Síguenos

Más preguntas

¿Por qué Bertín Osborne insultó a FACUA tras denunciar su teleco?

Bertín Osborne insultó a FACUA mientras su teleco retiraba un test falso y cambiaba su publicidad. El caso, la denuncia y sus consecuencias.

Publicado

el

quién es Sofía la nueva de Bertín Osborne

Resumen

  • FACUA denunció irregularidades en la teleco promocionada por Bertín Osborne
  • La empresa retiró el test falso y modificó parte de su publicidad
  • Los insultos pueden tener recorrido legal, pero no implican una condena

Bertín Osborne ha respondido con insultos a FACUA después de que la asociación de consumidores denunciara numerosas irregularidades en Española de Telefonía, la operadora que el cantante y presentador promociona como socio y rostro público. Según FACUA, Osborne se refirió a la organización con los términos «retrasados» y «gilipollas», una reacción que llegó mientras la compañía retiraba de su web varios de los elementos cuestionados.

El enfrentamiento no nació por el nombre patriótico de la empresa ni por la bandera española que preside su publicidad. El origen está en asuntos bastante menos épicos: un supuesto test de velocidad que no medía ninguna conexión, el reclamo comercial de un precio imbatible que no lo era, la ausencia inicial de información contractual, un teléfono de atención que no era gratuito y deficiencias relacionadas con la protección de datos. FACUA acabó trasladando parte de los hechos a la Fiscalía por posibles delitos de publicidad engañosa y estafa. Hay denuncia; no hay, por ahora, condena ni resolución administrativa conocida.

Qué dijo Bertín Osborne y por qué reaccionó así

FACUA publicó el 26 de junio que Osborne había reaccionado a sus denuncias llamando a la asociación «retrasados» y «gilipollas». La respuesta del empresario se produjo dentro de una defensa más amplia de Española de Telefonía frente a quienes habían relacionado su identidad visual, su nombre y su discurso comercial con una posición política de derechas.

Osborne aseguró que todo le parecía «tan ridículo» y explicó que la compañía se llama Española de Telefonía porque sus promotores se sienten orgullosos de ser españoles. También afirmó que el centro de llamadas cuenta con 200 trabajadores en Córdoba, todos españoles, y sostuvo que la empresa genera empleo dentro del país en lugar de recurrir a plataformas situadas en Marruecos o Túnez.

El cantante añadió que la bandera utilizada por la marca es la de España y que quienes se molesten por ello, dijo con su habitual diplomacia de sobremesa, «se joden». También calificó de «taraos» a quienes atribuyen una connotación política al proyecto. El discurso mezcló así tres planos diferentes: las críticas ideológicas al envoltorio patriótico, las acusaciones técnicas sobre la web y las denuncias jurídicas formuladas por FACUA.

Ahí está una de las trampas del debate. Discutir si una bandera es de derechas puede llenar horas de tertulia; comprobar si un test de internet arroja cifras inventadas exige apenas mirar unas líneas de código. Una cosa produce ruido. La otra deja rastro técnico.

La denuncia que encendió el conflicto

FACUA presentó el 19 de junio varias denuncias contra EDT Compañía Ibérica de Telefonía SL, la sociedad que opera bajo la marca Española de Telefonía. Las actuaciones fueron dirigidas a la Dirección General de Consumo, las secretarías de Estado competentes en telecomunicaciones y digitalización y la Agencia Española de Protección de Datos.

La asociación sostuvo que la compañía podía estar vulnerando normas sobre defensa de los consumidores, publicidad, competencia desleal, servicios digitales, telecomunicaciones y protección de datos. No significa que todas esas infracciones estén probadas. Significa que FACUA detectó hechos que, a su juicio, debían investigar las administraciones responsables.

Uno de los primeros puntos controvertidos fue la llamada tarifa España, con hasta 6.000 minutos nacionales y 25 GB de datos por 7,50 euros mensuales. La empresa la promocionaba mediante el reclamo «precio imbatible». FACUA respondió que había ofertas equivalentes por cinco euros y calculó que la tarifa cuestionada era un 33% más cara que la alternativa más económica localizada.

El problema jurídico no consiste en cobrar más. Una empresa puede vender caro, barato o con la solemnidad de un desfile militar. Lo discutible es presentar una oferta como imposible de mejorar cuando existen otras más económicas con prestaciones semejantes. La publicidad permite exageraciones reconocibles, pero las afirmaciones objetivas y comprobables deben sostenerse con datos.

FACUA señaló asimismo que la página no mostraba inicialmente las condiciones contractuales completas, no explicaba de manera adecuada el derecho de desistimiento y carecía de un aviso legal con el domicilio de la sociedad. También denunció que los teléfonos de atención disponibles no eran gratuitos, pese a la obligación específica existente para las operadoras de telecomunicaciones.

La privacidad planteaba otro problema. Según la organización, el usuario aceptaba una política de privacidad que no podía consultar correctamente porque el enlace correspondiente no abría el documento. Un consentimiento sin información suficiente se parece demasiado a firmar un contrato con la hoja en blanco: mucho clic, poca transparencia.

El test de velocidad que elegía un número al azar

La controversia adquirió otra dimensión cuando varios usuarios y medios especializados analizaron la denominada Prueba de Velocidad Premium incluida en la web de Española de Telefonía. La herramienta aparentaba examinar la conexión del visitante y después comparaba el resultado con los planes de fibra de la compañía.

No realizaba esa medición. El código JavaScript utilizaba la función Math.random() para generar automáticamente una cifra situada aproximadamente entre 50 y 250 Mbps. No intercambiaba paquetes de datos con un servidor, no calculaba la latencia y no comprobaba el ancho de banda real. Era una aguja moviéndose en pantalla, una animación con traje de laboratorio.

La prueba podía ofrecer resultados incluso con el dispositivo en modo avión. Tras producir la cifra aleatoria, la web recomendaba una tarifa de fibra de Española de Telefonía y presentaba el nuevo plan como varias veces más rápido que la conexión supuestamente detectada. Una persona con una línea real de un gigabit podía recibir un resultado muy inferior y concluir, erróneamente, que su operador le prestaba un servicio deficiente.

El 24 de junio, FACUA presentó una denuncia ante la Fiscalía por posibles delitos de publicidad engañosa y estafa. La asociación argumentó que la falsa prueba podía utilizarse para provocar un error en el consumidor y empujarlo a contratar otro servicio. Corresponderá a la Fiscalía decidir si existen indicios suficientes para investigar y, en su caso, a un juez determinar responsabilidades. La denuncia, conviene repetirlo, no convierte por arte de magia una acusación en sentencia.

Lo que Española de Telefonía ha cambiado en su web

La página actual de la operadora ya no conserva varios de los elementos que desencadenaron la polémica. El test de velocidad ha desaparecido de la sección de fibra. La tarifa España tampoco se define mediante el reclamo «precio imbatible», sino como una oferta «a un gran precio», expresión más vaporosa y, precisamente por eso, bastante menos arriesgada.

La compañía también muestra un número gratuito para clientes, el 222, junto al teléfono atendido por inteligencia artificial. En el pie de la web aparecen ahora enlaces al aviso legal, la política de privacidad, los términos del servicio, las cookies y la información sobre desistimiento.

Estas rectificaciones no prueban por sí mismas que la empresa admita una infracción. Las compañías modifican campañas por razones comerciales, preventivas o jurídicas. Tampoco borran lo sucedido: las administraciones pueden examinar una conducta aunque haya sido corregida después, especialmente si estuvo activa durante el lanzamiento y pudo influir en consumidores.

El cambio, eso sí, deja una imagen difícil de ignorar. Mientras Osborne descalificaba a quienes cuestionaban el proyecto, la propia web retiraba el medidor falso, rebajaba su promesa publicitaria y añadía información legal. El insulto subía de volumen mientras la campaña daba marcha atrás.

La extraña cifra de los 200 trabajadores

Osborne afirmó que Española de Telefonía dispone de 200 personas trabajando en un centro de llamadas de Córdoba. FACUA ha puesto en duda la proporción y sostiene que, conforme a los parámetros habituales del sector, una plantilla de ese tamaño estaría asociada a una operadora con cerca de 700.000 clientes.

Esa cifra es una estimación de FACUA, no un dato auditado sobre la cartera real de la compañía. Tampoco consta públicamente, en la información ofrecida por la empresa en su web, una explicación detallada sobre esos 200 empleos: si pertenecen directamente a EDT, si trabajan para un proveedor externo, si atienden a más marcas o si la cifra incluye distintos servicios y turnos.

La web oficial se limita a afirmar que la atención se presta desde España, sin centros extranjeros, y que la compañía utiliza la red de Movistar. La reivindicación del empleo nacional es perfectamente legítima. Pero cuando se lanza un número tan llamativo en plena discusión pública, ese número también entra en el terreno de lo verificable. La bandera ondea; la nómina, en cambio, se documenta.

Qué consecuencias puede tener para Bertín Osborne

Los insultos no provocan automáticamente una sanción. FACUA podría valorar una acción civil por intromisión en el derecho al honor o, en un escenario más exigente, una querella por injurias. El Código Penal solo considera delito aquellas injurias que, por su naturaleza, efectos y circunstancias, sean socialmente tenidas por graves. Cuando se difunden públicamente, pueden castigarse con multa, pero es necesario que la persona o entidad ofendida impulse el procedimiento.

No toda expresión desagradable supera ese umbral. Los tribunales examinan el contexto, el alcance de la difusión, la intensidad de las palabras y si se trató de una crítica, aunque fuese áspera, o de un ataque gratuito destinado a desacreditar. Llamar «gilipollas» o «retrasados» a una organización es ofensivo, desde luego; que alcance relevancia penal o genere una indemnización civil dependería de una reclamación concreta y de la valoración judicial.

El uso de «retrasado» como insulto añade una carga social bastante rancia, pero no convierte por sí solo las declaraciones en un delito de odio. FACUA no fue atacada por representar a personas con discapacidad, sino por su intervención contra la teleco. Confundir ambos ámbitos sería jurídicamente incorrecto.

El frente más delicado no está, de momento, en el exabrupto. Está en la actividad comercial investigada. El Código Penal contempla penas de prisión de seis meses a un año o multa de 12 a 24 meses para fabricantes o comerciantes que realicen alegaciones falsas sobre productos o servicios capaces de causar un perjuicio grave y manifiesto a los consumidores. La publicidad falsa puede tener consecuencias, pero exige acreditar ese perjuicio.

La estafa requiere algo más: ánimo de lucro, un engaño suficiente, error de la víctima y un acto de disposición que cause un perjuicio económico. No basta con que una herramienta sea falsa o chapucera. Debe demostrarse que sirvió para engañar, que alguien contrató por ese engaño y que sufrió una pérdida.

La responsabilidad personal de Osborne tampoco puede darse por sentada. Ser la imagen del negocio, aparecer en los anuncios o defenderlo públicamente no basta por sí solo para atribuirle cualquier posible delito cometido por la sociedad. Habría que acreditar su intervención en las decisiones, su conocimiento de la herramienta engañosa y su participación concreta en la captación de clientes mediante ese mecanismo.

La empresa, sus administradores, quienes diseñaron la campaña o quienes autorizaron el test podrían quedar bajo examen según lo que revele una eventual investigación. Las responsabilidades penales son personales; no se reparten por proximidad fotográfica ni por aparecer delante de una bandera en Instagram.

Cuando el envoltorio patriótico tropieza con la letra pequeña

Española de Telefonía construyó su lanzamiento sobre una identidad muy marcada: nombres como España, Colón, Bécquer o Murillo; atención nacional; red de Movistar; orgullo de país. No hay ilegalidad alguna en ese posicionamiento. El problema aparece cuando la épica comercial intenta ocupar el lugar de las condiciones contractuales, la privacidad o la veracidad publicitaria.

FACUA lanzó acusaciones graves y las administraciones deberán comprobarlas. La Fiscalía tendrá que decidir qué hace con la denuncia sobre el test falso. Española de Telefonía ha corregido entretanto buena parte de su escaparate digital, aunque eso no resuelve por sí solo las posibles responsabilidades anteriores.

Bertín Osborne eligió responder a la crítica técnica y jurídica con descalificaciones. Puede gustar más o menos su tono, pero los insultos no contestan al código fuente, no acreditan 200 puestos de trabajo y no convierten una tarifa en imbatible. En telecomunicaciones, como en casi todo, la cobertura importa menos que las pruebas. Y aquí la conversación ya no gira alrededor de quién quiere más a España, sino de algo bastante sencillo: qué se prometió, qué se ofreció realmente y quién tomó esas decisiones.

Gracias por leerme y por pasarte por Don Porqué. Si te apetece seguir curioseando, arriba tienes la lupa para buscar más temas. Y si esto te ha gustado, compártelo: así la historia llegará un poco más lejos.

Lo más leído