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¿Cuánto tráfico de Internet generan los bots en España y el mundo?

Los bots generan el 58% de las solicitudes HTTP mundiales, mientras España conserva un 62,9% de tráfico humano frente al 37,1% automatizado.

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dedo robot toca tecla

Resumen

  • El 58% de las solicitudes HTTP mundiales procede de bots
  • España mantiene un 62,9% de tráfico humano frente al 37,1% automatizado
  • EEUU y China superan el 65% de tráfico generado por bots

Internet tiene cada vez menos dedos sobre el teclado y más software trabajando sin descanso. Los datos analizados sobre tráfico web dibujan un cambio considerable: el 58% de las solicitudes HTTP mundiales procede de bots, frente al 42% atribuido a personas. Dicho de otra forma, por cada cien peticiones de páginas que circulan en esta medición, unas 58 nacen de sistemas automatizados.

España, de momento, avanza a otro ritmo. Aquí el reparto se invierte: el 62,9% del tráfico corresponde a humanos y el 37,1% a bots. La diferencia con Estados Unidos o China es amplia y ofrece una fotografía interesante de cómo está cambiando la Red, aunque conviene no confundir tráfico automatizado con actividad maliciosa ni interpretar estos porcentajes como una medición de todos los datos que viajan por Internet.

Los bots ya generan más tráfico web que los humanos

El dato mundial tiene algo de cambio de época. Bots: 58%. Humanos: 42%. Hace unos años, hablar de robots recorriendo páginas evocaba principalmente a Googlebot entrando en una web para indexarla o a pequeños programas rastreando precios. Aquello sigue existiendo, pero la fauna digital se ha multiplicado.

Un bot puede comprobar si una página está disponible, actualizar un buscador, recopilar información pública, consultar precios, alimentar un servicio, ejecutar una tarea empresarial o acceder a una web por orden de un sistema de inteligencia artificial. También puede hacer cosas bastante menos inocentes: intentar accesos masivos, copiar contenidos, falsear interacciones o buscar vulnerabilidades.

Ahí está una distinción esencial. Bot no significa automáticamente ciberdelincuente. Meter en el mismo saco a un rastreador de buscador y a un programa dedicado a probar miles de contraseñas sería como contar taxis y coches robados bajo la categoría de vehículos y sacar conclusiones sobre delincuencia.

Lo relevante es otra cosa: una parte cada vez mayor de la actividad que reciben los servidores ya no requiere una persona navegando físicamente.

Estados Unidos y China llevan la automatización mucho más lejos

Las diferencias geográficas son llamativas. En Estados Unidos, alrededor del 68% del tráfico medido procede de bots, mientras que los usuarios humanos representan aproximadamente el 32%. Es decir, más de dos solicitudes automatizadas por cada una humana.

China presenta un escenario parecido: 65,4% de tráfico automatizado y 34,6% humano. Europa también ha cruzado la frontera en la que las máquinas superan a las personas, aunque con menos distancia: 57,7% bots frente a 42,3% humanos.

España rompe claramente esa secuencia. Aquí siguen dominando las personas. La comparación deja al mundo en torno al 58% de bots, Europa en el 57,7%, China en el 65,4%, Estados Unidos en el 68% y España en el 37,1%.

No hace falta imaginar una sala llena de ordenadores parpadeando como en una película de los noventa. Buena parte de esta automatización ocurre silenciosamente, dentro de centros de datos y servicios en la nube, mediante programas que consultan páginas y APIs —interfaces que permiten a dos sistemas intercambiar información— miles o millones de veces.

España sigue teniendo un Internet mayoritariamente humano

El dato español resulta especialmente curioso porque se mueve en dirección opuesta al promedio internacional. Casi dos de cada tres solicitudes analizadas en España son humanas, mientras poco más de una de cada tres procede de sistemas automatizados.

Eso no significa necesariamente que España esté tecnológicamente atrasada, del mismo modo que un porcentaje alto de bots tampoco demuestra por sí solo que un país lidere la inteligencia artificial. La tentación de establecer esa equivalencia es comprensible, pero demasiado cómoda.

El volumen automatizado depende de numerosos factores: estructura empresarial, centros de datos, servicios digitales, buscadores, plataformas internacionales, herramientas de monitorización, comercio electrónico, automatización corporativa y, cada vez más, agentes de inteligencia artificial capaces de actuar en Internet.

Un país puede tener muchísimo tráfico humano porque sus usuarios consumen gran cantidad de páginas web y, al mismo tiempo, disponer de una potente industria tecnológica. O puede registrar toneladas de solicitudes automáticas simplemente porque alberga determinadas infraestructuras. El porcentaje sirve como termómetro de automatización, no como ranking olímpico de inteligencia artificial.

La IA agéntica introduce una nueva clase de visitante

Hasta hace poco utilizábamos inteligencia artificial principalmente de una forma bastante reconocible: una persona formulaba una petición y el sistema respondía. La llamada IA agéntica está empezando a romper ese esquema.

Un agente puede recibir un objetivo y ejecutar acciones para conseguirlo. Buscar información, comparar alternativas, consultar varias páginas, comunicarse con servicios externos o completar determinadas operaciones. Cada una de esas acciones puede generar tráfico web sin que una persona abra directamente las páginas implicadas.

La navegación deja entonces de ser exclusivamente una relación entre un usuario y una pantalla. Aparece un intermediario digital que recorre Internet por nosotros.

Un ejemplo sencillo: alguien pide a un asistente que encuentre varias opciones para organizar un viaje. El usuario realiza una sola petición. El agente podría consultar decenas de webs, servicios y bases de datos antes de responder. Una acción humana puede producir muchas solicitudes automatizadas. Ahí reside buena parte del cambio.

Por qué un 58% de bots no significa que los humanos hayan abandonado Internet

Hay otra precaución importante. Estos porcentajes se refieren al número de solicitudes HTTP clasificadas como automatizadas o humanas, especialmente en tráfico asociado a páginas web. No significan que los bots consuman el 58% de todos los bytes que circulan por Internet.

La diferencia no es pequeña. Una persona puede reproducir durante dos horas una película en alta resolución y generar una enorme cantidad de datos con relativamente pocas interacciones. Un robot, en cambio, puede realizar miles de consultas diminutas a páginas diferentes. Si contamos peticiones, puede ganar el bot. Si contamos gigabytes transportados, el paisaje puede cambiar por completo.

Tampoco están entrando aquí, de manera equivalente, todas las formas de comunicación digital imaginables: vídeo, juegos en línea, correo electrónico, llamadas, servicios internos o muchos intercambios entre máquinas funcionan con dinámicas distintas.

Más bots tampoco equivale a más ataques

La palabra bot arrastra cierta mala fama, y no siempre con razón. Los buscadores necesitan rastreadores para descubrir páginas nuevas. Las empresas utilizan robots para comprobar que sus servicios continúan disponibles. Hay herramientas automáticas que verifican enlaces, actualizan catálogos, generan vistas previas, analizan rendimiento o conectan plataformas.

Luego están los bots maliciosos, claro. Scrapers agresivos, programas para robar cuentas, redes utilizadas en ataques distribuidos, automatizaciones para fraude publicitario o sistemas dedicados a explotar servicios. Son una parte relevante del problema de seguridad de Internet, pero no representan todo el tráfico automatizado.

La frontera, además, se vuelve más turbia con la inteligencia artificial. Un crawler puede recopilar contenidos para entrenar un modelo; otro puede acceder a una página porque un usuario acaba de pedir a un asistente que busque información. Técnicamente ambos son automatización. Económica y funcionalmente, no hacen exactamente lo mismo.

Una web cada vez más escrita también para máquinas

El crecimiento del tráfico automatizado trae consecuencias menos espectaculares que los robots futuristas, pero bastante más reales. Las páginas web ya no reciben únicamente lectores. Reciben buscadores, asistentes de IA, herramientas SEO, servicios de monitorización, agregadores y comparadores, además de programas automatizados de toda clase.

Para medios de comunicación, tiendas y plataformas digitales aparece una tensión nueva: permitir que determinadas máquinas accedan a los contenidos puede aportar visibilidad, pero también puede consumir recursos o facilitar que terceros reutilicen información sin enviar apenas usuarios de vuelta.

Este cambio afecta incluso a la idea tradicional de audiencia. Durante años, una visita significaba más o menos que alguien había llegado a una página. Esa equivalencia se está deshaciendo. Una solicitud puede proceder de una persona, de un buscador o de una máquina actuando en representación de alguien que quizá nunca vea la web original.

Y ahí el asunto deja de ser únicamente técnico. Entra el dinero. Un Internet donde las máquinas leen cada vez más páginas en nombre de las personas obliga a replantear publicidad, medición de audiencias, propiedad de contenidos y relación entre medios, buscadores y plataformas de inteligencia artificial. Una página puede ser intensamente consultada y, paradójicamente, recibir menos ojos humanos.

España conserva una excepción que quizá no dure

España mantiene por ahora una fotografía bastante distinta: 37,1% de bots y 62,9% de tráfico humano, lejos del 68% automatizado de Estados Unidos y del 65,4% de China.

No hay una línea recta que permita convertir esas cifras en una clasificación de países más o menos avanzados en inteligencia artificial. Sí muestran, sin embargo, una transformación bastante evidente. La automatización se ha convertido en una presencia estructural de la web y los agentes de IA añaden otra capa a un ecosistema que llevaba años llenándose de robots.

La vieja imagen de Internet era sencilla: millones de personas entrando en páginas mediante un navegador. La nueva empieza a parecerse más a una estación abarrotada donde humanos y máquinas cruzan los mismos pasillos, aunque estas últimas corren, no duermen y pueden atravesar miles de puertas por segundo.

En España todavía somos mayoría al otro lado de la pantalla. En el conjunto mundial, al menos contando solicitudes web, ya no.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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