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¿Quién disparó a Alex Pretti? Identifican a los dos agentes federales
Jesús Ochoa y Raymundo Gutiérrez fueron identificados como los dos agentes federales que dispararon a Alex Pretti durante el operativo en Minneapolis.

Resumen
- Jesús Ochoa y Raymundo Gutiérrez fueron identificados como los tiradores
- Los vídeos muestran que otro agente retiró el arma antes de los disparos
- El forense clasificó la muerte de Pretti como homicidio
Los dos agentes federales que dispararon contra Alex Pretti el pasado 24 de enero en Minneapolis han sido identificados en registros gubernamentales como Jesús Ochoa, de 43 años, y Raymundo Gutiérrez, de 35. Ochoa pertenece a la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos y Gutiérrez trabaja para la Oficina de Operaciones de Campo de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, la CBP. El Departamento de Seguridad Nacional todavía no había hecho públicos sus nombres, aunque un informe oficial remitido al Congreso ya había confirmado que dos agentes abrieron fuego durante el forcejeo.
Pretti, un enfermero de cuidados intensivos de 37 años que trabajaba en un hospital para veteranos, murió después de recibir múltiples disparos cuando varios agentes trataban de reducirlo. Las grabaciones tomadas por testigos muestran una secuencia especialmente relevante: Pretti aparece inicialmente con un teléfono móvil en la mano y, durante el forcejeo, otro agente le retira una pistola de la zona de la cintura instantes antes de que comiencen los disparos. Las imágenes públicas examinadas hasta este lunes no muestran a Pretti apuntando con esa arma contra los agentes.
La oficina del médico forense del condado de Hennepin ha determinado este 2 de febrero que la muerte fue un homicidio y que la causa fueron múltiples heridas de bala provocadas por agentes de las fuerzas de seguridad. Es un dato médico importante, pero no equivale a declarar penalmente culpable a ningún agente: en terminología forense, homicidio indica que la muerte fue causada por la acción de otra persona.
Jesús Ochoa y Raymundo Gutiérrez: qué se sabe de los agentes
Los registros revisados por ProPublica identifican a Ochoa y Gutiérrez como los dos agentes que dispararon. Ochoa ingresó en la CBP en 2018 y trabaja como agente de la Patrulla Fronteriza. Gutiérrez entró en 2014 y pertenece a la Oficina de Operaciones de Campo de la CBP; está asignado a un equipo especial de respuesta empleado en operaciones de mayor riesgo.
Ambos proceden del sur de Texas y habían sido destinados a Minnesota dentro de la denominada Operation Metro Surge, el amplio dispositivo federal de control migratorio desplegado desde diciembre. Después de la muerte de Pretti, los dos fueron apartados temporalmente del servicio mientras avanzan las investigaciones sobre lo ocurrido.
Hay una precisión que evita bastante confusión. Aunque el caso ha quedado mezclado en numerosas conversaciones públicas con las operaciones de ICE, los dos agentes identificados pertenecen a Customs and Border Protection, CBP. Ochoa es de la Patrulla Fronteriza y Gutiérrez de la Oficina de Operaciones de Campo. Ambas estructuras dependen del Departamento de Seguridad Nacional y participaban en el dispositivo federal desplegado en Minneapolis.
Sus identidades habían permanecido fuera del conocimiento público durante más de una semana. El informe inicial enviado al Congreso especificó que un agente de la Patrulla Fronteriza disparó una Glock 19 y un agente de CBP una Glock 47, pero no ofreció sus nombres. Los registros publicados posteriormente permitieron identificarlos como Jesús Ochoa y Raymundo Gutiérrez.
Qué ocurrió antes de los disparos
La secuencia reconstruida mediante varias grabaciones empieza con Pretti en la calle, filmando a los agentes con su teléfono. En una de las imágenes se observa cómo un agente intenta apartarlo. Poco después se produce un enfrentamiento entre agentes y civiles, y Pretti termina implicado directamente en la escena que desembocaría en su reducción.
Uno de los agentes utiliza un aerosol irritante y varios efectivos se abalanzan después sobre Pretti para inmovilizarlo. El episodio se vuelve caótico en cuestión de segundos: agentes rodeándolo, brazos entrecruzados, cuerpos en el suelo y cámaras de testigos grabando desde ángulos distintos. Esa multiplicidad de vídeos es precisamente la que ha permitido reconstruir algunos segundos que el relato inicial oficial dejó poco claros.
El informe preliminar remitido al Congreso sostiene que el personal de CBP intentó detener a Pretti, que este se resistió y que durante el forcejeo un agente gritó varias veces que tenía un arma. Aproximadamente cinco segundos después, según esa reconstrucción oficial, dos agentes dispararon. El documento no afirma que Pretti sacara la pistola ni que intentara alcanzarla.
Las imágenes disponibles permiten comprobar algunas partes de esa secuencia, pero dejan otras sometidas a investigación. Pretti se resiste mientras varios agentes intentan inmovilizarlo; al mismo tiempo, en las grabaciones anteriores a la reducción aparece con un teléfono en las manos, no blandiendo una pistola. Ese detalle se ha convertido en uno de los puntos centrales para reconstruir la amenaza que pudieron percibir los agentes.
El arma de Pretti y el segundo decisivo
Pretti llevaba una pistola semiautomática de 9 milímetros y disponía de permiso para portar un arma. La presencia de esa pistola es un hecho relevante, pero no resuelve por sí sola la cuestión jurídica esencial: qué hizo Pretti con ella y qué podían saber o percibir los agentes en los segundos inmediatamente anteriores a los disparos.
Un análisis de vídeos grabados desde distintos ángulos muestra que un agente alcanza la zona de la cintura de Pretti y extrae el arma. El agente comienza a apartarse con la pistola en la mano y, menos de un segundo después, se escucha el primero de lo que parecen ser diez disparos.
El informe preliminar confirma que fueron dos agentes diferentes quienes utilizaron sus armas. A este 2 de febrero, sin embargo, no se había publicado una reconstrucción oficial completa que atribuyera individualmente cada proyectil a Ochoa o Gutiérrez ni que detallara cuáles de los disparos alcanzaron a Pretti.
Tampoco se conoce públicamente qué percibió exactamente cada tirador durante esos instantes. Que otro agente hubiera retirado la pistola antes del primer disparo no demuestra por sí mismo que todos los agentes supieran que Pretti estaba desarmado. Quién vio el arma, quién escuchó los avisos y qué información tenía cada tirador serán cuestiones esenciales para establecer si el uso de la fuerza estaba justificado.
La versión inicial del DHS frente a lo que muestran los vídeos
Las primeras explicaciones de responsables federales fueron más contundentes que el informe preliminar conocido después. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, sostuvo tras el suceso que Pretti había representado una amenaza para los agentes, mientras responsables de la Patrulla Fronteriza plantearon que los disparos habían respondido a un peligro inmediato. Esas afirmaciones fueron posteriormente sometidas a escrutinio a medida que aparecieron nuevas grabaciones del encuentro.
Los vídeos disponibles complican esa primera descripción. No muestran a Pretti aproximándose con una pistola empuñada ni apuntándola contra los agentes. El documento que el propio DHS envió posteriormente al Congreso tampoco afirma que blandiera el arma o tratara de sacarla: describe el forcejeo, los avisos sobre la presencia de una pistola y los disparos efectuados por dos agentes.
Eso no determina automáticamente si el uso de la fuerza fue legal o ilegal. En un caso de estas características cuentan segundos casi microscópicos: la posición de las manos, las advertencias escuchadas, la percepción razonable de una amenaza, el conocimiento que tenía cada tirador y el momento exacto en el que desapareció —o no— el peligro. Ahí está buena parte de lo que todavía debe esclarecer la investigación.
Una investigación federal con piezas todavía sin publicar
El Departamento de Justicia confirmó el 30 de enero una investigación federal de derechos civiles sobre la muerte de Pretti. El FBI asumió un papel central en las pesquisas, con posible participación de la División de Derechos Civiles. El fiscal general adjunto Todd Blanche advirtió, no obstante, de que se trataba de una revisión todavía preliminar.
Una de las piezas más importantes continúa fuera del alcance del público: las grabaciones completas de las cámaras corporales. El informe enviado al Congreso se elaboró tras revisar imágenes de esas cámaras y documentación de CBP. El material estaba preservado, pero este lunes 2 de febrero no se había difundido íntegramente, de modo que aún faltaba conocer con precisión qué órdenes, avisos y conversaciones recogieron los dispositivos de los agentes.
Este 2 de febrero, un juez federal levantó una orden temporal que impedía al DHS destruir o alterar determinadas pruebas del caso después de concluir que no existían elementos suficientes para considerar que estuvieran en riesgo. Paralelamente, el Gobierno anunció la ampliación del uso de cámaras corporales entre los agentes desplegados en Minneapolis. La batalla por las pruebas, por tanto, seguía siendo una parte relevante de un caso que había saltado rápidamente del asfalto a los tribunales.
También forma parte del contexto un enfrentamiento anterior de Pretti con agentes federales ocurrido el 13 de enero, once días antes de su muerte. Los vídeos muestran a Pretti discutiendo con agentes, escupiendo hacia un vehículo oficial y dañando de una patada una de sus luces traseras antes de ser reducido brevemente. Las imágenes también muestran una pistola en su cintura, sin que aparezca intentando sacarla.
Ese episodio puede aportar contexto a los investigadores, pero no demuestra que Ochoa o Gutiérrez participaran en aquel encuentro ni que conocieran previamente a Pretti. A este lunes no se había establecido públicamente una conexión de ese tipo. Lo sucedido once días antes tampoco determina por sí solo la legalidad de los disparos del 24 de enero.
Qué significa que la muerte haya sido declarada homicidio
La decisión del médico forense añade una pieza objetiva a la investigación: Alex Pretti murió por múltiples heridas de bala causadas por agentes de las fuerzas de seguridad, y la forma de muerte figura oficialmente como homicidio. El dictamen fue publicado este 2 de febrero por la oficina del médico forense del condado de Hennepin.
Conviene no confundir el lenguaje forense con una sentencia penal. La clasificación de homicidio no significa automáticamente asesinato ni determina que los disparos fueran delictivos. Indica que la muerte fue causada por otra persona; corresponde después a los investigadores, fiscales y eventualmente a los tribunales decidir si existió un uso legítimo o excesivo de la fuerza.
La información forense hecha pública tampoco detallaba este lunes el número exacto de impactos, la trayectoria completa de los proyectiles ni cuál de las heridas resultó mortal. Esos datos pueden terminar siendo importantes para reconstruir dónde estaba cada tirador y cómo se desarrolló una ráfaga que duró apenas unos segundos.
Los nombres ya están; falta aclarar la responsabilidad
A 2 de febrero, la respuesta más sólida sobre quién disparó a Alex Pretti tiene dos nombres: Jesús Ochoa y Raymundo Gutiérrez. Registros gubernamentales revisados por ProPublica los identifican como los agentes que utilizaron sus armas el 24 de enero; Ochoa es agente de la Patrulla Fronteriza y Gutiérrez pertenece a la Oficina de Operaciones de Campo de CBP. El Gobierno ya había reconocido oficialmente que fueron dos los agentes que dispararon, aunque no había divulgado públicamente sus identidades.
Lo que todavía no está resuelto es bastante más complejo: por qué disparó cada uno, qué peligro percibieron y si ese uso de fuerza estaba jurídicamente justificado. Las grabaciones conocidas muestran que Pretti llevaba una pistola, pero también que otro agente se la retiró instantes antes del primer disparo. Muestran resistencia durante el forcejeo, pero no a Pretti apuntando con el arma contra los agentes.
Ahora existen dos identidades concretas donde durante más de una semana solo hubo uniformes, máscaras y referencias genéricas a agentes federales. Falta establecer la parte decisiva: la responsabilidad individual detrás de aquellos pocos segundos en una calle de Minneapolis y si las decisiones tomadas durante ese forcejeo se ajustaron a la ley.












