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¿Quién es Mijailo Drapati y qué hará al mando del Ejército ucraniano?
Mijailo Drapati asume el mando militar de Ucrania con Donetsk bajo presión rusa, un frente muy agotador y una reforma interna aún pendiente.

Mijailo Drapati es el nuevo comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, un general de división de 43 años cuya carrera se ha construido casi enteramente en zonas de combate. Volodímir Zelenski anunció su elección el 21 de julio y el relevo quedó formalizado un día después, cuando Drapati asumió el puesto ocupado hasta entonces por Oleksandr Sirski. No llega para administrar una paz hipotética, sino para dirigir un frente de unos 1.200 kilómetros sometido a la presión constante de Rusia.
Su nombre, transcrito internacionalmente como Mykhailo Drapatyi, está ligado a algunas de las operaciones ucranianas más conocidas desde el inicio de la guerra del Donbás en 2014. Participó en la defensa de Mariúpol, dirigió unidades cercadas, intervino en sectores críticos después de la invasión rusa de 2022 y contribuyó a frenar la ofensiva sobre Járkov en 2024. En Kiev lo presentan como un mando de nueva generación: menos reverencia por el viejo escalafón soviético, más tecnología, información directa desde las trincheras y responsabilidad personal cuando las cosas salen mal.
El nombramiento contiene, por tanto, una decisión militar y otra política. Zelenski busca modernizar el mando, reducir las fricciones dentro de las Fuerzas Armadas y responder al malestar acumulado entre soldados y civiles por la movilización, las bajas, la formación de los reclutas y la lentitud de ciertas reformas. Drapati hereda muchas expectativas. También una guerra que no acostumbra a respetarlas.
Un general formado bajo el fuego ruso
Drapati nació en 1982 en Kamianets-Podilski, en el oeste de Ucrania, dentro de una familia de profesores. Se graduó en 2004 en el Instituto de Fuerzas Acorazadas de Járkov y comenzó su carrera como teniente en la 72.ª Brigada Mecanizada, con base en Bila Tserkva. Está casado y tiene dos hijos. En algo más de dos décadas pasó de mandar carros de combate a dirigir operaciones conjuntas de varias ramas del Ejército.
Su ascenso no se explica mediante cómodas temporadas en oficinas alfombradas. Drapati fue encadenando destinos operativos mientras Ucrania transformaba, a golpes, unas Fuerzas Armadas heredadas de la Unión Soviética en un ejército adaptado a una guerra de drones, interferencias electrónicas, artillería de precisión y movimientos pequeños pero constantes. El resultado es un oficial con experiencia en brigadas, agrupaciones tácticas, mandos regionales, Fuerzas Terrestres y Fuerzas Conjuntas.
Quienes han trabajado con él destacan su disciplina, su capacidad para escuchar a los oficiales subordinados y una costumbre poco ornamental: pedir información real, aunque sea desagradable. En una estructura militar donde maquillar un informe puede resultar más cómodo que explicar una retirada, la verdad que sube por la cadena de mando posee valor operativo. No es literatura moral; significa decidir con mapas que se parezcan al terreno.
Mariúpol y el blindado que atravesó la barricada
La escena que cimentó su reputación ocurrió el 9 de mayo de 2014. Drapati, entonces comandante de un batallón de la 72.ª Brigada, encabezó una columna enviada al centro de Mariúpol para auxiliar a policías y defensores locales cercados por fuerzas prorrusas. Cuando una barricada cortó el paso, el vehículo de combate BMP que abría la marcha aceleró, saltó sobre el obstáculo y continuó avanzando. El vídeo circuló por todo el país y convirtió al joven comandante en una figura reconocible.
No fue únicamente una imagen espectacular para las redes —entonces menos saturadas de épica prefabricada—. La maniobra reflejaba una forma de mando poco habitual en el ejército ucraniano de aquel momento: iniciativa sobre el terreno, rapidez y disposición a actuar sin esperar una cadena interminable de autorizaciones.
Meses después, su batallón quedó rodeado cerca de la frontera rusa. Drapati dirigió una salida nocturna con unos 260 militares y más de 30 vehículos, rechazando la opción de abandonar el material y marcharse desarmados. Aquella experiencia terminó de fijar una idea que después acompañaría su carrera: conservar la unidad, evitar el colapso y abrir una salida cuando el mapa parece haber cerrado todas las puertas.
De Járkov al mando de las Fuerzas Armadas
Tras la invasión a gran escala de febrero de 2022, Drapati fue destinado repetidamente a sectores donde la situación se había deteriorado. Desempeñó funciones en la defensa de Krivói Rog, participó en operaciones en la región de Jersón y asumió responsabilidades en diferentes agrupaciones operativas. En mayo de 2024 recibió el encargo de estabilizar el frente de Járkov después de una ofensiva rusa que había sorprendido a varias unidades ucranianas.
La penetración rusa fue contenida y el frente se estabilizó. A finales de ese año, Zelenski lo nombró comandante de las Fuerzas Terrestres, convirtiéndolo en el militar más joven que había ocupado el puesto. Allí intentó cambiar los sistemas de reclutamiento y formación, reforzar la autonomía de los mandos desplegados y corregir una cultura excesivamente vertical. Una orden absurda continúa siendo absurda aunque baje desde muy arriba; esa parece ser una de sus convicciones.
Su etapa al frente de las Fuerzas Terrestres fue breve y terminó de una manera inusual. En junio de 2025, un ataque ruso alcanzó un centro de entrenamiento, mató al menos a 12 militares e hirió a decenas. Drapati presentó su dimisión y asumió públicamente la responsabilidad porque las medidas de seguridad ordenadas no habían sido aplicadas correctamente. Poco después fue nombrado comandante de las Fuerzas Conjuntas, un puesto más pegado a las operaciones diarias.
El gesto de dimitir reforzó su prestigio entre parte de las tropas. En cualquier administración, la responsabilidad suele viajar hacia abajo con admirable puntualidad y hacia arriba con la velocidad de una tortuga sedada. En guerra, esa costumbre cuesta vidas. Drapati defendió que un ejército cuyos mandos responden por sus soldados sigue vivo; uno donde nadie responde por las pérdidas comienza a pudrirse desde dentro.
Por qué Zelenski sustituye a Oleksandr Sirski
El relevo llega después de varios días de protestas en Kiev y otras ciudades, desencadenadas por la destitución del ministro de Defensa, Mijailo Fédorov, considerado impulsor de la digitalización militar, los drones y la modernización de las compras de armamento. Parte de los manifestantes exigía también la salida de Sirski, al que identificaban con una cultura de mando rígida y excesivamente heredada del modelo soviético.
Zelenski agradeció a Sirski sus resultados en la defensa de Kiev, la contraofensiva de Járkov y la operación de Kursk, pero optó por reconstruir la cúpula militar. Junto a Drapati, el presidente eligió a Ihor Skibiuk como nuevo jefe del Estado Mayor y encargó a la dirección renovada una estrategia defensiva actualizada, la continuidad de la reforma basada en cuerpos de ejército y una mayor coordinación entre el frente, el Ministerio de Defensa y la industria militar.
No se trata simplemente de cambiar un apellido en la puerta. El Gobierno ucraniano quiere acelerar la integración de drones, sistemas terrestres no tripulados, guerra electrónica y ataques de largo alcance, al mismo tiempo que protege el espacio aéreo y sostiene las brigadas desplegadas. Los organigramas, por desgracia, no detienen misiles ni cubren trincheras. El valor del relevo se medirá por los recursos, la autoridad y el margen de decisión que reciba el nuevo comandante.
Drapati ha criticado las distorsiones que aparecen cuando los subordinados temen comunicar malas noticias. Un puesto perdido puede seguir figurando como controlado; una unidad exhausta aparece sobre el papel en condiciones de combatir; las bajas se rebajan para evitar reproches. Al final, el mando toma decisiones sobre una guerra imaginaria mientras la auténtica avanza por otro camino.
Su estilo se apoya en la comunicación directa con oficiales de menor rango, la revisión de las decisiones según cambia el campo de batalla y una mayor autonomía para los comandantes locales. No supone eliminar la disciplina, sino evitar que se convierta en obediencia ciega. En una guerra tan rápida, esperar una autorización distante puede significar que el objetivo, el dron enemigo y hasta el edificio hayan desaparecido cuando llegue la respuesta.
La reforma encontrará resistencias. Las Fuerzas Armadas ucranianas son una institución enorme, desgastada por años de guerra y atravesada por rivalidades personales, inercias burocráticas y estructuras que se protegen entre sí. La popularidad de Drapati entre soldados y manifestantes le ofrece capital inicial, pero el prestigio de combate no equivale automáticamente a poder político.
Donetsk, movilización y una guerra de desgaste
Drapati recibe un frente donde se registran más de 250 enfrentamientos diarios. Los contraataques ucranianos en el sur y las operaciones con drones contra la retaguardia rusa han reducido el ritmo general de avance de Moscú, pero las tropas rusas continúan ganando terreno gradualmente en Donetsk, especialmente al este de Sloviansk y en los alrededores de Dobropillia.
Ese sector protege el cinturón urbano formado por Sloviansk, Kramatorsk, Druzhkivka y Kostiantínivka, uno de los principales núcleos defensivos que Ucrania conserva en la región. Rusia pretende ocupar el conjunto de Donetsk y mejorar su posición antes de cualquier negociación sustancial. Ucrania intenta impedirlo sin consumir brigadas enteras en ataques frontales, ese método viejo, caro y obstinadamente resistente a desaparecer.
La misión inmediata de Drapati será sostener una defensa activa: contener los avances rusos, golpear concentraciones de tropas y centros logísticos, conservar capacidad para contraatacar y evitar que el enemigo encuentre una ruptura profunda. Zelenski también le ha encargado reforzar la defensa aérea, mantener los ataques de medio y largo alcance y atender las necesidades de armamento planteadas por los comandantes de cuerpos y brigadas.
La movilización, el problema que ningún dron resuelve solo
Ucrania necesita soldados, pero el sistema de movilización ha provocado rechazo social, deserciones, irregularidades y una creciente distancia entre quienes combaten y quienes contemplan la guerra desde la retaguardia. Drapati deberá mejorar la formación de los nuevos reclutas, reducir las bajas evitables y lograr que las unidades reciban refuerzos preparados, no simples cifras destinadas a completar casillas.
Una de las propuestas vinculadas a su visión consiste en consolidar las brigadas existentes en lugar de crear continuamente nuevas formaciones que nacen sin suficiente personal experimentado, mandos, vehículos o cohesión. Una brigada no se fabrica escribiendo un número en un documento. Necesita meses de entrenamiento compartido, enlaces de comunicación, logística y confianza; cosas bastante menos fotogénicas que bautizar otra unidad.
Kiev también observa la posibilidad de una nueva movilización rusa después de las elecciones parlamentarias de septiembre, con estimaciones que apuntan a hasta 500.000 efectivos adicionales. No existe todavía certeza sobre la escala de esa medida, pero la amenaza obliga a Ucrania a prepararse para otra fase de desgaste. La tecnología compensa parte de la desigualdad humana, nunca toda.
El mando cambia; la dureza del frente permanece
Mijailo Drapati llega a la jefatura militar con una biografía adecuada para el momento: experiencia directa contra Rusia, reputación de comandante eficaz, voluntad reformista y una relación menos reverencial con las jerarquías heredadas. También ha demostrado algo infrecuente, la disposición a asumir responsabilidades por las vidas bajo su mando.
Pero ningún general, por brillante que sea, puede fabricar munición, reclutas entrenados, baterías antiaéreas ni apoyo internacional mediante una orden. El resultado dependerá de la cooperación con el Gobierno, de la estabilidad de las entregas occidentales, de la capacidad industrial ucraniana y de la libertad real que tenga para cambiar hábitos enquistados.
Su primer éxito no tendría por qué adoptar la forma de una gran flecha sobre el mapa. Podría ser más discreto: brigadas mejor reforzadas, menos informes maquillados, decisiones más rápidas, formación útil y operaciones que castiguen a Rusia sin tratar a los soldados ucranianos como material reemplazable. En esta guerra, conservar vidas también es conservar territorio y tiempo.
Drapati encarna una promesa de transformación, no una garantía de victoria. El Kremlin ha restado importancia al relevo y asegura que sus avances continuarán. Ucrania, en cambio, confía en que un comandante criado en la guerra real pueda modificar la manera de librarla. El uniforme es nuevo en el despacho; fuera, el barro, los drones y la artillería siguen exactamente donde estaban.

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