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¿Por qué Pradales da por agotada la legislatura de Sánchez por Ceuta?

Pradales eleva la presión sobre Sánchez y avisa de que la crisis de Ceuta puede acabar agotando una legislatura cada vez más frágil en el Congreso.

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Imanol Pradales

Por EAJ-PNV Gipuzkoa - CC BY-SA 2.5, vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Pradales dice que la legislatura debería acabar si no se encauza Ceuta
  • El lehendakari ve a Sánchez noqueado y políticamente más solo
  • El PNV eleva la presión sobre un Gobierno dependiente de apoyos clave

El lehendakari, Imanol Pradales, ha elevado considerablemente la presión sobre Pedro Sánchez al considerar que la legislatura debería darse por terminada si el Gobierno no consigue encauzar con rapidez la crisis abierta en Ceuta. No es una frase menor, tampoco una declaración lanzada desde la oposición: llega desde una figura institucional del PNV, una formación cuyos votos han sido relevantes para sostener las mayorías parlamentarias del Ejecutivo.

Pradales considera que Sánchez ha reaccionado tarde y que su Gobierno continúa “noqueado” ante lo ocurrido en la ciudad autónoma. Después de la comparecencia del presidente en el Congreso del 3 de septiembre, el lehendakari aseguró haber visto la “soledad” de Sánchez y cuestionó su capacidad de liderazgo ante una crisis que mezcla inmigración, seguridad fronteriza, relaciones con Marruecos y estabilidad política.

Pradales eleva el coste político de la crisis de Ceuta

Las palabras fueron pronunciadas este viernes 4 de septiembre durante una entrevista en Euskadi Irratia. El diagnóstico de Pradales fue particularmente severo: a su juicio, Sánchez ha sabido ponerse al frente de situaciones extraordinarias como la pandemia, la dana o los grandes incendios, pero esta vez no ha mostrado la misma capacidad para anticiparse.

La advertencia va más allá de reprochar una mala gestión. Pradales vincula directamente la capacidad del Gobierno para resolver la situación de Ceuta con la supervivencia política de la legislatura. Si Sánchez no consigue reconducirla rápidamente, sostiene, el mandato estará “totalmente acabado”.

Conviene precisar algo importante. El lehendakari no ha anunciado por sí mismo una retirada inmediata del apoyo parlamentario del PNV ni ha planteado un mecanismo concreto para provocar elecciones. Su intervención funciona, al menos por el momento, como una advertencia política de enorme calibre: la crisis empieza a erosionar no solo al Gobierno frente a PP y Vox, sino también su relación con fuerzas que han sido decisivas durante la legislatura.

Y ahí está el verdadero problema para Sánchez. En un Congreso fragmentado, cada voto pesa bastante más de lo que indica el pequeño número escrito junto al nombre de cada grupo. El PNV cuenta con cinco diputados y forma parte de la delicada arquitectura parlamentaria sobre la que el Ejecutivo ha construido algunas de sus mayorías.

La soledad de Sánchez tras su comparecencia en el Congreso

Pradales puso especialmente el acento en la imagen dejada por Sánchez durante su intervención parlamentaria del jueves. Para el lehendakari, allí quedó expuesta la soledad política del presidente, una percepción que también apareció en las críticas formuladas desde distintos grupos durante el debate.

Sánchez compareció para explicar la actuación del Gobierno ante la llegada masiva de migrantes a Ceuta a finales de julio. El episodio llevó a más de 70.000 personas a cruzar hacia la ciudad autónoma desde Marruecos y abrió una crisis política y diplomática que todavía sigue produciendo ramificaciones.

El presidente sostuvo ante el Congreso que no existen, por ahora, pruebas sólidas que permitan afirmar que el Gobierno marroquí organizó deliberadamente aquella entrada masiva. Sí reconoció, sin embargo, que durante unas diez horas especialmente críticas las fuerzas marroquíes permitieron que se produjeran cruces, aunque España todavía no ha determinado si aquello respondió a una decisión deliberada o a una incapacidad para controlar la situación.

Marruecos se convierte en el punto más incómodo

Aquí la crisis deja de ser únicamente migratoria. El informe policial encargado en el marco de la investigación judicial describe una actuación anómala en el lado marroquí de la frontera y recoge testimonios sobre agentes que habrían orientado a personas hacia los puntos de entrada. El documento no identifica una orden política concreta procedente de Rabat, algo esencial para distinguir los indicios de una prueba concluyente.

Sánchez ha insistido precisamente en esa diferencia. Una cosa es constatar una actuación extraordinariamente permisiva sobre el terreno; otra, demostrar que existió una operación diseñada por las autoridades marroquíes. El Gobierno evita dar ese salto mientras no disponga de evidencias suficientes.

La relación bilateral, entretanto, se ha vuelto todavía más áspera. España convocó el 21 de agosto a la embajadora marroquí después de unas declaraciones de ministros de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, y este 4 de septiembre Exteriores volvió a responder después de que el ministro marroquí Nizar Baraka insistiera en las reivindicaciones territoriales de Rabat. El mensaje español fue tajante: Ceuta y Melilla son España y su integridad territorial no forma parte de ninguna negociación con Marruecos.

La crisis ya no se juega solamente en la frontera

Lo ocurrido en Ceuta ha ido ensanchándose como una mancha de aceite. Primero fue una emergencia fronteriza y humanitaria. Después llegaron las preguntas sobre la previsión policial, la actuación de Marruecos, las responsabilidades políticas, la investigación judicial y la respuesta europea. Finalmente ha desembocado en una discusión mucho más peligrosa para Moncloa: cuánto crédito político le queda al Gobierno.

Pradales entra precisamente en ese último terreno. No cuestiona únicamente las decisiones adoptadas durante unas horas críticas; cuestiona la capacidad del presidente para recuperar el control político después de ellas.

Y el matiz importa. Los gobiernos rara vez caen porque exista una crisis aislada. Caen —o convocan elecciones— cuando esa crisis consigue unir problemas que hasta entonces podían administrarse por separado: desgaste parlamentario, ruptura con aliados, percepción pública de descontrol, conflictos institucionales y dificultad para imponer una agenda propia.

Ceuta empieza a reunir varios de esos ingredientes. De ahí el lenguaje empleado por Pradales. Una frontera física se ha convertido, casi sin pedir permiso, en una frontera política para el futuro de la legislatura.

Bruselas intenta activar la respuesta europea

Mientras aumenta la presión política, el Gobierno busca aliviar la situación sobre el terreno. España y la Comisión Europea han comunicado “avances importantes” en la petición de asistencia de emergencia para Ceuta, después de una conversación entre el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y el comisario europeo de Interior y Migración, Magnus Brunner.

La petición incluye apoyo financiero y operativo, así como un posible refuerzo de Frontex. La agencia europea ya mantiene presencia en el puerto ceutí y Bruselas estudia otros puntos en los que podría desplegar efectivos. Todavía quedan cuestiones financieras y operativas por resolver antes de cerrar definitivamente la asistencia.

Ese movimiento resulta políticamente relevante para Sánchez. Encauzar la crisis no depende solo de discursos en el Congreso: significa reducir la presión migratoria, ordenar la acogida y las devoluciones conforme a la ley, reforzar la frontera, obtener ayuda europea y reconstruir una relación con Marruecos que atraviesa uno de sus momentos más delicados.

Una advertencia con peso, pero no un ultimátum formal

Las palabras de Pradales adquieren más dimensión por el lugar desde el que se pronuncian. No proceden de Feijóo ni de Vox, que llevan semanas reclamando responsabilidades al Ejecutivo. Proceden del lehendakari y dirigente de un espacio político cuyo partido ha negociado repetidamente con Sánchez durante esta legislatura.

El PNV ya venía endureciendo su discurso sobre la continuidad del Gobierno y sobre la dificultad de sostener una legislatura sometida a sucesivas crisis políticas. La cuestión de Ceuta añade ahora un elemento distinto: seguridad, política exterior e inmigración convergen en un asunto especialmente sensible para cualquier Ejecutivo.

Eso tampoco significa que la legislatura vaya a terminar automáticamente. En el sistema parlamentario español, una valoración política —por severa que sea— no provoca elecciones por sí sola. Sánchez conserva la facultad constitucional de proponer la disolución de las Cortes dentro de los límites establecidos, mientras que sus adversarios necesitarían articular alternativas parlamentarias para derribar al Gobierno mediante los mecanismos previstos.

Pero la política también funciona con señales. Y la de Pradales es difícil de confundir.

Sánchez afronta una crisis que mide también sus apoyos

La gran cuestión que deja la intervención del lehendakari no es únicamente cuánto tardará el Gobierno en estabilizar Ceuta. Es qué socios estarán todavía junto a Sánchez cuando considere que lo ha conseguido.

El Ejecutivo necesita demostrar que conserva capacidad de mando en la frontera, interlocución con Bruselas y firmeza frente a Marruecos sin convertir una crisis diplomática en un incendio mayor. Al mismo tiempo debe reconstruir confianza entre aliados parlamentarios que están empezando a emitir algo bastante parecido a avisos de agotamiento.

Pradales ha colocado una frontera política donde hasta hace poco solo parecía haber una frontera geográfica. Si Ceuta continúa desbordando al Gobierno, sostiene el lehendakari, la propia legislatura puede quedar agotada. Sánchez todavía tiene margen para intentar demostrar lo contrario, pero ese margen parece bastante más estrecho que antes de aquel cruce masivo de finales de julio.

La paradoja resulta incómoda para Moncloa: una crisis nacida en unos pocos kilómetros de frontera puede terminar decidiendo el calendario político de toda España. Y en política, como suele ocurrir, el mapa pequeño acaba siendo el que más pesa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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