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¿Quién era Sydney Towle, la influencer que murió de cáncer a los 26?
Sydney Towle murió a los 26 años tras casi tres años con un cáncer raro. Su historia, sus últimos días y el mensaje que dejó tras su muerte.

Foto: INSTAGRAM
Sydney Towle, la creadora de contenido estadounidense que convirtió su convivencia con un cáncer poco frecuente en una ventana abierta para más de un millón de seguidores, murió el 5 de agosto de 2026 a los 26 años. Su familia comunicó la noticia al día siguiente. Tenía un colangiocarcinoma intrahepático en estadio 4, un cáncer de las vías biliares extraordinariamente infrecuente a su edad, diagnosticado cuando tenía 23 años.
Durante casi tres años, Towle contó en TikTok e Instagram lo que ocurría cuando se apagaba la cámara amable de las redes: quimioterapia, operaciones, ingresos, ensayos clínicos, miedo, dolor. También viajes, baile, deporte, ropa, amigos. Vida normal en una situación que no tenía nada de normal. Esa mezcla explica buena parte de su enorme impacto. No construyó una cuenta sobre estar enferma; acabó mostrando, más bien, cómo se intenta seguir viviendo mientras se está enfermo.
Sydney Towle murió tras casi tres años con cáncer
La muerte llegó después de un rápido deterioro durante sus últimas semanas. A comienzos de agosto, su hermano, Austin Towle, comunicó que Sydney había pasado a recibir cuidados paliativos de final de vida. La enfermedad estaba muy avanzada y el objetivo médico había dejado de ser combatir el tumor para concentrarse en aliviar el dolor y mantenerla lo más confortable posible.
Sydney deseaba pasar esos últimos días en casa, según contó posteriormente su hermano, pero trasladarla habría provocado demasiado sufrimiento físico. Permaneció rodeada de familiares y amigos. Austin describió sus últimos días como un periodo en el que estaba viva pero prácticamente inconsciente durante buena parte del tiempo. A su alrededor seguían hablándole, recordándole historias y acompañándola.
Su familia anunció públicamente su muerte el 6 de agosto con una fotografía de Sydney en una montaña, sonriendo bajo el sol. Tenía algo de símbolo inevitable: durante años había presentado precisamente esa versión de sí misma, una joven empeñada en no entregar su identidad al cáncer.
El extraño síntoma que llevó al diagnóstico con 23 años
La historia había empezado de forma bastante menos solemne. En mayo de 2023, recién graduada en Dartmouth College y viviendo en Los Ángeles, Towle llevaba una vida intensamente activa. Corría, practicaba yoga, hacía surf y trabajaba en marketing. Entonces empezó a notar un bulto prominente en el abdomen.
En un primer momento pensó que podía tratarse de una hernia relacionada con el ejercicio. Después apareció una sensación de quemazón abdominal que llegó a dificultarle incluso caminar. En un centro de urgencias también contemplaron inicialmente la posibilidad de una hernia, aunque el médico pidió una ecografía para comprobarlo.
La imagen mostró una masa sólida. Una resonancia posterior encontró varios tumores en el hígado y las vías biliares, incluido uno de gran tamaño. Las biopsias confirmaron finalmente un colangiocarcinoma.
El diagnóstico resultaba especialmente insólito por una cuestión elemental: la edad. El colangiocarcinoma es un cáncer raro que nace en los conductos encargados de transportar la bilis. Afecta principalmente a personas de más edad. Towle tenía solo 23 años y, hasta entonces, apenas había sufrido problemas importantes de salud.
Un cáncer de las vías biliares en estadio 4
En su caso se trataba de un colangiocarcinoma intrahepático, es decir, originado en los conductos biliares situados dentro del hígado. La enfermedad estaba ya en estadio 4.
El problema de este tumor es también su discreción inicial. Puede crecer sin síntomas claros y, cuando aparecen señales como dolor abdominal, pérdida de peso, picor o ictericia, la enfermedad puede encontrarse ya avanzada. Sydney no encajaba en el retrato habitual del paciente. Y eso acabaría convirtiéndose en una parte central de su presencia pública.
Había seguidores que dudaban incluso de que estuviera enferma porque conservaba el pelo, viajaba, hacía ejercicio o publicaba fotografías en bikini. La lógica de internet, tan sutil como una puerta golpeando contra una pared: si un enfermo no parece suficientemente enfermo, alguien sospechará que finge.
Towle respondió enseñando precisamente esa contradicción. Una enfermedad grave no siempre resulta visible desde fuera.
Quimioterapia, cirugía y tratamientos contra el tumor
Tras el diagnóstico comenzó inmediatamente el tratamiento. Recibió quimioterapia e inmunoterapia durante aproximadamente cinco meses. El objetivo era reducir o controlar suficientemente la enfermedad para permitir una operación.
En enero de 2024 llegó esa cirugía. Le practicaron una resección hepática, extirparon la vesícula biliar y retiraron varios ganglios linfáticos abdominales. Sin embargo, quedaron márgenes positivos —células tumorales en los límites del tejido extirpado— y su recuento de glóbulos blancos dificultó continuar con el tratamiento inicialmente previsto.
Más adelante se trasladó a Nueva York para ser tratada en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center. Siguieron nuevos ciclos terapéuticos, consultas y alternativas experimentales. Towle convirtió todo aquello en una especie de diario público sin el barniz habitual de la celebridad: una habitación de hospital podía aparecer junto a un viaje; un día de dolor, junto a un vídeo bailando.
No era frivolidad. Era precisamente el argumento.
Una persona puede tener cáncer y seguir riéndose de una tontería, comprarse ropa o coger un avión. El diagnóstico no sustituye automáticamente al resto de una biografía.
De Miami Swim Week a la progresión del cáncer
La primavera de 2026 marcó un giro especialmente duro. En mayo, Towle explicó que la enfermedad había progresado hacia el peritoneo, la membrana que recubre buena parte del abdomen y la pelvis. Uno de sus oncólogos consideró que las opciones terapéuticas se habían agotado y le recomendó pasar a cuidados de final de vida.
Ella no aceptó entonces esa posibilidad. Buscó una segunda opinión médica y continuó intentando acceder a nuevos tratamientos.
Pocos días después, el 28 de mayo, desfiló en Miami Swim Week con una colección de moda de baño pensada para cuerpos que habían atravesado tratamientos contra el cáncer. La imagen resultaba casi absurda por contraste: pasarela, focos, música; y debajo, una enfermedad metastásica que seguía avanzando. Towle padecía dolor y náuseas, pero quiso hacerlo.
En junio llegaron nuevas noticias. Las pruebas detectaron tumores en los pulmones. Seguía, entretanto, vinculada a un ensayo de terapia con linfocitos infiltrantes de tumor, conocida como terapia TIL, una técnica que utiliza células inmunitarias obtenidas del propio tumor, expandidas en laboratorio y administradas posteriormente al paciente.
El tratamiento no logró invertir el curso final de la enfermedad.
La influencer que enseñó otra cara del cáncer
Sydney Towle había empezado a publicar sobre su diagnóstico casi de manera espontánea. Con el tiempo reunió cientos de miles de seguidores en TikTok y decenas de miles en Instagram hasta superar el millón de personas entre sus plataformas.
La etiqueta de influencer se queda algo estrecha aquí. No porque las redes sociales dejen mágicamente de ser redes sociales cuando aparece una enfermedad grave, sino porque su cuenta terminó funcionando como punto de encuentro para jóvenes con cáncer, familiares y pacientes que nunca habían oído hablar de un colangiocarcinoma.
También mostró una cuestión menos cómoda: la facilidad con la que las audiencias digitales convierten la vida ajena en ficción interactiva. Towle llegó a recordar públicamente que no era un personaje de televisión. Era una persona. Parece obvio; internet obliga periódicamente a aclarar cosas obvias.
Su exposición tuvo otra consecuencia. Puso un rostro joven al colangiocarcinoma, un cáncer asociado habitualmente a edades mucho mayores, y habló de investigación, tratamientos experimentales y enfermedades poco frecuentes sin transformar cada publicación en una clase de oncología.
El mensaje que Sydney Towle quería dejar
Meses antes de morir, en noviembre de 2025, Towle participó en una entrevista con Danielle Robay en el pódcast Question Everything. Allí le plantearon qué diría si tuviera que grabar un último vídeo.
Su respuesta no fue una gran consigna sobre vencer al cáncer. Tampoco una frase épica preparada para una camiseta. Habló de amabilidad, compasión y empatía, precisamente porque nunca sabemos qué está atravesando la persona que tenemos delante.
Suena sencillo. Ella misma admitía que podía sonar a tópico.
Pero después de casi tres años recibiendo quimioterapia mientras desconocidos discutían en internet si parecía suficientemente enferma, quizá aquel mensaje tenía bastante más peso del que aparentaba.
Towle defendió durante su enfermedad una esperanza casi obstinada. A veces funcionó como combustible; otras chocó con una realidad médica que iba estrechando el margen. Su hermano explicó tras su muerte que, cuando llegó finalmente el momento de ingresar en cuidados paliativos, Sydney estaba en paz y dejó de combatir una decisión que físicamente ya no podía aplazarse.
Una vida que no quedó reducida a una enfermedad
Sydney Towle murió con 26 años, pero limitar su historia a esa cifra produciría el mismo efecto que ella trató de combatir durante tres años: convertir a una persona en su diagnóstico.
Hubo un colangiocarcinoma en estadio 4, cirugías, quimioterapia, inmunoterapia, metástasis, un ensayo clínico y finalmente cuidados paliativos. Hubo también una graduación universitaria, amigos, surf, carreras, viajes y moda, vídeos absurdos, una pasarela en Miami y más de un millón de personas mirando desde una pantalla.
La enfermedad terminó imponiendo sus reglas, como tantas veces ocurre con los tumores avanzados. Pero Towle consiguió algo menos espectacular y bastante más difícil de fabricar en TikTok: recordó que detrás del paciente sigue estando la persona. Incluso cuando internet, la medicina y el miedo parecen empeñados en hablar únicamente del cáncer.

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