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¿Por qué los pantalones anchos de Zara provocan caídas y lesiones?
Los pantalones anchos de Zara arrasan este verano, pero su bajo puede provocar tropiezos y lesiones. Así nació una polémica viral en redes…

Los pantalones fluidos de pernera muy ancha (en inglés flowy wide-leg pants) se han convertido en uno de los éxitos inesperados del verano, pero su silueta esconde un problema bastante menos fotogénico: el bajo puede introducirse bajo el zapato o envolver el pie contrario mientras se camina. El resultado es un tropiezo brusco, de esos en los que el cuerpo sigue avanzando mientras una pierna, atrapada en la tela, decide quedarse atrás.
No significa que todos los pantalones palazzo sean peligrosos ni que llevar una pernera ancha equivalga a reservar una camilla. El riesgo aparece cuando coinciden un tejido ligero, una abertura desmesurada y un largo que roza o cubre el suelo. Varias compradoras de un modelo fluido de Zara han relatado caídas, heridas y fracturas, hasta el punto de que las redes sociales lo han bautizado —con la habitual delicadeza de internet— como los “pantalones de la muerte”.
El pantalón viral que pasó de icono a tropiezo
El modelo que ha encendido la conversación internacional responde a la estética flowy wide-leg: cintura alta o elástica, tejido vaporoso, caída holgada y una pernera tan amplia que llega a ocultar por completo el calzado. Es una versión más exagerada del pantalón palazzo tradicional, pensada para moverse como una cortina con brisa. En una fotografía queda estupendo. La calle, por desgracia, no tiene estilista ni botón para repetir la toma.
Su popularidad no resulta extraña. Es fresco, no oprime, funciona con camisetas, camisas o chaquetas y ofrece esa mezcla de comodidad y apariencia cuidada que domina la moda reciente. Zara mantiene en su catálogo español distintos pantalones fluidos y palazzo, algunos con cintura elástica y cortes que caen prácticamente hasta el suelo.
El problema no está en la amplitud por sí sola, sino en el exceso. Cuando el bajo es más largo de lo que permite la altura de la persona o el calzado elegido, queda tela libre alrededor de ambos pies. Al caminar deprisa, subir un escalón o cambiar de dirección, esa tela oscila hacia dentro. Un pie pisa el pantalón; el otro entra en la pernera equivocada. Y se acabó el desfile.
Cómo acaba el pie atrapado en la otra pernera
La mecánica de las caídas es sencilla. Cada paso desplaza el tejido hacia delante y hacia los lados. En un pantalón estructurado, el material conserva cierta forma y se mantiene separado de las piernas. En uno muy ancho y ligero, la tela responde a cualquier movimiento: una ráfaga, un giro de cadera, el roce del tobillo. Puede cruzarse delante del zapato o formar una especie de bolsa alrededor del pie.
Cuanto mayor es la anchura de la pernera, más fácil resulta que esta se enrolle alrededor de la pierna o del pie contrario. El peligro aumenta cuando la prenda arrastra, porque el propio usuario puede pisar el bajo antes de completar la zancada. No hay ningún misterio textil: es una pequeña trampa móvil fabricada con la misma ropa que se lleva puesta.
También influye el tipo de zapato. Una sandalia abierta permite que los dedos se introduzcan con mayor facilidad en los pliegues; unas zapatillas con suela voluminosa pueden enganchar más tejido; un tacón cambia la altura efectiva del pantalón y puede evitar que arrastre, aunque introduce sus propios problemas de estabilidad. Cambiar una caída por otra no parece la cumbre de la ingeniería.
Correr, subir escaleras y usar escaleras mecánicas multiplica el riesgo
Las situaciones más delicadas son aquellas en las que la zancada se alarga o el pie debe elevarse: correr para alcanzar el autobús, subir una escalera, bajar de una acera o caminar por un pavimento irregular. También se han relatado tropiezos entre jóvenes que corrían hacia una parada, mientras las publicaciones virales muestran golpes en entradas de viviendas, calles y superficies de grava.
Las escaleras mecánicas merecen una mención aparte. Se han difundido casos en los que el bajo quedó atrapado en sus piezas móviles. Los organismos de seguridad llevan años recomendando mantener alejadas de los mecanismos las prendas largas, los cordones y cualquier elemento colgante. El riesgo de atrapamiento no nació con TikTok ni con Zara; la moda únicamente le ha añadido una pernera más aparatosa.
Las caídas que encendieron TikTok
La alarma comenzó como suelen comenzar estas cosas: con vídeos breves, golpes reales y comentarios que mezclaban preocupación con humor negro. Algunas usuarias se grabaron cayendo o mostraron después rodillas raspadas, brazos magullados y los pantalones que habían originado el accidente. El apodo Zara Death Pants hizo el resto. Una expresión excesiva, claro, pero perfecta para viajar por el algoritmo.
Entre los testimonios más graves figura el de Ellin Costa, una compradora canadiense que afirmó haberse fracturado una muñeca y sufrido una herida en la sien tras caer con el pantalón. Otros vídeos y relatos hablan de lesiones de rodilla, cortes en la cara, esguinces y golpes en codos y manos. Son experiencias individuales difundidas en redes y medios, no un registro clínico completo ni una estadística oficial de accidentes, una distinción importante cuando la exageración digital empieza a correr más deprisa que quienes llevan la prenda.
El fenómeno se ha extendido porque muchas compradoras reconocen el mismo movimiento: el pie entra de repente en el hueco formado por la otra pernera. Algunas no llegaron a caer, pero describen varios amagos en pocos minutos. La creadora Ghislaine Engel contó que estuvo a punto de tropezar repetidamente durante su primera salida y terminó caminando con los bajos recogidos entre las manos. Elegante, lo que se dice elegante, ya menos.
Hasta el 22 de julio de 2026 no constaba una retirada general del producto ni una respuesta pública detallada de Zara sobre la controversia, pese a las consultas realizadas por varios medios. Tampoco existe, por ahora, evidencia de que una autoridad de consumo haya declarado formalmente peligrosa la prenda. Conviene separar el hecho —hay usuarias que han sufrido caídas— del salto sensacionalista según el cual cualquier pantalón ancho sería una amenaza pública.
No es solo un problema de Zara
Aunque la conversación se ha concentrado en un modelo concreto, el riesgo afecta a cualquier pantalón extremadamente ancho y largo que no esté ajustado a la estatura, a la forma de caminar y al calzado. Los bajos que se acumulan sobre el suelo, conocidos en moda como puddle pants, sacrifican parte de la funcionalidad para conseguir una silueta deliberadamente exagerada.
No es una novedad histórica que la ropa imponga condiciones al cuerpo. Los corsés comprimían el torso; las faldas lápiz reducían la longitud de la zancada; los zapatos de tacón alteran el equilibrio. La moda vende libertad y, de vez en cuando, la entrega con instrucciones invisibles. En este caso no aprieta: sobra tela. Mucha.
Los pantalones palazzo llevan décadas entrando y saliendo del armario. Alcanzaron una gran popularidad entre finales de los años sesenta y principios de los setenta, aunque bebían de siluetas anteriores asociadas a figuras como Katharine Hepburn, Greta Garbo o Marlene Dietrich. Tradicionalmente se confeccionan con tejidos ligeros porque ofrecen amplitud y ventilación durante los meses cálidos. Su regreso actual pertenece a una tendencia más amplia hacia prendas holgadas, cómodas y menos rígidas.
La diferencia está en que las redes convierten un defecto práctico en un espectáculo global. Antes una persona tropezaba, maldecía al pantalón y acudía a la modista. Ahora graba el moratón, añade música dramática y consigue millones de reproducciones. Eso ayuda a identificar un problema compartido, pero también puede transformar varios accidentes reales en la impresión de una epidemia textil.
El arreglo más sensato sigue siendo hacer el bajo
Entre los remedios caseros difundidos en TikTok aparecen gomas alrededor de los tobillos, nudos improvisados y sistemas para recoger la tela. Pueden servir durante unos minutos, aunque alteran la caída de la prenda y no siempre quedan bien sujetos. Usar tacones para elevar el pantalón tampoco garantiza nada: el bajo puede seguir desplazándose y el calzado añade altura e inestabilidad.
La solución más razonable es ajustar el largo mediante un dobladillo profesional y probarlo con el calzado que se utilizará habitualmente. El pantalón puede rozar la parte superior del zapato, pero no debería quedar bajo la suela ni barrer el pavimento. La longitud correcta cambia según se lleven zapatillas, sandalias o tacones; comprar una prenda concebida para una altura distinta y confiar en la gravedad suele salir regular.
Antes de estrenarlo conviene caminar con él dentro de casa, subir unos escalones y comprobar si alguna pernera invade el recorrido del pie contrario. No hace falta montar un laboratorio. Bastan diez pasos, un espejo y algo menos de fe en la fotografía de la tienda.
La elegancia no debería terminar en Urgencias
Los llamados “pantalones de la muerte” no son una nueva arma de la industria textil, pero tampoco una invención surgida de la nada. El diseño ultralargo, ancho y ligero puede favorecer tropiezos y caídas, especialmente al correr, usar escaleras o caminar con zapatos que dejan el pie expuesto. Las lesiones relatadas por varias compradoras demuestran que un detalle aparentemente estético puede tener consecuencias bastante concretas.
La moda siempre ha negociado con la incomodidad, aunque esta vez el precio no lo cobra un corsé ni un tacón imposible, sino unos centímetros de tela sobrante. Un dobladillo bien medido conserva la silueta y elimina buena parte del riesgo. Menos épico que un vídeo viral, sí. También bastante más útil.

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