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¿Qué ha hecho España tras 20 años y 30.000 cascos azules en Líbano?

España cumple 20 años en Líbano: más de 30.000 cascos azules han pasado por una misión de vigilancia, cooperación y riesgo en el sur del país.

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medallas unifil para españa

Imagen: Irish Defence Forces / Wikimedia Commons, CC BY 2.0

Resumen

  • España cumple 20 años de presencia militar ininterrumpida en Líbano
  • Más de 30.000 cascos azules españoles han pasado por la misión FINUL
  • Unos 650 militares siguen desplegados mientras la ONU prepara la retirada

España acaba de cumplir 20 años de presencia militar ininterrumpida en Líbano bajo bandera de Naciones Unidas. Desde aquel desembarco del 15 de septiembre de 2006 en la costa de Tiro, más de 30.000 militares españoles han pasado por una misión que mezcla patrullas, vigilancia de la frontera, desactivación de explosivos, cooperación con el Ejército libanés y apoyo a una población acostumbrada —demasiado acostumbrada— a vivir entre treguas frágiles y nuevos estallidos de violencia.

Dos décadas después, alrededor de 650 españoles siguen desplegados principalmente en la base Miguel de Cervantes, en Marjayún, dentro de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano, la FINUL, conocida internacionalmente como UNIFIL. Su misión no consiste en combatir a una de las partes, sino en vigilar sobre el terreno el cumplimiento de la Resolución 1701 de Naciones Unidas, apoyar a las Fuerzas Armadas libanesas y tratar de reducir el riesgo de que cada incidente junto a Israel termine convirtiéndose en otra guerra.

De las playas de Tiro a una misión que dura ya dos décadas

La historia española en Líbano comenzó pocos meses después de la guerra de 2006 entre Israel y Hezbolá. El Consejo de Seguridad reforzó entonces una misión de Naciones Unidas que, en realidad, llevaba sobre el terreno desde 1978. La Resolución 1701 amplió notablemente sus funciones y su número de efectivos.

España respondió con rapidez. El Congreso autorizó el despliegue el 7 de septiembre de 2006 y ocho días después más de medio millar de militares del Ejército de Tierra y de Infantería de Marina desembarcaban en Tiro con lanchas y vehículos anfibios. Aquella primera fuerza sería relevada pocas semanas después por unidades de La Legión. Lo que parecía una operación vinculada a una crisis concreta terminó convirtiéndose en una presencia de veinte años.

El contingente llegó a alcanzar un máximo autorizado de alrededor de 1.100 militares españoles. A partir de la revisión estratégica de la misión realizada en 2012, la aportación se estabilizó habitualmente en una horquilla de entre 600 y 700 efectivos.

La fotografía actual es muy distinta de aquella de 2006, aunque el paisaje estratégico resulte inquietantemente familiar: posiciones militares, pueblos reconstruidos varias veces y carreteras salpicadas por restos de guerra. Un escenario donde una patrulla puede encontrarse un artefacto sin explotar y, unos kilómetros más al sur, aparece una de las líneas de separación más vigiladas de Oriente Próximo.

Qué hacen realmente los cascos azules españoles en Líbano

Buena parte de su trabajo cotidiano tiene poco de cinematográfico. Patrullar, observar, comunicar y prevenir. Los militares recorren a pie y en vehículos el Sector Este de la FINUL, mantienen puestos de observación, detectan posibles amenazas y trabajan coordinadamente con las Fuerzas Armadas libanesas.

Uno de los puntos centrales es la Línea Azul, trazada por Naciones Unidas en 2000 para verificar la retirada israelí del sur de Líbano. No es una frontera internacional en sentido jurídico estricto, aunque en el terreno funciona como una referencia fundamental para detectar incursiones y posibles violaciones.

La Resolución 1701 también establece como objetivo que el área comprendida entre esa línea y el río Litani quede libre de personal armado, armas y medios militares distintos de los pertenecientes al Estado libanés y a la propia FINUL. Sobre el papel parece una fórmula limpia. En el sur de Líbano, pocas cosas lo son.

Los contingentes contribuyen igualmente a facilitar el acceso humanitario, proteger al personal de Naciones Unidas dentro de su mandato y apoyar el despliegue del Ejército libanés. La presencia física importa: una patrulla visible puede funcionar como elemento de vigilancia, pero también como un pequeño cortafuegos diplomático cuando dos fuerzas enfrentadas operan prácticamente a la vista una de otra.

Minas, drones y explosivos: la parte menos visible de la misión

Hay otro trabajo silencioso y bastante más tangible. Los equipos españoles de desactivación de explosivos intervienen sobre munición abandonada, proyectiles sin detonar y restos de ataques anteriores.

En julio de 2026, por ejemplo, especialistas de la Brigada Líbano XLV localizaron y retiraron en las inmediaciones de Houla más de 300 recipientes que contenían aproximadamente 4.000 kilos de material explosivo. Días antes habían neutralizado restos de un vehículo aéreo no tripulado que contenía elementos explosivos.

No es una tarea secundaria. En una región golpeada repetidamente por artillería, drones y bombardeos, la guerra puede seguir escondida bajo tierra o dentro de una vivienda mucho después de que se silencien las armas. Un proyectil que no explotó durante un ataque continúa siendo una amenaza meses después, quizá cuando una familia intenta regresar a casa.

España mantiene el mando del Sector Este

El principal núcleo español se encuentra en la base Miguel de Cervantes, cerca de Marjayún. Allí está situado el Cuartel General del Sector Este de la FINUL, cuya dirección sigue correspondiendo a España.

Desde mayo de 2026, la Brigada Líbano XLV, generada a partir del Mando de Tropas de Montaña Roncesvalles, está al frente de ese sector bajo el mando del general de brigada Antonio Ortiz Martínez. En él operan unidades de diferentes países, entre ellos España, India, Nepal e Indonesia.

España tuvo, además, una responsabilidad aún mayor durante algo más de tres años. El general español Aroldo Lázaro Sáenz dirigió toda la FINUL entre febrero de 2022 y junio de 2025, cuando fue sustituido por el general italiano Diodato Abagnara.

La misión completa contaba el 19 de agosto de 2026 con 7.462 cascos azules de 46 países. La aportación española figuraba entonces entre las más numerosas, con 677 efectivos contabilizados por Naciones Unidas; semanas después, el contingente español se situaba en torno a 650 militares.

También hay colegios, hospitales y pueblos detrás del uniforme

La presencia española no se limita al componente estrictamente militar. Durante años se han desarrollado proyectos de cooperación cívico-militar en localidades del sur: material sanitario y escolar, pequeñas infraestructuras, actividades educativas, atención a comunidades vulnerables o apoyo a servicios locales.

Durante el verano de 2026 continuaron los proyectos sanitarios, las donaciones a colegios y las actividades con niños de localidades de la zona. La FINUL ha reforzado también su ayuda a comunidades que tratan de reconstruir cierta normalidad después de los últimos enfrentamientos.

No sustituye a una solución política —ni pretende hacerlo—, pero explica una parte importante de una misión que lleva veinte años conviviendo con los mismos pueblos. En lugares así, la confianza se construye en pequeñas dosis: una patrulla conocida, un médico, un artificiero que retira una bomba de una vivienda, una carretera que vuelve a abrirse.

Una misión que también ha tenido muertos españoles

Veinte años de despliegue dejan fotografías de ceremonias y medallas, pero también nombres. El episodio más grave para el contingente español ocurrió el 24 de junio de 2007, cuando un coche bomba atacó un vehículo BMR cerca de El Khiam. Murieron seis paracaidistas españoles y otros dos militares resultaron heridos. En 2023, la justicia militar libanesa comunicó la condena a cadena perpetua de uno de los responsables por aquel atentado.

El 28 de enero de 2015 murió también el cabo Francisco Javier Soria Toledo, alcanzado durante los incidentes provocados por un intercambio de fuego entre Hezbolá y las fuerzas israelíes en la zona de responsabilidad española.

La seguridad volvió a deteriorarse con fuerza en los últimos años. Tras el enfrentamiento abierto entre Israel y Hezbolá iniciado después de octubre de 2023, el sur de Líbano vivió otra etapa especialmente violenta. Naciones Unidas ha seguido registrando episodios de tensión incluso después del acuerdo de cese de hostilidades de noviembre de 2024.

En 2026 la situación tampoco ha sido precisamente plácida. FINUL informó de una fuerte escalada desde comienzos de marzo, con intercambios de fuego, actividad terrestre y aérea y nuevas dificultades para desarrollar las patrullas. Aun así, los cascos azules permanecieron en sus posiciones y mantuvieron parte de sus operaciones.

La misión entra en su último tramo previsto por la ONU

El vigésimo aniversario tiene una particularidad: puede ser también el último que España celebre en Líbano con la FINUL funcionando tal y como se conoce desde 2006.

El Consejo de Seguridad aprobó por unanimidad en agosto de 2025 la Resolución 2790, que prorrogó el mandato por última vez hasta el 31 de diciembre de 2026. A partir de esa fecha está previsto que FINUL cese sus operaciones ordinarias y comience una retirada gradual, segura y ordenada que deberá completarse en el plazo de un año. Es decir, durante 2027.

La idea de Naciones Unidas es que el Estado libanés asuma plenamente la seguridad del sur del país, apoyado por sus propias Fuerzas Armadas. Ese objetivo, escrito una y otra vez en resoluciones internacionales, es también la prueba definitiva para saber qué habrá quedado después de casi medio siglo de FINUL y veinte años de participación española.

La retirada, además, no equivale a apagar la luz el último día de 2026. Durante el repliegue, la misión conservará funciones relacionadas con la protección de su personal, instalaciones y convoyes, mientras se retiran efectivos y material.

Veinte años entre la Línea Azul y una paz siempre frágil

Más de 30.000 militares españoles han pasado por Líbano desde que aquellas primeras tropas desembarcaron en Tiro en septiembre de 2006. Han cambiado los contingentes, los vehículos, los mandos y buena parte del escenario regional. La geografía esencial permanece: Marjayún, el Litani, la Línea Azul, Israel al otro lado y pueblos libaneses que llevan décadas comprobando lo rápido que una calma precaria puede romperse.

España llega a este aniversario con unos 650 militares aún sobre el terreno, patrullando, vigilando, retirando explosivos y trabajando con las fuerzas libanesas mientras Naciones Unidas prepara la fase final de FINUL.

Después de veinte años, quizá ese sea el dato que mejor explica la misión. No hubo una gran escena final ni una paz definitiva que permitiera recoger las banderas. Hubo, más bien, dos décadas intentando impedir que una línea trazada sobre el mapa volviera a convertirse en un frente de guerra. Y durante unos meses más, ese trabajo continúa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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