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Naturaleza

¿Cuánto ha ardido en Niebla? El incendio que marcó el verano de 2026

El fuego de Niebla, en Huelva, alcanza 39.821 hectáreas y lidera un verano marcado por grandes incendios, víctimas y 266.420 hectáreas afectadas.

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llamas en niebla en 2026

Créditos: Famartin, trabajo propio, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Niebla lidera 2026 con 39.821 hectáreas afectadas
  • España suma 266.420 hectáreas quemadas hasta el 8 de septiembre
  • Los Gallardos deja 15 muertos y marca la tragedia humana del verano

El incendio de Niebla, en Huelva, se ha convertido en el fuego con mayor superficie afectada de España en 2026. La estimación provisional manejada por el Gobierno eleva su huella a 39.821 hectáreas, por encima de Burgohondo, en Ávila, que figura con 33.943 hectáreas en el último visor oficial, y del incendio de La Mierla, en Guadalajara, con unas 32.000. El fuego onubense comenzó el 6 de agosto y necesitó quince días para quedar oficialmente extinguido.

La fotografía completa del verano tampoco admite demasiados adornos. Hasta el 8 de septiembre, España acumulaba 266.420 hectáreas afectadas por incendios forestales y 44 grandes incendios, la categoría reservada a los fuegos que superan las 500 hectáreas. Son unas 70.000 hectáreas menos que en las mismas fechas de 2025, sí, pero el dato sigue siendo extraordinariamente elevado: esos 44 grandes incendios duplican aproximadamente el promedio anual de la última década. Castilla y León, Andalucía, Castilla-La Mancha, Aragón y Madrid concentran juntas el 80 % de la superficie quemada este año.

Niebla cambia el mapa de los grandes incendios de España

El fuego comenzó la tarde del 6 de agosto en el paraje de Raboconejo, junto a Niebla. Pronto dejó de comportarse como un incendio convencional. El viento cambiaba de dirección, la masa forestal ofrecía combustible abundante y algunos sectores llegaron a quedar fuera de la capacidad de extinción directa. En determinados momentos, acercarse al frente era sencillamente demasiado peligroso.

La Junta de Andalucía dio el incendio por extinguido el 21 de agosto después de quince días de trabajo y manejó entonces una cifra próxima a 33.000 hectáreas. La revisión posterior utilizada por el Ministerio eleva la superficie afectada a 39.821. No es una contradicción tan extraña como parece: los perímetros se corrigen cuando llegan nuevas mediciones, imágenes de satélite y datos de campo, y una cosa es el área recorrida por las llamas y otra la vegetación que realmente terminó calcinada dentro de ese perímetro.

Precisamente ahí está una de las dificultades al comparar los grandes fuegos de 2026. Durante la emergencia de Burgohondo se habló de hasta 50.000 hectáreas, una estimación elaborada cuando el incendio seguía evolucionando. Un mes después se manejaban alrededor de 37.800 y el visor citado por el Gobierno este 9 de septiembre reduce la estimación a 33.943 hectáreas. Las cifras se mueven cuando el humo desaparece y el mapa se dibuja con un lápiz más fino.

266.420 hectáreas quemadas y un julio fuera de escala

El dato nacional ayuda a entender la dimensión del verano. El Ministerio cifra en 266.420 hectáreas la superficie afectada durante 2026 hasta el 8 de septiembre. A finales de agosto eran 264.656, de modo que el grueso de la destrucción ya se había producido durante julio y la primera mitad de agosto.

Julio fue especialmente áspero. Las estimaciones de EFFIS, el sistema europeo de observación mediante satélite, calcularon más de 168.000 hectáreas afectadas únicamente durante ese mes, una superficie semejante a la de Fuerteventura. En cuestión de semanas se encadenaron incendios excepcionales en Guadalajara, Ávila, Aragón, Madrid y Almería. Algunos por extensión, otros por velocidad. Uno, sobre todo, por sus muertos.

El verano de 2026 deja así una aparente paradoja. La superficie afectada hasta septiembre es inferior a la de 2025 en las mismas fechas, pero los grandes incendios siguen teniendo un peso descomunal. No hace falta que ardan miles de focos gigantescos: basta con unas pocas decenas capaces de atravesar montes, carreteras y términos municipales durante días. En agosto, el propio Ministerio señalaba que más de tres cuartas partes del terreno afectado se concentraba en grandes incendios forestales.

Los incendios que marcaron el verano de 2026

Burgohondo, La Mierla y el enorme frente de Madrid

Antes de que Niebla ocupara el primer puesto, el símbolo del verano había sido Burgohondo, en Ávila. Comenzó el 22 de julio y llegó a amenazar un territorio enorme alrededor del Valle de Iruelas. Miles de vecinos fueron evacuados o confinados y el incendio coincidió con otros fuegos muy graves en el oeste madrileño, hasta el punto de que el Gobierno declaró una emergencia de interés nacional en la zona. La investigación de la Guardia Civil atribuyó el origen del fuego abulense a una imprudencia grave durante el uso de maquinaria pesada, cuyos trabajos estaban prohibidos por el elevado riesgo de incendio; hubo un detenido y otra persona investigada.

Casi al mismo tiempo ardía La Mierla, en la Sierra Norte de Guadalajara, el mayor incendio registrado en Castilla-La Mancha. El fuego recorrió unas 32.000 hectáreas según el balance utilizado ahora por el Gobierno —otras mediciones posteriores han elevado algo esa superficie—, obligó a desalojar decenas de pueblos y penetró en terrenos del parque natural. Las primeras pesquisas situaron el inicio en una cosechadora de cereal y llevaron a la Guardia Civil a investigar al responsable de los trabajos.

Madrid vivió otra escena difícil de olvidar. Los incendios de Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias terminaron formando un enorme frente en la Sierra Oeste y dejaron decenas de miles de evacuados o confinados. En los momentos más críticos, el conjunto de los incendios de Madrid, Ávila y Toledo llegó a manejar una estimación provisional de 77.000 hectáreas afectadas. El origen del fuego de San Martín de Valdeiglesias se situó en un vehículo que comenzó a arder junto a la carretera; las causas de otros focos quedaron bajo investigación.

Aragón, Castellón, Huelva y la tragedia de Los Gallardos

Aragón sufrió dos de los incendios más importantes del verano. El de Orés, en las Cinco Villas, superó provisionalmente las 15.000 hectáreas y alcanzó un perímetro superior a 80 kilómetros, con municipios desalojados y jornadas en las que el fuego avanzaba condicionado por el viento y una topografía nada amable. Poco después llegó el incendio de Las Peñas de Riglos, en Huesca, que quemó unas 14.500 hectáreas según la medición satelital afinada posteriormente, aunque durante la emergencia llegó a hablarse de unas 17.500 afectadas. Más de un millar de personas tuvieron que abandonar sus casas.

En la Comunitat Valenciana destacó La Vall d’Uixó, declarado el 25 de julio y extinguido definitivamente después de unas seis semanas. Las estimaciones terminaron situando el área afectada en torno a las 10.000 hectáreas, con una parte del parque natural de la Serra d’Espadà dañada y numerosos municipios evacuados. Durante los primeros días, las autoridades ya descartaban que el origen pareciera natural y la investigación continuó después sobre la posible intervención humana.

Y entonces llegó Niebla. Más tardío, enorme y difícil de contener. El incendio atravesó once términos municipales de Huelva, golpeó zonas forestales de enorme valor y afectó de forma especialmente dura al paraje natural de la Pata del Caballo. El origen seguía bajo investigación durante las labores de extinción, con todas las hipótesis abiertas.

La tragedia humana del verano tiene otro nombre: Los Gallardos, en Almería. El incendio comenzó el 9 de julio y terminó afectando de forma definitiva a unas 5.200 hectáreas, menos terreno que los gigantes de Ávila, Guadalajara o Huelva. Pero las hectáreas cuentan solo media historia.

La cifra de fallecidos se elevó este 8 de septiembre a 15 personas, después de que muriera en el hospital una mujer británica que llevaba casi dos meses ingresada con graves quemaduras. Es el incendio forestal más mortífero registrado en Andalucía y uno de los más graves ocurridos en España durante las últimas décadas. La mayoría de las víctimas eran ciudadanos extranjeros residentes o alojados en la zona.

El fuego se propagó con una violencia extraordinaria entre viviendas dispersas, carreteras y vegetación. Las primeras investigaciones examinaron el posible papel de un cable eléctrico roto cerca del lugar en el que comenzó el incendio, aunque determinar jurídicamente el origen y las responsabilidades corresponde a la investigación abierta. Aquella tarde hubo personas atrapadas en vehículos y viviendas mientras las llamas avanzaban a una velocidad que llegó a estimarse en 128 metros por minuto.

Los Gallardos concentra casi todo el balance mortal de los grandes incendios forestales del verano, pero no todo. Un hombre murió en julio en un incendio de vegetación en Manises, Valencia, donde otras cinco personas precisaron hospitalización. Y el 16 de agosto falleció el cabo de la UME Javier García Sancho al volcar una autobomba mientras participaba en la extinción del incendio de Las Peñas de Riglos; otros tres militares resultaron heridos. No existe en los datos disponibles un balance nacional único actualizado que permita sumar todas las víctimas bajo una misma metodología, por lo que conviene mantener separados los distintos episodios.

Incendios, conatos y monte arbolado: qué se ha quemado realmente

Las estadísticas distinguen entre conatos, que afectan a menos de una hectárea, incendios que superan esa superficie y grandes incendios forestales, los conocidos como GIF, cuando rebasan las 500 hectáreas. Hasta el 17 de agosto se habían contabilizado 6.685 siniestros en España, de los cuales 4.382 eran conatos y 2.303 habían superado una hectárea. Aquel balance recogía ya 42 grandes incendios; al llegar al 8 de septiembre, el número había aumentado a 44.

Lo llamativo no es únicamente cuánto ardió, sino qué tipo de terreno se quemó. A mediados de agosto, cuando el balance nacional era todavía de 254.730 hectáreas, el Ministerio contabilizaba 127.025 hectáreas de superficie arbolada, 115.237 de vegetación leñosa no arbolada y 12.466 de vegetación herbácea. Por primera vez en una década, la extensión de bosque arbolado afectada superaba a la suma de las otras dos categorías. Eso cambia mucho las consecuencias posteriores: no es lo mismo que arda un pastizal que perder pinares maduros, suelo forestal consolidado y ecosistemas cuya recuperación puede necesitar décadas.

También hay distintos tipos de origen. Imprudencias con maquinaria, vehículos incendiados, posibles fallos eléctricos, fuegos deliberados y causas todavía sin determinar han aparecido en las investigaciones de este verano. El incendio de Burgohondo se vinculó policialmente al uso prohibido de maquinaria; La Mierla, a una cosechadora; el de San Martín de Valdeiglesias comenzó con un vehículo ardiendo. En El Saler, aunque mucho menor en extensión —37 hectáreas—, los investigadores descartaron las causas naturales y concluyeron que fue intencionado. Meter todos los incendios en el mismo saco sería cómodo. También falso.

Detrás de las causas inmediatas aparece, sin embargo, un terreno cada vez más preparado para que una chispa pequeña se convierta en algo monstruoso: vegetación seca, calor persistente y episodios de viento, grandes superficies forestales continuas y áreas rurales donde el abandono ha acumulado combustible durante años. En ese paisaje, una avería o una imprudencia que décadas atrás podía dejar una cicatriz local puede acabar atravesando varios municipios.

Un verano que ha cambiado la escala del fuego

El balance de 2026 tiene una lectura incómoda porque dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Ha ardido menos superficie que en 2025 a estas alturas del año, unas 70.000 hectáreas menos, y aun así España ha sufrido un verano extraordinario por la concentración de incendios de enorme tamaño. Niebla, Burgohondo y La Mierla suman por sí solos más de 100.000 hectáreas en las estimaciones oficiales actuales.

La imagen del verano no es, por tanto, la de miles de pequeños puntos rojos repartidos uniformemente sobre un mapa. Es otra: pocos incendios que se hacen inmensos, saltan carreteras, rodean pueblos y obligan a retirar incluso a quienes han ido a apagarlos. En 2026 España ha visto el mayor incendio de Andalucía, el mayor registrado en Castilla-La Mancha, algunos de los mayores episodios conocidos en Ávila, Aragón y Madrid y, en Los Gallardos, una tragedia con quince muertos.

Niebla ocupa ahora el primer puesto con 39.821 hectáreas afectadas. La cifra podrá volver a ajustarse cuando lleguen mediciones definitivas, como ocurrió con Burgohondo. Lo que difícilmente cambiará es la escala del verano: más de un cuarto de millón de hectáreas afectadas, 44 grandes incendios y varias semanas en las que el humo convirtió el mapa de España en algo parecido a un parte de guerra forestal. Sin metáfora, casi mejor: el monte quemado ya habla bastante por sí solo.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.