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¿Qué libro llevaba la reina Letizia en Oslo y qué tiene de especial?
La reina Letizia llegó a Oslo con El loro de Flaubert, de Julian Barnes, ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026 en octubre

Resumen
- Letizia llegó a Oslo con El loro de Flaubert, la novela de Julian Barnes
- Barnes ha ganado el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026
- La elección conecta la lectura de la reina con la próxima ceremonia en Oviedo
La imagen pasó casi de puntillas entre el luto, el protocolo y la solemnidad de una visita marcada por la despedida de Harald V de Noruega. Pero había un detalle difícil de ignorar: la reina Letizia llevaba un libro en la mano al llegar al Grand Hotel de Oslo. No era una novedad editorial escogida al azar ni un volumen imposible de identificar.
El título era El loro de Flaubert, una de las obras más conocidas del escritor británico Julian Barnes, ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026. Junto al libro, de reconocible cubierta verde en la edición española, la reina llevaba también una tableta mientras accedía al hotel junto a Felipe VI.
La escena se produjo durante el viaje de los reyes a Noruega para participar en los actos fúnebres por Harald V, fallecido el 28 de agosto a los 89 años. Oslo estaba entonces cubierta por ese silencio particular de las grandes ceremonias de Estado: uniformes, coches oficiales, flores, seguridad y casas reales llegadas de media Europa. En medio de todo aquello, un libro bajo el brazo terminó abriendo una pequeña ventana cultural.
El libro que Letizia llevó a Oslo es de Julian Barnes
El loro de Flaubert es la tercera novela de Julian Barnes y apareció originalmente en inglés en 1984 con el título Flaubert’s Parrot. La obra convirtió al escritor de Leicester en una de las voces más singulares de la narrativa británica contemporánea y fue finalista del prestigioso Premio Booker.
No es, pese al título, una novela convencional sobre Gustave Flaubert. Tampoco una biografía al uso. Barnes juega deliberadamente con las fronteras entre ficción, ensayo, investigación literaria, memoria y humor, colocando al lector dentro de una especie de laberinto construido alrededor del autor de Madame Bovary.
Su protagonista y narrador es Geoffrey Braithwaite, un médico inglés viudo fascinado por Flaubert que viaja por Francia siguiendo las huellas del escritor. Entre sus obsesiones aparece un loro disecado que habría servido como modelo para uno de los relatos del francés.
El problema, muy Barnes, es que más de un museo asegura poseer el loro auténtico. Y ahí empieza el juego.
Un loro que sirve para hablar de literatura, amor y memoria
La búsqueda del pájaro es apenas el hilo visible. Por debajo circulan asuntos bastante más grandes: la relación entre realidad y ficción, la manera en que reconstruimos el pasado, los límites de una biografía y esa extraña necesidad humana de buscar certezas donde probablemente no las hay.
Barnes mezcla datos reales de Flaubert con las reflexiones y recuerdos de Braithwaite. A ratos parece una novela; unas páginas después, un ensayo literario; luego aparece una cronología, una colección de curiosidades o una digresión que desmonta lo que el lector creía haber entendido. Ese carácter híbrido forma parte de su atractivo.
Ese juego formal fue precisamente una de las razones por las que el libro llamó la atención cuando apareció en los años ochenta. La literatura podía ponerse traje académico y, al minuto siguiente, quitárselo. Barnes consiguió convertir la erudición literaria en algo bastante menos solemne de lo que parece.
La edición española de Anagrama, traducida por Antonio Mauri, tiene 232 páginas en una de sus ediciones más conocidas. Es un volumen relativamente breve, pero denso en referencias literarias. No hace falta, eso sí, haber leído las obras completas de Flaubert para entrar en él. Ayuda conocer al francés; no es requisito para disfrutar del juego.
Por qué resulta llamativa la elección de la reina Letizia
Hay una coincidencia difícil de pasar por alto. Julian Barnes recibió en junio el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2026, un galardón especialmente vinculado a la agenda institucional de la Familia Real y, por supuesto, a la princesa Leonor.
La entrega se celebrará el 23 de octubre de 2026 en el Teatro Campoamor de Oviedo, de modo que ver a Letizia leyendo precisamente una obra de Barnes unas semanas antes ofrece una lectura bastante evidente: la reina está acercándose a la producción literaria de uno de los protagonistas de la próxima ceremonia.
Conviene, sin embargo, no convertir una fotografía en telepatía. La Casa Real no ha explicado públicamente por qué Letizia eligió ese libro ni ha confirmado que forme parte de una preparación específica para los Premios Princesa de Asturias. Puede serlo. Puede sencillamente apetecerle leer a Barnes. Ambas cosas, incluso, caben en el mismo bolso.
Lo objetivo es más interesante que la especulación: entre decenas de títulos posibles, la reina apareció en Oslo con una novela de quien recibirá dentro de pocas semanas uno de los principales reconocimientos culturales españoles.
Barnes, uno de los grandes nombres de las Letras 2026
El jurado del Premio Princesa de Asturias destacó en Barnes su condición de narrador y ensayista, su ironía y una mirada sobre el ser humano en la que conviven melancolía, humor, memoria y afecto. También subrayó su manera de reelaborar la historia de la literatura, el arte, la música y la cultura europea.
Precisamente El loro de Flaubert contiene muchos de esos rasgos casi en estado puro. Su combinación de humor, inteligencia y juego literario permite entender bastante bien por qué Barnes ha mantenido durante décadas un lugar propio dentro de la literatura británica.
Barnes nació en Leicester en 1946, estudió Lenguas Modernas en Oxford y antes de consolidarse como novelista trabajó como lexicógrafo y crítico. Su bibliografía incluye obras como El sentido de un final, Arthur & George, Inglaterra, Inglaterra, Elizabeth Finch o El hombre de la bata roja.
Con El sentido de un final ganó finalmente el Booker en 2011, casi tres décadas después de que El loro de Flaubert estuviera entre los finalistas.
Un viaje marcado por el funeral de Harald V
El contexto de la fotografía estaba muy lejos de una visita cultural. Felipe VI y Letizia viajaron a Oslo para participar en el funeral de Estado de Harald V de Noruega, celebrado el 9 de septiembre en la catedral de la capital.
El monarca noruego había muerto el 28 de agosto después de 35 años de reinado. Su fallecimiento reunió en Oslo a representantes políticos y miembros de numerosas casas reales europeas. Por España acudieron Felipe VI, la reina Letizia y la reina Sofía.
Miles de personas acompañaron el cortejo por las calles de la ciudad antes de que Harald V fuese enterrado en la fortaleza de Akershus. La ceremonia abrió además formalmente una nueva etapa para la monarquía noruega bajo Haakon VIII.
En ese escenario solemne se tomó la fotografía que terminó desviando durante unas horas la mirada desde el protocolo hacia la literatura. Algo bastante poco habitual: entre coronas, uniformes y coches negros, acabó dando conversación un loro literario.
Qué cuenta exactamente El loro de Flaubert
El punto de partida está relacionado con Un corazón sencillo, relato de Gustave Flaubert publicado en el siglo XIX. En él aparece Loulou, el loro de Félicité, una criada cuya existencia transcurre entre pérdidas, afectos y una devoción creciente hacia el animal.
Barnes utiliza la búsqueda del supuesto loro que inspiró a Flaubert para plantear una cuestión más profunda: hasta qué punto podemos conocer realmente la vida de un escritor a través de sus objetos, cartas, recuerdos y biografías.
Braithwaite persigue reliquias porque quiere acercarse a Flaubert, pero el lector descubre poco a poco que también está intentando comprender su propia vida y la muerte de su esposa. El escritor francés funciona entonces casi como un espejo. El loro es la excusa.
De ahí que la novela pueda resultar mucho más accesible de lo que su apariencia intelectual sugiere. Hay erudición, sí, pero Barnes la acompaña con ironía y una cierta mala leche británica contra quienes convierten la literatura en una vitrina llena de polvo.
El pequeño detalle cultural que sobrevivió al protocolo
El episodio de Oslo tiene algo revelador sin necesidad de exagerarlo. Letizia no apareció mostrando deliberadamente un título ante las cámaras; simplemente llevaba el libro entre sus pertenencias. Fue la fotografía la que permitió identificarlo.
Y el volumen elegido conecta dos momentos de la agenda cultural e institucional española de este otoño: el funeral de Harald V llevó a los reyes hasta Noruega en septiembre y, apenas unas semanas después, Julian Barnes será uno de los galardonados que ocuparán el escenario del Campoamor.
Entre ambos acontecimientos queda una imagen mínima: una cubierta verde, un escritor británico, Flaubert y un loro convertido hace cuarenta años en artefacto literario. Ese era el libro de la reina Letizia en Oslo: El loro de Flaubert. Y, esta vez, el detalle tenía bastante más historia dentro que fuera de sus tapas.

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