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¿Qué dijo Julia Otero sobre Tellado y la promesa del PP para 2027?
Julia Otero ironiza sobre la promesa del PP de desterrar los insultos si Feijóo gobierna y apunta a Miguel Tellado en una columna muy comentada.

Resumen
- Julia Otero ironiza con la promesa del PP de acabar con los insultos
- La periodista pone a Miguel Tellado en el centro de su crítica política
- El debate nace de la promesa de Sémper sobre un futuro Gobierno de Feijóo
Julia Otero ha convertido una promesa política del PP sobre el fin de los insultos en una pulla dirigida a Miguel Tellado. La periodista ironizó este sábado 19 de septiembre en Julia en la onda sobre qué ocurriría si Alberto Núñez Feijóo no consiguiera gobernar tras las próximas elecciones generales y remató su comentario contraponiendo la inteligencia artificial con la «natural de Tellado».
La intervención nació de unas palabras pronunciadas días antes por Borja Sémper. El portavoz nacional del Partido Popular había asegurado que un Gobierno presidido por Feijóo supondría el regreso de la buena educación y el abandono del insulto en la vida política. Otero centró precisamente ahí su crítica: en que ese cambio de tono se presente asociado a la llegada del PP a La Moncloa y no como una conducta aplicable desde este mismo momento.
La frase de Julia Otero sobre Miguel Tellado
La columna de Otero siguió una fórmula bastante sencilla: tomar literalmente el compromiso expresado por Sémper y llevarlo, mediante la ironía, hasta sus últimas consecuencias. La presentadora recordó que el portavoz popular había situado el supuesto cambio de clima político en un escenario en el que Feijóo fuese presidente del Gobierno.
Otero reaccionó con sarcasmo a esa promesa y planteó por qué ese propósito no podía comenzar antes de las elecciones. Después llegó la frase que ha convertido su comentario en noticia: ante la posibilidad de que el PP volviera a quedarse sin gobernar, como ocurrió tras las generales de 2023, preguntó si habría que escoger entre «morir por la inteligencia artificial o por la natural de Tellado». El nombre de Miguel Tellado quedó así en el centro del comentario.
La referencia no era, naturalmente, una reflexión sobre inteligencia artificial, sino un juego de palabras para cuestionar el estilo político del dirigente popular y, al mismo tiempo, la coherencia temporal de la promesa anunciada por Sémper. Tellado ocupa actualmente la Secretaría General del PP y mantiene una presencia particularmente intensa en la primera línea del enfrentamiento político.
De dónde viene la polémica sobre los insultos
El origen está en una intervención de Borja Sémper posterior a una reunión de la dirección del PP. El dirigente popular sostuvo que con Feijóo al frente del Ejecutivo sus ministros no faltarían al respeto a jueces ni adversarios políticos y presentó el cambio de Gobierno como el comienzo de una etapa de mayor institucionalidad y buena educación.
La formulación llamó la atención porque no se limitaba a defender un determinado estilo para un futuro gabinete. Vinculaba expresamente la desaparición del insulto con la llegada del PP al poder. Ese matiz alimentó durante la semana respuestas políticas, tertulias y comentarios mediáticos. La cortesía, de pronto, parecía haber adquirido calendario electoral.
Otero llevó ese planteamiento al terreno de la sátira. Su argumento, retirado el envoltorio humorístico, consiste en que una formación que considera deseable rebajar la agresividad verbal puede hacerlo también desde la oposición. De ahí su comentario sobre adelantar esa nueva «era de la civilidad» en lugar de esperar al resultado de unas elecciones.
Por qué aparece Tellado en el comentario de Otero
Miguel Tellado ocupa una posición central en la estructura actual del Partido Popular y ha protagonizado durante las últimas semanas varias intervenciones de tono especialmente duro contra el Gobierno. Ha utilizado expresiones como «el enemigo en casa» al referirse a la permanencia de Pedro Sánchez en La Moncloa y ha acusado a Fernando Grande-Marlaska de haber convertido Ceuta en una «ciudad sin ley».
Son declaraciones públicas del propio dirigente popular y ayudan a entender por qué Otero escogió precisamente su nombre para rematar la broma. La presentadora contrapone la propuesta de moderación verbal formulada por Sémper con uno de los dirigentes que encarnan una comunicación más contundente dentro de la dirección del PP.
Eso no convierte la crispación en un fenómeno exclusivo de los populares. La confrontación verbal atraviesa desde hace años buena parte de la política española, y dirigentes del Gobierno y de otras formaciones han protagonizado también intercambios ásperos, descalificaciones e ironías dirigidas a sus adversarios. El deterioro del lenguaje parlamentario tiene bastantes propietarios; atribuírselo entero a una sola sigla sería demasiado cómodo.
La cuestión que plantea la columna de Otero es más concreta. No intenta resolver quién insulta más —competición poco edificante y todavía peor como disciplina estadística—, sino señalar la contradicción que ella aprecia entre prometer moderación para después de unas elecciones y mantener entretanto una comunicación política muy combativa.
El precedente de las elecciones de 2023
Otero introdujo también una referencia a 2023, importante para entender el sentido político de su frase. En aquellas elecciones generales el PP obtuvo el mayor número de escaños, pero Alberto Núñez Feijóo no reunió los apoyos necesarios para superar su investidura. Pedro Sánchez sí logró posteriormente la confianza del Congreso y continuó como presidente del Gobierno.
Por eso la periodista contempla en tono irónico la posibilidad de que el PP pudiera volver a no gobernar después de las próximas generales. No estaba formulando una predicción sobre el resultado electoral. Utilizaba el precedente de 2023 para señalar una consecuencia de la promesa de Sémper: si la moderación política queda vinculada a alcanzar La Moncloa, su aplicación dependería de algo tan incierto como el resultado de unas elecciones.
Ahí reside el mecanismo de la frase. Una promesa concebida para proyectar una futura presidencia de Feijóo como una etapa institucional distinta acaba permitiendo una lectura inversa: mientras ese cambio político no ocurra, el nuevo tono parecería quedar aplazado.
Sémper y el intento de marcar un tono distinto
La intervención tampoco resulta casual viniendo de Borja Sémper. Dentro de la dirección popular, el político vasco ha defendido públicamente en numerosas ocasiones un registro más moderado y ejerce como portavoz nacional y vicesecretario de Cultura del PP, con una exposición mediática considerable.
Su mensaje pretendía dibujar cómo actuaría un eventual Ejecutivo de Feijóo frente a jueces y oposición: sin acusaciones de delitos ni faltas de respeto procedentes de sus ministros. Presentado así, el compromiso es una declaración sobre las normas de conducta que el PP afirma que aplicaría desde el Gobierno.
La controversia apareció por el calendario. No tanto por prometer educación —difícil encontrar multitudes manifestándose contra semejante extravagancia— como por colocarla después de una eventual victoria electoral. Otero aprovechó justamente esa puerta entreabierta y trasladó el debate al presente político.
La declaración de Sémper ya había provocado reacciones en programas de televisión y entre dirigentes políticos antes de la columna de Otero. El contraste entre esa promesa y expresiones utilizadas durante los últimos años por cargos de distintos partidos volvió a colocar sobre la mesa una vieja discusión española: dónde termina la dureza política y dónde empieza el insulto.
Una broma que apunta a un problema político más amplio
La columna dura poco más de dos minutos, pero toca una cuestión bastante mayor que la anécdota. La degradación del lenguaje político se ha convertido en asunto recurrente precisamente porque los partidos denuncian con frecuencia la agresividad del adversario mientras justifican la contundencia propia como respuesta necesaria.
Ese círculo tiene una mecánica conocida. Un dirigente eleva el tono, el contrario responde, el primero presenta la réplica como demostración de la crispación ajena y, unas horas después, las redes sociales convierten el intercambio en pequeños fragmentos que funcionan mejor cuanto más afilados sean. El incentivo mediático no siempre premia el matiz. Con frecuencia ocurre justo lo contrario.
La promesa de Sémper intenta romper con esa lógica, al menos en lo relativo a un hipotético Gobierno del PP. La objeción formulada por Otero es temporal y política: por qué esperar a gobernar para aplicar un comportamiento que se considera correcto.
Conviene separar, eso sí, la opinión de los hechos. La columna de la periodista es una interpretación crítica; no permite atribuir al Partido Popular la intención de mantener deliberadamente los insultos hasta unas elecciones. Lo comprobable es que Sémper vinculó públicamente el regreso de la buena educación a una futura presidencia de Feijóo y Otero utilizó esa formulación como materia prima para su sátira.
La ironía deja al descubierto el debate sobre el tono político
Tras el juego entre inteligencia artificial e «inteligencia natural», queda una discusión bastante terrenal. El tono de la política española no depende jurídicamente de quién ocupe La Moncloa ni necesita esperar al comienzo de otra legislatura. Cada partido, grupo parlamentario y dirigente decide cómo habla desde el Gobierno o desde la oposición.
Otero convirtió esa idea en una frase de radio y eligió a Miguel Tellado como destinatario de su ironía. Sémper había prometido una política con menos insultos bajo un eventual Gobierno de Feijóo; la periodista desplazó el calendario y cuestionó por qué esa mudanza hacia la cortesía no podía empezar antes.
Al final, la pequeña paradoja explica buena parte del episodio: la buena educación presentada como promesa de futuro ha terminado generando un debate sobre el lenguaje político del presente. Y ese presente, a diferencia de unas elecciones todavía por celebrar, no necesita pronóstico alguno.

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