Síguenos

Actualidad

¿Qué pasó en la mina de oro de RCA donde murieron más de 100 personas?

Más de 100 personas murieron tras un deslizamiento en una mina artesanal de oro en República Centroafricana; el rescate continúa sin tregua.

Publicado

el

mina de oro

Al menos 100 personas han muerto tras un enorme deslizamiento de tierra en una mina artesanal de oro de Zamboye, en el oeste de la República Centroafricana, cerca de la frontera con Camerún. El derrumbe ocurrió el martes 18 de agosto y sorprendió a numerosos mineros que trabajaban en el yacimiento, parte de los cuales quedaron sepultados. Las operaciones de rescate continuaban este miércoles y las autoridades locales advertían de que el balance aún podía aumentar.

La cifra ha cambiado conforme avanzaba la recuperación de cadáveres. Las primeras informaciones hablaban de 30 cuerpos recuperados y más trabajadores atrapados; horas después, el vicealcalde de Zamboye, Souleymane Bi, comunicó que ya se habían contabilizado al menos un centenar de fallecidos. Desde el lado camerunés de la frontera, fuentes locales elevaron provisionalmente el recuento a 107. No existe todavía un balance definitivo y plenamente consolidado.

El lugar de la tragedia está en Nana-Mambéré, una prefectura occidental de la República Centroafricana donde la minería artesanal constituye una fuente de ingresos para miles de personas. Zamboye queda en una zona fronteriza conectada con el este de Camerún y próxima a Garoua-Boulaï, dentro de una región en la que el oro ha atraído durante años a trabajadores locales y migrantes. Oro bajo los pies, pobreza alrededor y seguridad bastante más escasa: una combinación que explica parte del desastre.

Más de 100 muertos tras ceder la tierra sobre la mina

El deslizamiento se produjo durante la jornada del martes en una explotación aurífera artesanal, formada por excavaciones y pozos abiertos con medios relativamente rudimentarios. Según las autoridades de Zamboye, las operaciones del yacimiento no se desarrollaban conforme a las normas exigibles y los trabajadores excavaban a considerable profundidad para alcanzar las capas donde aparece el oro.

Testigos situaron el momento del derrumbe durante la mañana, aunque otras informaciones procedentes del lado camerunés lo emplazan varias horas después. Esa diferencia horaria es uno de los detalles todavía confusos de una catástrofe reconstruida a partir de testimonios dispersos en una zona remota, con comunicaciones y medios de emergencia limitados. Lo que sí coincide es lo esencial: una enorme masa de terreno cedió mientras había numerosos trabajadores en la explotación.

Wilfried Ngoloyangue, uno de los mineros presentes, describió cómo los trabajadores escucharon primero el estruendo del terreno y después los gritos de auxilio. Florian Gaguende, también presente en el yacimiento, aseguró que seguían desaparecidas numerosas personas y que las posibilidades de encontrarlas con vida disminuían con el paso de las horas.

Qué ocurrió en la mina artesanal de Zamboye

El escenario no es el de una gran explotación industrial con galerías reforzadas, sistemas de control geotécnico y equipos profesionales de emergencia. Zamboye funciona como una mina artesanal de oro, precisamente el tipo de explotación que concentra buena parte de la actividad minera de pequeña escala de la República Centroafricana. Son instalaciones de baja tecnología donde los trabajadores disponen habitualmente de mucha menos protección frente a derrumbes y otros accidentes.

La profundidad de los pozos y la estabilidad del terreno son factores especialmente delicados. Cuando se retira tierra sin un sostenimiento adecuado, las paredes pueden perder resistencia y desplomarse de forma casi instantánea. En Zamboye, el propio vicealcalde calificó el accidente de previsible por la manera en que los mineros profundizan las excavaciones para seguir las vetas auríferas.

Hay, además, un factor humano difícil de separar de la geología. Muchos de quienes entran en estos pozos no lo hacen porque ignoren el peligro. Lo hacen porque las alternativas económicas son pocas. La República Centroafricana permanece entre los países más pobres y frágiles del mundo pese a disponer de importantes recursos naturales, incluidos oro y diamantes. Una de esas paradojas que se repiten tanto que casi han dejado de sorprender, aunque deberían.

Un rescate con pocos medios y demasiada tierra

Las primeras labores de emergencia recayeron en habitantes de la zona y en los propios mineros. Residentes y trabajadores necesitaron varias horas para recuperar inicialmente decenas de cadáveres de la explotación, mientras los heridos comenzaron a recibir atención médica. Posteriormente, el recuento aumentó de manera drástica hasta superar el centenar.

Parte de los heridos fue trasladada a Bouar, una de las principales ciudades del oeste centroafricano. Los testimonios sobre el terreno describen una búsqueda realizada con recursos insuficientes y con trabajadores artesanales tratando de retirar tierra allí donde normalmente serían necesarios equipos especializados, maquinaria y sistemas de estabilización del terreno.

La dificultad no consiste únicamente en sacar toneladas de barro y escombros. Cada movimiento puede provocar nuevos desprendimientos o comprometer huecos en los que todavía pudiera encontrarse alguien. Es una carrera lenta contra el tiempo, justo cuando el tiempo es lo que menos sobra.

Por qué el número de víctimas todavía puede cambiar

La diferencia entre los primeros 30 fallecidos recuperados y el centenar anunciado después no implica necesariamente una contradicción. Refleja, sobre todo, distintos momentos del rescate. El balance inicial correspondía a los cadáveres que habían podido extraerse; posteriormente, las autoridades locales elevaron la cifra a al menos 100. Desde Camerún, el alcalde de Garoua-Boulaï, Amadou Abdon, situaba provisionalmente el recuento en 107 cadáveres.

La prudencia sigue siendo obligada. Hay personas desaparecidas, las tareas de recuperación no habían terminado y tampoco se conoce con exactitud cuántos trabajadores estaban dentro o alrededor de la explotación cuando cedió el terreno. Por eso, cualquier cifra difundida durante estas primeras horas debe entenderse como provisional.

La minería artesanal, el lado más precario del oro

La tragedia de Zamboye no aparece en un vacío. La República Centroafricana posee enormes recursos minerales y cuenta con centenares de enclaves mineros vinculados principalmente al oro, los diamantes y otras materias primas. Sin embargo, esa riqueza del subsuelo convive con una economía muy débil y una pobreza extrema.

La extracción a pequeña escala sigue teniendo un peso importante. Los mineros trabajan con herramientas sencillas, pozos excavados manualmente y sistemas de explotación que muchas veces están lejos de los estándares de una mina industrial. El peligro se vuelve cotidiano: desprendimientos, inundaciones, pozos inestables, aguas contaminadas y una capacidad de rescate mínima cuando algo falla.

Sobre el papel existe regulación. La República Centroafricana dispone desde 2024 de un nuevo Código Minero, con obligaciones ambientales y sociales y un marco dirigido a mejorar la gobernanza del sector. Entre la norma escrita en Bangui y un pozo abierto a cientos de kilómetros, sin embargo, queda un espacio enorme. Y por ese espacio se cuelan muchos de los riesgos.

Un sector rico en minerales, pero difícil de controlar

La minería resulta económicamente relevante para el país. Las industrias extractivas tienen un peso extraordinario en las exportaciones centroafricanas, una dependencia considerable para un sector cuya supervisión resulta especialmente compleja fuera de los grandes centros urbanos.

La explotación artesanal también mueve comunidades enteras alrededor de los yacimientos. Los pozos ofrecen ingresos en lugares donde el empleo formal apenas existe, de modo que cerrar una mina peligrosa no es una decisión sencilla cuando centenares de familias dependen directa o indirectamente de ella. Esa realidad explica el problema, pero no hace menos graves sus consecuencias.

En Zamboye, las autoridades reconocen precisamente esa contradicción. Muchos jóvenes asumen un riesgo enorme porque encuentran pocas alternativas laborales. Una realidad áspera, pero bastante reveladora: la seguridad minera compite con la necesidad inmediata de ganarse la vida.

Otros derrumbes ya habían golpeado el país en 2026

El accidente del 18 de agosto tampoco es el primero registrado este año en las explotaciones artesanales centroafricanas. En marzo, un derrumbe en una mina de Nourroum, en la prefectura de Ouham-Péndé, causó ocho muertos y cinco heridos. Los trabajadores se encontraban en el interior cuando cedió la excavación.

En junio, otro desprendimiento en el yacimiento aurífero de Konyeme, también en Nana-Mambéré, dejó al menos ocho mineros muertos y varios desaparecidos. Las autoridades explicaron entonces que la tierra había sepultado a los trabajadores de madrugada mientras se encontraban bajo tierra. Otro accidente ocurrido en mayo en Be-Mbari había causado 23 muertos tras el colapso de un pozo.

Son episodios con circunstancias distintas, pero dibujan un patrón difícil de ignorar. Los mineros profundizan las excavaciones, las explotaciones artesanales concentran a mucha gente y los sistemas de seguridad no siempre avanzan al mismo ritmo. Cuando el suelo falla, el margen de reacción es mínimo.

El precio del oro también se mide bajo tierra

Zamboye deja de momento más de un centenar de muertos, personas desaparecidas, heridos y familias esperando noticias mientras continúa la recuperación de cuerpos. Es uno de los accidentes mineros más graves conocidos recientemente en la República Centroafricana y su balance todavía puede cambiar.

La tragedia pone una lupa incómoda sobre una realidad mucho más amplia. La República Centroafricana tiene oro, diamantes y numerosos yacimientos, pero buena parte de su población continúa viviendo en condiciones extremadamente precarias. En las zonas mineras, esa contradicción se vuelve física: hombres y mujeres excavan cada vez más profundo para sacar un metal cuyo valor se decide a miles de kilómetros. Arriba reluce el oro. Abajo quedan pozos mal protegidos, tierra inestable y trabajadores expuestos.

El derrumbe de Zamboye no convierte por sí solo la minería artesanal en el problema; señala algo más concreto y menos cómodo: cuando una actividad económica imprescindible funciona sin suficiente control técnico, prevención y capacidad de emergencia, el riesgo deja de ser excepcional. Se vuelve parte del trabajo. Y, esta vez, el precio ha sido devastador.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído