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Naturaleza

¿Qué pasa en Japón? 2,65 millones bajo orden de evacuación en Tokai

Un temporal extremo golpea el centro de Japón, deja 2,65 millones bajo orden de evacuación, anega Nagoya y altera transportes e instalaciones.

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Resumen

  • Japón emitió órdenes de evacuación para 2,65 millones de personas
  • Nagoya registró 104,5 mm de lluvia en una hora y sufrió graves inundaciones
  • Los Juegos Asiáticos siguen previstos para el 19 de septiembre

Japón afronta las consecuencias de uno de los episodios de lluvia más intensos registrados estos días en el centro del país. Las autoridades emitieron órdenes de evacuación para unos 2,65 millones de personas, pertenecientes a más de 1,3 millones de hogares de las prefecturas de Aichi, Gifu y Mie, después de que las precipitaciones torrenciales provocaran inundaciones, desbordamientos y graves problemas de movilidad en la región de Tokai.

La situación ha golpeado especialmente a Nagoya, una de las mayores ciudades japonesas y capital de la prefectura de Aichi. Calles convertidas durante horas en canales, coches atrapados por el agua, estaciones abarrotadas y líneas ferroviarias suspendidas dibujaron una escena poco habitual incluso en un país acostumbrado a convivir con tifones, terremotos y alertas meteorológicas. Hay, eso sí, una precisión importante: los 2,65 millones corresponden a personas cubiertas por órdenes o indicaciones de evacuación, no a ciudadanos que necesariamente hayan abandonado todos sus hogares.

Nagoya recibe más de 100 milímetros de lluvia en una hora

La magnitud del temporal se entiende mejor mirando al pluviómetro. Nagoya llegó a registrar 104,5 milímetros de lluvia en apenas una hora, un récord local que explica la rapidez con la que el agua ocupó algunas de las principales vías urbanas. En el distrito comercial de Naka alcanzó aproximadamente la altura de las rodillas en determinados puntos.

La lluvia no cayó como una cortina constante, sino en auténticas descargas. Es uno de los peligros de estos episodios: una ciudad puede pasar de soportar un aguacero incómodo a tener calles anegadas en cuestión de minutos. Los sistemas de drenaje, por sofisticados que sean, tienen un límite. Y cuando el cielo descarga más de diez centímetros de agua en sesenta minutos, ese límite aparece bastante deprisa.

Al menos 200 vehículos quedaron inmovilizados después de ser alcanzados o cubiertos por el agua. Las autoridades municipales tuvieron que retirar algunos hacia los márgenes de las calles para despejar el paso a ambulancias, bomberos y otros vehículos de emergencia. También se notificaron inundaciones en viviendas y daños materiales en distintos puntos de Aichi.

Trenes suspendidos y miles de viajeros atrapados

El transporte fue uno de los grandes damnificados. Servicios de Central Japan Railway, Nagoya Railroad y el metro de Nagoya sufrieron suspensiones, mientras numerosas estaciones se llenaban de trabajadores y viajeros incapaces de continuar sus trayectos o regresar a casa.

La imagen resulta especialmente significativa en Japón, donde la puntualidad ferroviaria forma parte casi del paisaje cultural. Pero contra una inundación no hay horario que valga. Cuando el agua invade vías, accesos y pasos inferiores, el criterio deja de ser llegar a tiempo y pasa a ser, simplemente, llegar con seguridad.

La municipalidad habilitó 17 refugios temporales, con capacidad conjunta para alrededor de 1.430 personas. Son instalaciones destinadas a atender a quienes necesitan abandonar zonas concretas de riesgo, no a alojar a todos los residentes incluidos en las amplias órdenes preventivas de evacuación.

El río Shonai llegó al máximo nivel de alerta

La emergencia no se limitó a las calles. El 8 de septiembre, las autoridades meteorológicas japonesas activaron una alerta de inundación de nivel 5 para el río Shonai, que atraviesa zonas de Aichi y Gifu. Es el escalón más grave del sistema japonés y señala una situación en la que puede estar produciéndose ya un desastre y existe peligro inmediato para la vida.

La advertencia fue posteriormente levantada, pero da una medida bastante exacta de lo ocurrido. No se trató de una simple jornada de tormentas fuertes. El agua puso bajo presión ríos, carreteras, barrios residenciales y la red de transporte que sirve diariamente a millones de personas.

Los balances conocidos también dejaron decenas de heridos en Aichi y Gifu. Más al este, en la prefectura de Shizuoka, otro desprendimiento causado después de las fuertes lluvias provocó la muerte de un trabajador en Kawanehon. En el entorno del monte Fuji se registraron igualmente deslizamientos y cortes de carretera, una prueba de que el episodio meteorológico alcanzó un territorio bastante más amplio que el centro urbano de Nagoya.

El riesgo no termina cuando deja de llover

Después de un aguacero extremo, el cielo despejado puede resultar engañoso. Los terrenos saturados siguen acumulando presión, los ríos tardan en recuperar niveles normales y una ladera empapada puede ceder horas después. Por eso las autoridades japonesas mantienen especial vigilancia sobre desprendimientos, crecidas y zonas bajas incluso cuando las precipitaciones más violentas han desaparecido.

Durante el 10 de septiembre se habían levantado varias de las advertencias meteorológicas que permanecían activas en Aichi, Gifu y Mie, aunque continuaba la atención sobre algunas áreas vulnerables del centro japonés. El escenario, por tanto, había pasado de la emergencia inmediata a la evaluación de daños y recuperación, sin que pudiera darse por cerrado del todo el riesgo asociado al terreno saturado.

Las inundaciones irrumpen a días de los Juegos Asiáticos

Hay otra razón por la que las imágenes de Nagoya han recorrido Asia. La ciudad y la prefectura de Aichi están a pocos días de inaugurar los Juegos Asiáticos Aichi-Nagoya 2026, previstos entre el 19 de septiembre y el 4 de octubre.

El calendario aprieta. La competición reunirá delegaciones de 45 países y regiones, además del equipo de refugiados del Consejo Olímpico de Asia, y contempla 41 deportes. La organización ha preparado capacidad para hasta 15.000 deportistas y miembros de los equipos, con un máximo previsto de unos 10.000 atletas.

La lluvia ya tocó directamente la maquinaria de los Juegos. Cerca de 400 deportistas, miembros de delegaciones y personal tuvieron que ser evacuados temporalmente durante el temporal, aunque posteriormente pudieron regresar y no se comunicaron heridos entre ellos. El agua también entró en algunas instalaciones deportivas y se detectaron filtraciones en cubiertas de varios recintos.

No es el prólogo que soñaba una organización que llevaba años preparando el acontecimiento. Tampoco significa, al menos por ahora, que los Juegos Asiáticos estén en peligro.

Nagoya mantiene la apertura para el 19 de septiembre

El alcalde de Nagoya, Ichiro Hirosawa, ha descartado de momento un aplazamiento y sostiene que los daños conocidos no comprometen la ceremonia inaugural del 19 de septiembre. La organización continúa revisando instalaciones y, sobre todo, las posibles consecuencias fuera del término municipal de Nagoya.

Ahí está el punto delicado. Organizar unos Juegos Asiáticos no consiste únicamente en abrir estadios. Miles de atletas, técnicos, periodistas, voluntarios y espectadores necesitan trenes, carreteras, alojamientos y sistemas de emergencia funcionando casi como un reloj. Las inundaciones han enseñado, con bastante poca sutileza, qué ocurre cuando una sola pieza de esa maquinaria deja de responder.

La preocupación no parece centrarse ahora en los recintos deportivos propiamente dichos, sino en la resiliencia de las infraestructuras si se repitiera un fenómeno meteorológico extremo durante la competición. Transportar a decenas de miles de personas entre sedes dispersas por Aichi y Nagoya exige una red ferroviaria y viaria estable. Y el agua acaba de hacerle un examen sorpresa.

Tokai vuelve a medir sus límites ante el agua

La región entra ahora en una fase distinta. Queda retirar vehículos, revisar viviendas, comprobar carreteras y vías ferroviarias, vigilar los cauces y determinar hasta qué punto las instalaciones de los Juegos Asiáticos han sufrido daños que requieran reparaciones. La emergencia más aguda pierde intensidad, pero queda la huella: una lluvia récord capaz de paralizar Nagoya en pocas horas.

Japón posee uno de los sistemas de prevención de desastres más desarrollados del mundo, desde alertas móviles hasta refugios, mapas de inundabilidad y protocolos locales. Aun así, la meteorología extrema tiene esa desagradable costumbre de encontrar el punto débil. Tokai lo ha comprobado otra vez.

A nueve días de la inauguración de los Juegos Asiáticos, Nagoya intenta recuperar su ritmo habitual mientras técnicos y autoridades revisan la ciudad casi palmo a palmo. El calendario deportivo sigue intacto. Las calles, poco a poco, vuelven a parecer calles. Pero después de 104,5 milímetros de lluvia en una hora, nadie necesita demasiadas explicaciones para entender por qué la vigilancia continúa.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.