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¿Cómo será IRIS², el rival europeo de Starlink que llegará en 2030?

IRIS² tendrá 348 satélites y más de 15.600 millones de inversión para crear una red europea de comunicaciones seguras y soberanas desde 2030.

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satellites sobrevolan la tierra

Europa ha dado el paso que faltaba para que IRIS² deje de ser un proyecto sobre el papel y empiece a convertirse en infraestructura real. La Comisión Europea y el consorcio SpaceRISE han cerrado el acuerdo de implementación que activa el despliegue a gran escala de una constelación destinada a ofrecer comunicaciones seguras a gobiernos, fuerzas de defensa y emergencias, empresas y, en determinadas áreas, ciudadanos. Los primeros lanzamientos están previstos para 2029, mientras que los primeros servicios operativos deberán llegar a partir de 2030.

Hay, eso sí, un matiz importante respecto a algunas cifras que han circulado estos días: IRIS² tendrá 348 satélites en total, no 348 satélites LEO. La arquitectura aprobada contempla 330 aparatos en órbita terrestre baja (LEO) y 18 en órbita media (MEO). Europa quiere una red multiórbita, no una copia a escala del enjambre de SpaceX. Y esa diferencia explica buena parte de lo que realmente pretende construir Bruselas.

IRIS² pasa de 290 a 348 satélites y entra en fase de despliegue

El cambio es bastante más que una corrección de Excel. El diseño inicial manejaba una constelación de alrededor de 290 satélites, pero el acuerdo cerrado el 6 de agosto de 2026 incorpora otros 66 aparatos en órbita baja y eleva la configuración principal hasta los 348. La negociación, abierta en enero, ha fijado también el diseño, la capacidad del sistema, el calendario de despliegue, las inversiones privadas y los trabajos necesarios para contratar lanzamientos y levantar la infraestructura terrestre.

La ampliación responde sobre todo a una necesidad que hace apenas unos años podía sonar excesivamente militar y que en la Europa de 2026 resulta bastante menos teórica: mantener comunicaciones propias cuando las redes terrestres fallan, están saturadas, sufren un ataque o simplemente dependen de infraestructuras ajenas.

Los 66 satélites adicionales estarán orientados especialmente a defensa, seguridad y servicios de emergencia. Según los cálculos de la Comisión Europea, la nueva arquitectura aumentará un 60% la capacidad de comunicaciones gubernamentales seguras dentro de la Unión y un 54% a escala mundial. No es poca cosa. Una videollamada institucional puede parecer banal hasta que se produce un apagón, una guerra híbrida o una catástrofe y desaparece la red convencional.

Por qué Europa habla de soberanía y no solo de internet

El apodo de “Starlink europeo” sirve para entender rápidamente de qué estamos hablando, pero también puede despistar. IRIS² no nace únicamente para competir por el cliente que quiere conexión a internet en una casa rural. Su razón de ser es mucho más política: garantizar que Europa disponga de una infraestructura de comunicaciones que pueda controlar cuando la situación se complique.

La constelación deberá mantener conectados a gobiernos, embajadas, fuerzas de seguridad, sistemas de emergencia e infraestructuras críticas. También ofrecerá capacidad comercial para empresas y conectividad en zonas donde las redes terrestres son débiles o inexistentes. El diseño combina satélites cercanos a la Tierra, adecuados para reducir la latencia, con aparatos situados en órbitas más altas capaces de cubrir áreas mucho mayores.

Ahí está la diferencia con el modelo que ha popularizado SpaceX. Starlink es fundamentalmente una gran plataforma comercial privada de banda ancha, aunque tenga aplicaciones estratégicas; IRIS² nace como una infraestructura público-privada en la que la autonomía política y la seguridad están escritas desde el principio en los planos. No se trata tanto de fabricar un Starlink con bandera azul y estrellas amarillas como de evitar que determinadas comunicaciones europeas dependan necesariamente de decisiones tomadas fuera de Europa.

El proyecto supera los 15.600 millones de euros

La factura también ha crecido. La inversión prevista para IRIS² supera actualmente los 15.600 millones de euros, una cifra que refleja tanto la ampliación de la red como las nuevas capacidades militares y de seguridad incorporadas al sistema. La estructura financiera contempla hasta 4.000 millones de euros aportados por los miembros privados de SpaceRISE y alrededor de 11.600 millones de inversión pública.

Es un salto considerable respecto al contrato de concesión firmado en diciembre de 2024, cuando el presupuesto de referencia rondaba los 10.600 millones de euros. Aquella concesión, diseñada para doce años, fue el punto de partida jurídico y financiero; el acuerdo de agosto de 2026 incorpora la arquitectura reforzada y nuevas necesidades de seguridad que han elevado el coste.

Parte de ese esfuerzo adicional llegará directamente de los Estados. España ha anunciado inversiones de entre 1.600 y 2.000 millones de euros, Polonia ha comprometido 656 millones y Hungría otros 500 millones, mientras se estudian más contribuciones nacionales. La factura espacial empieza a parecerse cada vez más a una factura de defensa: distintos bolsillos, una infraestructura común y muchas miradas puestas en quién controla cada pieza.

Hispasat gana peso en uno de los grandes proyectos espaciales europeos

España tendrá una posición relevante. Hispasat, integrada en Indra Group, forma SpaceRISE junto con la francesa Eutelsat y la luxemburguesa SES, los tres operadores encargados de desarrollar y explotar el sistema bajo el marco acordado con la Comisión Europea. La Agencia Espacial Europea ejercerá, por su parte, un papel técnico esencial en el desarrollo, validación y puesta en servicio de la constelación.

Hispasat ha sido elegida contratista principal del segmento terrestre, es decir, de las antenas, centros de control y conexiones encargadas de enlazar las distintas capas orbitales con las redes en tierra. Ese contrato supera los 1.600 millones de euros y coloca a la compañía española en una posición poco habitual dentro de un gran programa espacial europeo.

También liderará el desarrollo de una capa orbital muy baja, situada por debajo de los 750 kilómetros, orientada a servicios como la conexión directa entre satélites y dispositivos móviles —el llamado direct-to-device— y las comunicaciones para el Internet de las Cosas. Hispasat ha comprometido hasta 600 millones de euros a cambio de derechos de explotación en determinadas regiones estratégicas y comerciales.

Mientras tanto, SES aporta su experiencia en sistemas de órbita media y Eutelsat llega con el conocimiento acumulado en constelaciones LEO. Alrededor de ellos trabajará una cadena industrial donde figuran Airbus Defence and Space, Thales Alenia Space, OHB y Aerospacelab, además de empresas medianas, pymes y compañías emergentes europeas.

Por qué mezclar órbitas LEO y MEO

Un satélite en órbita baja vuela relativamente cerca de la superficie terrestre. Eso permite obtener comunicaciones rápidas y con menor retraso, pero cada aparato cubre una superficie menor y se necesitan muchos para mantener un servicio continuo. Los satélites de órbita media están mucho más lejos y pueden cubrir zonas más extensas.

IRIS² combina ambas alturas para ganar resiliencia y cobertura. Si una parte de la infraestructura sufre problemas, otra capa puede mantener determinados servicios. La lógica es deliberadamente redundante: en comunicaciones estratégicas, tener un único camino es cómodo hasta el día en que ese camino se corta.

El diseño también contempla una fuerte protección criptográfica y su integración con la futura infraestructura europea de comunicaciones cuánticas, EuroQCI, pensada para reforzar la protección de claves y comunicaciones sensibles frente a ataques presentes y futuros. La ciberseguridad, aquí, no llega como un parche que se instala al final del proyecto. Forma parte de la arquitectura.

Los primeros satélites despegarán en 2029

El calendario acordado fija 2029 para los primeros lanzamientos. A partir de ahí comenzará un despliegue progresivo destinado a ofrecer servicios iniciales de conectividad soberana y segura desde 2030. Antes habrá que terminar el diseño de detalle, fabricar los satélites, contratar los cohetes y construir una red terrestre capaz de gobernar centenares de aparatos.

Esto también aconseja cierta prudencia con la palabra “operativo”. Que IRIS² empiece a prestar servicios en 2030 no significa necesariamente que los 348 satélites estén todos desplegados y funcionando simultáneamente ese año. El programa contempla servicios progresivos y lanzamientos sucesivos. En los proyectos espaciales, además, cuatro años pueden ser una eternidad industrial: basta que un cohete se retrase, un proveedor tropiece o cambie una especificación a mitad del camino.

El cambio de 2026 pretende precisamente acelerar ese calendario. Europa lleva años viendo cómo otras potencias y compañías privadas convierten la órbita baja en una infraestructura económica y estratégica. El tiempo de estudiar la cuestión con gráficos de PowerPoint empieza a agotarse.

Más que un Starlink europeo: una infraestructura de poder

IRIS² será el tercer gran pilar espacial de la Unión junto con Galileo, dedicado a navegación y posicionamiento, y Copernicus, centrado en observación de la Tierra. La diferencia es que esta vez Bruselas entra directamente en uno de los terrenos más sensibles de la década: quién controla las comunicaciones cuando todo lo demás falla.

Los 348 satélites, los más de 15.600 millones de euros y el protagonismo creciente de aplicaciones de defensa dibujan algo bastante más amplio que una alternativa europea para conectarse a internet. IRIS² será una red comercial, sí, pero también una pieza de soberanía tecnológica y militar. Europa parece haber asumido que depender de proveedores externos para funciones esenciales puede salir barato mientras todo funciona y extraordinariamente caro cuando deja de funcionar.

La cuestión decisiva será la ejecución. El acuerdo firmado en agosto de 2026 transforma IRIS² de promesa política en programa industrial a gran escala: hay arquitectura, operadores, presupuesto y fecha para los primeros lanzamientos. Falta lo más difícil, bastante menos fotogénico que anunciar satélites: fabricarlos, lanzarlos, conectarlos y conseguir que esa constelación europea responda cuando de verdad haga falta.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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