cada fecha, mientras que el calendario litúrgico distingue solemnidades, fiestas, memorias obligatorias, memorias libres y conmemoraciones locales. Por eso dos listados aparentemente distintos pueden ser correctos sin estar hablando exactamente de lo mismo.

En el caso del 18 de agosto, Santa Elena mantiene una presencia especialmente extendida en la devoción popular occidental, mientras que San Agapito conserva una tradición antiquísima y figuras como Alberto Hurtado poseen una relevancia muy marcada en determinados países y comunidades religiosas.

Una fecha que enlaza Roma, Jerusalén, Chile y España

El santoral del 18 de agosto tiene una curiosa amplitud histórica. Arranca prácticamente en las catacumbas con San Agapito, atraviesa los palacios del Imperio con Santa Elena, salta hasta la España desgarrada de 1936 con Martín Martínez Pascual y llega al siglo XX latinoamericano de la mano de Alberto Hurtado.

Entre todos ellos, Santa Elena continúa siendo el nombre que define popularmente la jornada. Su viaje a Tierra Santa y la tradición del hallazgo de la Vera Cruz hicieron de aquella mujer nacida lejos de los círculos aristocráticos una de las figuras femeninas más reconocibles del cristianismo antiguo.

Así que el 18 de agosto no es solamente Santa Elena, aunque esa sea la respuesta más inmediata. Detrás de la fecha aparece un pequeño mosaico de casi dos mil años: persecuciones romanas, poder imperial, peregrinaciones, reliquias, pobreza urbana y la violencia de la España del siglo XX. Un santoral también puede leerse como una peculiar forma de contar la historia.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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