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¿Qué hará Feijóo si gana las próximas elecciones generales en España?

Feijóo perfila su ascenso a la Moncloa con vivienda, sanidad, seguridad y una ofensiva política condicionada por Vox y el desgaste del PSOE.

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Por qué Feijóo no moción censura

Alberto Núñez Feijóo ha colocado al Partido Popular en posición electoral, aunque las urnas todavía no hayan sido convocadas. Su propuesta, presentada durante el balance del curso político, no se limita a sustituir a Pedro Sánchez: promete una «reconstrucción nacional» asentada en tres ideas —regenerar las instituciones, recuperar la gestión pública y conseguir que trabajar permita vivir mejor—. Vicente Vallés lo resumió con una expresión bastante marinera: el PP está en «modo zafarrancho de combate».

En términos concretos, Feijóo plantea desbloquear suelo para construir un millón de viviendas, reducir un 60% los impuestos que pagan los jóvenes al comprar casa, incorporar al menos un 15% más de profesionales sanitarios y movilizar hasta 300.000 millones de euros junto con el sector privado para modernizar carreteras, ferrocarriles, redes hidráulicas y sistemas energéticos. También anuncia una política migratoria más restrictiva, cambios en el acceso a la nacionalidad, mayor dureza penal, continuidad de las centrales nucleares y una revisión de la política exterior. Hay volumen. Lo que todavía falta es la letra pequeña: calendario, costes, prioridades y apoyos parlamentarios.

El PP entra en campaña antes de que empiece la campaña

Feijóo ha dado por iniciada la cuenta atrás hacia la Moncloa coincidiendo con el tercer aniversario de las elecciones generales de julio de 2023. No existe una convocatoria electoral y el mandato puede prolongarse hasta 2027, pero el deterioro de la mayoría parlamentaria del Gobierno, las dificultades para aprobar nuevas cuentas públicas y los procedimientos judiciales que salpican al PSOE han acelerado el ritmo político. El traje de candidato llevaba tiempo planchado; esta vez, sencillamente, se lo ha puesto delante de las cámaras.

El líder popular sostiene que el Ejecutivo está agotado, bloqueado y sin autoridad moral para continuar. Su estrategia después del verano será mantener la presión sobre Sánchez y aprovechar cualquier novedad judicial relacionada con dirigentes socialistas o personas próximas al Gobierno. Feijóo prevé que se conocerán nuevos datos y considera que el paso del tiempo perjudicará al presidente. Conviene separar, eso sí, la responsabilidad política de la penal: las investigaciones deben avanzar bajo la presunción de inocencia, por mucho que la campaña haya empezado a sonar como una batería de feria.

La reconstrucción como gran palabra paraguas

La expresión elegida por Feijóo no es «alternancia», sino reconstrucción. Pretende transmitir que España no necesita únicamente otro presidente, sino reparar estructuras que, según su diagnóstico, han quedado deterioradas. El concepto incluye instituciones, economía, servicios públicos, seguridad y relaciones internacionales. También tiene una evidente utilidad electoral: dentro de una palabra tan amplia cabe casi todo, desde una reforma tributaria hasta el estado de una vía ferroviaria.

El discurso funciona, por tanto, como un marco programático, no como un programa electoral cerrado. Expone objetivos reconocibles y algunas cifras llamativas, pero no aclara qué medidas ocuparían los primeros cien días, qué leyes serían derogadas, cuánto costaría el conjunto ni cómo se financiaría. Tampoco determina qué parte del proyecto sobreviviría a una negociación con Vox. La escenografía es de gobierno entrante; la documentación técnica, de momento, continúa en el camerino.

Instituciones: una promesa ambiciosa y delicada

El primer bloque del proyecto consiste en una «limpieza a fondo» de las instituciones. Feijóo acusa al Gobierno de haber utilizado organismos públicos para proteger intereses partidistas y sitúa en su punto de mira la Fiscalía General del Estado, el CIS, empresas públicas, ministerios y medios de comunicación estatales. Promete conocer la verdad, exigir responsabilidades y levantar garantías que impidan futuras interferencias políticas.

La intención declarada es reforzar la independencia institucional, pero la fórmula plantea una duda inevitable: quién vigilará al nuevo vigilante. La regeneración democrática no consiste en retirar a los afines del adversario para colocar a los propios. Exige procedimientos transparentes, nombramientos basados en méritos, controles parlamentarios y respeto a la autonomía de fiscales, jueces, reguladores y medios públicos.

Ahí se jugará buena parte de la credibilidad de Feijóo. «Limpieza» es una palabra eficaz en un mitin, aunque demasiado elástica para un Estado de derecho. Una institución no se sanea con una escoba partidista, sino reduciendo la capacidad de cualquier Gobierno —también uno del PP— para colonizarla. Cambiar el color de las paredes no equivale a reparar el edificio.

Vivienda, sanidad e infraestructuras en el centro

La vivienda es la propuesta social más reconocible. Feijóo promete liberar suelo suficiente para levantar un millón de casas, recuperar la seguridad jurídica en el mercado del alquiler y rebajar un 60% el IVA o el impuesto de transmisiones que pagan los jóvenes al adquirir su primera vivienda. Su planteamiento se apoya en aumentar la oferta frente a las políticas de control de precios desarrolladas durante los gobiernos de Sánchez.

La cifra es poderosa, casi una ciudad entera extendida sobre el mapa, pero construir no depende únicamente del Gobierno central. Requiere coordinación con comunidades autónomas y ayuntamientos, disponibilidad de suelo urbanizable, agua, conexiones eléctricas, transporte, financiación y empresas capaces de ejecutar las obras. Tampoco se ha concretado cuántas viviendas serían públicas, asequibles o de mercado libre. Un millón de casas puede ser una política transformadora o una cifra de atril; la diferencia está en los planos, las licencias y los plazos.

En sanidad, el presidente del PP propone elevar al menos un 15% el número de profesionales sanitarios. El objetivo responde a la escasez de médicos, enfermeros y especialistas, aunque tampoco se logra únicamente abriendo convocatorias. Formar a un médico lleva años, homologar títulos exige garantías y retener talento requiere salarios, estabilidad y mejores condiciones laborales. Feijóo habla de diálogo y planificación. Tendrá que añadir algo menos vistoso pero decisivo: gestión coordinada con las autonomías, responsables directas de buena parte del sistema sanitario.

El tercer gran compromiso cuantificado es movilizar hasta 300.000 millones de euros para actualizar autovías, cercanías, alta velocidad, redes de agua e infraestructuras energéticas. La propuesta combinaría recursos públicos y privados, aunque Feijóo no ha detallado la proporción, el periodo de inversión ni los proyectos prioritarios.

Aquí aparece una de las tensiones habituales de cualquier programa de gobierno: prometer más inversión mientras se anuncian menos impuestos. En un discurso caben las dos cosas sin rozarse; dentro de unos Presupuestos suelen encontrarse de frente. El PP deberá explicar qué gastos reducirá, qué financiación europea utilizará y cuánto capital privado espera atraer. La contabilidad, criatura poco dada a los aplausos, termina llegando.

Inmigración, seguridad, economía y energía

Feijóo defiende una política migratoria basada en humanidad y orden, endureciendo el control fronterizo y rechazando las regularizaciones masivas. También prepara una modificación del Código Civil que vincule con mayor intensidad la obtención de la nacionalidad al arraigo, los derechos y las obligaciones. Ha criticado la ampliación de supuestos vinculados a la Ley de Memoria Democrática y sostiene que el Estado debe calcular el impacto demográfico y social de sus decisiones.

Es uno de los terrenos donde el PP se aproxima más al lenguaje de Vox, aunque Feijóo intenta mantener una frontera discursiva: firmeza sin renunciar a la integración. El equilibrio será difícil. Ordenar los flujos migratorios es una responsabilidad legítima de cualquier Gobierno; convertir al extranjero en comodín electoral, otra cosa. La política útil empieza cuando desaparecen los eslóganes y aparecen consulados, inspectores, vías legales de entrada, acuerdos de retorno y recursos municipales.

En seguridad, el dirigente popular propone ampliar la prisión permanente revisable para agresores sexuales reincidentes, reconocer legalmente la especial exposición de los agentes que combaten el narcotráfico y desarrollar una estrategia nacional para mejorar la seguridad en los barrios. Son medidas de fuerte impacto político que deberán superar el filtro constitucional, la proporcionalidad penal y la distribución de competencias.

El programa económico se articula alrededor de una idea sencilla: que el principal beneficiario del crecimiento sea el trabajador y no Hacienda. Feijóo critica la presión fiscal, la pérdida de poder adquisitivo y el estancamiento de la productividad, pero todavía no ha presentado una reforma tributaria completa. Hay una rebaja definida para jóvenes compradores de vivienda; el resto permanece en un terreno más declarativo. Menos impuestos suena bien. También carreteras nuevas, más médicos, policías mejor protegidos y vivienda asequible. Gobernar consiste precisamente en cuadrar esa suma.

En energía, el PP apuesta por prolongar la vida de las centrales nucleares y reforzar las redes eléctricas. En política exterior, Feijóo quiere devolver al Congreso las grandes decisiones sobre defensa, Gibraltar, Marruecos o China, y ordenar la acción internacional alrededor de Europa, el vínculo atlántico, Iberoamérica y la democracia. Es una orientación más previsible para los socios occidentales y, al mismo tiempo, más dura con regímenes como el venezolano.

Vox y la letra pequeña que decidirán el resultado

El principal interrogante del proyecto no está en los discursos de Feijóo, sino en la aritmética parlamentaria. El líder popular admite que mantiene una relación correcta, fluida y directa con Santiago Abascal, y las experiencias autonómicas han normalizado la entrada de Vox en gobiernos presididos por el PP. Feijóo evita comprometer una fórmula nacional: sostiene que administrará con responsabilidad lo que decidan las urnas. Una manera bastante elegante de dejar todas las puertas abiertas.

La composición de una eventual mayoría determinará cuestiones esenciales: inmigración, igualdad, memoria democrática, violencia machista, Unión Europea, fiscalidad y organización territorial. El programa real de Feijóo no será únicamente el que redacte Génova, sino el que consiga aprobar en el Congreso. Ganar las elecciones no garantiza gobernar, como el propio PP aprendió en 2023, ni gobernar permite aplicar íntegramente un proyecto cuando los socios exigen cambiarlo.

Feijóo ha logrado presentar una alternativa reconocible: regeneración institucional, más vivienda, refuerzo sanitario, grandes infraestructuras, control migratorio, seguridad, energía nuclear y una economía menos gravada. La propuesta tiene ambición y algunas medidas concretas, pero conserva amplias zonas en sombra. Falta saber cuánto cuesta, quién lo paga, cuándo se ejecuta y qué concesiones requerirá.

La Moncloa empieza donde termina el discurso

El PP, sí, está en zafarrancho de combate. Pero la Moncloa no se conquista solamente con tambores, encuestas o expedientes judiciales ajenos. Se conquista cuando las grandes palabras resisten el contacto con un presupuesto, una mayoría parlamentaria y el Boletín Oficial del Estado. Ahí comienza la política seria. Y también la parte menos fotogénica.

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