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Nick Kyrgios, suspendido provisionalmente tras dar positivo por cocaína
Kyrgios da positivo por cocaína, queda suspendido y revive sus críticas a Sinner en uno de los giros más incómodos que deja el tenis mundial.

Foto: Carine06 / Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 2.0.
Nick Kyrgios ha sido suspendido provisionalmente del tenis profesional después de dar positivo por cocaína en un control antidopaje realizado durante el ATP 250 de Mallorca. La muestra, recogida el 22 de junio de 2026, contenía benzoilecgonina, el principal metabolito de la cocaína. El laboratorio acreditado por la Agencia Mundial Antidopaje confirmó el resultado el 17 de julio y la suspensión entró en vigor el 4 de agosto. La noticia se hizo pública este 19 de agosto.
El propio jugador australiano, de 31 años, ha reconocido el positivo y ha asumido la responsabilidad. No ha hablado de contaminación, error médico ni suplemento sospechoso: lo ha definido como «un gran error» y ha pedido disculpas a su familia, seguidores, patrocinadores y, de manera especial, a los niños que le siguen. La escena adquiere inevitablemente otra dimensión por la hemeroteca: Kyrgios fue durante meses una de las voces más agresivas contra Jannik Sinner por su caso de dopaje con clostebol.
Kyrgios dio positivo por cocaína durante el torneo de Mallorca
El control se produjo en el Mallorca Championships, torneo sobre hierba utilizado como preparación para Wimbledon. Ese 22 de junio, Kyrgios perdió en primera ronda frente a su compatriota Adam Walton por 6-3 y 6-4. Después llegó el análisis de la muestra y, semanas más tarde, la confirmación del laboratorio.
La sustancia encontrada fue benzoilecgonina, un metabolito que se utiliza precisamente como marcador para detectar consumo de cocaína. La AMA incluye la cocaína entre los estimulantes prohibidos en competición y, además, dentro de la categoría especial de «sustancias de abuso». Esa clasificación importa bastante: un positivo por cocaína no se procesa exactamente igual que uno por un esteroide anabolizante.
La suspensión de Kyrgios es, de momento, provisional. No equivale a una sanción definitiva ni permite afirmar cuánto tiempo permanecerá fuera del circuito. Mientras siga vigente, no puede competir, entrenar oficialmente ni asistir a acontecimientos organizados o sancionados por ATP, WTA, Grand Slams o federaciones nacionales. El australiano no ha recurrido por ahora la medida.
El australiano admite el consumo y habla del final de su carrera
Kyrgios ha acompañado sus disculpas con un contexto personal bastante menos desafiante que el personaje volcánico al que acostumbró el circuito. Las lesiones de los últimos años, ha explicado, le han pasado factura física y mentalmente, hasta colocarle ante una posibilidad que durante mucho tiempo parecía remota: que su carrera esté cerca de terminar.
Su cuerpo, ha venido a decir, ya no responde a lo que espera su cabeza. No presenta esa situación como una justificación del positivo. Al contrario, insiste en que debe asumir la responsabilidad. También ha anunciado que se apartará durante 28 días de las redes sociales y de la vida pública para centrarse en recuperarse y ordenar su situación personal.
Hay un contraste duro ahí. Kyrgios llegó a una final de Wimbledon, alcanzó el número 13 del mundo y fue durante años uno de esos jugadores capaces de convertir una pista de tenis en una plaza pública: talento descomunal, discusiones con árbitros, raquetas, público, humor, broncas. Últimamente el gran adversario había dejado de estar al otro lado de la red. Eran las lesiones. Y ahora se añade un procedimiento antidopaje abierto.
La hemeroteca devuelve a Kyrgios sus ataques contra Sinner
Aquí aparece el elemento que ha disparado el interés alrededor del caso. Kyrgios fue uno de los críticos más persistentes con el tratamiento recibido por Jannik Sinner cuando se conocieron sus dos positivos por clostebol en 2024. El australiano cuestionó públicamente que el italiano pudiera continuar compitiendo y denunció lo que consideraba un trato desigual dentro del tenis.
El caso Sinner, sin embargo, tenía circunstancias muy concretas. El italiano dio positivo dos veces por cantidades muy pequeñas de clostebol en marzo de 2024. Una investigación de la Agencia Internacional para la Integridad del Tenis concluyó que la sustancia había llegado accidentalmente a su organismo a través de un miembro de su equipo que utilizaba un aerosol con clostebol para tratar una herida y posteriormente realizaba masajes al jugador. Un tribunal independiente aceptó la explicación y determinó inicialmente que Sinner no había cometido falta ni negligencia.
La Agencia Mundial Antidopaje recurrió aquella decisión. El litigio terminó en febrero de 2025 mediante un acuerdo que impuso a Sinner tres meses de suspensión, desde el 9 de febrero hasta el 4 de mayo. La propia AMA aceptó que el italiano no había intentado hacer trampas y que la exposición al clostebol no le había proporcionado ventaja competitiva, aunque consideró que debía responder por la actuación de su entorno.
La ironía existe, pero los dos positivos no son equivalentes
Resulta tentador condensarlo todo en una frase fácil: Kyrgios atacó a Sinner por dopaje y ahora Kyrgios da positivo por cocaína. La hemeroteca tiene esas malas costumbres. Pero los expedientes no son iguales, y mezclarlos como si fueran idénticos sería bastante cómodo y bastante incorrecto.
Sinner dio positivo por clostebol, un agente anabolizante prohibido en todo momento, y sostuvo desde el comienzo que había sufrido una contaminación involuntaria. Esa explicación fue respaldada por expertos, por la ITIA y por un tribunal independiente; posteriormente llegó el acuerdo de tres meses con la AMA. Kyrgios, en cambio, ha reconocido su positivo por cocaína, sustancia catalogada específicamente como droga de abuso y prohibida durante la competición.
Eso no elimina el componente político —en el pequeño sentido de la política interna del deporte— de lo ocurrido. Kyrgios convirtió la lucha antidopaje en una cuestión pública, exigió dureza con otros jugadores y cuestionó la credibilidad del sistema. Que sea ahora él quien deba someterse a ese mismo sistema hace que cada una de aquellas declaraciones reaparezca con una nitidez incómoda.
Qué sanción podría recibir Kyrgios por el positivo
La gran incógnita es la duración de la suspensión definitiva. El positivo se produjo en una muestra recogida durante una competición, pero eso no determina por sí solo cuándo se consumió la cocaína. Precisamente ahí puede estar una parte decisiva del procedimiento.
El Código Mundial Antidopaje contempla un tratamiento particular para las sustancias de abuso. Si el deportista demuestra que el consumo ocurrió fuera de competición y no guardaba relación con el rendimiento deportivo, la sanción prevista puede reducirse considerablemente: el marco contempla tres meses de inhabilitación, con posibilidad de bajar a un mes cuando se cumplen determinadas condiciones relacionadas con un programa de tratamiento aprobado.
No es una hipótesis meramente académica. En mayo de 2025, el tenista marroquí Imran Sibille aceptó una suspensión de un mes por un positivo por cocaína tras acogerse precisamente al régimen aplicable a las sustancias de abuso y comprometerse a completar un programa de tratamiento. Cada caso depende, claro, de sus hechos y de las pruebas aportadas.
Por eso conviene no convertir la suspensión provisional de Kyrgios en una condena de duración inventada. La ITIA tendrá que determinar las circunstancias del consumo y resolver el expediente conforme al programa antidopaje. Lo confirmado hasta el momento es el positivo, la suspensión provisional y la admisión pública del australiano. La sanción final todavía no está fijada.
El personaje más incómodo del tenis queda frente a su propio discurso
Nick Kyrgios siempre jugó también fuera de las líneas. A veces para bien: dijo cosas que otros preferían mascullar en el vestuario. Otras, simplemente hizo ruido. Su batalla verbal contra Sinner pertenecía a esa segunda vida del australiano, la del jugador convertido en comentarista, fiscal y agitador de un circuito al que nunca terminó de adaptarse del todo.
El positivo por cocaína modifica ese paisaje. No demuestra que estuviera equivocado en todas sus críticas al sistema antidopaje, ni convierte automáticamente el expediente de Sinner en impecable por comparación. La coherencia personal y la verdad de un argumento son asuntos distintos. Pero sí deja a Kyrgios en una posición evidente: tendrá que aceptar para sí mismo el escrutinio y las reglas cuya aplicación reclamó con tanta vehemencia para los demás.
Y esta vez no hay una raqueta que romper ni un juez de silla con quien discutir. Hay una muestra tomada en Mallorca, un metabolito confirmado por laboratorio, una suspensión provisional y una admisión pública. Para un jugador que pasó media carrera desafiando al tenis, quizá sea el partido más extraño: Kyrgios contra las consecuencias de Kyrgios.

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